viernes, 19 de agosto de 2016

Los últimos romanos

Este verano he estado pasando una temporada en Cartagena, una ciudad muy digna de visitarse, entre otras cosas por sus impresionantes restos romanos. Su Museo Arqueológico Municipal, situado sobre una necrópolis de los primeros tiempos del cristianismo, posee una importante colección de epigrafía, sobre todo funeraria, como es natural, pero contiene también una pieza epigráfica extraordinaria que me ha llamado la atención y que es la que me sirve de excusa para esta entrada: la lápida de Comenciolo. Esta lápida, hallada por casualidad en 1698 durante la construcción de un pozo en el Convento de la Merced, es de un mármol de excelente calidad y está cincelada con una grafía impecable. La lápida fue erigida para conmemorar la construcción en la muralla de una puerta monumental por mandato del emperador Mauricio en el año 589-590. 

Ésta es la lápida:



Y éste es el texto latino transcrito:


QVISQVIS ARDUA. TVRRIVM MIRARIS. CVLMINA .VESTIBVLVMQ. VRBIS. DVPLICI. PORTA. FIRMATVM. DEXTRA LEVAQ. BINOS PORTICOS. ARCOS QVIBUS.  SVPERVM. PONITVR CAMERA CURVA CONVEXAQ COMENCIOLVS. SIC. HAEC IVSSIT. PATRICIVS MISSVS. A MAVRICIO .AVG.CONTRA. HOSTES. BARBAROS. MAGNVS. VIRTUTE. MAGISTER. MIL. SPANIAE. SIC. SEMPER. HISPANIA.TALI. RECTORE. LAETETVR. DVM. POLI. ROTANTVR. DVMQ. SOL .CIRCVIT. ORBEM.  ANN VII. AVG .IND. VIII

Por si alguno tiene dificultades con el latín, en castellano dice lo siguiente:

 “Quien quiera que seas, admirarás las partes altas de la torre y el vestíbulo de la ciudad afirmados sobre una doble puerta, a la derecha y a la izquierda lleva dos pórticos con doble arco a los que se superpone una cámara curvo-convexa. El patricio Comenciolo mandó hacer esto enviado por Mauricio Augusto contra los enemigos bárbaros. Grande por su virtud, maestre de la milicia hispánica, así siempre Hispania se alegre por tal rector mientras los polos giren y el sol circunde el orbe. Año VIII de Augusto. Indicción VIII.”

La importancia de esta lápida radica en que documenta de modo incuestionable que Cartagena en esos años estaba bajo el dominio del imperio romano. El que devolvió la ciudad al seno del imperio fue el emperador Justiniano, quien a lo largo de un reinado extraordinariamente ambicioso consiguió recuperar el Norte de África de los Vándalos, el Sur de España de los Visigodos y la mayor parte de Italia de los Longobardos, así por fin la mayor parte del Mediterráneo volvía a ser romana. Poco durará este aparente triunfo, ya que el agotamiento de las finanzas imperiales y el estallido de una de las más virulentas epidemias de peste socavarán rápidamente estos éxitos. 

En la lápida de Comenciolo se celebra a este importante personaje, con el título de patricio, como benefactor y restaurador de la ciudad, sin embargo las lápidas conmemorativas no son más que pura propaganda política, los hechos no eran tan optimistas. Las recientes excavaciones en el antiguo teatro romano han desvelado que la ciudad apenas se había recuperado del terrible saqueo de los Vándalos en 425, muchos de los materiales del teatro habían sido reutilizados para construir viviendas de pobre factura. La Cartagena que Comenciolo visita es una ciudad pequeña y pobre, y todos los esfuerzos van destinados a amurallarla para conservar el dominio sobre un puerto de vital importancia, nada más.


Por cierto, ¿Cómo debía ser el tal Comenciolo? pues seguramente, ya que Mauricio reina muy poco después de Justiniano, muy parecido a los personajes que aparecene en el famoso mosaico de Ravena, donde Justiniano se muestra con sus dignatarios religiosos, civiles y militares, así que elijan Vds.


Muy pocos años después de la colocación de esta lápida, el emperador Mauricio deberá hacer frente a una revuelta del ejército del Danubio, que se quejaba con razón de no recibir su paga, ya que el tesoro estaba exhausto. Maurico será decapitado por los rebeldes y nuestro Comenciolo también, muy poco después. Cartagena, último bastión romano en la península de un imperio herido y en plena guerra civil, no puede defenderse de un reino Visigodo, ahora más fuerte y unido tras la conversión de Recaredo al catolicismo, cae en poder de Suintila en el año 622, año de la Hégira, y es destruida hasta los cimientos, según nos cuenta San Isidoro. La oscuridad cae para la ciudad por un largo periodo, cuando vuelva a oirse hablar de ella será ya bajo el dominio musulmán. 

La Antigüedad termina y comienza lo que hemos llamado la Edad Media. El Mediterráneo va a cambiar mucho en muy poco tiempo: de la guerra civil en el imperio surgirá lo que ya conocemos como el imperio bizantino, la expansión musulmana conquistará Persia y toda la orilla sur del Mediterráneo hasta llegar a España. La lápida de Comenciolo se convierte así para nosotros en un homenaje a los últimos romanos de Occidente, los ciudadanos de aquella Carthago Spartaria.




domingo, 7 de agosto de 2016

Aquiles en Esciros

Aquiles no siempre fue el héroe guerrero que llevado de la ira llenó el curso del Escamandro con tantos cadáveres que el propio río se revolvió contra él intentando ahogarle, o el que vengativo arrastraba el cuerpo de Héctor atado por los tobillos a su carro entorno a los muros de Troya. 

Antes de que Paris raptase a Helena dando origen al conflicto más famoso de la historia, el joven Aquiles había había sido confiado para su educación al centauro Quirón. Cuando por fin se produjo el ultraje del rapto y Agamenón convocó a los jefes aqueos para ir a la guerra de Troya, no todos se apuntaron de buen grado, muchos intentaron eludir la leva con diversas excusas, como Ulises, que se fingió loco cuando los reclutadores lo visitaron en Itaca, sembrando sus campos con sal mientras araba, hasta que Palamedes, que adivinó la treta, le puso en el surco, delante de la reja del arado, a su hijo recién nacido, Telémaco, y Ulises hubo de interrumpir su representación, había sido descubierto. 

Otros pusieron tierra de por medio y desaparecieron: La divina madre de Aquiles, Tetis, conocía la profecía del adivino Calcante, si su hijo acudía a Troya moriría joven, aunque famoso, si se quedaba en casa viviría una oscura y larga vida. Protectora como madre lo escondió, vestido de mujer, entre las hijas del rey Licomedes, en Esciros. Allí pasó algunos años el joven héroe  y allí conoció su primer amor en la persona de Deidamía, una de las hijas del rey, quien sería con el tiempo la madre de Neoptólemo, o Pirro, en honor al nombre ficticio de su padre en aquellos días, Pirra.

Si una profecía decía que el joven viviría poco si participaba en la guerra de Troya, otra, no menos verídica, afirmaba que sin el concurso de Aquiles nunca vencerían los griegos a los troyanos, así pues Agamenón envía a Ulises a buscar al héroe desaparecido. 

El astuto Ulises, sospechando de su paradero, va a buscarlo a la corte de Licomedes, pero para mejor camuflarse se disfraza de vendedor ambulante y se introduce en el gineceo llevando sus mercancías para las hijas del rey. Las jóvenes se lanzan sobre las joyas, los vestidos y otros objetos que el supuesto mercader les enseña, entre los cuales, como por descuido, introduce una espada, un escudo, unas grebas, una lanza. Mientras las chicas se prueban las joyas o los vestidos, Pirra, una joven un poco rara, agarra la espada, embraza el escudo. En ese momento se dice que Ulises hace sonar un clarín, como si fuera un toque de alarma, la extraña joven reviste las armas y responde a la alarma como le enseña su entrenamiento. Ya no puede encubrirse más que la supuesta Pirra es Aquiles, ni que el supuesto mercader es Ulises. 

Este es el momento en que Aquiles debe tomar la decisión que marcará su vida: sabe que si se va con los griegos a la guerra de Troya su vida será corta, pero gloriosa, o también podría quedarse, elegir no ir, y llevar una vida larga y oscura en Ftía con su padre Peleo. Todos sabemos lo que Aquiles elige finalmente, esa elección es Aquiles más que ninguna otra cosa.

Por esta razón probablemente, por ser el momento de la encrucijada de Aquiles, la hora decisiva en que el héroe debe elegir entre el deber y la Fama o el egoísmo de una vida confortable y sin gloria, es por lo que el motivo de Aquiles en Esciros ha sido tan repetidamente representado en el arte romano. Para los romanos de la clase dirigente simbolizaba sin duda una llamada al cumplimiento del deber, de las obligaciones de su clase, muy en línea con la mentalidad estoica que impregna las élites romanas durante todo el medio y bajo imperio. 

Curiosamente, o quizás de un modo muy natural, cuando más tiende a popularizarse este motivo es justo en las postrimerías del imperio, en los conflictivos y angustiosos tiempos del imperio tardío (ss. III-V) cuando las llamadas a la solidaridad, al cumplimiento del deber, debían ser más acuciantes y tener su resonancia más oscura. Así un desconocido noble romano que vivió en una lujosa villa urbana en lo que hoy es La Olmeda (Palencia), quiso decorar su gran salón de audiencias con este motivo para recordar a los demás, para recordarse a sí mismo, la elección de Aquiles.




 Aquiles en Esciros. Oecus de la villa romana de La Olmeda, Palencia (s. IV-V D. C.)





 Aquiles en Esciros. Decoración mural de la Domus Aurea de Nerón, Roma. (s. I D. C.)





 Aquiles en Esciros. Fresco de Pompeya, casa de los Dióscuros. (s. I-II D. C.)





 Aquiles en Esciros. Fresco procedente de Pompeya, Museo Arqueológico de Nápoles. (s-. I-II D. C.)





 Aquiles en Esciros. Mosaico procedente de la ciudad de Zeugma (s. III D. C.) Museo de Gaziantep, Turquía





 Aquiles en Esciros. Mosaico de la ciudad romana de Thysdrus (s. III D. C.) El Jem, Túnez.





 Aquiles en Esciros. Fragmento de mosaico de Pompeya. (s. I-II D. C.)





 Aquiles en Esciros. Mosaico del imperio romano oriental (s. IV-V D. C.). Dallas Museum of Art. EEUU




 Aquiles en Esciros. Sarcófago romano. Museo del Ermitage, San Petersburgo, Rusia.





Aquiles en Esciros. Sarcófago romano. British Museum, Londres, UK



Para saber más sobre este mito les remito a la extraordinaria web dedicada a la Mitología Clásica por la universidad de Salamanca: http://clasicas.usal.es/Mitos/


lunes, 1 de agosto de 2016

Vicente Carducho, un italiano muy español

Hay una perversión  producida por el nacionalismo en la Historia del Arte que consiste en decidir que arte español es aquel, y sólo aquel, que ha sido producido por artistas nacidos en España. Esto hace que se reivindique como artistas españoles a personajes como Picasso, que vivió la mayor parte de su vida en Francia, y cuyas influencias y medio artístico no tienen nada de españoles, pero en cambio se pase de largo ante una figura como Vicente Carducho, que vivió y trabajó casi toda su vida en España, por el hecho de no haber tenido la suerte de nacer en Madrid o en Albacete, sino en Florencia. Lo malo de esto no es el hecho de colocar a fulano o a mengano en esta o en aquella casillita, que eso da igual, lo malo es que a veces, y es lo que ocurre con el pintor que ahora nos ocupa, se queda en tierra de nadie, fuera de la historia de la pintura española y fuera de la historia de la pintura italiana, lo que es una notoria injusticia.

La monarquía de los Austrias, y esto es lo que se debe comprender, no era una monarquía española, era un imperio europeo multinacional. Tanto en las armas, como en las finanzas o en las artes, la monarquía empleaba a una pléyade de servidores que acudían de todas partes de Europa: sus banqueros eran genoveses, portugueses, flamencos o alemanes, sus mandos militares incluían apellidos como los Espínola, los Saboya, los Doria, los Borbón o los Farnesio, mientras que los artistas de Italia, los Países Bajos y Alemania concurrían y competían con los españoles por los encargos regios.

Así es como llega un grupo de italianos, Federico Zucchero, y los hermanos Bartolomé y Vincenzo Carduccio, a Madrid, en concreto al Escorial, donde el rey Felipe II está decorando el nuevo monasterio-palacio y hay encargos para todos. Esta troupe de pintores se encargarán de la decoración de la capilla del monasterio en el estilo del manierismo postrenacentista que estaba de moda en Florencia por aquel tiempo. Zucchero volverá luego a Italia para fundar la Academia de san Luca, pero los hemanos Carducci se quedarán en España, donde pronto va a recibir numerosos encargos y donde van a llegar a ser, un hemano después del otro, pintores de cámara del rey Felipe III.

Vicente Carducho (Florencia 1576 - Madrid 1638) sintoniza bien con el gusto de su público, tanto aristocrático como religioso, y recibe numerosos encargos, llegando a montar un rentable y nutrido taller en la calle de Atocha para satisfacer la elevada demanda. Goza de la protección del Duque de Lerma, pero a su caída consigue mantener su posición bajo Felipe IV, como muestra haber sido el pintor que más encargos recibe para la decoración del Salón de Reinos en el palacio del Buen Retiro. En su tiempo es un pintor de la fama e importancia de Velázquez. Además de pintor es un culto e influyente tratadista que publica obras de referencia como sus "Diálogos de la Pintura", de 1633, y es amigo de intelectuales como Lope de Vega o don Luis de Góngora.

Sin embargo la obra más importante de Vicente Carducho es la serie de cuadros que va a realizar entre 1626 y 1632, en plena madurez artística, para la Cartuja de El Paular por encargo de su prior, Juan de Baeza, quien le solicita la realización de 56 grandes lienzos para decorar el claustro del monasterio. El prior le detalla los temas que deberán tratar los lienzos, sobre la vida de san Bruno, fundador de la Cartuja, o diversos episodios de la historia de la orden: milagros de algunos de sus santos o escenas de martirio. Por esta obra recibirá la impresionante cifra de 130.000 reales, una fortuna.

De los 56 cuadros hoy quedan 54, lo que es un milagro dadas las vicisitudes y la dispersión de las obras desde la Desamortización. En la actualidad las obras han sido de nuevo reunidas y restauradas por el Museo del Prado y desde 2011 se muestran de nuevo en la ubicación para la que fueron pintadas: el monasterio de Santa María del Paular, en Rascafría.

De esta larga serie he escogido aquí sólo veinte obras como muestra del extraordinario talento artístico de Vicente Carducho. El pintor se manifiesta en ellas en la plenitud de su saber artístico, su praxis es consciente continuación de los maestros del clasicismo italiano, en la colocación armónica de las figuras gusta de la simetría y dota a la figura humana de una cierta monumentalidad escultórica, rehuyendo deliberadamente el excesivo naturalismo de Caravaggio, aunque aprovecha sus enseñanzas, en especial en el uso de la luz, allí donde le conviene. En el empleo del color se muestra influido por los venecianos, si bien en su gusto por los fondos arquitectónicos o por la composición geométrica se manifiestan sus orígenes toscanos. En todos los casos se ciñe a los modos de representación avalados por la tradición y trata a sus sujetos con dignidad y elevación, conforme a un ideale de belleza clasicista, su destreza en la composición de escenas complejas es notable. 

Creo que la serie de lienzos de El Paular constituye por sí misma uno de los monumentos más importantes de toda la pintura española. Es ya hora de restituir a este gran pintor español de origen italiano al lugar que merece en la historia de nuestra pintura, en la liga de los grandes, junto con el Greco, Ribera, Zurbarán, Velazquez o Murillo.




Vicente Carducho. La conversión de San Bruno ante el cadáver de Diocres.




Vicente Carducho. San Bruno se despide de San Hugo antes de su viaje a Roma.




Vicente Carducho. San Bruno despide a San Hugo.




Vicente Carducho. El prior Bosón resucita a un albañil.




Vicente Carducho. La aparición de Basilio de Borgoña a su discípulo Hugo de Lincoln.




Vicente Carducho. La observancia de la regla cartuja más allá de la muerte.




Vicente Carducho. Muerte del venerable Odón de Novara.




Vicente Carducho. La aparición de la Virgen a un hermano cartujo.




Vicente Carducho. Muerte de San Bruno.




Vicente Carducho. El milagro del manatial.




Vicente Carducho. Esteban de Chatillon, obispo de Die, predicando al pueblo.




Vicente Carducho. La humildad del conde Guillermo II de Nevers.




Vicente Carducho. Incendio en la cartuja de Praga y persecución de los cartujos.




Vicente Carducho. Martirio de los padres John Rochester y James Walwort.




Vicente Carducho. Martirio de los priores de las cartujas de Londres, Nottingham y Axholme.




Vicente Carducho. Prisión y muerte de los diez miembros de la cartuja de Londres.




Vicente Carducho. El martirio de tres cartujos en la cartuja de Londres.




Vicente Carducho. La visión de San Hugo, obispo de Grenoble.




Vicente Carducho. La fuente milagrosa de la tumba de San Bruno.




Vicente Carducho. La Virgen, acompañada de San José y San Juan Bautista, ampara bajo su manto a la orden cartuja.



Para ver toda la serie al completo les recomiendo este excelente blog: Gabitos
Para conocer más sobre la biografía y ver las obras en gran formato: Museo del Prado/Vicente Carducho