martes, 7 de agosto de 2012

Kathe Kollwitz

Käthe Kollwitz (Königsberg, 1867 - Moritzburg, 1945)


El hombre no viene al mundo a ser feliz sino a cumplir con su deber Julius Rupp (abuelo de Kathe)

Hay personas tan grandes que sólo nos cabe mirarlas de lejos, como al sol. Esta grabadora alemana tuvo una intensa vida de lucha política, creación artística, éxito y mucho, muchísimo sufrimiento. No seré yo quien pretenda contar su vida aquí. Sólo he recogido citas de sus diarios, palabras de la propia autora que creo que son más interesantes que lo que yo pudiera decir.

“...La verdadera razón por la cual elegía para mis representaciones casi exclusivamente motivos de la vida obrera, fue que estos me daban simple e incondicionalmente aquello que yo consideraba bello. Bello era para mí el peón de Königsberg...Bellos, los movimientos generosos del pueblo. La gente burguesa no tenía atractivo alguno para mí. Toda la vida burguesa me parecía insípida. El proletariado, en cambio, tenía una gran pujanza.”
“...Cuando, especialmente por mi marido, conocí lo profundamente doloroso y trágico de la vida proletaria, cuando conocí a mujeres que venían pidiéndole ayuda, y de paso también a mí, me fue conmoviendo con toda intensidad. Me atormentaban e inquietaban problemas no solucionados como la prostitución y la desocupación, que contribuían a que perseverara en la representación del pueblo humilde; el hecho de representarlo continuamente de nuevo, significaba una válvula de escape y hacía que la vida fuera soportable.”
“...Yo sentía que no debía sustraerme a la misión de ser defensora. Debo expresar el sufrimiento descomunal de los hombres que no tiene fin. Esta es mi misión, pero no es fácil. Dicen que el trabajo trae alivio. Pero, ¿cómo sentir alivio, si -a pesar de mis grabados- todos los días hay hombres que mueren de hambre en Viena?”
“...A veces mis padres me decían: Pese a todo, hay cosas agradables en la vida. ¿Por qué muestras tan sólo el lado oscuro? A esto, nada podía contestar. Sencillamente no me interesaba. Pero quiero insistir nuevamente en lo siguiente: al principio prácticamente no fueron ni la piedad, ni la compasión las que me movían a representar la vida proletaria; simplemente, ésta me parecía bella. Como dijo Zola o algún otro: le beau c’est le laid.”
Todo don es una responsabilidad
“Es mi responsabilidad darle voz a los sufrimientos de los hombres; los interminables sufrimientos que se apilan, tan altos como las montañas”

“Yo era feliz, pero “feliz” es una palabra de adultos. No tienes que preguntarle a un niño si es feliz, puedes verlo. Lo son o no. Hablar de ello es igual que querer asir el viento. Es más fácil dejar que sople sobre ti”

De toda su enorme y apasionante obra gráfica en este artículo me han interesado especialmente sus autorretratos. Esos rostros sufrientes tienen una intensa y auténtica belleza; invirtiendo una frase ya citada, aquí "le laid c'est le beau".

























































































Un buen enlace para conocer la biografía artística de Kathe Kollwitz en:

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