sábado, 1 de septiembre de 2012

Lorenzo Tiepolo



Lorenzo Tiepolo (Venecia 1736 - Somosaguas, Madrid 1776)

 Lorenzo es el décimo hijo del famoso e internacional pintor Giambattista Tiepolo. Como la pintura era el negocio familiar, pronto acompaña a su padre y a sus hermanos en las giras que éste hacía pintando las paredes y los techos de los palacios de los poderosos de la época con recargadas alegorías mitológicas en medio de truculentos cielos de nubes algodonadas, pero de un algodón como el de azúcar de las ferias, o también con  tramapantojos de fondos arquitectónicos fantasiosos. Toda esta artillería iconográfica lo hizo uno de los pintores que más kilómetros de pared ha pintado en la historia, y con él sus hijos, Giandomenico y Lorenzo.

En 1762 la familia Tiepolo llega a Madrid donde Carlos III tiene un palacio recién acabado por decorar, el Palacio de Oriente y está también procediendo a múltiples obras y decoraciones en los reales sitios de El Escorial, Aranjuez y El Pardo. Hay trabajo para muchos artistas. Y si no véase: Además de la famila Tiépolo, en las décadas de los 60 y 70 de este siglo colaboran en los diversos proyectos decorativos, Anton Raphael Mengs entre 1769 y 1776, Luis Egidio Melédez entre 1759 y 1774, Francisco de Goya a partir de 1775 en adelante, eso sólo por no hablar de los Maella, Bayeu, etcétera.

Pues bien, en este competitivo escenario Lorenzo, cuando su padre decide volver a Venecia ya para morir en 1770, él decide quedarse a vivir y trabajar para el rey y se hace una fama como pintor de retratos en una técnica que en ese momento estaba muy de moda, el pastel, de hecho los grandes pintores que han dejado obras en esta técnica son todos casi contemporáneos: Rosalba Carriera, Quentin de  la Tour, Jean-Étienne Liotard, Chardin...y nuestro Lorenzo.
Para su desgracia, el pastel era una moda que sí, hacía furor y se consideraba una cosa muy "mona", pero los popes de la crítica artística lo tenían por un arte menor y en absoluto digno de parangonarse con los géneros importantes de verdad, como la pintura religiosa, la pintura de paredes u otros más pomposos y edificantes, así que, cuando, después de haber hecho una cierta cantidad de retratos que gustaron mucho y sus series sobre tipos populares españoles, a las que pertenecen las imágenes, solicitó el puesto de pintor de cámara, se quedó con un palmo de narices porque no se le consideró digno de tal honor, ni de tal sueldo, todo ha de decirse, ya que el pobre Lorenzo tuvo muchos líos de deudas, lo cual junto con una salud frágil lo llevaron a la tumba a la temprana edad de 40 años.

Hoy en día es un pintor completamente olvidado. Las modas artísticas que son crueles quisieron que fuese el último pintor del rococó justo en el momento que se inauguraba con solemnidad el neoclasicismo de la mano de Mengs y por lo tanto sus "obritas" pasaron de moda casi inmediatamente. Después empezó la fase productiva de un monstruo de la pintura como Goya y el pobre Lorenzo quedó para decorar los pasillos o los excusados de palacio.
Lástima, a mí sin embargo estas obras, con su curiosidad por lo popular, su elegancia y su falta de pretensión me parecen una preciosidad y al mismo tiempo, pensando en lo que iba a pasar en España sólo un poco después, me produce la nostalgia de la última mirada a un mundo que la Revolución Francesa estaba a punto de destruir.

























































































Si a estas imágenes de majas, manolos, soldadesca y mozos de cordel hubiera que ponerle una banda sonora, no se me ocurre otra mejor que el Fandango de otro italiano españolizado que vivió en el Madrid de aquellos tiempos, Luigi Boccherini.







No hay comentarios:

Publicar un comentario