jueves, 10 de enero de 2013

Henry Tonks

Henry Tonks (Solihull, Birmingham 1862 – Chelsea, London 1937)




Este magnífico artista comenzó su andadura vital como cirujano, siendo nombrado director médico en 1888 en el Royal Free Hospital y trabajando desde 1892 como profesor de anatomía en la Escuela de Medicina del Hospital de Londres. Al mismo tiempo, el mismo año de su graduación como médico, comenzó a recibir clases vespertinas en la Escuela de Artes de Webminster con Frederick Brown, quien después  fundó la Slade School of Fine Arts y quien acabó convenciendo a Henry Tonks a que dejara el ejercicio de la medicina para ser profesor de dibujo en la Slade.
Su carrera docente, primero dedicada a la anatomía, después al dibujo parecía encaminada a una confortable rutina, pero la 1ª Guerra Mundial vendrá a conmocionar la vida de Henry Tonks, como la de toda Europa. En 1915, cuando tenía 53 años, fue enviado a una unidad médica cerca del Marne, donde, para su propia desesperación, hubo de ejercer como médico de campaña y vivir en primera fila los horrores de la contienda. En 1916 como teniente del cuerpo médico es destinado al Hospital Militar de Cambridge en Aldershot, donde se produce un encuentro que será trascendental en su vida: allí conoce a Harold Gillies, el hombre que iba a revolucionar la cirugía plástica, prácticamente a inventársela.
Este neozelandés de 20 años, viendo las terribles heridas que la metralla y el nuevo armamento producían en los soldados, lesiones que, por producir deformaciones devastadoras en el rostro de los jóvenes pacientes, impedían su reincorporación a una vida “normal” tras la guerra, se interesó por  los trabajos del reconocido cirujano plástico, Hippolyte Morestin, y Charles Auguste Valadier, un especialista dental y comenzó a aplicarlos a un nuevo modo de cirugía reconstructiva que no se había aplicado hasta entonces, ya que los cirujanos militares solían simplemente, coser, recortar, sanear y dejar que la naturaleza hiciera el resto.
El propio Harold Gillies definía su nuevo extraño arte como “el hijo no planificado de la medicina moderna y la guerra moderna”.  Gillies había recibido clases de dibujo, por lo que enseguida supo reconocer la utilidad para su trabajo de tener un artista con conocimientos médicos al lado y pidió a Tonks que hiciera dibujos de los pacientes, estos dibujos en algunos casos incluían el antes y el después de la cirugía reconstructiva, así como diagramas previos a las intervenciones.
Henry Tonks abordó la tarea con un celo y un cuidado que han hecho de estos dibujos médicos una obra de arte fronteriza y digo fronteriza porque se alejan de la tipología de la ilustración médica, con su simplificación y su impersonalidad un tanto inhumana y al mismo tiempo se alejan de cualquier tradición iconográfica asociada al género del retrato; como retratos son los más raros retratos que nadie haya visto jamás, como ilustraciones médicas no tienen parangón, ni antes ni después.
Probablemente el misterio de estos dibujos al pastel se aclara algo si conocemos las ideas sobre el dibujo de Tonks, quien pensaba en el dibujo como una práctica de investigación, como un aprendizaje de la mirada, tanto como o más que del trazo,  y,  sobre todo, concebía el arte y la belleza como un producto de la búsqueda de la verdad.
Quizás por eso sus pasteles le acercan con una peculiar intimidad y un atisbo de simpatía hacia el modelo, y la mirada del artista y la del médico coinciden en un acto de compasión por el paciente, por la humanidad que reside en ese rostro deforme, y de este modo sin pretenderlo Henry Tonks, con su mirada inquisitiva y sobria, ha trazado con sus pasteles la mayor denuncia contra la guerra industrial e inhumana que fue la 1ª Guerra Mundial que se haya hecho hasta el momento.
Tonks llegó a sentirse algo molesto por la celebridad que adquirieron sus retratos, ya que pensaba que eran demasiado terribles para un ojo poco educado y no quería exponerlos al morbo del público, pero al mismo tiempo afirmaba que eran los únicos dibujos de los que no se avergonzaba, quiero pensar que, al margen de por su extraordinaria calidad como dibujos, por la calidad moral que contienen.
Su autor siempre vivió en una sobriedad moral  máxima, fue hombre enemigo de teorizar sobre el arte y más bien pesimista sobre el mundo moderno e industrializado, lo que no se le puede reprochar tras su experiencia de la guerra. En los años treinta cuando se retiró le fue ofrecido el título de Sir, que declinó sin embargo. Fue el segundo artista británico vivo en ser honrado con una gran retrospectiva de su arte en la Tate Gallery.


Aviso: las imágenes que se ven a continuación son unas imágenes durísimas. Los retratos de Henry Tonks a soldados con graves heridas faciales sufridas en la 1ª Guerra Mundial pueden herir la sensibilidad del espectador y no se muestran con ningún propósito malsano, sino para honrar el compromiso artístico y moral de su autor y denunciar de este modo patentemente visual los horrores de la guerra. Después de ver rostros como éstos no hay retórica que pueda convencernos de la justicia, la bondad o la necesidad de guerra alguna. Ése es mi propósito al incluirlas aquí. Gracias Doctor Tonks.








Para quienes deseen profundizar en este tema, hay un apasionante artículo de Suzannah Biernoff, titulado "Flesh poems: Henry Tonks and the Art of Surgery" que puede descargarse en PDF en el siguiente vínculo: http://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/14714780903509979


1 comentario:

  1. La antítesis del tópico tradicional de belleza solo puede llevarla a cabo el pintor inteligente, dado que la fidelidad a aquel supone pereza, mantenimiento de lo tradicional. Por otra parte, pese al ideal artístico de aparente impasibilidad,el pintor parece empatizar perfectamente con los sentimientos de las personas mutiladas, transmitiéndonos visualmente las consecuencias de la crueldad y sordidez de la guerra.

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