domingo, 3 de febrero de 2013

Antony Gormley: Another place


Antony Gormley (Londres, UK 1950)

En la playa de Crosby, cerca de Liverpool está situada de forma permanente esta gran instalación, escultura múltiple, parque escultórico o como queramos llamar al proyecto que su autor bautizó con el nombre de Another place: "Otro lugar".
Eso es lo que el artista primordialmente hace en esta ocasión: crea un lugar, un espacio al que ha convertido en "otro" por la presencia de esos extraños seres que miran hacia el mar, quietos, vigilantes, permanencen oteando el horizonte marino, como las enigmáticas estatuas de la isla de Pascua, semienterrados a veces, luego destapados de nuevo por la marea, con el mar por la cintura o por el cuello, singulares bañistas perpetuos o en medio de la playa, cual una especie de postes humanos, en pose totémica, impersonales como kouroi, y al mismo tiempo extrañamente parecidos a cualquier humano normal visto desde la lejanía.
Varios aspectos me impresionan de esta singular y bellísima obra de Gormley: por un lado el hecho de que las esculturas sean por así decirlo "réplicas" del propio autor, hayan sido hechas con moldes obtenidos del cuerpo del escultor, como unos extraños homúnculos-replicantes y además el hecho de estar hechos más o menos en serie. Al igual que las esculturas de terracota de la tumba de Shi Huang-Di, todas se parecen pero no son exactamente iguales, una alusión a nuestra igualdad, intercambiabilidad (y sin embargo unicidad) como humanos: todos iguales, todos diferentes.
El otro aspecto es su "impersonalidad" al modo clásico. Como decía antes, se parecen a esos kouroi con los que el arte arcaico griego quería homenajear al héroe y donde no interesaban tanto los rasgos particulares como el icono del héroe en sí mismo. Los hombres de Gormley son "el hombre" , pero no éste o aquel hombre, ni siquiera me atrevería a decir que sea el hombre = vir, sino más bien el hombre = ánthropos.
Otro aspecto que importa en el arte contemporáneo, y que enlaza con lo anterior, es que la obra de arte no se vincula a ninguna maestría técnica-artesanal en orden a legitimar su valor o su influencia. Las esculturas en particular no pretenden ser bonitas, no pretenden ser una "obra maestra" al modo de un Miguel Angel o un Bernini, son escuetas, sintéticas, repetitivas como iconos. Lo que legitima al arte contemporáneo no es una belleza o una maestría técnica, sino una idea, un gesto, una reflexión sobre el mundo y el hombre innovadoras.
Finalmente me interesa señalar que en una obra abierta como ésta, el escultor hace su aportación y ese espacio que ha creado, ese "otro lugar", se convierte en un espacio artístico donde el espectador aporta también su creatividad: todas las fotos que he traído aquí son fotos de espectadores que han interactuado con la obra de Gormley y al fotografiarla han creado su propia obra de arte, su propia mirada y su propia interpretación de la obra y del espacio donde ésta se despliega. El espectador colabora, concluye la obra que el artista ha comenzado, dando su visión personal y su perspectiva única y particular.
Si nuestra civilización actual colapsara y los arqueólogos dentro de muchos años descubriesen la playa de Crosby y sus enigmáticas estatuas ¿qué hipótesis se harían sobre ellas? quizás no serían muy diferentes de las que nostros como espectadores debemos hacer al afrontarlas. El mysterium mundi quiere y no quiere ser revelado.



































































































































2 comentarios:

  1. Imprimir una marca humana en el paisaje, que queda así modificado, supone la constatación de la humildad del intelecto frente a la, siempre misteriosa, fuerza y belleza de la naturaleza.

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  2. No conocía esta obra y la verdad es que impresiona. En cierta medida refleja lo que uno siente cuando navega ante, como dice Loli: -la misteriosa fuerza y belleza de la naturaleza- en este caso, y ello me llega más aun, frente a la MAR

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