jueves, 28 de marzo de 2013

Henry Osawa Tanner


Henry Osawa Tanner (Pittsburg 1859 - Paris 1937) fue el primer pintor afroamericano en obtener reconocimiento internacional, llegando a ser nombrado caballero de la Legión de Honor por la República Francesa en 1923. Comenzó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de Pennsylvania en 1879 siendo discípulo del gran Thomas Eakins, quien revolucionó los anticuados métodos de enseñanza basados en la copia de modelos en yeso, cambiándolos por modelos del natural para aprender la anatomía del desnudo. Henry fue un devoto discípulo que guardó un gran aprecio por su maestro, aunque sufrió mucho en aquellos años por el racismo que le rodeaba, piénsese que era el único estudiante negro; ello sumado a su carácter tímido y a las pullas de sus compañeros, hicieron de su estancia en la academia un tiempo que el artista recordaría con dolor y humillación.

El racismo de la sociedad estadounidense y el deseo de mejorar su formación lo llevan a París en 1891 donde seguirá estudiando en a Académie Julian y se unirá al American Art Students Club. En Francia entra en contacto con la obra de Courbet que será decisiva en su modo de hacer, así como con los clásicos de la pintura francesa como Chardin. 

En los ambientes artísticos de París su raza no será un inconveniente para su desenvolvimiento y pronto empieza a adquirir reconocimiento profesional. En 1896 aceptan su pintura "Daniel en el foso de los leones" para el Salón de ese año y al siguiente pinta "La resurrección de Lázaro" que le valdrá que el crítico de arte Rodman Wanamaker le financie un viaje a tierra santa para pintar los escenarios de su pintura religiosa del natural.

Henry Osawa pertenece a un ambiente pietista protestante (su padre era pastor de la African Methodist Episcopal Church) y su arte demuestra un hondo conocimiento de la Biblia y una fe ardiente y sencilla.

Me interesa mucho este pintor por varias razones: en primer lugar su lucha contra una sociedad marcada por el prejuicio racial contra la que sólo tiene el arma de su talento, en segundo lugar por su renovación de la iconografía religiosa, iconografía que en su época solía tratarse o con envaramiento ortodoxo o con meliflua cursilería. 

Frente a esa tendencia general Osawa trata el tema religioso con extrema sencillez y modernidad, me gusta su pincelada gruesa, su dinamismo y sus contrastes lumínicos, que le acercan a la mejor pintura barroca de un Fragonard o Chardin y al mismo tiempo lo hace con un aire de modernidad que no está muy lejos de los impresionistas. 

Me gusta finalmente su acercamiento emotivo y humilde a temas como la infancia de Cristo o la Virgen María, temas que humaniza, aún conservando todo su misterio teológico





 Daniel en el foso de los leones, 1895





 La Anunciación, 1898





 La visitación de María a su prima santa Isabel





 La Sagrada Familia, 1909-10





 María y el niño Jesús





La huida a Egipto





 María enseñando a leer a Jesús





 Jesús en casa de Marta y María





 Resurrección de Lázaro, 1897





 En casa de Nicodemo





 Varón de dolores






 Las santas mujeres vuelven del sepulcro, 1904





 La cena de Emaús





 El buen Pastor, 1903





El benedicite, 1894




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