martes, 19 de marzo de 2013

Konstantin Somov III: el artista ante el espejo


El autorretrato siempre ha sido un género muy cultivado por los pintores, no sólo por su comodidad, ya que el modelo siempre se encuentra disponible, sino porque el artista, que es un tipo humano particularmente introspectivo, consigue extraer del estudio de su propia imagen una infinidad de valiosos matices. 

El pintor sigue aquí con sus pinceles la recomendación délfica del ΓΝΩΘΙ ΣΑΥΤΟΝ o "conócete a tí mismo". Rembrandt, Goya, Velázquez, Courbet, Van Gogh, Kathe Kollwitz, por nombrar sólo los primeros que me vienen a la cabeza, nos han dejado autorretratos interesantísimos.

Confieso que siempre me ha gustado muchísimo este género por lo que trasluce del propio pintor, de sus intereses pictóricos, de su pretensiones sociales, de su vanidad, de su psicología.

Para concluir las entradas dedicadas a Konstantin Somov, me ha parecido oportuno dejar testimonio de los retratos que pintó de sí mismo, que son una parte, no la menor de su obra y que me parecen muy reveladores y muy bellos.

En ellos el autor, además de una extraordinaria pericia técnica, manifiesta una hondura y una autenticidad que se acrecientan conforme el modelo aumenta en edad, como en un diálogo consigo mismo en el que, cuanto más cerca de la muerte, menos imposturas, menos vanidades caben, apareciendo en cambio, podríamos decir, la compasión por ese extraño ser humano que nos contempla desde el espejo y que nos ha acompañado durante toda nuestra existencia, al que finalmente conseguimos mirar con indulgencia, con simpatía, con perdón.
































5 comentarios:

  1. Me quedo con el último, que combina el género de naturaleza muerta con un tímido autorretrato.

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    1. Sí, ese tocador con la corbata, los frascos de colonia y en el fondo, en el borde del espejo un medio rostro me parece estupendo.
      Saludos y gracias

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    2. Por cierto, ¿te llegó la invitación al blog?

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  2. En estas últimas entradas, no sé si inclinarme por el artista plástico, o por el comentarista de las imágenes, que tan eficazmente nos recuerda un destino común, de mejor aceptación sin el lastre que supone el desajuste entre nuestras vivencias y nuestros principios...

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    1. Gracias por lo que me toca. Me despierta mucha simpatía la figura de este pintor, su búsqueda de autenticidad, su fragilidad. Como tú bien dices, es nuestro destino común aceptarnos como somos, vivir no es fácil.

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