miércoles, 15 de mayo de 2013

Filemón y Baucis




En una tarde lluviosa como ésta me viene a la memoria el tiempo en que los dioses del Olimpo, enfadados por la maldad de los hombres, quisieron castigarlos con un gran Diluvio

Como antes de tomar una medida tan drástica querían comprobar por sí mismos hasta dónde habían llegado en su impiedad los mortales, el padre Zeus y su hijo Hermes decidieron mudar su figura en la de unos viajeros en busca de hospitalidad. 

A cien puertas llamaron y cien portazos en sus divinas narices recibieron; a cada portazo más y más se convencían de la insolidaridad de los hombres y ya tramaban un castigo ejemplar, cuando por fin llegaron a una humilde choza, cañas y barro, habitada por dos abuelos pobretones, que sin embargo acogieron a los caminantes forasteros con amigable solicitud. 

El hombre les hizo pasar y les ayudó a asearse con agua fresca y toallas limpias y les preparó un mullido y cómodo asiento, mientras su anciana esposa preparaba un puchero con las verduras que el marido acababa de traer del huerto, más un trocito de tocino y de salazón para darle gusto a la olleta. 

La espera del guiso se la aderezaron con una amistosa conversación y cuando el potaje estuvo preparado, pusieron una mesa bien limpia, servida de comida sencilla, pero agradable por el cariño con que era servida. Para beber el anciano les sacó un tintorro un poco peleón de sus viñedos. 

Bebiendo bebiendo iban charlando, cuando, ¡oh milagro!, los vasos se llenaban solos y nunca se acababan. Los viejos comprendieron que estaban ante algo más que un par de forasteros y se inclinaron ante los dioses, ahora ya reconocidos. Proponen matarles un ganso para hacer un asado, ya que es lo único que tienen de valor, pero el ganso se refugia junto a Zeus y éste les anuncia el propósito de su visita. 

Han venido a castigar a los hombres por su perversidad, ellos deben acompañarlos sin mirar atrás. Los ancianos siguen a los dioses y con paso renqueante suben tras ellos hasta un monte altísimo; cuando están allí los dioses les invitan a mirar hacia abajo y ven toda la comarca inundada en un inmenso lago, excepto su casa que se ha convertido en un hermoso templo de techos dorados y columnas de mármol.

Zeus les dice que en premio a su virtud han sido preservados del castigo y les anuncia que se les va a conceder un deseo. Ellos hablan entre sí un momento y le dicen así al padre de los dioses: "Juntos hemos vivido desde jóvenes y juntos queremos seguir hasta que la muerte nos lleve, yo no quiero ver morir a mi esposa, ni que ella tenga la tristeza de enterrarme a mí; permitidnos serviros en este templo el tiempo que nos quede y que una misma muerte se nos lleve a ambos". 

Así se lo concedió el padre Zeus, asintiendo con su ceño, y así se cumplió. Largos años aún vivieron en paz los dos viejos, hasta que un día a Filemón le empezaron a salir unas extrañas ramas donde antes tuviera sus leñosas manos y lo mismo le iba sucediendo a su esposa; apenas una última mirada pudieron dirigirse aún, mientras uno en tilo, otra en encina se convertían. Encina y tilo que aún podéis ver si vais por los montes de Lidia, muy juntos, dando una sola sombra bajo la cual a menudo se refugia a sestear el pastor con sus ovejas cuando cae el solazo del verano.


Este relato,  mucho mejor contado sin duda, lo podéis encontrar en Las Metamorfosis, libro VIII, vv. 610-725 de Ovidio. Os animo a leer el original, que es una maravilla.

Rembrandt. Filemón y Baucis, 1658. National Gallery of Art, Washington



A quien alegra mis días y mis noches.

8 comentarios:

  1. Genial escena intimista potenciada por la total penumbra que la embarga, pues solo la luz de la chimenea y de una supuesta vela consiguen revelarnos, o más bien sugerirnos, la expresión de los comensales. Por otra parte, me parece muy oportuna la exaltación del valor de la hospitalidad en los ajetreados tiempos en que vivimos.

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    1. Rembrandt saca esa luz dorada como de miel de entre la oscuridad y crea unas escenas íntimas y emocionalmente eficaces, esta pintura es la mejor recreación del mito que he visto nunca. La hospitalidad y el amor, esta historia es una especie de 2x1

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  2. Tienes el don de elegir lo mejor de la "gran pintura". Par mi, Rembrandt, junto a Velazquez y... poquísimos más representan lo MÁS y son capaces, con los mínimos elementos pictóricos, de representar lo máximo. En su caso, "menos es siempre mucho, muchísimo más"

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    1. Rembrandt es un gigante en efecto, muy pocos resisten la comparación. Recuerdo como un acontecimiento en mi vida el día que ví en una sala del Louvre su obra "El buey desollado". Hasta ese momento no sabía que ciertas cosas se podían hacer en pintura. Algún día no lejano iré al Rijksmuseum a ver por fin todas esas obras que tanto he admirado siempre.

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  3. Me encanto la narración y el cuadro sin duda extraordinario.
    Comparto todos los comentarios arriba publicados y puedo decirte José Miguel, que no dejes de ir al Rijksmuseum, pararse frente a la "Ronda nocturna" es una experiencia inolvidable.
    Como siempre muy buenas las publicaciones de tu blog.
    Un gran saludo.

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    1. Muchísimas gracias, Mirta Ester, por tus cariñosos comentarios. La verdad es que tengo ya de hace tiempo unas ganas tremendas de visitar el Rijksmuseum, y ahora que lo han renovado es una buena oportunidad, espero poder hacerlo pronto, como tú bien dices, debe ser algo inolvidable.
      Un gran saludo

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  4. Me encantan las Metamorfosis, ya me gustaría poder leerlas en latín. Pero mi ignorancia es mucha y sólo me limito a reproducir (perdón), unos pocos latinajos.

    El Rembrandt, fabuloso.

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    1. El Rembrandt es una maravilla con esa luz tan bella y esa simplicidad tan eficaz. Ahora cuando estuve en Berlin pude ver unos Rembrandt que tiene allí que me dejaron enamorado.

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