lunes, 6 de mayo de 2013

Frederic Edwin Church: el Paraíso es la Tierra


Frederic Edwin Church (Hartford, Connecticut,1826 - Olana State, Hudson, New York, 1900) pertenece a una raza de pintores aventureros, que, al estilo de su compatriota de ficción, el doctor Indiana Jones, se recorren los cuatro puntos cardinales para ver con sus propios ojos el ancho mundo, y, por supuesto, para pintarlo. 

En expediciones sucesivas recorrió Colombia (1853), Ecuador y Perú (1857); después cambió los trópicos y los Andes por el extremo Norte, viajando a la península del Labrador y a Newfoundland en 1859, para finalmente hacer una gira con su mujer por Tierra Santa, Italia y Grecia de 1867 a 1869.

A pesar de ser pintor de paisajes, no hay que imaginarse a Church pintando al aire libre, lo que los franceses llamaron "plein air", sobre todo porque Church prefería los grandes formatos y a menudo sus cuadros son de unas dimensiones colosales, lo que le hubiese hecho un poco difícil el trabajo de campo. El pintor, como todos los de su época, tomaba apuntes y hacía estudios rápidos del natural, que despues trabajaba minuciosamente en su estudio.

Posee nuestro pintor un gusto por lo espectacular que hoy en día puede ser considerado algo kitsch; no retrocede ante los colores más audaces, incluso excesivos, le encantan los crepúsculos dramáticos (tipo Lo que el viento se llevó) y los tornasoles o los rosas subidos de tono. 

Y sin embargo es un gozo, yo diría incluso una auténtica paz para el espiritu, ver estos cuadros maravillosos, su amor por la Naturaleza, sus armonías compositivas, su verismo un poco truculento, su pasión por representar cada planta, cada detalle geológico con el rigor de un naturalista... Trato de imaginar lo que debe ser la experiencia en directo, con esos formatos tan grandes, sensacional. Espero algún día poder tener la suerte de ver sus cuadros en los grandes museos americanos.

Al propio pintor le encantaba este efectismo visual. En su exposición en Nueva York de El corazón de los Andes, en 1859, montó toda una escenografía para la contemplación de la obra: Los espectadores pasaban a un cuarto semioscuro donde al fondo veían la obra de más de tres metros tras un marco en forma de ventana, iluminada por unos tragaluces y con unas cortinas, como un escenario, casi como una sesión del cinematógrafo. 

La exposición fue un acontecimiento sin igual: en las tres semanas que estuvo en Nueva York atrajo a 12.000 personas y luego viajó por otras siete ciudades de los Estados Unidos y a Gran Bretaña durante dos años. Finalmente la obra se vendió en 10.000 dólares de la época, la mayor cifra jamás pagada por un cuadro hasta ese momento.

Church fue un hombre con un enorme éxito, rico acabó sus días en una casa de estilo neopersa que llamó Olana y que hoy es un monumento nacional, tanto la casa como el parque, y cuando murió, tras largos años de casi no pintar por culpa de una artritis reumatoide, las modas artísticas habían cambiado y éste, que en su día fuera llamado "el Miguel Ángel americano", murió en el olvido, como debe hacer el verdadero sabio.

Frederic Edwin Church parece mirar el mundo y, como Dios, encontrar que el mundo está bien hecho. El Mundo Natural es el verdadero Jardín del Edén, la Tierra es el verdadero Paraíso. Me lo imagino en alguna de sus expediciones, mientras tomaba apuntes delante de un Iceberg o al contemplar una Aurora Boreal o un atardecer, la mirada encendida, la atención concentrada, pensando: " Esto sí que es bueno, tengo que pintarlo".



Los Icebergs, 1861. Dallas Museum of Art, Texas.







El Iceberg, 1891. Carnegie Museum of Art, Pennsylvania.







Aurora Boreal, 1865. Smithsonian American Art Museum, Washington.







Cataratas del Niágara, 1867. National Gallery of Scotland. Edinburgh







Cataratas del Niagara, 1857. Corcoran Gallery of Art, Washington.







Temporada de lluvias en los trópicos, 1866. San Francisco Museum of Fine Arts. California







El Mar Egeo, 1877. Metropolitan Museum of  Art. New York







Tormenta en las montañas, 1847. Cleveland Museum of Art, Ohio.







Arroyo de montaña. Yemen Valley, Palestina, 1868. Smithsonian. Cooper-Hewitt, National Design Museum.







Crepúsculo en el desierto, 1860. Cleveland Museum of Art. Ohio







El Río de la Luz, 1877, National Gallery of Art. Washington







Cotopaxi, 1855. Simthsonian American Art Museum. Washington







Cotopaxi, 1862. Detroit Institute of Art. Michigan







El corazón de los Andes, 1859. Metropolitan Museum of Art. New York







Por encima de las nubes al amanecer, 1849. Tuscaloosa Museum of Art.USA







El Khasne, Petra, 1874. Olana State Historic Site, Hudson, New York.







Siria junto al mar, 1877. Detroit Institute of Arts. Michigan







El Partenón, 1871. Metropolitan Museum of Art. New York







Jerusalén desde el Monte de los Olivos, 1870. Nelson-Atkins Museum of Art. Kansas City, Missouri







Escena de la costa, Mount Desert, 1863. Watsworth Atheneum, Hartford, USA





6 comentarios:

  1. Me produce doble envidia, por lo que fue capaz de pintar y por los lugares que recorrió. Extraordinario, gracias por ayudarme a conocer algo tan hermoso que hasta ahora ignoraba.
    Muchos saludos.

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    1. Jeje, lo mismo pensé yo la primera vez que me aproximé a la obra de este pintor: ¡Qué envidia! no sólo por los maravillosos cuadros, sino casi aún más por los viajes que hizo y por todos los lugares vírgenes y salvajes que puedo ver con sus propios ojos. Gracias mirta, por tu comentario, un abrazo.

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  2. Lo que me resulta realmente admirable y envidiable es su ingente sensibilidad artística, capaz de transmitirnos la auténtica belleza de los fenómenos atmosféricos y biológicos, tras un riguroso trabajo de observación y plasmación del detalle, y más cuando se centra en algo tan banal como un simple árbol tronchado.

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    1. Creo que a un artista como éste, la Naturaleza se le presenta como un reto, como un enigma que debe resolver con su arte. La Esfinge que se aparece a Edipo en el camino de Tebas es ese árbol destrozado por la tormenta, que Church debe convertir en un producto artístico, y, como Edipo, sale airoso del encuentro.

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  3. Pues como dicen por ahí, envidio sobre todo sus viajes realizados. Verlos en su formato original debe ser toda una experiencia.

    Esta entrada ya la había leído, pero me he dado cuenta que no dejé comentario ni nada. Así que retomo desde aquí y me pongo al día.

    Saludos, Migue.

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    1. Es curioso lo poco que sabemos del arte americano, lo malo es que aquello está muy lejos, algún día quizás. Me alegro de verte de nuevo por aquí, imagino que ya estás bien y eso es lo que más me alegra.
      Un saludo, Enrique.

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