jueves, 15 de agosto de 2013

Georges de La Tour: La Magdalena penitente


Georges de La Tour (Vic-sur-Seille, Ducado de Lorena 1593 - Lunéville, Ducado de Lorena 1652) Los datos que constan de la vida de La Tour nos lo muestran como un pintor sólidamente establecido en Nancy, casado con una mujer perteneciente a la nobleza y en relación con el Duque de Lorena para el que pinta numerosas obras, así como para clientes eclesiásticos. Parece que viajó a Roma y a Utrecht, si bien estos viajes no están muy documentados; lo cierto es que asimila la influencia de Caravaggio, bien por haber contemplado su obra en persona, bien a través de caravaggistas holandeses, como Gerard van Honthorst. Para La Tour, como para muchos otros en su época la conversión al caravaggismo fué como la caída del caballo camino de Damasco para San Pablo, un suceso que conmocionó toda su vida y su producción posterior.

Caravaggio había aportado una nueva visión, un nuevo modo de representación, una nueva iconografía al servicio de la Reforma Católica. Su aproximación a la pintura religiosa, de un modo crudamente verista, encubre una reflexión teológica relevante: Muestra a Jesús en su realidad humana (demasiado humana, según sus contemporános censores del Santo Oficio), en una corriente de devoción moderna y comprometida con los pobres. Además de ello, su uso eficaz y dramático de las luces y las sombras, el llamado tenebrismo, inaugura una nueva dimensión estética desconocida hasta ese momento.

Por desgracia, si Caravaggio era un genio, los caravaggistas sólo copiaban por lo general los aspectos más evidentes y banales de su obra: los tipos populares, las escenas de taberna, el tenebrismo, pero sin su profunda visión artística y moral. Esto contribuyó a que el caravaggismo fuera una moda pasajera y pronto condenada al olvido.
La suerte, el auge y luego la caída, del caravaggismo va a afectar a la fama de dos grandísimos pintores: José de Ribera y Georges de La Tour. Ambos han padecido un total olvido de la crítica, y no ha sido sino hasta ya entrado el siglo XX cuando se les ha rehabilitado a la posición que les corresponde en el panteón artístico.

En lo que respecta a Georges de La Tour, su utilización de la luz, además de ser artísticamente de una maestría y una eficacia excepcionales, apunta a una reflexión religiosa seria e influida por la obra de los místicos. Así, la oscuridad que circunda a la Magdalena es esa "noche oscura del alma" a la que alude San Juan de la Cruz y la llama, la "llama de amor pura" de sus poemas. 

María Magdalena, convertida en un símbolo de la penitencia, del acercamiento del alma, sumida en el pecado, hacia Dios a través de la ascesis de la penitencia (las disciplinas, la lectura del texto sagrado, el crucifijo) y la renuncia a la vanitas (la calavera, las joyas, el espejo) es aquí esa alma que ansía pasar de las Tinieblas a la Luz. El artificio artístico aquí está penetrado de reflexión religiosa, de una piedad practicante que se encamina a transmitir una enseñanza al creyente. La imagen como vehículo de la Palabra.




Magdalena penitente (también llamada Magdalena Terff) ca. 1640-45, [128 x 94 cm.]
Musée du Louvre, Paris.







La Magdalena con la llama humeante, ca. 1638-40. [117 x 91'76 cm.]
Los Ángeles County Museum of Art.







La Magdalena penitente, (también llamada Magdalena Wrightsman) ca. 1640, [133'4 x 102'2 cm.]
Metropolitan Museum of Art, New York.







Magdalena penitente, (también llamada Magdalena Fabius) ca. 1635-40, [113 x 92'7 cm.]
National Gallery of Art, Washington.



A mi gran amiga Caridad, en el día de su onomástica.

7 comentarios:

  1. La luz como centro de su pintura y varios cuadros con el mismo tema y prácticamente la misma composición, de hecho los dos primeros casi absolutamente iguales. Gracias por reivindicarlo junto a nuestro José de Ribera, tan injustamente casi olvidados.

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    1. Recuerdo haber visto una reproducción del "San José y el niño Jesús" de La Tour en un libro que tenía mi padre y que me sentía fascinado por esa manera de trabajar con la luz, no he encontrado a ningún otro pintor que llegue a ese virtuosismo, ni siquiera el propio Caravaggio.
      Además, así como Caravaggio suele preferir composiciones más dramáticas y complejas, La Tour en cambio simplifica hasta el extremo, potenciando así el valor expresivo al centrar la comunicación en una idea principal. Me gusta mucho su sencillez y su seriedad.

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  2. ¡Cualquiera discute con vosotros el contraste de luces y sombras y la sutilidad de los colores! Gracias por mostrarnos esta magistral versión pictórica del ascetismo.

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    1. Jeje, a veces puedo ponerme un rato pedante ( por cierto, ¿sabías que "pedante" deriva de la misma raíz que pedagogo, es decir, del griego παις-δος "niño" y que es una palabra francesa que significa más o menos "profesor"?, por eso me siento libre de ser todo lo "pedante" que me apetezca, ya que es a lo que me dedico profesionalmente)

      Pero lo que importa es la magia de La Tour, con su sencillez maravillosa, esa Magdalena tan bonita y tan conmovedora (sobre todo la del Louvre), que por cierto está ¿embarazada? no he encontrado explicación para eso, no me convencen los que alegan una interpreación alegórica: embarazo = vida versus calavera = muerte, me parece que el mensaje es más concreto. Tampoco creo que el autor se adelantase a Dan Brown y postulase a la Magdalena como madre del hijo de Cristo, pero ¿entonces? Quien tenga una explicación razonable para el enigma, que hable ahora o calle para siempre.

      Un abrazo Loli ;)

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    2. Callo :)

      ¿Pero por qué para siempre? Drástico ;)

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  3. No creo que exista ningún personaje de la literatura religiosa más rico en supuestas identidades: huésped de Jesús, testigo de su crucifixión y resurrección, mujer adúltera salvada por Este de la lapidación, identificación con la hermana de Lázaro, esposa o compañera sentimental de Jesús,...De cualquier modo, veo en ella a una gran pionera de la tradición feminista, que a la Iglesia católica no le convenía mostrar. Por otra parte, los cuadros representan una genial interpretación de la ideología barroca, que identificaba el mundo con un conjunto de falsas ilusiones que finalizan con la muerte. La vida, la llama que observa M. Magdalena, a modo de "donna angelicata" petrarquista, representaría el tópico de la "vita punctum est", momento fugaz, como también lo es la belleza de la dama, pues su contraste con la calavera, con la muerte, no deja de recordarnos el "cotidie morimur".
    Otro abrazo, jefe.

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    1. Me parece muy interesante la interpretación de la llama como otro signo de fugacidad más, la llama de la vela que se extingue presto, como la vida. Lo bueno de las artes visuales es que una interpretación no invalida la otra, sino que en todo caso añade más capas de significado.

      En cuanto a María Magdalena como personaje es curiosa esa superposición de personalidades, aunque sea fruto de una confusión, que no creo nada inocente, Magdalena asume todos los roles que la sociedad patriarcal era capaz de concebir en una mujer, manifestando así de paso su incomodidad con la existencia de una mujer TAN cercana a Jesús sin ser su santa madre.

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