viernes, 9 de agosto de 2013

Gwen John

¿No os ha ocurrido alguna vez que, paseando por un museo, entre un montón de maravillosas y estupendas obras de arte, de repente un único cuadro se apodera de vuestra atención; de entre toda esa masa de cuadros, una sola obra os deja parados, impresionados, tiene algo diferente, una especie de hechizo peculiar que hace palidecer a todas las demás obras? 

Eso me ha pasado a mí hace unos pocos días, para ser más exacto este 4 de agosto pasado, mientras visitaba la Tate Britain en Londres ante un cuadro titulado "The convalescent", un cuadro del tamaño de un folio, no mucho más grande, y de una autora de la que jamás había oído hablar, una tal Gwen John. 

Ese cuadro tenía una armonía de colores, unos apagados tonos violeta, rosa, blanco marfil, gamas de marrones, tierras, grises, deliciosamente equilibrados, pero también, sobre todo, tenía una textura muy particular, creada con una pincelada gruesa, que llena la superficie de pequeños toques, como teselas formando un denso, espeso mosaico. Ese cuadro es el primero por la izquierda de la serie, la única imagen que es una fotografía mía. 
Lo que he sabido de la vida de esta artista me la ha hecho aún mas interesante.

Gwendolen Marie John (Haverfordwest, Gales, Reino Unido, 1876 - Dieppe, Francia, 1939). A los 19 años estudia dibujo en Londres en la Slade Academy siguiendo la estela de su hermano Augustus, también pintor, con un autor al que ya he dedicado una entrada aquí, Henry Tonks, excelente dibujante, si bien un profesor duro y nada complaciente con sus alumnos. 

En esos años ya comienza a mostrar su particular carácter: con muy escasos medios económicos, vive como okupa en un edificio abandonado durante un año entero. El poco dinero que obtiene lo gasta en pinturas y comida para su gatos, alimentándose prácticamente de nueces y fruta. Su desprecio por las comodidades e incluso  por el simple cuidado de su salud serán proverbiales durante toda su vida.

En otoño de 1903 se marcha a Francia con su amiga Dora McNeill. Tras desembarcar en Burdeos, emprenden un viaje a pie con los trastos de pintar a cuestas, ganándose la vida dibujando retratos y durmiendo al aire libre, en un estilo próximo a la mendicidad. 

En 1904 llegan a Paris a estudiar con James Whistler en su academia Carmen. Allí su hermano comienza a ganarse la vida como modelo sobre todo para pintoras. Gwen posará también como modelo  y será de ese modo como conocerá a Auguste Rodin, con quien  vivirá una tormentosa y secreta historia de amor durante más de diez años. Ella se convierte en su amante, en una autodestructiva relación Pigmalión-discípula, de la que se han conservado miles (literalmente) de cartas de Gwen. Parece que el célebre escultor la amó a su vez, pero llegó a cansarse, abrumado por una personalidad tan vehemente y la relación acabó mal. 

En París la autora conoce a todos los autores de la vanguardia, Picasso, Matisse, Brancusi, etc, aunque no se siente influida ni impresionada por ellos. Se hace en cambio muy amiga del poeta Rainer Maria Rilke. Su fracaso amoroso con Rodin la conduce hacia una vida cada vez más volcada hacia la introspección. En 1913 se convierte al catolicismo y a partir de ese momento la fe religiosa será un motor importante en su vida, potenciando su deseo de ascetismo y de retiro.

En 1926 la conmoción causada por la muerte de su amigo Rilke la fuerza a buscar guía espiritual en su vecino Jacques Maritain, a través del cual conoce a Vera Oumançoff, con la cual va a vivir una historia de amor, la última, de unos tintes obsesivos similares a su anterior relación con Rodin. En 1930 Vera siente la necesidad de cortar totalmente esta relación, "ante su incapacidad, dice, para remediar la necesidad de Gwen de autotorturarse".

Los últimos años de Gwen son de un aislamiento sobrecogedor, apenas pinta, sólo se ocupa de su jardín y de sus gatos, sale sólo para ir a misa y busca sólo más y más soledad. En 1939 parte a Dieppe, donde morirá tras haber hecho testamento y haberse ocupado de que cuidasen a sus queridos gatos. 

Así vivió una persona marcada por la soledad, con una manera de amar, como la de muchos solitarios, vehemente, incluso obsesiva, y sostenida por los dos pilares que conformaron su vida, su fe y su trabajo, mediante los cuales expresó su torturante anhelo de perfección.




P. S. Me llama poderosamente la atención cómo la pintora aborda sus temas, creando series donde pinta una y otra vez el mismo sujeto con apenas unos pocos cambios en el color, la forma o la composición, como si una imagen se le impusiese y tuviera que pintarla muchas veces con ligeras variantes para estudiarla exhaustivamente o para intentar llegar a algo parecido a la perfección, a la forma definitiva, al arquetipo.





 
         La convaleciente. (Esta serie consta de 10 variaciones sobre el tema, realizadas entre 1923-24)





 
                                Joven desnuda, 1909-10                Joven con hombros estrechos, 1909





                      Joven con gato





               Un rincón del cuarto de la artista, París, 1907-09





                             Mujer leyendo, 1909-11                     Chica leyendo junto a la ventana, 1911





              Autorretrato, 1902                                         Autorretrato, 1907-09






Dibujos: Así como sólo nos han llegado apenas 158 pinturas firmadas de su autoría, sin embargo dejó una enorme cantidad de dibujos (más de dos mil) sobre muy diversos temas. Entre ellos no me he podido resistir a traer aquí algunos de los dibujos que hizo de sus gatos, a los que cuidaba más que a sí misma, y a los que refleja con una economía de medios, una vivacidad y un cariño extraordinarios. (Os recomiendo que abráis las imágenes con el botón derecho del ratón para verlas en su tamaño, merece la pena).






12 comentarios:

  1. Un descubrimiento fantástico. Fíjate, pasé una velada en Dieppe hace unos años, en una casa que miraba al acantilado. Creo que es un buen lugar para el retiro. Esos grandes muros blancos de piedra que miran al mar...

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    1. No conozco Dieppe, toda esa costa atlántica francesa es una parte del mundo que me gustaría mucho recorrer con calma alguna vez. Me alegro de que te guste, a mí me ha dejado fascinado. De verdad, si la ves en directo es aún mucho mejor, porque los cuadros, aparte del color mágico que tienen, es su textura, una maravilla

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  2. A pesar de ser de las que reconocen que no le gusta la pintura, soy desde siempre mucho más amante de la escultura y la fotografía desde sus inicios...
    Sin duda las pinturas de Gwen, me transmiten un intento constante, reiterado e incluso obsesivo ( de la misma manera que amaba), por conseguir aquello que realmente quería plasmar en la pintura, quizás sin conseguirlo... eso no lo sé.
    Quizás buscaba la perfección dentro del cáos y la imperfección que de una manera u otra nos rodea a todos...

    Quién sabe...

    Un gusto perderme entre palabras e imágenes, sinceramente!

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    1. Muchísimas gracias, Rosa, me alegro de que te haya gustado, especialmente ya que no te suele gustar mucho la pintura.
      Ésta en verdad tiene algo especial. Como tú bien dices, yo creo también que quizás esa forma de ser perfeccionista, obsesiva, que refleja en sus relaciones personales, la lleva también a su trabajo, ese intentar crear algo perfecto que salvar de la imperfección y el caos de este mundo.
      Al mismo tiempo es un ser que me transmite mucha infelicidad, no creo que se sintiese satisfecha de su obra, ni de nada. Asusta asomarse a biografías como ésta.

      Un saludo ;)

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  3. La sensación de atracción hacia un cuadro en concreto, durante la visita a un museo, me resulta muy familiar, pues lo raro es que no me ocurra. Estoy segura de que la contemplación de "La convaleciente" en vivo debe de imantar a cualquiera. Pero la biografía de esta pintora y la reiteración de las imágenes de sus cuadros me induce a pensar lo fácil que debe de ser confundir la aspiración a hacer las cosas bien con la aspiración a la perfección, que conllevaría la renuncia al derecho a equivocarnos, o sea, a la capacidad de aprender y de avanzar en la vida, pues nos dominaría el Miedo, tejedor oculto de las ansias de perfección.

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    1. La idea de perfección puede ser una manera de superar nuestros miedos y de crecer como personas, pero, como tú bien adviertes, puede también ser un modo de dar pábulo a ese tejedor oculto, esa Penélope que teje y desteje continuamente con los hilos de nuestras inseguridades la telaraña que nos mantiene atados, la idea de perfección entonces se convierte en un ídolo inhumano al que sacrificamos las alegrías de la vida y nuestra imperfecta humanidad en aras de una quimera vacía.
      La vida de esta pintora confieso que me produce un cierto malestar, una sensación de infelicidad autoimpuesta que me hace examinarme a mí mismo.

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  4. Veo que a ti, como a muchos de nosotros, también te ha ocurrido. Interesantes las múltiples versiones, muy parecidas y a la vez diferentes, en color y composición de un mismo tema. Los apuntes de los gatos sencillamente geniales. Un abrazo

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    1. Me interesa mucho ese modo de trabajar, las series, las variaciones sobre un tema, me parece que evidencian todo lo que una forma o un sujeto pueden llegar a contener y es una buena manera de plantearse el arte como exploración formal.
      Los apuntes de los gatos, como tú bien dices, son geniales, la lástima es que los dibujos de esta pintora no son muy accesibles y, al menos en internet no he conseguido encontrr gran cosa y dudo de que, incluso en la Tate se puedan ver expuestos. Habrá que esperar a alguna exposició monográfica.
      Un abrazo ;)

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  5. José Miguel coincido con tu interés. las variaciones sobre un mismo tema es lo que más me ha llamado la atención. Una publicación interesante.Un saludo.

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    1. Gracias, Lumy, me alegro mucho de que te haya interesado la entrada y ese modo particular de explorar que la artista plantea mediante sus variaciones. Un saludo

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  6. Muy ciero eso de que te enganche un cuadro sin que sepas muy bien el porqué, entre otras cosas porque una no sabe nada de arte pero ahí está ese cuadro que te atrae de una manera especial. Son muchos los autores que hacen variaciones sobre la misma idea, y todasellas tienen una atracción especial. Como siempre disfrutando con tus aportaciones. Gracias.Ana.

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    1. Yo tampoco sé nada de arte, y por eso me fío sobre todo de mis sentidos, de ese quedarme impresionado por una obra concreta. No me importa si el autor es alguien importante o no, si me gusta intentaré informarme de su autor y de su obra, si no adiós, todo lo demás sobra. Creo firmemente en una proximación a la pintura (o a la literatura) intuitiva, es decir, desde el puro y simple hecho de que te guste. Me alegro de que te siga apeteciendo pasarte por aquí y que disfrutes con mis propuestas. Gracias a tí. Un saludo

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