viernes, 6 de septiembre de 2013

Juan Sánchez Cotán. Voto de silencio

Él escogió el silencio ¿Qué me atrevería yo a decir de alguien así? No lo sé, es un extraño personaje el padre del bodegón español. Nace este toledano en Orgaz en 1560 en una familia donde hay también otros artistas, como su hermano y sus sobrinos. Sabemos que desde joven reside en Toledo, donde tiene una nutrida clientela entre el rico clero de la sede episcopal, la nobleza y la burguesía urbana. Mantiene relaciones cordiales con otros artistas, entre ellos su maestro Blas de Prado y su amigo y colega El Greco, en resumen, una vida como la de cualquier artesano bien asentado. 

Sin embargo en 1603, a los cuarenta y tres años, hace testamento. Esa era la costumbre para aquellos que morían para el mundo. Juan Sánchez Cotán solicita el ingreso en la orden cartuja como hermano lego, para profesar al año siguiente, tras haber acreditado su limpieza de sangre, e instalarse en la Cartuja de Granada. Su vida como monje transcurrirá entre esta Cartuja y la del Paular, dejando frescos en ambos monasterios, hasta su muerte, acaecida en 1627. Llevó una vida virtuosa con fama de santo y murió venerable. En realidad las  únicas cosas que sabemos de su vida son las que figuran en los documentos notariales: el inventario de sus bienes que incluía su testamento, así como la biografía de Palomino.

La tentación de trasladar una intención transcendente a sus bodegones, tan sobrios, tan investidos de ese aura de silencio espiritual, es grande, conociendo su biografía. Sin embargo debemos ser cuidadosos por varias razones; en primer lugar la mayor parte de sus obras de este género son anteriores a su profesión religiosa, y en segundo lugar el bodegón, que en aquellos años apenas estaba, como quien dice, inventándose, tenía una consideración muy humilde y por debajo de otros géneros, valorándose en él apenas la fidelidad ilusionista que el artista conseguía en la representación de las calidades, texturas y modelado de los objetos representados, siendo su propósito más bien meramente decorativo, aunque en una cultura cristiana, donde a cada objeto se asociaban por tradición una serie de significados edificantes, nunca se puede estar seguro de estos extremos.

Yo me imagino a Juan Sánchez, en esa vena realista manchega, como un Antonio López del siglo XVII, pintando unos cardos con la pasión del que quiere absorber cada detalle del objeto, observando cómo les incide la luz, cómo la composición se conforma a un determinado esquema geométrico. Imagino un trabajo lento, de silenciosa conversación con el cardo apoyado en el alféizar en la que éste le va revelando todo su secreto.


Antes de que Mies van der Rohe lo dijera, Juán Sánchez ya había aprendido de largo dos cosas importantes: que menos es más, y que Dios está en los detalles. 

SILENCIO

Equilibrio de luz
en el sosiego.
Mínima tromba.
Ensoñación. Quietud.
Todo:
un espacio sin voz
hacia lo hondo oculto.

                       De Biografía sola, Jaime Siles.




 Bodegón con cardo y zanahorias. Entre 1603 y 1627. Museo de Bellas Artes de Granada (62 x 82 cm)







Membrillo, col, melón y pepino. ca. 1602. The San Diego Museum of Art (68'9 x 54'5 cm.)



Para saber más de la vida de Sánchez Cotán, este vínculo lleva al artículo de Peter Cherry en la Enciclopedia del Museo del Prado:
http://www.museodelprado.es/enciclopedia/enciclopedia-on-line/voz/sanchez-cotan-juan/

6 comentarios:

  1. ¡Qué lujo!! qué serenidad y armonía, muy interesante, me encantó, comparto

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    1. Me alegro de que te haya gustado, Muchas gracias por tu comentario y por compartir. Un saludo ;)

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  2. Admirable contraste entre la iluminación tenebrista, tan propia de la época, y la luminosidad de los objetos, meticulosamente reproducidos, que, colocados a distinta distancia, consiguen crear una genial ilusión de superación de la misma realidad. Esa - estupendamente explicada - silenciosa "conversación" de un cartujo con objetos humildes me trae a la mente las palabras de un contemporáneo suyo, nuestro Monstruo literato -Lope de Vega- quien, si conoció estos maravillosos bodegones, debió de ser uno de sus más fervientes admiradores, pues, igualmente, solo propias de un genio, me parecen sus palabras de reconocimiento a lo humilde: "Lo pequeño, siendo mío, me parece grande; y pequeño, por no serlo, las grandes cosas de los demás"

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    1. Me encanta esa cita de Lope de Vega, como es habitual en él, acierta a formular un pensamiento común de la manera más económica y elegante posible. Gracias por la aportación. En cuanto a si sus bodegones fueron conocidos o no en vida es algo que me gustaría saber, y de lo que no hay muchas pistas. Por ejemplo de su maestro (y supuesto inventor del bodegón español, Blas de Prado) no se ha conservado ni una sola obra. Las de Sánchez Cotán ¿eran ya famosas o llegaron a serlo al hacerse famoso el autor como venerable? quién sabe, quizás en aquellos tiempos pasaba como hoy en día, que la leyenda del personaje alimenta la difusión de su obra post mortem...

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  3. Lo minucioso (y ya que citas a López) debe ser una pesadilla ante lo perentorio de lo que se dibuja. La relación es mística en múltiples sentidos: negadora de la realidad del objeto, acentuación de su razón de ser oculta, incidencia de lo mortal en lo inmortal...

    Un trabajo magnífico, y una entrada para enmarcar.

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    1. Siempre me ha intrigado esa figura de pintor-cartujo, pero antes incluso de saber nada de su vida, me impresionan sus bodegones tan desnudos, el del museo de Granada he podido verlo en persona y es de las obras que robaría sin ningún remordimiento.

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