viernes, 13 de septiembre de 2013

Nueve miradas sobre Nápoles

Recuerdo la primera vez que estuve en Nápoles, ahora hace muchos, muchos años. Llegué en tren desde Roma y había oído toda clase de historias terribles sobre lo peligrosa que era. La primera en la frente: nada más salir de la estación me coge un taxista clandestino que me pegó una clavada monumental. Ése fue mi mal comienzo con la ciudad, pero lo que sucedió durante los días siguientes que permanecí allí fue una auténtica historia de seducción. 

Recuerdo para empezar el hotel que estaba en Santa Lucía y el bajar a la calle y estar frente al mar, los paseos desde Castel dell'Ovo hasta Mergellina, los Quartieri Spagnoli, el asombroso mercado, el no menos asombroso Museo Arqueológico con el Hércules Farnesio, la escultura de la antigüedad que más me ha impresionado jamás, la Cappella de Sansevero, una inesperada perla barroca, el gigantesco Belén que se expone en la cartuja de San Martino, las calles, la calle, la gente de la calle y su hablar y su simpatía, y en los alrededores la tumba de Virgilio, Pompeya y Herculano, el Vesubio, el palacio de Caserta... Hay que ir a Nápoles, comer en Nápoles, pasear por sus calles, ver sus iglesias y sus museos, embarcarse hacia las islas, ver la bahía desde el mar. Es un prodigio de la naturaleza.

Algo así debían pensar los primeros turistas, los que hacían el "Grand Tour", aquellos cultos viajeros que peregrinaban por Italia, recorriéndola ciudad a ciudad, monumento a monumento, palacio a palacio, ruina a ruina hasta llegar a Nápoles, el final glorioso donde los iniciados, Eneida en mano, podían tocar con su dedos mortales la propia tumba de Virgilio o en cuyos alrededores Winckelmann estaba desenterrando Pompeya de sus cenizas y reinventando toda la antigüedad tal como se conocía hasta el momento.

En esa ciudad, primero aragonesa, luego española y después borbónica capital del Reino de las dos Sicilias hubo una intensísima vida cultural, musical en primer lugar (el conservatorio de Nápoles ha sido clave en el desarrollo musical de todo Occidente), pero también pictórica. Junto con Roma es una de las ciudades del mundo más retratada. El turismo es lo que tiene, el turista siempre quiere tener un souvenir de su viaje, así fue como comenzaron los primeros vedutisti, pintores de vistas "vedute" para los viajeros. Si Venecia tiene sus Canaletto o sus Guardi, Nápoles, desde mucho antes ya tenía sus pintores que de motu proprio o por encargo realizaban vistas de la ciudad y de la prodigiosa bahía.

Los ejemplos que he traido para esta entrada son sólo una mínima muestra, algunos de los cuadros que más me gustan. Lo que se pone de manifiesto es lo cosmopolita que llegó a ser la ciudad, si os fijáis, hay pintores de toda Europa, holandeses, franceses, españoles (aquí vivió y trabajó José/Giuseppe Ribera que es más napolitano casi que español), ingleses, alemanes. En realidad la idea de dedicar una entrada a esta ciudad surgió de la visión de uno de los cuadros, el espectacular de Didier Barra, al que me imagino pintando desde el aire mientras vuela con unas alas mecánicas como las de los artilugios de Leonardo de Vinci. Un ilustre desconocido este pintor-piloto, como Virgilio el mago y su huevo milagroso. Que los disfrutéis y, sobre todo, que os entren unas terribles ganas de ir a Nápoles, Vide Napule e po' muore. Ciao!




 Tavola Strozzi, ca. 1472 (Atr. Francesco Rosselli, Florencia 1447 - id. 1513)






 Panorámica de Nápoles a vista de pájaro, 1647 Museo de San Martino
 (Didier Barra, Metz 1590 - Nápoles 1652)






 Panorámica de Nápoles a vista de pájaro, Museo de San Martino
 (Didier Barra, Metz 1590 - Nápoles 1652)





 Plaza del Mercado, Nápoles, 1654 (Domenico Gargiulo, Nápoles 1609 - id 1675)






 Vista de la dársena de las galeras, 1700 (Caspar van Wittel o Vanvitelli, Amersfoort 1653 - Roma 1730)






 Vista panorámica de Nápoles desde el mar, s. XVIII (Antonio Joli, Módena 1700 - Nápoles 1777)






 Vista de la bahía de Nápoles, 1781 (Giovanni Battista Lusieri, Roma 1755 - Atenas 1821)






 Vista de la cartuja de San Martino con el castillo de San Telmo, S. XVIII
  (Thomas Jones, Radnorshire UK 1742 - id 1803)






 El Castel dell'Ovo, Nápoles, con Capri en la distancia, 1819
 (Joseph M. W. Turner, Londres 1775- id 1851)






  El Castel dell'Ovo, Nápoles, con Capri en la distancia, 1819
 (Joseph M. W. Turner, Londres 1775- id 1851)





Fuegos artificiales en Nápoles, 1875 (Oswald Achenbach, Düseldorf 1827 - id 1905)



13 comentarios:

  1. Me encantan los cuadros de barcos y de castillos...jeje.. debe ser un viaje maravilloso, pero para ir muy bien acompañado. un saludo

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    1. Tienes que verla, es una ciudad estupenda, en algunas cosas me recuerda a Lisboa o a Estambul, pero en mi opinión las supera, sus castillos, los palacios, las colinas frente al mar, la estupenda bahía...es un viaje, como tú dices, para hacer en buena compañía y comer la mejor pizza del mundo y pescaíto y unos dulces estupendos, y ver las maravillas de Pompeya y subir al Vesubio, no te lo pierdas. Un saludo, Carlos Javier ,y gracias.

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  2. Bonito paseo por la evolución de Nápoles desde un prisma pictórico.

    Saludos José Miguel

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    1. Muchas gracias Rosa, hay mucha pintura y muy buena dedicada a esta ciudad y su preciosa bahía. Un saludo

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  3. ¡Vaya regalo para la vista! Me resultan especialmente atractivas: la segunda "Panorámica de Nápoles", de sombrosa precisión topográfica, que contrasta con el dinamismo de sus escenas de navegación; la pintura de su grandiosa "Plaza del Mercado", de configuración rectangular, lo que permite exponer abiertamente la intensísima actividad comercial que generó; la "Vista de la bahía de Nápoles", con esa increíble fusión de nebulosidad marina y celeste, y, ¡cómo no!, sus "Fuegos artificiales", donde la calma del mar y la penumbra recrean la expectación que estos suscitan a un, más sugerido que perfilado, pueblo marinero. ¡Estupendo estímulo para empezar el curso! Muchas gracias.

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    1. Me alegro mucho de que te gusten. Empezando por el último, es estupendo ese juego de luces con el poniente dejando un resto de claridad tras el monte y el barrio de Santa Lucia en fiestas con los fuegos resaltando entre la oscuridad. A este autor le dedicaré una entrada para él solo porque se lo merece, es un grandísimo pintor.

      G. Battista Lusieri merecería sólo por esa "Vista de la bahía" pasar a la historia de la pintura, está muy bien captada esa quietud de los días soleados pero aún un poco neblinosos de verano, en la primeras horas de la mañana en que el día parece estar aún desperezándose.

      En cuanto a la escena del mercado, quería ponerla porque tienes que ir alguna vez en tu vida al mercado de Nápoles, seguro que no habrás visto cosa igual, es el espectáculo callejero más interesante, curioso, vibrante y divertido que uno se puede encontrar, con las piscinas para el pescado y los vendedores gritando en el dialecto napolitano, tan bonito y a la vez tan incomprensible.

      Te deseo un estupendo curso 2013-14

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  4. Evocas de una manera tus recuerdos de Nápoles que apetece enormemente visitarla...otra más para mi listado de viajes pendientes. A mi también me ha gustado el cuadro de los fuegos artificiales por ese contraste de luces y oscuridad. Un placer leer este texto. Ana.

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    1. Hay que hacerse esas listas, incluso aunque luego uno acabe no yendo a los sitios, pero no es poco el placer anticipado de imaginarlos, de anticipar el viaje en la mente.
      Nápoles es estupenda en verano cuando te puedes coger un ferry a Capri o cogerte la circumvesubiana y escaparte a Pompeya o subir al Vesubio que sigue humeando, o darte un paseo por los jardines de Caserta, o disfrutar de sus museos por la noche. Gracias por tu comentario, Ana, como siempre.

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  5. Las "fotos" del viaje te han salido estupendas.

    No conozco Nápoles y, lo peor, no he pisado suelo italiano.

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    1. ¡Pero hombre! Mira que no haber estado nunca en Italia... los italianos pueden, a veces, ser un tanto cansinos, pero no cabe duda de que su país tienes unas ciudades de una belleza abrumadora. Tienes que ir, Nápoles es muy bonita, pero igual hay otros sitios como Roma, Venecia, Florencia que uno no debe perderse. Además, comer en Italia es una gozada, ¡total!

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    2. Ya, sabía que me ibas a dar un buen tirón de orejas (merecido). Creo que me distrae mucho el suelo francés (donde dicho sea de paso, tampoco se come mal).

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    3. Tenemos que intercambiarnos, yo por Francia, aparte de París no he estado nada de nada, y me apetece muchísimo conocerla (también por lo de la comida) pero hasta ahora no ha surgido.

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  6. Bueno, París es también infinita, pero Francia esconde muchos otros tesoros. Nunca me canso de ir (a ver si este verano me doy otra escapadita).

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