miércoles, 9 de octubre de 2013

9 d'octubre

La víspera de San Miguel del año 1238 el rey moro de Valencia, Zayyan Ibn Mardanix, firma la rendición de la ciudad, negociándose en las capitulaciones que la población musulmana que lo desease dispondría de cinco días para recoger sus bienes y evacuar. Concluido el período pactado, el rey En Jaume entra en Valencia el 9 de octubre, día de San Dionisio. La capital del nuevo reino ha sido por fin conquistada; para la configuración jurídica del Reino de Valencia habrá que esperar un poco más, los Fueros regularán su pacto con el rey y tratados como el de Almizra y el arbitrio de Tarazona definirán sus fronteras. Hoy los herederos de aquel antiguo reino de la Corona de Aragón seguimos celebrando este hecho que nos devolvió a la órbita de la civilización occidental y europea.

Pero como este blog se ocupa de temas de arte, he querido traer hoy cuatro retratos de reyes de Valencia, al temple sobre tabla, que fueron pintados el año 1427 por Gonçal Peris Sarrià y Jaume Mateu, pintores valencianos, según el estilo del gótico internacional entonces vigente. Estas tablas formaban un conjunto de 15 reyes de la Corona de Aragón que debían decorar la Sala del Consell de la Casa de la Ciudad de Valencia, edificio que albergaba una serie de funciones municipales y penales. La sala se estaba reformando y redecorando, ya que acababa de sufrir un incendio que había consumido las techumbres y se decidió renovarla por completo. De los 15 reyes que formaban la serie sólo estos 4 han sobrevivido al prolongado deterioro del edificio, que en el transcurso del tiempo sufrió algún incendio más, hasta que finalmente en 1854 se decidió derribarlo  y trasladar las dependencias municipales a su emplazamiento actual. Hoy día estas cuatro tablas están en el MNAC (Museu Nacional d'Art de Catalunya).

Ninguna de estas imágenes pretende ser un retrato, en el sentido de que la pintura intente reflejar un parecido con la persona retratada. Son pinturas que representan a reyes, por tanto lo que el pintor trata de mostrar es la imagen del rey, de todo rey, identificado por una serie de signos convencionales: corona,  capa de armiño, cetro, espada, orbe etc. 

De todos modos, ustedes me disculparán, a mí me gusta imaginarme al rey Jaume el Conqueridor como el de su retrato, joven rubicundo, de melena corta y barba de dos puntas, con un aspecto entre caballeresco y mefistofélico. Jaume Mateu supo adornar a su tocayo real con los atributos de un héroe de leyenda, ¡A quién si no! ¡Visca el rei En Jaume!



Jaume El Conqueridor (1208-1276). Rey de Aragón, Valencia y Mallorca, Conde de Barcelona, Urgel, Rosellón y Cerdaña, Señor de Montpellier y Omeladés.






Alfons El Franc (1265-1291). Rey de Aragón, Valencia y Mallorca, Conde de Barcelona, Rosellón y Cerdaña, Señor de Montpellier y Omeladés.






Pere El Cerimoniós (1319-1387).  Rey de Aragón, Valencia, Mallorca, Córcega y Cerdeña, Duque de Atenas y Neopatria, Conde de Barcelona, Rosellón, Cerdaña y Ampurias.






Alfons El Magnànim (1396-1458). Rey de Aragón, de Valencia, de Sicilia, de Cerdeña y de Nápoles, Conde de Barcelona, Rosellón, Cerdaña y Urgel.





4 comentarios:

  1. La verdad es que todos se asemejan una barbaridad.... reyes, ya se sabe...

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    1. Sí, la verdad, a mí me recuerdan a los cuatro reyes de la baraja, el rey de espadas, el rey de oros, el rey de copas y el rey de bastos, lástima que no haya sobrevivido la serie, sería curioso verla en su emplazamiento original.

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  2. Llamativos retratos no personalizados, pero ricos en la exhibición de atributos de autoridad asociados a personajes de evidente bondad, y, por tanto, sentido de la justicia. Ello me induce a cuestionarme hasta qué punto puede haber sido contraproducente la pérdida del concepto didáctico del arte como transmisor de unos valores éticos fundamentales en la educación de la colectividad.

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    1. Para nuestros días resulta absolutamente cierto lo que dijera Margaret Thatcher: "no hay tal cosa como la sociedad. Hay individuos, hombres y mujeres, y hay familias". La Sociedad, como Dios, ha muerto. Hoy hemos sustituido la sociedad por la masa, o por la estadística, de ese modo el arte no puede ser portavoz ni educador de una colectividad inexistente, y lo mismo nos pasa a nosotros los educadores, que pisamos un terreno minado por la falta de unos valores compartidos sobre los que educar, con nuestro trabajo sometido al fuego cruzado de los prejuicios particulares de los padres, de los alumnos o de una administración con una mentalidad tecnocrática que promueve una útil ignorancia para unas masas que sólo deberán en adelante trabajar y callar.
      Perdón por el exabrupto pesimista, pero son malos tiempos para la lírica.

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