jueves, 3 de octubre de 2013

Retrato de dama

Mi enamoramiento de la condesa de Vilches es casi ya tan lejano como el reinado de Isabel II en el que esta dama vivió en carne y hueso. Era yo un soldado que hacía el servicio militar en la Academia de Infantería de Toledo y que los fines de semana se escapaba a Madrid a disfrutar del permiso. Entonces la pintura del siglo XIX de la colección del Museo del Prado estaba expuesta en un pequeño edificio junto a la Real Academia de la Lengua, el Casón del Buen Retiro, un lugar tranquilo y no muy visitado donde aprendí a apreciar, entre otros, a Vicente López Portaña o a Mariano Fortuny, pero donde, desde el primer momento, caí rendido ante la belleza de este retrato que Federico de Madrazo y Kuntz pintara a su amiga, Doña Amalia de Llano y Dotres, la condesa de Vilches. 

Esta dama de la España isabelina ejemplifica muy bien cómo eran y cómo se consolidaban las élites de aquel momento: su padre carnal, Don Ramon de Llano se había hecho rico comerciando con las Américas, traficando con negros y mediante el contrabando de productos franceses y luego se pasó a fabricante de textiles y de aguardiente, su segundo padre, con el que su madre casará tras enviudar, será ya un noble de la más rancia nobleza, Don Francisco de Falcó y Valcárcel. A los 17 años Doña Amalia contrae matrimonio con un político importante del partido moderado de Martínez de la Rosa, Don Gonzalo José de Vilches, que llegará a vicepresidente del Congreso de los Diputados, senador vitalicio y cofundador del Banco de Isabel II. 

Esta señora, ferviente monárquica, fue una importante mecenas que protegió a los artistas y organizaba veladas literarias al estilo de los salones franceses. Escribió y publicó dos novelas y fue amiga de intelectuales y artistas, como Madrazo, quien la pintó con 31 años al estilo del francés Ingres, con la complicidad y cariño con que se pinta a una amiga muy querida.



Amalia de Llano y Dotres, condesa de Vilches. 1853 [126 x 89 cm] Museo del Prado, Madrid.




Mi segundo enamoramiento llegó mucho más tarde. Por esos años ya había yo sacado las oposiciones y en esta ocasión el viaje a Madrid fue aprovechando las vacaciones escolares. No había visto el Museo Lázaro Galdiano desde su reforma (lo recordaba de niño como un lugar algo triste y lleno de cachivaches). Me sorprendió en esta visita la gran riqueza de las colecciones y su muy mejorado entorno expositivo, pero sobre todo me cautivó por completo este retrato, de nuevo de Federico de Madrazo, de la gran escritora del Madrid isabelino, Gertrudis Gómez de Avellaneda. 

El pintor la retrata en sus años de mayor éxito literario y social, hace poco ha concurrido a un sillón de la Real Academia, aunque no lo logra, su obra triunfa, sea en la forma de poemas, o de novelas, como Saab, muy leídas en su momento, o con sus estrenos teatrales. Además acaba de casarse con un político influyente, don Domingo Verdugo, lo que le abre otros círculos sociales. Poco había de durarle este período de felicidad, a raíz del fracaso del último estreno teatral su marido es herido en un duelo y no mucho después muere. La vida de esta autora ilustra las vicisitudes que debía padecer una mujer en una sociedad dominada por los hombres y donde a las mujeres se las encerraba en el papel de madres y esposas. Nuestra autora siempre vivió en medio de grandes altibajos, tuvo que publicar durante años bajo pseudónimo y luchar contra los prejuicios de un tiempo en que una mujer libre y enérgica era vista siempre bajo la lupa de la sospecha.



Gertrudis Gómez de Avellaneda. 1857 [117 x 85 cm] Museo de la Fundación Lázaro Galdiano, Madrid.



Por último dejadme decir algo del pintor. Federico de Madrazo y Kuntz fue, además de la estrella del retrato isabelino (sus obras se cotizaban enormemente entre la élite del Madrid decimonónico y a la vista de estos dos maravillosos retratos ya os podéis imaginar porqué), sobre todo fue uno de los más duraderos y más dedicados directores del Museo del Prado, más de veinte años estuvo, en distintos períodos, al frente de la institución. Si el museo es lo que hoy vemos, una buena parte del mérito se le debe a este sensacional retratista. ¡Gracias, Federico de Madrazo!

10 comentarios:

  1. Como no enamorarse sobre todo del primer retrato. Hay artistas que pueden retratar mas allá de la imágen. Me quedé fascinada con la belleza de estas obras. Gracias! Un abrazo José Miguel.

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    1. En este retrato me encanta ese mirar dulce, amigable, de quien presta atención a algo que un invisible contertulio le está contando, con ese gesto algo indolente de la mano apoyada en la mejilla regordeta, esa sensualidad discreta de los hombros descubiertos y ese blanquecino marfil de la piel dentro del vestido de seda de un azul maravilloso. Como tú bien dices, cómo no enamorarse. Gracias, un abrazo, Soledad.

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  2. Retratos increíblemente atractivos, debido al enriquecimiento artístico logrado mediante la captación del estado anímico de los personajes, barnizado por la fiel reproducción del detalle externo, definitorio de un estatus social elevado. Excelente regalo para un viernes. Gracias, genio.

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    1. Viendo estos retratos se entiende bien por qué todo el mundo quería ser retratado por Madrazo. Además de, como tú dices, la fiel reproducción del detalle (maravilloso el chal de la escritora, o el brazalete de la condesa o los brillos de la seda del vestido...) sobre todo sabe crear una atmósfera de idealización, de distinción y elegancia, que a una clase de nouveaux riches como era la neo-nobleza isabelina les debía complacer extraordinariamente. Pero en el caso particular de estos dos retratos, yo creo que el autor se encuentra frente a dos grandes mujeres y la magia surge de la fascinación personal, del torrente de simpatía mutua.

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  3. Preciosos cuadros que ya conocía, pero que ahora los veo con otros ojos al conocer algo más de sus protagonistas. Me ha gustado mucho.

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    1. Estos retratos son, en efecto, bien conocidos, pero a mí por lo menos siempre me queda la curiosidad por saber quién es la persona que está detrás de la pintura, a veces eso causa decepciones terribles, pero en este caso se trata de dos grandes mujeres con una fuerte personalidad a las que merece la pena conocer. Gracias por tu comentario María Pilar, un saludo.

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  4. Enhorabuena por esta entrada, José Miguel. Saludos.

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    1. Muchas gracias Esther, me alegro de que te haya gustado. Un saludo

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  5. Wow, la verdad que me he quedado impresionado con el realismo de esas pinturas, parecen autenticas fotografías. El color azulado del la primera da luz a un vestido que destaca claramente en el cuadro, y ademas resalta la cara de una manera especial, es facil enamorarse de ella. Y en el segundo me han sorprendido las manos muy firmes, al contrario del primero que hacen de ella un poco mas coqueta. Gracias por mostrar dos obras fantasticas, un saludo.

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    1. Gracias Carlos Javier, me alegro de que te guste. Si te fijas la verdad es que Madrazo compone sus retratos muy hábilmente para que los detalles, aunque están muy bien descritos, no te distraigan de lo principal. La atención se dirige con naturalidad al rostro del/la retratado/a y la definición de su personalidad se construye mediante un cierto gesto (más serio y digno en la escritora, más amable y complaciente en la condesa) o gracias al lenguaje corporal (las manos firmes que recuerdas de una y el gesto coqueto de la otra). Al final nos parece "conocer" a las retratadas, la gran ambición de un retratista. Aunque no deja de ser una ilusión, un truco del oficio...
      Un saludo

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