jueves, 14 de noviembre de 2013

De la fête galante al after hours: Terry Rodgers


Como las fêtes galantes de Watteau, estos oníricos after hours de Terry Rodgers son la representación de un imaginario colectivo. Si en el siglo XVIII Watteau imaginó a los caballeros y las damas de una estilizada aristocracia flirteando y metiéndose mano en jardines cuidadamente descuidados, en el preludio del acto amoroso, en un cortejarse cuyo desenlace era púdicamente hurtado a la mirada del espectador, hoy en este siglo XXI tan viejo que sabe más por viejo que por diablo, en este tiempo posthistórico, donde sólo queda, a falta de inocencia, la ironía, Terry Rodgers nos propone unas fiestas un poco más golfas que las de nuestros antepasados. 

Aquí los hijos guapos de los ricos, más sexualmente desenvueltos, esa jeunesse dorée de Los Angeles, San Petersburgo o de Ibiza, las Paris Hilton de la tierra, esa extraña aristocracia de los Hammer-limusina, la silicona, el camello de confianza y el disc jockey hecho venir en el jet privado, son pintados en telas de gran formato, en abigarradas escenas en el después de la fiesta, ese momento en que ya ha amanecido o está a punto de hacerlo y ya te has bebido todo lo bebible, la coca se ha acabado y el tiempo de la orgía o de la música ha pasado para dejar paso de nuevo al aburrimiento de lo cotidiano. 

Es un mundo imaginario y no pretende, creo, ser una representación "real" de una supuesta jet set. Yo diría más bien que el autor, con mucha perspicacia, trata de lo que nosotros, los deseantes, los mirones de esas fiestas, imaginamos que es, de esa categoría de lo socialmente deseable.  Y así vemos todos estos cuerpos invariablemente perfectos, de anuncio de moda. Ellos y ellas podrían salir de las páginas de VOGUE, incluso la composición podría ser una un tanto estrafalaria performance de un Galliano, o bien una sesión fotográfica de un anuncio de lencería, maquillaje, o vaya usted a saber. Como en la publicidad o en los Mass Media, el SEXO en nuestra cultura líquida global es la gran mercancía y por tanto lo imprega TODO. 

Terry Rodgers propone una mirada sobre este curioso tiempo que vivimos, donde la experiencia personal y la mediática se superponen y crean vivencias que, aún siendo percibidas como personales, son socialmente inducidas y representan por tanto lo impersonal en estado puro, pero lo hace además sin la mirada agria de un Houellebecq, sin crítico puritanismo, con la mirada colorista de un Rubens, tras la que esconde una taimada y sonriente ironía. Que ustedes disfruten con estas modernas fêtes galantes.














































































Para saber más sobre la obra de Terry Rodgers: http://www.terryrodgers.com/


11 comentarios:

  1. Una curiosa manera de convertir la superficialidad, vanidad, y estupidez, en arte! Detenidamente analizada la obra de Terry Rodgers, es seguro una crítica sutil a la vez que rídicula , sino voy mal encaminada; eso es lo que me transmite tu post y su obra.
    Un saludo José miguel!

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    1. Sí, por supuesto que hay una crítica, pero hoy en día la crítica no se puede hacer desde unos presupuestos puritanos anti-sexualidad, sino más bien, creo yo, la crítica a un estilo vacío de considerar la vida y sus placeres como productos de consumo: igual me compro una tetas nuevas, que unos tiros de coca, que me compro un coche o la última versión Ipad. Lo que el autor pretende mostrar, creo, es el cortísimo recorrido entre deseo-satisfacción-desilusión-nuevos deseos que aplaquen el vacío existencial.
      Un saludo Rosa. gracias por el comentario

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  2. La profusión detallista de estas escenas, más propia del arte cinematográfico que del pictórico, consigue convertir eficazmente al arte en un revulsivo, ante la crisis existencial de los protagonistas, que, desvinculándose de la realidad, parecen soñar. Quizá rehuyan la soledad, pues la peor fase para afrontarla es el comienzo. Después, hay que franquear los sentimientos negativos y avanzar en ella presintiendo la felicidad. Pero, para llegar hasta esa meta, hay que flaquear, hay que luchar.

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    1. Los protagonistas parecen estar solos, cada uno en su propia mónada, las miradas, más que interactuar y cruzarse en una llamada de deseo o de reconocimiento, parecen volverse sobre el sujeto en un ensimismamiento un poco sonámbulo; son Narcisos frente a su espejo particular cada uno. Quizás buscan rehuir la soledad, pero la encuentran tanto más cuanto con más gente la pueblan

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  3. Unos preciosos retratos de la decadencia cultural y social a la que aludes. me encantan esos cuadros, los colores, las poses y esos gestos amargos de los personajes que aspiramos copiar y cuyas vidas representan un ideal para las juventudes. La amargura que reflejan esas caras dan cuenta de un vivir en círculos, empantanados por la podredumbre

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    1. Hay mucho desencanto, mucho hastío en estos niñospijos y guapos, pero ¿acaso no es también así como nos gusta imaginarlos? creo que el mensaje del autor tiene mucho de crítica a una sociedad vacía y consumista, pero también tiene, y no poco, de ironía, de burla hacia nosotros, dignos y bienpensantes espectadores, es un taimado burlón este Terry Rodgers

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  4. Me encanta. Todas sus lecturas también, aunque, sinceramente (y sin menoscabar la crítica), ¿no te gustaría darte al menos una vez en la vida un baño de entera superficialidad?

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    1. Jajaja, pues sí, la verdad, entre tú y yo, un poco de decadente y moralmente-reprobabe superficialidad alguna que otra vez no me parece tan terrible. Dejar hacer a Dionisos y Afrodita y soltarse un poco la melena de vez en cuando es hasta saludable, pero esto entre tú y yo, no sea que los virtuosos de oficio nos oigan y se apunten a lapidarnos con su reprobación ;-)

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    2. Vale, entre tú y yo...

      PD 1. Me pido la morena ;)
      PD 2. Creo que cabe a más de una ;)

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    3. Jeje, a mí, fíjate, me encanta la pose de la chica de los leotardos rojos, la pija que esta semirecostada en un sofá atusándose la rubia melena

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