martes, 24 de diciembre de 2013

Navidad...

Permitidme que hoy, para hablar de qué entiendo yo que es la Navidad, coja un atajo un poco sinuoso y, por así decirlo, me vaya por los cerros de Úbeda, o de Córdoba en esta ocasión, que para el caso es lo mismo.

Don Luis de Góngora y Argote (Córdoba 1561 - ibidem 1627), uno de los mayores poetas de nuestro Siglo de Oro, era también clérigo, miembro del cabildo de la Catedral de su ciudad, con el cargo de racionero. Todo lo que Don Luis tenía de óptimo, excelso poeta, lo tenía también de pésimo clérigo, de cristiano tibio, por decirlo suavemente. Aficionado al juego (vicio de los naipes al que Quevedo aludía diciendo que "la sotana éste la traía por sota"), superficial, derrochador, con humos de hidalgo y vanidad de literato, cuando murió cargado de deudas nadie pensó en hacerlo santo. 

De hecho, pese a su profesión eclesiástica, los poemas de Góngora de asunto religioso son una inmensa minoría en su obra. Pero a veces, así como una persona sin gran inteligencia puede acertar a expresar una verdad profunda, también una persona sin una gran fe puede acertar a desvelar un importante misterio de fe. 

Así, en un soneto que Don Luis dedica al nacimiento de Cristo, incide en un hecho que puede pasar desapercibido, enterrado por el ropaje adherido a la superficie del relato del Nacimiento: Lo importante de la Navidad no es que el niño Jesús naciera en un pobre portal, la historia del burro y los pastores y todo ese folklore, eso es el atrezzo necesario, lo importante de la historia es el gran misterio de la Encarnación: Dios se ha hecho hombre. El autor lo expresa con barroca precisión en los dos últimos versos, y eso es lo que hace que la Pascua de la Navidad sea, como mínimo, tan importante como la de la Pasión: "porque hay distancia más inmensa/ de Dios a hombre, que de hombre a muerte". 

O, como dice el Evangelista Juan (I, 14): "Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros", ése es el gran misterio que bien merece celebrarse ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.




Al nacimiento de Cristo Nuestro Señor

Pender de un leño, traspasado el pecho
Y de espinas clavadas ambas sienes,
Dar tus mortales penas en rehenes
De nuestra gloria, bien fue heroico hecho;
Pero más fue nacer en tanto estrecho
Donde, para mostrar en nuestros bienes
A dónde bajas y de dónde vienes,
No quiere un portalillo tener techo.
No fue ésta más hazaña, oh gran Dios mío,
Del tiempo, por haber la helada ofensa
Vencido en flaca edad con pecho fuerte
(Que más fue sudar sangre que haber frío),
Sino porque hay distancia más inmensa
De Dios a hombre, que de hombre a muerte.

                                                    D. Luis de Góngora y Argote.




Rembrandt van Rijn : "La Sagrada Familia en la noche" (ca. 1642-48) Rijksmuseum, Amsterdam


En este cuadro Rembrandt construye una poderosa y expresiva visión de la Sagrada Familia un tanto diferente de aquellas a las que estamos acostumbrados. Los personajes son: la Virgen María, que es la mujer que lee a la luz de la vela que ilumina la habitación, Santa Ana es la anciana sentada frente a ella y junto al niño Jesús, finalmente San José se encuentra debajo de la escalera, trabajando, casi indistinguible entre las sombras.




FELIZ NAVIDAD
(Especialmente para aquellos que no pueden permitírselo)



4 comentarios:

  1. Una entrada enriquecedora en varios sentidos, arte, literatura, cristianismo...
    Gracias.
    Felices Fiestas y un gran abrazo José Miguel

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    1. Gracias Rosa, siempre me han llamado la atención esos dos últimos versos del poema de Góngora, quien consideraba, creo, la Encarnación aún más importante que la Pasión, y me pareció un punto de vista tan interesante que creí que merecía la pena compartirlo.
      Felices fiestas y un fuerte abrazo.

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  2. Enorme Góngora. Ese verso final es sublime.

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    1. Góngora es un monstruo, es genial, inabarcable. Todavía recuerdo cómo leía de estudiante su Polifemo, no me enteraba ni de la mitad, pero me hechizaba, es un modo de usar el lenguaje que nadie, ni antes ni después, ha sido capaz de igualar, es algo estupefaciente.

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