viernes, 29 de marzo de 2013

Cuatro visiones de la soledad

Hoy, aprovechando que es viernes santo, me gustaría mostrar cuatro visiones de la pasión de Cristo muy diferentes entre sí, todas ellas obra de pintores, impregnados por un fuerte sentimiento religioso, que vivieron en las postrimerías del siglo XIX
Las cuatro obras coinciden en mostrar de manera intensa y dramática la soledad de Cristo, como un símbolo de la soledad de todo hombre, y sus sufrimientos, no bajo el aspecto más representado de la crucifixión o el camino del calvario, sino en un momento previo de detención meditativa o de dolorosa introspección.



William Dyce titula esta primera obra "The man of sorrows", aludiendo así a la figura bíblica del "varón de dolores" que menciona Isaías 53: "Despreciado y abandonado de los hombres, varón de dolores y familiarizado con el sufrimiento...[ ] Yavé cargó sobre él la iniquidad de todos nosotros. Maltratado, mas él se sometió, no abrió la boca, como cordero fue llevado al matadero". Esta prefiguración de Cristo como el que carga con los pecados para sufrir por los demás ha sido tratada por el pintor, católico escocés, con un extremo comedimiento y contención. El dolor queda expresado por la dureza del yermo paisaje de brezales de los Highlands, en tanto que la figura del Salvador se muestra en una esquina en silenciosa meditación y recogimiento.

 William Dyce, "The man of sorrows", 1860
National Galleries of Scotland





Ivan Kramskoi expuso este cuadro en 1872 en la segunda exposición de los itinerantes, que era como se llamaban a sí mismos un grupo de pintores inconformistas rusos, en San Petersburgo. Esta obra  muestra un Jesús humanizado, en ese momento de duda que todo hombre debe superar para escoger su camino, o afrontar su destino. Cristo aquí nos aparece sin halo, con la espalda encorvada, el gesto hundido de quien prevé todo el dolor que le espera. Tras él, el amanecer simboliza la salvación y por tanto la superación de ese instante humano de duda. Esta obra fue muy alabada por León Tolstoi, quien dijo que era el mejor retrato de Cristo que había admirado.

 Ivan Kramskoi, "Cristo en el desierto", 1872
Galería Tetriakov, Moscú, Rusia





Nikolai Ge fue un pintor muy influido por las ideas reformistas de Tolstoi y un activista que a imitación de éste se retiró a cultivar su finca para comer del trabajo de sus manos. Su pintura le causó más de un disgusto con las autoridades rusas, a quienes el dramatismo de sus imágenes religiosas, alejadas de la iconografía tradicional, les parecía blasfemo y prohibieron su exhibición. La imagen que se muestra aquí representa el momento de la oración en el huerto y el autor ha querido simbolizar la terrible angustia de ese momento mediante las oprimentes sombras negras que envuelven la figura arrodillada, sombras que marcan su ceño y enmascaran el rostro del que apenas queda una adusta expresión de dolor y determinación.

 Nikolai Ge, "Jesús en el huerto de Getsemaní", 1869-1880
Asociación de Museos de Arte de Ivanovo, Ivanovo, Rusia





Carl Heinrich Bloch fue un pintor danés luterano que gozó toda su vida de un gran éxito con una obra de factura clásica, con estrecha influencia de la gran pintura italiana . En su país es una gloria nacional. En esta pintura, que es la que más se acerca de las cuatro a la iconografía cristológica tradicional, lo que me parece más interesante es el patetismo que consigue por medio de la simplicidad; el pintor suprime cualquier detalle no esencial de la escena y lo que queda es el Cristo coronado de espinas que mira fijamente al espectador en un diálogo silencioso y una expresión de serena aceptación del sufrimiento, que parece decir: "todo esto lo hago por tí".

Karl Heinrich Bloch, "Ecce Homo" ca. 1880-90
(Localización desconocida)



jueves, 28 de marzo de 2013

Henry Osawa Tanner


Henry Osawa Tanner (Pittsburg 1859 - Paris 1937) fue el primer pintor afroamericano en obtener reconocimiento internacional, llegando a ser nombrado caballero de la Legión de Honor por la República Francesa en 1923. Comenzó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de Pennsylvania en 1879 siendo discípulo del gran Thomas Eakins, quien revolucionó los anticuados métodos de enseñanza basados en la copia de modelos en yeso, cambiándolos por modelos del natural para aprender la anatomía del desnudo. Henry fue un devoto discípulo que guardó un gran aprecio por su maestro, aunque sufrió mucho en aquellos años por el racismo que le rodeaba, piénsese que era el único estudiante negro; ello sumado a su carácter tímido y a las pullas de sus compañeros, hicieron de su estancia en la academia un tiempo que el artista recordaría con dolor y humillación.

El racismo de la sociedad estadounidense y el deseo de mejorar su formación lo llevan a París en 1891 donde seguirá estudiando en a Académie Julian y se unirá al American Art Students Club. En Francia entra en contacto con la obra de Courbet que será decisiva en su modo de hacer, así como con los clásicos de la pintura francesa como Chardin. 

En los ambientes artísticos de París su raza no será un inconveniente para su desenvolvimiento y pronto empieza a adquirir reconocimiento profesional. En 1896 aceptan su pintura "Daniel en el foso de los leones" para el Salón de ese año y al siguiente pinta "La resurrección de Lázaro" que le valdrá que el crítico de arte Rodman Wanamaker le financie un viaje a tierra santa para pintar los escenarios de su pintura religiosa del natural.

Henry Osawa pertenece a un ambiente pietista protestante (su padre era pastor de la African Methodist Episcopal Church) y su arte demuestra un hondo conocimiento de la Biblia y una fe ardiente y sencilla.

Me interesa mucho este pintor por varias razones: en primer lugar su lucha contra una sociedad marcada por el prejuicio racial contra la que sólo tiene el arma de su talento, en segundo lugar por su renovación de la iconografía religiosa, iconografía que en su época solía tratarse o con envaramiento ortodoxo o con meliflua cursilería. 

Frente a esa tendencia general Osawa trata el tema religioso con extrema sencillez y modernidad, me gusta su pincelada gruesa, su dinamismo y sus contrastes lumínicos, que le acercan a la mejor pintura barroca de un Fragonard o Chardin y al mismo tiempo lo hace con un aire de modernidad que no está muy lejos de los impresionistas. 

Me gusta finalmente su acercamiento emotivo y humilde a temas como la infancia de Cristo o la Virgen María, temas que humaniza, aún conservando todo su misterio teológico





 Daniel en el foso de los leones, 1895





 La Anunciación, 1898





 La visitación de María a su prima santa Isabel





 La Sagrada Familia, 1909-10





 María y el niño Jesús





La huida a Egipto





 María enseñando a leer a Jesús





 Jesús en casa de Marta y María





 Resurrección de Lázaro, 1897





 En casa de Nicodemo





 Varón de dolores






 Las santas mujeres vuelven del sepulcro, 1904





 La cena de Emaús





 El buen Pastor, 1903





El benedicite, 1894




martes, 19 de marzo de 2013

Konstantin Somov III: el artista ante el espejo


El autorretrato siempre ha sido un género muy cultivado por los pintores, no sólo por su comodidad, ya que el modelo siempre se encuentra disponible, sino porque el artista, que es un tipo humano particularmente introspectivo, consigue extraer del estudio de su propia imagen una infinidad de valiosos matices. 

El pintor sigue aquí con sus pinceles la recomendación délfica del ΓΝΩΘΙ ΣΑΥΤΟΝ o "conócete a tí mismo". Rembrandt, Goya, Velázquez, Courbet, Van Gogh, Kathe Kollwitz, por nombrar sólo los primeros que me vienen a la cabeza, nos han dejado autorretratos interesantísimos.

Confieso que siempre me ha gustado muchísimo este género por lo que trasluce del propio pintor, de sus intereses pictóricos, de su pretensiones sociales, de su vanidad, de su psicología.

Para concluir las entradas dedicadas a Konstantin Somov, me ha parecido oportuno dejar testimonio de los retratos que pintó de sí mismo, que son una parte, no la menor de su obra y que me parecen muy reveladores y muy bellos.

En ellos el autor, además de una extraordinaria pericia técnica, manifiesta una hondura y una autenticidad que se acrecientan conforme el modelo aumenta en edad, como en un diálogo consigo mismo en el que, cuanto más cerca de la muerte, menos imposturas, menos vanidades caben, apareciendo en cambio, podríamos decir, la compasión por ese extraño ser humano que nos contempla desde el espejo y que nos ha acompañado durante toda nuestra existencia, al que finalmente conseguimos mirar con indulgencia, con simpatía, con perdón.
































lunes, 18 de marzo de 2013

Konstantin Somov II: la realidad y el deseo


"Si el hombre pudiera decir lo que ama,
Si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
Como una nube en la luz;
Si como muros que se derrumban,
Para saludar la verdad erguida en medio,
Pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor,

La verdad de sí mismo,
Que no se llama gloria, fortuna o ambición,
Sino amor o deseo,
Yo sería aquel que imaginaba;
Aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
Proclama ante los hombres la verdad ignorada,
La verdad de su amor verdadero."

Así comienza un poema de Luis Cernuda, incluido en su libro "Los placeres prohibidos", publicado en 1931 y que forma parte de su obra completa denominada La realidad y el deseo.
En él nuestro poeta andaluz describe de un modo muy conmovedor la dificultad para el homosexual, en su época, como en cualquiera, de vivir, de reconocerse abiertamente como tal, de lo que hoy llamamos "salir del armario" y manifestarse con libertad, con sinceridad, con normalidad.

Preguntaba yo en la entrada anterior de qué huía Konstantin Somov recluyéndose en ese esteticismo dieciochesco. Quién sabe, quizás de sí mismo, de los aires claustrofóbicos de una sociedad, la rusa zarista, tradicional y clasista, y luego de los no menos claustrofóbicos de la nueva rusia bolchevique, revolucionaria y puritana. 

Huyendo de la falta de libertad nuestro pintor viajó a Norteamérica, donde no congenió con sus habitantes y finalmente acabó en París, en cuyos aires se respiraba el excitante aroma de la libertad.

Es en París, durante la década de los 30, hacia el final de su vida,  donde el autor va a producir la mayor parte de su obra homoerótica, como no queriendo despedirse de la vida sin sincerarse, artística y vitalmente, dejando una obra que, al tiempo que de madurez artística, tiene un aliento de verdad que sigue siendo muy valorada en nuestros días y es la parte de su obra que hoy en día sigue cotizando más en las subastas de arte. 

Ironías del mercado del arte, Somov, a pesar de haber vivido siempre como homosexual, tuvo que llegar a ser un anciano para atreverse a pintar estos cuadros que hoy son precisamente los más valorados de toda su obra.






















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domingo, 17 de marzo de 2013

Konstantin Somov I: El anacronista voluntario


Konstantin Andreyevich Somov (San Petersburgo, Rusia, 1869 - París, Francia, 1939)

Somov nace y crece en un ecosistema extremadamente artístico: Su padre, historiador del arte, era conservador del Museo del Hermitage y Konstantin va a estar, desde que tenga memoria visual, expuesto a la pintura del siglo XVIII francés, la pintura del Grand Siécle, que va a ser su inspiración y su norte artístico, hasta el punto de que su arte parece una continuación natural del de Watteau, Fragonard o Boucher. 

No sólo su arte pertenece al rococó en cuanto a los temas (fêtes galantes, escenas de la commedia dell'arte, damas en jardines o en salones palaciegos, erotismo matizado y un punto decadente, un tono entre festivo y somnoliento...), sino también en la elección de las técnicas de representación (prefiere las técnicas gráficas como la acuarela, el gouache o el pastel al óleo, los formatos medios o pequeños a los grandes, los colores claros o pastel, antes que los fuertes contrastes o las oscuridades románticas).

Sólo que Konstantin Somov no vive en Francia sino en Rusia, no vive en el 1789, sino en el 1917. Con todo, no parece casual que el rococó como arte se produjese al borde de la primera gran Revolución, la francesa, y este particular rococó de Somov se despliegue al borde de la segunda gran Revolución, la rusa. Ambos son a su manera un canto del cisne de un estilo de vida, de una concepción estética, de un mundo que viste sus mejores galas justo en el momento en que se encamina hacia la muerte.

En la obra de Somov encontramos lo artístico en un alto grado de calidad y sofisticación, al mismo tiempo que convertido en la suplantación de la realidad, su negación, su enmascaramiento, su falsificación, ese modo tramposo de rehuir, seleccionar y mirar sólo hacia lo bonito.

¿De qué huye Somov y hacia dónde? Eso será objeto de la próxima entrada. Disfrutad del puente.































 


























































jueves, 7 de marzo de 2013

Emilio Ambasz


Emilio Ambasz (Resistencia, Argentina, 1943)

Debo comenzar reconociendo mi absoluto analfabetismo en cuestiones arquitectónicas: hasta hace poco desconocía la obra de este enorme artista; de hecho supe de él gracias a una noticia en el periódico donde se anunciaba que iba a donar un nuevo museo a Madrid en el paseo del Prado. 

Buscando información sobre él he descubierto algunas cosas, como que estudió con uno de los más grandes arquitectos argentinos, Amancio Williams, y eso mientras estudiaba el bachillerato por las noches, y que luego, gracias a su esfuerzo personal (su familia no tenía medios económicos para costearle los estudios), consiguió una beca para estudiar en Princeton, donde se graduó. Además de arquitecto también ha trabajado como diseñador y como comisario del MOMA de Nueva York. 

Ha sido el pionero de la arquitectura progresiva, también llamada arquitectura verde o arquitectura sostenible. Su filosofía es hacer una arquitectura que devuelva a la comunidad el terreno que el edificio le roba, o, con la frase que ha hecho fortuna en los medios, green over grey "el verde sobre el gris" en referencia a un tipo de arquitectura donde la vegetación se integra en el proyecto y éste se integra a su vez en su entorno.

La obra que que me ha enamorado por completo y por eso la traigo aquí, es su Casa de Retiro Espiritual, diseñada en 1974, por la que su autor ganó el Progressive Architecture Award en 1980 y que está enclavada unos 40 Km al norte de Sevilla, en el término municipal de El Ronquillo.

La parte visible de la obra está constituida por dos grandes muros en un ángulo de 90º, como un cubo abierto hacia un patio interior excavado bajo el nivel del suelo. Este patio al modo andaluz ilumina  las estancias que quedan protegidas de los elementos por la capa de césped bajo tierra, en un entorno introspectivo y calmado donde el visitante divisa el patio con la fuente y el gran paredón blanco. 

Al mismo tiempo que este aspecto de vivienda-dentro-de-la-Madre-Tierra, de caverna, el visitante puede también optar por la ascensión al mirador de lo alto del muro y divisar una amplia panorámica del entorno natural circundante. 

Es este contraste, este juego del fuera/dentro, del debajo/encima lo que me gusta de este edificio, que se levanta como una torre vigía y al mismo tiempo se hunde dentro del vientre de la Tierra, que bien constriñe el horizonte limitándolo, cerrándolo por el patio, bien quiere divisar las grandes panorámicas  colocando la obra en lo alto de un cerro. 

Se podría decir de él que es como un árbol, cuyas ramas tocan tanto más el cielo, cuanto más sus raíces se hunden en lo profundo de la tierra. Éste me parece que es el contenido espiritual y fuertemente simbólico que aporta el edificio más allá de su pura belleza.





















































































































































































Merece, y mucho, la pena echar un vistazo a la propia página que el autor dedica a esta obra donde hay muchas más fotos para poder apreciarla en toda su belleza. Dejo aquí el vínculo: http://www.ambasz.com/


Las fotografías de la Casa de Retiro Espiritual son obra de un gran fotógrafo italiano, Michele Alassio de cuya página personal también dejo el vínculo, ya que es una maravilla: http://www.michelealassio.com/