jueves, 26 de septiembre de 2013

Mosqueteros celestes

Arcabuceros, sería más exacto decir, porque son arcabuces lo que disparan estos santos ángeles tan primorosamente vestidos. 

Hacia finales del siglo XVII asistimos al nacimiento de una nueva tipología iconográfica por parte de un grupo de pintores de la escuela cuzqueña, como José López de los Ríos, Leonardo Flores, Basilio de Santa Cruz Puma Callao y otros muchos cuyo nombre no conocemos. En la pintura religiosa que se exporta desde los talleres de Cuzco se ha producido una revolución: hasta ese momento estos talleres, regidos por unas ordenanzas gremiales tradicionales y gobernados por pintores españoles de la metrópoli, venían produciendo unas obras religiosas en estrecha conexión con los modelos de representación del barroco europeo, sobre todo hispánico, de pintores como  Zurbarán o Alonso Cano, por ejemplo. A partir de esa época, sin embargo, se produce un relevo por parte de pintores criollos y mestizos con otras raíces culturales y otra sensibilidad, lo que renueva la iconografía religiosa creando este nuevo tipo del ángel arcabucero, original aportación de América a la iconografía angélica.

¿Por qué los ángeles en particular? 
No hay una respuesta simple ni única. En la época barroca ya en la propia España se produce una revitalización del culto a los santos ángeles que conlleva la producción de numerosas obras artísticas para iglesias y conventos, a menudo en series, como las obras de Bartolomé Román para el Convento de la Encarnación de Madrid o los siete arcángeles de Claudio Coello para el Convento de la Descalzas Reales. 

Junto a este factor hay que tener en cuenta que las órdenes religiosas encargadas de la cristianización de los indígenas americanos quieren sustituir el culto a los antiguos dioses incas, identificados con los elementos naturales, como Inti (el sol), Illapa (el rayo), Quella (la luna) etc, por el culto a los ángeles, que por su naturaleza celestial y a través de libros no canónicos como el Libro de Henoc, ya se visualizaban como personificaciones de los fenómenos celestes y atmosféricos. Esta sustitución de deidades paganas que obró también en otros casos como en el culto mariano, tuvo un increible éxito manifestado en la multitud de representaciones de ángeles en todo el altiplano boliviano, norte de Argentina y Perú.

¿Y por qué vestidos de arcabuceros en particular?
Ya el suegro de Velázquez, Pacheco, el culto pintor y crítico sevillano, escribió al respecto: "Suele acontecer que los ángeles tomen el atuendo de capitán, soldado en armas, viajero, peregrino, guía o pastor, guardián y ejecutor de la justicia divina, [.....] y en el caso de las intervenciones militares mencionadas en la Escritura, deben estar revestidos de armas y corazas romanas". 

Lo nuevo en este caso es el vestirlos "a la moda", es decir, el pintor indígena, que no ha visto una coraza romana si no es en pintura, o ni eso, decide, con muy buen juicio, vestir a los ángeles como los guardias de su época, con sombrero chambergo emplumado, casaca con mangas acuchilladas, corbata valona y medias y lazos por doquier, según la moda de la Francia del rey sol. De hecho si uno ve la pintura de la época de Carlos II hay una cierta cantidad de retratos de personajes vestidos como nuestros ángeles, entre ellos un par de retratos del propio rey niño, de Herrera Barnuevo que son una preciosidad.

De todos estos ángeles arcabuceros, que en  la América Hispana proliferaron extraordinariamente, he traído como ilustración la serie pintada por el maestro de Calamarca, según algunos estudiosos identificado con José López de los Ríos, y la serie que se conseva en la iglesia de Uquía, de un estilo algo más contenido y muy bellos a mi juicio. Me he permitido traer también uno que se conseva en España, como testimonio de cómo el arte virreinal ha recorrido el camino de ida y vuelta y que aquí también tenemos agunos bellos ejemplos de mosqueteros celestes.





IGLESIA DE SANTA MARÍA DE LAS NIEVES, CALAMARCA, BOLIVIA
Autor (prob.) José López de los Ríos

Ángel Gabriel




Ángel Laeiel




Ángel Letiel




Ángel Uriel



MUSEO NACIONAL DE ARTE, LA PAZ, BOLIVIA
Autor (prob.) José López de los Ríos

Ángel Asiel



COLECCIÓN PATICULAR, BOLIVIA
Autor (prob.) José López de los Ríos
Aspiel Aspetus Dei 





IGLESIA DE SAN FRANCISCO DE PAULA, UQUÍA, ARGENTINA.
Autor anónimo

Eliel Potentia Dei




Oziel Fortitudo Dei




Hosiel




Oziel Oblatio Dei




Rafael




Yeriel




ÁNGELES ARCABUCEROS DE OTRAS PROCEDENCIAS

Ángel arcabucero, autor desconocido, localización desconocida.




 
Ángel arcabucero, Museo de Bellas Artes de Salamanca, autor desconocido.






Os dejo con este precioso video que aúna la música  y la pintura del barroco peruano.




¡Feliz día de los santos arcángeles  a todos los Migueles, Rafaeles y Gabrieles!

jueves, 19 de septiembre de 2013

Orfeo

Tan sólo aquel que levantó la lira,
incluso entre las sombras,
puede expresar, entre presentimientos,
la alabanza infinita.

Tan sólo aquel que comió con los muertos
la adormidera, la de ellos,
no volverá a perder el más leve sonido.

Aunque el reflejo del estanque 
se difumine muchas veces:
sabe la imagen.

Sólo en el reino doble
se volverán las voces
eternas y suaves.

                   Sonetos a Orfeo IX, Rainer Maria Rilke.





Orfeo y Eurídice, ca. 1650-53 [124 x 200 cm], Musée du Louvre. Nicolas Poussin (1594-1645)




Dejad, no levantéis ninguna estela,
que la rosa florezca por ella cada año:
esto es Orfeo. Su metamorfosis
en esto y en aquello. No busquemos

nombres distintos. Una vez por todas
todo canto es Orfeo. Llega y sale,
¿No es mucho ya que sobreviva a veces
por unos días al cuenco de rosas?

¿No lo entendéis? Debe desvanecerse.
Aunque el desvanecerse a él mismo le dé miedo.
Trasponiendo el aquí con su palabra,

ya está él allí, no le podéis seguir.
La reja de la lira no aprisiona
sus manos. Y obedece superando.


                     Sonetos a Orfeo V, Rainer Maria Rilke.
                          (Edición y traducción de Eustaquio Barjau, Catedra Letras Universales)



viernes, 13 de septiembre de 2013

Nueve miradas sobre Nápoles

Recuerdo la primera vez que estuve en Nápoles, ahora hace muchos, muchos años. Llegué en tren desde Roma y había oído toda clase de historias terribles sobre lo peligrosa que era. La primera en la frente: nada más salir de la estación me coge un taxista clandestino que me pegó una clavada monumental. Ése fue mi mal comienzo con la ciudad, pero lo que sucedió durante los días siguientes que permanecí allí fue una auténtica historia de seducción. 

Recuerdo para empezar el hotel que estaba en Santa Lucía y el bajar a la calle y estar frente al mar, los paseos desde Castel dell'Ovo hasta Mergellina, los Quartieri Spagnoli, el asombroso mercado, el no menos asombroso Museo Arqueológico con el Hércules Farnesio, la escultura de la antigüedad que más me ha impresionado jamás, la Cappella de Sansevero, una inesperada perla barroca, el gigantesco Belén que se expone en la cartuja de San Martino, las calles, la calle, la gente de la calle y su hablar y su simpatía, y en los alrededores la tumba de Virgilio, Pompeya y Herculano, el Vesubio, el palacio de Caserta... Hay que ir a Nápoles, comer en Nápoles, pasear por sus calles, ver sus iglesias y sus museos, embarcarse hacia las islas, ver la bahía desde el mar. Es un prodigio de la naturaleza.

Algo así debían pensar los primeros turistas, los que hacían el "Grand Tour", aquellos cultos viajeros que peregrinaban por Italia, recorriéndola ciudad a ciudad, monumento a monumento, palacio a palacio, ruina a ruina hasta llegar a Nápoles, el final glorioso donde los iniciados, Eneida en mano, podían tocar con su dedos mortales la propia tumba de Virgilio o en cuyos alrededores Winckelmann estaba desenterrando Pompeya de sus cenizas y reinventando toda la antigüedad tal como se conocía hasta el momento.

En esa ciudad, primero aragonesa, luego española y después borbónica capital del Reino de las dos Sicilias hubo una intensísima vida cultural, musical en primer lugar (el conservatorio de Nápoles ha sido clave en el desarrollo musical de todo Occidente), pero también pictórica. Junto con Roma es una de las ciudades del mundo más retratada. El turismo es lo que tiene, el turista siempre quiere tener un souvenir de su viaje, así fue como comenzaron los primeros vedutisti, pintores de vistas "vedute" para los viajeros. Si Venecia tiene sus Canaletto o sus Guardi, Nápoles, desde mucho antes ya tenía sus pintores que de motu proprio o por encargo realizaban vistas de la ciudad y de la prodigiosa bahía.

Los ejemplos que he traido para esta entrada son sólo una mínima muestra, algunos de los cuadros que más me gustan. Lo que se pone de manifiesto es lo cosmopolita que llegó a ser la ciudad, si os fijáis, hay pintores de toda Europa, holandeses, franceses, españoles (aquí vivió y trabajó José/Giuseppe Ribera que es más napolitano casi que español), ingleses, alemanes. En realidad la idea de dedicar una entrada a esta ciudad surgió de la visión de uno de los cuadros, el espectacular de Didier Barra, al que me imagino pintando desde el aire mientras vuela con unas alas mecánicas como las de los artilugios de Leonardo de Vinci. Un ilustre desconocido este pintor-piloto, como Virgilio el mago y su huevo milagroso. Que los disfrutéis y, sobre todo, que os entren unas terribles ganas de ir a Nápoles, Vide Napule e po' muore. Ciao!




 Tavola Strozzi, ca. 1472 (Atr. Francesco Rosselli, Florencia 1447 - id. 1513)






 Panorámica de Nápoles a vista de pájaro, 1647 Museo de San Martino
 (Didier Barra, Metz 1590 - Nápoles 1652)






 Panorámica de Nápoles a vista de pájaro, Museo de San Martino
 (Didier Barra, Metz 1590 - Nápoles 1652)





 Plaza del Mercado, Nápoles, 1654 (Domenico Gargiulo, Nápoles 1609 - id 1675)






 Vista de la dársena de las galeras, 1700 (Caspar van Wittel o Vanvitelli, Amersfoort 1653 - Roma 1730)






 Vista panorámica de Nápoles desde el mar, s. XVIII (Antonio Joli, Módena 1700 - Nápoles 1777)






 Vista de la bahía de Nápoles, 1781 (Giovanni Battista Lusieri, Roma 1755 - Atenas 1821)






 Vista de la cartuja de San Martino con el castillo de San Telmo, S. XVIII
  (Thomas Jones, Radnorshire UK 1742 - id 1803)






 El Castel dell'Ovo, Nápoles, con Capri en la distancia, 1819
 (Joseph M. W. Turner, Londres 1775- id 1851)






  El Castel dell'Ovo, Nápoles, con Capri en la distancia, 1819
 (Joseph M. W. Turner, Londres 1775- id 1851)





Fuegos artificiales en Nápoles, 1875 (Oswald Achenbach, Düseldorf 1827 - id 1905)



viernes, 6 de septiembre de 2013

Juan Sánchez Cotán. Voto de silencio

Él escogió el silencio ¿Qué me atrevería yo a decir de alguien así? No lo sé, es un extraño personaje el padre del bodegón español. Nace este toledano en Orgaz en 1560 en una familia donde hay también otros artistas, como su hermano y sus sobrinos. Sabemos que desde joven reside en Toledo, donde tiene una nutrida clientela entre el rico clero de la sede episcopal, la nobleza y la burguesía urbana. Mantiene relaciones cordiales con otros artistas, entre ellos su maestro Blas de Prado y su amigo y colega El Greco, en resumen, una vida como la de cualquier artesano bien asentado. 

Sin embargo en 1603, a los cuarenta y tres años, hace testamento. Esa era la costumbre para aquellos que morían para el mundo. Juan Sánchez Cotán solicita el ingreso en la orden cartuja como hermano lego, para profesar al año siguiente, tras haber acreditado su limpieza de sangre, e instalarse en la Cartuja de Granada. Su vida como monje transcurrirá entre esta Cartuja y la del Paular, dejando frescos en ambos monasterios, hasta su muerte, acaecida en 1627. Llevó una vida virtuosa con fama de santo y murió venerable. En realidad las  únicas cosas que sabemos de su vida son las que figuran en los documentos notariales: el inventario de sus bienes que incluía su testamento, así como la biografía de Palomino.

La tentación de trasladar una intención transcendente a sus bodegones, tan sobrios, tan investidos de ese aura de silencio espiritual, es grande, conociendo su biografía. Sin embargo debemos ser cuidadosos por varias razones; en primer lugar la mayor parte de sus obras de este género son anteriores a su profesión religiosa, y en segundo lugar el bodegón, que en aquellos años apenas estaba, como quien dice, inventándose, tenía una consideración muy humilde y por debajo de otros géneros, valorándose en él apenas la fidelidad ilusionista que el artista conseguía en la representación de las calidades, texturas y modelado de los objetos representados, siendo su propósito más bien meramente decorativo, aunque en una cultura cristiana, donde a cada objeto se asociaban por tradición una serie de significados edificantes, nunca se puede estar seguro de estos extremos.

Yo me imagino a Juan Sánchez, en esa vena realista manchega, como un Antonio López del siglo XVII, pintando unos cardos con la pasión del que quiere absorber cada detalle del objeto, observando cómo les incide la luz, cómo la composición se conforma a un determinado esquema geométrico. Imagino un trabajo lento, de silenciosa conversación con el cardo apoyado en el alféizar en la que éste le va revelando todo su secreto.


Antes de que Mies van der Rohe lo dijera, Juán Sánchez ya había aprendido de largo dos cosas importantes: que menos es más, y que Dios está en los detalles. 

SILENCIO

Equilibrio de luz
en el sosiego.
Mínima tromba.
Ensoñación. Quietud.
Todo:
un espacio sin voz
hacia lo hondo oculto.

                       De Biografía sola, Jaime Siles.




 Bodegón con cardo y zanahorias. Entre 1603 y 1627. Museo de Bellas Artes de Granada (62 x 82 cm)







Membrillo, col, melón y pepino. ca. 1602. The San Diego Museum of Art (68'9 x 54'5 cm.)



Para saber más de la vida de Sánchez Cotán, este vínculo lleva al artículo de Peter Cherry en la Enciclopedia del Museo del Prado:
http://www.museodelprado.es/enciclopedia/enciclopedia-on-line/voz/sanchez-cotan-juan/

domingo, 1 de septiembre de 2013

Eduardo García Benito: un español en Nueva York

Entre 1923 y 1936 Eduardo García Benito (Valladolid 1891 -Valladolid 1981) reside de modo casi permanente en la ciudad de Nueva York, donde trabaja para el millonario editor Condé Montrose Nast, promotor de revistas como VOGUE, VANITY FAIR o THE NEW YORKER.  Durante estos años dorados va a dejar a la posteridad un monumental patrimonio artístico con sus inigualables portadas que subvertirán la ilustración de moda como género gráfico.

Sitúense ustedes para tratar de imaginar la ciudad y el momento que vive Benito: Nueva York años 20; los años de la Ley Seca, del Cotton Club, de George Gerswin, Cole Porter, Irving Berlin, Louis Amstrong, Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Count Bassie, de los grandes millonarios, como Rockefeller o Henry Ford, y de los grandes mafiosos, como Lucky Luciano, Vito Genovese o Al Capone, de las inolvidables estrellas del cine, como Chaplin, Gloria Swanson o la Garbo. El mundo feliz, contradictorio, loco, de "El gran Gatsby", que hizo crack una mañana de octubre del año 29, el llamado jueves negro que daba comienzo a la Gran Depresión.

En la moda femenina se ha producido una enorme revolución, no menor a su modo que la  recientísima Revolución Soviética. El corsé ha muerto, las faldas se han acortado, a las voluptuosas curvas femeninas suceden unas chicas delgadas de silueta estilizada por los cortes rectos, a los cabellos largos y voluminosos moños suceden las melenas cortas o el corte a lo garçon. El ideal de estilo que se propone a la mujer es el de una mujer urbana, más activa que hogareña, una mujer independiente, que fuma, sale de noche, practica deportes, y que viste una moda cómoda, juvenil, aunque sin renunciar a la sofisticación, tipo femme fatal. Esta será la mujer que Benito glorifique en sus portadas

García Benito había vivido sus años de formación en el competitivo, electrizante y vital París de las vanguardias, en contacto con artistas de fama mundial como Picasso, Matisse, Raoul Dufy, Brancusi, Modigliani, Gargallo y un largo etcétera, y allí había madurado y extraído de todo ese rico entorno creativo sus propias lecciones que iba a continuación a aplicar con enorme éxito en el mundo de la moda, creando unas portadas que son y serán inolvidables por su modernidad. 

En ellas Benito aplica al arte popular de la ilustración lo que ha aprendido de Modigliani, con sus rostros de máscara africana, o de la estilización cicládica de un Brancusi, pero todo ello aplicado con un dibujo preciso, con un juego de los volúmenes y de la línea que utiliza las lecciones aprendidas del cubismo, así como un uso contundente del color en tintas planas, heredero, entre otros, del japonismo de finales del XIX. Sintetizando de un modo inteligente todas esas influencias y con un gran instinto plástico, crea Benito lo que se ha llamado el Art Decó, corriente con la que identificamos esos años 20-30 en las artes decorativas, la ilustración y la moda.

Eduardo García Benito es un artista universal de primerísima línea, del que una de las cosas que más me admira es su persistencia, su espíritu de superación, su capacidad de sobrevivirse a sí mismo (piénsese que vivió hasta 1981) y de mantenerse creativo siempre, reinventándose en cada etapa de su larga vida. En tiempos recientes su ciudad natal, Valladolid ha protagonizado varias iniciativas para rehabilitar su memoria y su legado, pero todavía dista mucho de ser reconocido como el gran artista español universal que ha sido.

Mi pequeñísima contribución a ese justo reconocimiento es esta muestra de sus portadas para la revista VOGUE durante sus años gloriosos. He escogido deliberadamente sólo un lapso de cinco años, los que van de 1926 hasta 1931, su pleno período neoyorkino, en los que me parece que su estilo alcanzó sus más altas cotas de provocadora modernidad y de belleza imperecedera. Que ustedes disfruten de este genio del dibujo.


Por cierto, me acabo de enterar que este mes la revista VOGUE España cumple 25 años. ¡Enhorabuena!



Vogue 1926




Mayo 1926




Enero 1927




Abril 1927




Abril 1928




Octubre 1928




Octubre 1928




Febrero 1929




Marzo 1929




 Mayo 1929




 Julio 1929




 Octubre 1929




 Octubre 1929




 Octubre 1929




 Noviembre 1929




 Enero 1930




 Febrero 1930



 Marzo 1931




Septiembre 1931




Octubre 1931


En marzo de 2010 el IES "Delicias" de Valladolid, en colaboración con otras varias instituciones preparó una exposición titulada "García Benito en las colecciones públicas vallisoletanas". De esta exposición se colgó en la web el folleto informativo con una interesantísmia y completa biografía a cargo del que fue comisario de la exposición, el profesor Arturo Caballero.


Arturo Caballero realizó así mismo un video muy interesante donde se narra la vida de Benito en relación con el contexto artístico de su época.