lunes, 3 de febrero de 2014

Imaginando a los romanos I. Ulpiano Checa


Comienzo aquí una serie nueva donde voy a ir trayendo a los pintores que han construido la imagen que los contemporáneos tenemos de los antiguos romanos. La pintura se ha aproximado a la Antigüedad Clásica de muchas formas y por muchos y diferentes motivos. El siglo XVIII, desde las excavaciones en Pompeya, conoció un revival clásico en las artes visuales que llegó a revestir carácter de epidemia. En el siglo XIX la vuelta a la antigüedad comparte cartel con el orientalismo, con el simbolismo  otros ismos más o menos exóticos, pero aún así no cede terreno. 

Los pintores que iréis viendo en los sucesivos capítulos de esta serie son, algunos, grandes hitos de la historia de la pintura, otros, los llamados pintores del Pompier, hoy olvidados, son condenados por la crítica como arte kitsch

Sea como fuere, estos pintores a través de su influencia posterior en el cine han educado, o modelado sería más exacto, nuestro imaginario social, y así, cuando contemplamos Ben Hur, Gladiator, Los últimos días de Pompeya, Espartaco o cualquiera otra de estas películas que pronto volveremos a ver (en cuanto llegue la Semana Santa, como cada año) estamos reactualizando las escenas, las vestimentas, los espacios que estos pintores imaginaron y plasmaron por primera vez en sus cuadros.


Para comenzar por un pintor español, nadie mejor que Ulpiano Checa y Saiz (Colmenar de Oreja, Madrid, 1860 - Dax, Francia, 1916). Este pintor, contemporáneo de Sorolla, comparte con él al menos tres rasgos biográficos: es un autor de fama internacional, es un autor muy prolífico que vende extraordinariamente bien su obra, y pese a todo no consigue ser profeta en su tierra. Sorolla, a posteriori ha sido reivindicado y hoy goza de la fama que se merece, pero en su tiempo chocó con la incomprensión de los noventayochistas que lo ningunearon, Checa en su tiempo vendía en Sudamérica y en Francia y hoy, por desgracia, es un gran desconocido para el público español.

Ulpiano Checa estudió en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y destacó por sus extraordinarias dotes técnicas que le valieron una beca para el estudio de la pintura de historia en Roma. Tras su pensionado viaja a París, el otro centro artístico del momento, donde expone en los salones obteniendo desde muy pronto un enorme éxito. En París conoce a su mujer, Matilde Chayé, perteneciente a una rica familia argentina y a partir de entonces su vida se irá repartiendo entre Francia, Argentina y esporádicas estancias en España. 

Durante toda su vida será un pintor con muchísimos encargos (su catálogo se compone de cerca de dos mil obras) con un gran éxito crítico (obtiene varias medallas de oro en diversos salones a lo largo de su trayectoria profesional) y social (es caballero de la Legión de Honor francesa y miembro de la real orden de Carlos III) y una posición económicamente desahogada, no sólo gracias a su pintura, sino también a su matrimonio. En definitiva, es lo que más rabia nos da en este país, un tío que vive estupendamente y tiene un éxito enorme, milagro que no hayan profanado su tumba, quemado sus obras o algo semejante.

Hoy la crítica tiende a señalar lo convencional de su técnica, fuertemente academicista, su uso no demasiado original del color y un cierto regusto kitsch. Yo prefiero entusiasmarme con sus visiones enérgicas, dinámicas de las carreras del Circo romano, donde los caballos piafan y se encabritan y parecen querer salir corriendo de la tela, o con la maravillosa Naumaquia, donde te dan ganas de extender el pulgar boca abajo y decir "¡mátalo, mátalo!". Gracias, Ulpiano, por imaginar con esa vehemencia, gracias por tu éxito, por demostrar que se puede ser español, artista, culto, rico e internacional. En estos tiempos y en este país más que nunca nos hacen falta esos ejemplos.




 La Naumaquia, 1894. Museo Ulpiano Checa, Colmenar de Oreja, Madrid.






 Alineación antes de la carrera, 1903.






 La llegada del vencedor, 1903. Óleo sobre lienzo. Museo Nacional de Bellas Artes, Argentina.






 Carrera de carros romanos, 1890. Acuarela sobre papel.






 Los últimos días de Pompeya. 1900. Museo Ulpiano Checa, Comenar de Oreja, Madrid.






La invasión de los bárbaros, o Los Hunos en Roma. 1887. (Perteneció al Museo del Prado, pero se destruyó en 1939)






 El rapto de Proserpina, (acuarela). El cuadro al óleo estaba en el museo de Colmar y desapareció en la II Guerra Mundial






 El banquete de Nerón. Ilustración para la novela Quo Vadis, de Henryk Sienkiewicz.






Enamorados en Pompeya. Museo Ulpiano Checa, Comenar de Oreja, Madrid.






13 comentarios:

  1. Interesante, buen arte. Me parece especialmente en los alrededores de la historia de los Egipcios y los romanos interesante, el uso de amor viendo las carreras de carros en las películas, como Ben Hur etx.
    En amor y luz
    Cyn

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es un muy buen pintor este Ulpiano Checa. En su época se llevaba con frecuencia las medallas de oro de los salones de París. Si los críticos de su tiempo lo tenían en gran aprecio, quiénes somos nosotros para creernos más listos que ellos. Hoy el arte va por otros caminos, pero sus representaciones de caballos a la carrera están hechas, como bien dices, con mucho amor, y con una técnica prodigiosa.
      Un saludo

      Eliminar
  2. El impactante realismo de estas imágenes me hace reflexionar sobre la, tan manida, frase "La violencia engendra violencia", pues empuñando las armas solo se logra crear un nuevo despotismo. El hombre mata de maneras cada vez más sofisticadas, y cada individuo llega a ser un enemigo del otro, aspecto que rebasa cualquier paralelismo con la biología y el comportamiento animal.
    Por otra parte, me pregunto por qué son tantos los genios decimonónicos que parecen estar estigmatizados como "malditos". En el caso de Ulpiano Checa, ¿influiría su condición "afrancesada"?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La pintura académica de los salones acabó entrando en vía muerta, y los continuadores quieren todos hacer remontar su pedigrí a las vanguardias, aún cuando hoy en día el concepto de vanguardia hay sido ya dejado de lado. Por ello los autores de finales del XIX la mayor parte nos son hoy grandes desconocidos.

      En el caso de este pintor además es muy probable que el hecho de haber sido un autor más reconocido en Francia y en Argentina le haya perjudicado, ya que como bien sabes el gremio artístico es extraordinariamente endogámico y poco generoso con la competencia. Es una pena con todo, ya que tiene su gracia y me parece bastante interesante

      Eliminar
  3. Todo un banquete esas obras. Me encantó el colorido, las formas, las sugerencias, y siendo que me encanta la luz y el color, me ha impactado el cuadro del rapto de Proserpina. Es impresionante. Ese ser mitológico armado de tridente, llevando el cuerpo exangüe de esa mujer que contrasta con el tono de su piel. Hermoso post, me gusta la propuesta y la serie. Quedo atenta. Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Teniendo en cuenta que lo que queda del Rapto de Proserpina es un boceto preparatorio, me hubiese gustado ver el original que se destruyó en la guerra. Me parece que tiene una enorme energía.Espero que las siguientes entregas de la serie te vayan gustando, hay cosas que son maravillas, ya lo verás.
      Un saludo, Maria Eugenia, y gracias por comentar

      Eliminar
  4. Todo está dicho, y muy bien dicho. Por cierto, sus acuarelas (técnica que a mí me parece dificilísima) son una delicia.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tienes toda la razón, la acuarela de la carrera de carros es estupenda, pero la del rapto de Proserpina es aún mejor. Tengo mucha curiosidad por acercarme un día al museo ése de Colmenar de Oreja para ver la obra de este señor (al que hasta hace nada desconocía por completo) en directo. A ver si en algún viaje a Madrid me puedo apañar...

      Eliminar
    2. Pues sí tú lo desconocías hasta hace poco, yo hasta ayer (y sí, es vergonzoso) ;)

      Eliminar
  5. Magnificoa cuadros, en especial el Rapto de Prosperina, que parece dirigirse directamente a lo mñas recondito de tu alma

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El rapto de Proserpina tiene una fuerza tremenda, y para ser una acuarela tiene una técnica prodigiosa. Me hubiese gustado poder ver el cuadro definitivo en óleo, lástima que se perdiera porque debió ser una maravilla

      Eliminar
  6. Sus acertadísimos comentarios sobre las críticas que despertó Ulpiano Checa y las subjetivas opiniones de los "entendidos en arte" de nuestros días, que obvian que lo bello no es anacrónico ni encasillable (¿qué tiene que ver la "Última Cena" de Dalí con los manchurrones de Miró, tan actuales y modernos para los snobs?), me gustaría comparar a U. Checa con un actual artista que está sufriendo similar andanada de negativas críticas, por PINTAR BIEN y HACERLO SIN RUBOR. Me refiero a Augusto Ferrer-Dalmau Nieto (Barcelona-1964), carente de falsos patrioterismos independentistas a quien ha tenido que salir a defender el académico Pérez-Reverte, dado que la crítica oficialista negaba su arte creativo encasillándole como "un mero ilustrador".
    Dentro de 150 años, le aseguro que otro articulista como Ud. estará publicando un panegírico en defensa de Ferrer-Dalmau, tan explícito y didáctico como el presente en favor de la obra y la merecida fama de Ulpiano Checa.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La crítica oficialista sueletener tanto miedo a salirse de lo que en cada momento se considera lo cool, como dicen los americanos, o lo políticamente correcto que decimos aquí, que acaba por no decir nunca nada útil ni sincero, allá ellos. La obra de Ferrer Dalmau me parece extraordinaria, la capacidad de generar esas escenas con multitud de personajes y dotarlas de tanto realismo, eso es pintar con mayúsculas, es una suerte que sigan existiendo artistas como él que vayan a los suyo, a pintar y pintar bien, que es de lo que se trata.

      Eliminar