domingo, 9 de marzo de 2014

Cuando el cielo se desintegre. John Martin


"Cuando el cielo se desintegre;
cuando las estrellas se dispersen;
cuando los mares sean desbordados;
cuando las tumbas sean vueltas del revés,
cada alma sabrá lo que hizo,
y lo que dejó de hacer"
                          
                                   Corán 82, 1-5

Mientras leía hace poco esta sura del Corán citada en un libro, me vinieron a la cabeza las imágenes apocalípticas que concibiera John Martin (Haydon Bridge 1789 - Isla de Man 1854), pintor que me impresionó hondamente cuando vi su obra "The Great Day of His Wrath" en la Tate Britain de Londres y que representa la quintaesencia del romanticismo, en su  deliberada opción por la sensibility, frente al sense de sus predecesores neoclásicos. 

A nosotros, posthistóricos postmodernos que estamos ya de vuelta del Fin de los Tiempos, estos fuegos de artificio, estos cielos de nubes arrebatadas, surcados de rayos bajo los que se desarrollan escenas trascendentales para la Historia, no sólo de la humanidad, sino de la Salvación misma, nos pueden parecer y nos parecen un tanto grandilocuentes e incluso vulgares pirotecnias pictórico-narrativas, pero al pontificar así desde nuestra condescendiente atalaya moderna estaríamos siendo tremendamente injustos con uno de los pintores más interesantes, originales y apasionados del romanticismo europeo. 

Este hijo de severos protestantes (aunque él en persona, al modo de los ilustrados, profesaba un peculiar deísmo natural) ha puesto en imágenes de una intensidad como nunca nadie, ni antes ni después volverá a hacerlo, toda la Historia Sagrada, desde el Paraíso, al Juicio Final, desde el Dies Irae, hasta el siniestro palacio de Satán. [Curiosamente los incendios que John pintaba en la ficción, su hermano, el atormentado predicador Jonathan Martin, los quiso llevar a la realidad prendiendo fuego a la Catedral de York, performance que estuvo a punto de costarle la horca, de la que se libró sólo para ingresar en un frenopático].

El ser humano llamado John Martin, si ustedes se toman la molestia de conocerlo un poco, es de los que despiertan una enorme simpatía. De orígenes humildísimos, se casa a los 19 y se va a Londres a buscarse la vida pintando vajillas de porcelana y estudiando por su cuenta las técnicas de la pintura, hasta que gracias a su talento, y a una afición al trabajo digna de Sísifo, llega a ser un artista famoso, amigo del príncipe Alberto y de numerosas figuras del arte y las ciencias británicas. Además, como buen ilustrado, no sólo se dedica a las bellas artes, sino que también se interesa por la tecnología, e inventa un sistema de mejora del alcantarillado de Londres, así como realiza interesantes aportaciones sobre las líneas ferroviarias. Hombre responsable de su familia, que fue para él más carga que apoyo, y a quien no se le subieron los humos de la fama, sus paisanos ingleses lo veneran con razón como a una Gloria nacional.





El gran día de su ira, 1851-53. Tate Gallery, Londres.






El Juicio Final, 1853. Tate Gallery, Londres.






La caída de Babilonia, 1820.






La séptima plaga de Egipto, 1823






El banquete del rey Baltasar, 1820.






La destrucción de Pompeya y Herculano, 1822. Tate Gallery, Londres.






Josué ordenando al sol que se detenga en la batalla de Gabaón, 1816. National Gallery of Art, Washington DC.






La destrucción de Sodoma y Gomorra, 1852.






El Pandemónium (basado en "Paradise Lost" de Milton) 1841.




4 comentarios:

  1. Creo que alguna pintura suya me acompañó en los libros de "reli" de mis tiempos de estudiante. No hace falta recordar que, en general, el romanticismo ha caído en el olvido. Una lástima ya que, a pesar de los modos que nos pueden parecer obsoletos, los románticos eran capaces de grandes empresas. Aún creían en algo.

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    1. Hoy nos sonreímos con lo que llamamos "excesos" románticos, pero es la ironía vacía de quien no cree ya en nada, estos tiempos se jactan de ser postcristianos, postutópicos, postdemócratas, vamos, que se nos ha acabado todo, pero en este siglo XXI cada vez más dominado por los de siempre, y por tanto cada vez más parecido al siglo XIX, al del Congreso de Viena, los románticos nos podrían dar más de una lección, para empezar estaban VIVOS y LUCHABAN.

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    2. En efecto, yo los admiro siempre. Los admiro con sus errores, sus vanaglorias, sus pensamientos absolutos.

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    3. Son los hijos de la Revolución Francesa, unos legítimos, otros bastardos, unos amantes hijos, otros queriendo matar al padre, pero una generación de titanes, que tuvo que reinventarse el mundo, porque el mundo viejo (l'ancien régime) no existía ya y el nuevo (la sociedad industrializada) aún no había acabado de nacer. Por eso a veces parecen estar en el aire, flotar en la nada, son unos excelsos inadaptados.

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