miércoles, 12 de marzo de 2014

Imaginando a los romanos III: Cincinato


En la planta baja del Museo del Prado hay un cuadro, rescatado recientemente para la exposición permanente, que a mi me gusta mucho y es obra de un autor desconocido para todos salvo los especialistas, pero de no poca importancia para la pintura española y para el museo en particular. 

El cuadro en cuestión se titula "Cincinato abandona el arado para dictar leyes a Roma" y fue pintado por Juan Antonio Ribera (1779 - 1860) en sus años de aprendizaje en París en el taller del que en ese momento era el pintor de moda, el mandarín del oficio, el que expedía los carnets de artista, el ínclito Jacques-Louis David, quien, por cierto, alabó públicamente la obra de nuestro paisano. Este David es, para que ustedes se situen, el autor de obras tan conocidas como La muerte de Marat (1793), El rapto de las Sabinas (1799) o La coronación de Napoleón (1806). 

En ese momento, en la Francia revolucionaria agitada por la propaganda política, lo que se lleva es el "artista comprometido", el arte asume unos contenidos claramente políticos y el recurso a una idealizada antigüedad clásica, en concreto a la República Romana, vista como un ideal de Libertad y de civismo igualitario, gracias a las interpetaciones de Rousseau entre otros, se convierte en el lenguaje común de la época. Las galerías y los museos se llenan así de acartonadas muestras de ejemplos de virtud extraídos del pasado romano, con personajes en poses marciales y sobreactuadas, mucho atlético desnudo masculino, mucho pliegue de toga perfectamente trabajado, mucho perfil helénico, en fin, todo el repertorio. 

Sea porque este neoclasicismo se identificó demasiado con la Revolución Francesa, sea porque las modas artísticas cambian tanto como las modas en el vestir, el caso es que este modo de hacer duró menos que un caramelo a la puerta de un colegio y sus cultivadores hubieron de reconvertirse o morir.

De este modo nuestro Juan Antonio Ribera hubo de buscarse la vida en los aledaños del poder, lo que por lo que parece no se le daba nada mal, ya que fue pintor de cámara sucesivamente de Carlos IV, Fernando VII y hasta Isabel II, llegando a ser director del Museo del Prado desde 1857 hasta su muerte. 

Su labor más importante se desarrolló en el terreno de la recuperación de obras de arte (en 1826 forma parte de una comisión para rescatar obras de arte escondidas y almacenadas en los reales sitios durante la guerra), la restauración (en 1820 es nombrado sustituto de Vicente López para la restauración de cuadros en el Museo del Prado y durante su dirección de éste promovió extraordinariamente la restauración de obras de la colección) y la catalogación (su Catálogo del Real Museo de 1858 permanecerá en vigor más de 20 años). 

Se nos aparece así como un pintor-funcionario, que con un talento mediano, supo sin embargo hacer una labor importantísima en la recuperación y conservación de la obra de los grandes artistas, labor por la que debemos estarle eternamente agradecidos.





Cincinato abandona el arado para dictar leyes a Roma, Juan Antonio Ribera, 1806.
Museo Nacional del Prado. Madrid



La pintura, para los que no conozcan la historia de Cincinato, ilustra una anécdota narrada por Tito Livio (Ab Urbe Condita, libro III 26, 7-12): El senado romano, ante la situación de urgencia creada por la guerra contra los ecuos, decide solicitar a Cincinato que asuma el mando supremo de la República como dictador. Cuando los enviados del senado van a buscarle a su finca, donde vivía retirado de la vida pública, lo hallan arando la tierra con sus propias manos. El héroe, atendiendo la llamada del deber, pasa así del ejercicio de la agricultura a la dirección del Estado sin más transición que la de cambiarse la túnica por la toga.



10 comentarios:

  1. Como dices está rescatada hace poco tiempo, y tengo ganas de verla en directo. Así a simple vista hubiera apostado por un francés, lejos de David, pero indudablemente formado en su escuela. Y, una vez más se comprueba que el talento, los grandes, son los que hacen avanzar a la sociedad, pero no hay que olvidar a aquellos que, sin destacar especialmente, realizan también una labor necesaria y fundamental, como la de este Ribera.
    Un saludo!

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    1. Como la pintura del siglo XIX estaba antes en el Casón del Buen Retiro, la mayor parte de esa pintura se quedó en los almacenes, pero este cuadro en concreto lo han sacado a la luz no hace mucho. El cuadro es muy agradable de ver, pero no demasiado original, pero seguramente si no hubiese sido por el trabajo de búsqueda, catalogación y restauración de este pintor, hoy muchas de las obras maestras que vemos en en Museo del Prado se habrían perdido definitivamente en el caos de la postguerra napoleónica.
      Un saludo.

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    1. La verdad es que tiene una composición exquisita y unas armonías de color muy bellas, sí.

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  3. Excelente realce del ritual de investidura de poder - manto púrpura - mediante la perfecta plasmación de la luz en los protagonistas de una escena de gran valor patriótico.

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    1. Cincinato para los romanos representa la figura del hombre que no ambiciona el poder, que siendo de la más elevada nobleza vive con sencillez y sin lujos, pero que es reclamado por sus cualidades para servir al Estado y, cuando el deber le llama, acude sin hacerse de rogar y desempeña su tarea lo mejor que sabe, para inmediatamente después volver a la oscuridad de la vida privada. Es la idea del servicio por encima del interés personal. Como comprenderás, es una figura que me resulta muy simpática.

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  4. Le debemos mucho, sin duda, más allá de sus dotes pictóricas...

    Por cierto, en el post hay cierta confusión. En algún momento le has llamado José Antonio, me imagino que por un despiste muy "alicantino".

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    1. Menos mal que te has dado cuenta, porque si no lo rebautizamos y acaba por llamarse José Antonio, como el otro (Primo de) Ribera, alicantino a su pesar. Si lo piensas es triste: Miguel Hernández y José Antonio, los dos vinieron a morir de mala manera a esta fea ciudad, así es España.
      Gracias por la corrección Enrique. Un saludo ;-)

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    2. El taller de mi tío (de rectificados de motor, donde trabajé un verano) estaba justo detrás (al menos, eso me contaban) del muro donde fusilaron a Primo de Rivera. Yo también pienso que Alicante es fea... (que no me escuche mi madre). Hace ya mucho tiempo que no voy.

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    3. Yo vine de Madrid a vivir en Alicante en el 73 y recuerdo que todavía se rendía culto a la cárcel donde estuvo encerrado José Antonio, luego ese culto se transfirió a la otra cárcel, en la que estuvo Miguel Hernández. Hoy afortunadamente ambos edificios han sido reutilizados y sólo alguna placa conmemorativa informa de los hechos, ya muy lejanos para todos.
      Y sí, Alicante es fea. I'm sorry si algún alicantino lee esto, pero es así.

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