lunes, 14 de abril de 2014

Grabando la Pasión


Y llegada la hora sexta se produjeron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona. Y a la hora nona clamó Jesús con gran voz: "Eloí, Eloí, lamá sabakthani", que traducido es: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" [...] Mas Jesús, lanzando una gran voz, expiró. 
Y el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo. Y viendo el centurión que allí estaba de pie frente a él, que de tal manera había expirado, dijo: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios".

Marcos 15, 33 -38.


Este es el episodio que Rembrandt ilustra en su grabado llamado "Las tres cruces", de 1653. El momento crucial de la historia de la Salvación, en el que hasta la propia Naturaleza se hace eco del terrible drama que está aconteciendo en el Gólgota e irrumpe la noche en medio del día, como para subrayar que, esta vez, las tinieblas han ganado. Así Rembrandt enfatiza la oscuridad situando un foco de luz sobrenatural sobre Jesús, mostrándonos sus últimos momentos mientras grita y expira, al tiempo que nos deja ver las reacciones de los demás circunstantes: la conversión del centurión, la soldadesca indiferente, el desconsuelo de las santas mujeres. El resto de la escena permanece entre sombras.

Rembrandt usa aquí la punta seca que le permite tener un control más estrecho sobre lo que se graba en la placa de cobre, ya que con el buril se va dibujando directamente sobre la placa, en lugar de usar la técnica del aguafuerte. Esta técnica tenía el defecto de que, con las sucesivas impresiones la placa se deterioraba más rápidamente, y así el autor hubo de reelaborar esta obra produciendo una nueva versión a partir de la placa anterior. 

En esta nueva versión el autor enfatiza aún mucho más la oscuridad, hasta el punto de que sólo la doliente figura de Cristo es rozada por la luz celeste, mientras que el resto de la escena queda en la sombra. La Luz del mundo se ha apagado: ahora el hombre está abandonado a las tinieblas, el mal ha triunfado. Eso es lo que parece mostrar esa densísima noche que  cubre y desfigura toda la escena.

Estos grabados representan una de las cumbres más altas jamás alcanzadas en cuanto a dramatismo y potencia expresiva en el arte del grabado y es comprensible que impresionaran fuertemente a sus contemporáneos, también por su dibujo más expresionista y como descuidado, algo alejado de lo que se acostumbraba en los grabados de la época, donde las líneas, las tramas y los contornos solían estar primorosamente dibujados. En este caso, ese dibujo más espontáneo y más salvaje intensifica infinitamente el clima emocional de la obra. Creo que no hay un grabado más intenso en toda la historia del arte hasta llegar a la obra de Goya. Aquí Rembrandt compadece a su Salvador en la Crucifixión y el hombre, por una vez, se apiada de Dios.




Rembrandt van Rijn. Las tres cruces. Grabado y punta seca, 1653. Versión III. British Museum, Londres







Rembrandt van Rijn. Las tres cruces. Grabado y punta seca, 1653. Versión IV. British Museum, Londres





6 comentarios:

  1. Tienes razón los claroscuros enfatizan lo dramático y apocalíptico del momento. Pero tengo una observación, pero los hombres de a caballo del fondo mas que romanos me recuerdan a soldados de los tercios de Flandes...ya sé que es imposible!!!

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    1. No creas, no sólo no es imposible sino que es más que probable. Rembrandt se preocupa poco o nada por la fidelidad arqueológica en las ambientaciones y en los cuadros de tema bílico a menudo viste a los personajes como contemporáneos, en la línea de los pintores medievales o los del quattrocento, o bien los viste de maneras más o menos fantasiosas. Si te fijas en el grabado de arriba los judíos llevan turbante a la turca y los guardias llevan unos cascos entre policía urbano y tercio de Flandes, y en el grabado de abajo la figura a caballo se basa en un grabado de Pisanello, creo que del condottiero Gattamelata, o sea, que es como una escena de teatro, con los personajes vestidos de fantasía.

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    2. Sí, ya me había fijado, más que judíos me recordaban a mamelucos, como los que salen en los cuadros de Goya...

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  2. Me imagino que tendrás el libro de Schwartz sobre Rembrandt. Luce bien en mi biblioteca y lo hojeo a menudo. El grabado antes de él sólo lo iguala (tal vez lo supera) Durero. Y después de él, habrá que esperar a Goya.

    Un saludo ;)

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    1. Pues no, de hecho no conozco el libro de Schwartz, pero a eso voy a poner remedio pronto, gracias por la referencia.

      El grabado es un arte difícil y donde pocos han brillado, coincido contigo que si hubiese que otorgar un número uno ese sería probablemente Durero, que es un auténtico monstruo en cuanto a la técnica y el dibujo. Goya se acerca al espíritu de Rembrandt en su búsqueda de dramatismo y efectividad más que de perfección técnica.

      Hablando del rey de Roma, a Goya me gustaría pronto dedicarle alguna entrada porque es otro gigante del arte, uno de esos que parecen contener en sí mismos toda la historia de la pintura.

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    2. Pero tan grande que no sabe uno por dónde empezar ;)

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