lunes, 7 de abril de 2014

Xavier Valls, un catalán en París


Confieso que comencé a interesarme por Xavier Valls Subirà (Barcelona 1923 - Barcelona 2006) cuando supe que el actual primer ministro francés, el socialista Manuel Valls, era hijo de un pintor catalán instalado en París desde finales de la década de los 40. Intrigado por esta información, fui buscando por la web para descubrir con asombro a un artista extraordinario, que por desgracia no es todo lo conocido que se merece en nuestro país.

Xavier Valls marchó a París en 1949 con una beca del Instituto Francés de Barcelona, tras una formación artística en Barcelona en el entorno de la Escola Massana junto a artistas como Albert Ràfols Casamada, Manolo Hugué, Josep Llorens i Artigas o Maria Girona. En la capital francesa tiene ocasión de ampliar su formación artística, pero sobre todo de escapar del asfixiante provincianismo de la pintura barcelonesa de postguerra, dominada por capillas y conciliábulos, modernos contra antiguos, abstractos contra figurativos. 

En París conoce a grandes pintores figurativos como Balthus, Giorgio Morandi o Luis Fernández, que comparten sus inquietudes y posicionamientos estéticos. Es allí donde irá trabajando y destilando su personal estilo, que se encuentra ya formado con su propia voz entorno a los años 60. Valls es un artista culto que, además de colegas pintores, se rodea de intelectuales y así hace amistad con Mompou, Monsalvatge, Gabriel Ferrater o Bergamín.

En España no será hasta mucho más tarde cuando llegue a obtener el reconocimiento artístico. En 1982 la Biblioteca Nacional expone una antológica de 140 cuadros, exposición a la que sigue, tres años más tarde, otra retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Barcelona. Finalmente recibirá la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes en 1993.

Xavier Valls es un pintor figurativo, pero no un pintor realista. El pintor, como el alquimista, destila los elementos de la realidad y produce una esencia; parte de una anécdota, de un objeto real, pero lo que queda en el cuadro es una realidad trascendida, un aroma, una poética de la luz. El autor siempre ha reconocido que trabaja lento, primero con el dibujo y la composición, la geometría, luego cada obra pide unas armonías tonales, unos colores y, sobre todo, una luz. Al final se ha creado, a partir de unos insignificantes objetos, de unos objetos cotidianos de sencilla belleza, un espacio de calma y de silencio, una obra de arte que rescata la realidad trascendiéndola.

Me vienen a la retina imágenes de Vermeer, Balthus, Morandi, Chardin, Hammershoi o Mondrian. Xavier Valls es un pintor que ha visto mucho, ha asimilado mucho, pero todo lo ha destilado en su redoma alquímica, hasta obtener una obra de una exquisitez, una poesía y una belleza clásicas en el mejor sentido de la palabra.


















              






                        














          














                               













Xavier Valls fue un buen amigo del compositor, también catalán, Federico Mompou. Les dejo aquí para disfrutar conjuntamente con la pintura la primera pieza del libro I de su Música Callada. Gocen de esta maravilla


21 comentarios:

  1. No entiendo mucho de arte, bueno realmente no sé nada de estilos pictóricos y demás. Estas pinturas están bien hechas pero las contemplo y me da la sensación de que les falta dinamismo. Quizá se deba al minimalismo, no sé. Algunas tienen una especie de aura onírica...Nunca había oído hablar de este pintor.
    Saludos

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    1. Bueno, en efecto dinamismo no es una palabra que yo emplearía para caracterizar la obra de este pintor, pero los efectos, la emociones que cada artista pretende despertar con sus obras son de muchos tipos. Sí hay como bien dices un aura onírica, una búsqueda de quietud y como de silencio. Me gustaría poder ver los cuadros de Xavier Valls en directo para hacerme una idea cabal de cómo son, creo que en el Museo Reina Sofía hay obra suya.
      Un Saludo, Marybel, gracias por tu comentario.

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  2. Tampoco entiendo de los tecnicismos de la pintura. Pero las disfruto mucho en cada detalle. Y puedo percibir una pulcritud en las obras, mucha luz y un cierto estilo naif. Perdón si me equivoco, es lo que a mi me transmiten estas pinturas. Un abrazo

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    1. Los tecnicismos son para los técnicos, no es necesario entender de detalles técnicos para disfrutar la pintura. Pulcritud es una buena palabra para definir estos cuadros y luminosidad. ¿Naïf? Yo diría más bien puro, sencillo, pero nos entendemos. Gracias soledad. Un abrazo

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  3. Yo veo en sus pinturas sencillez a la hora de realizarlas, luz, pero no considero que cómo apuntas José Miguel ,huyese del provincianismo de la Barcelona, más bien creo que huía de la situación en que la misma estaba sumida, cómo hicieron muchos artistas catalanes, de toda índole, escritores, filósofos, pintores, escultores, huían de un lugar dónde no podían ser ellos mismos, porqué la dictadura era especialmente dura con ellos; y me reafirmo en ello cuando leo que escribes que recibe su reconocimiento cuando ésta ya no existe.

    La democracia ya estaba creada, joven , y hecha cómo se pudo, aunque ahora volvemos a un pasado que yo ni recuerdo (porque al enano cabrón, lo viví en pañales, ya que murió cuando yo no tenía aún3 años, día tras día cómo los cangrejos va todo hacia atrás y en especial, en mi tierra, en mi país, en mi cultura y en mi idioma! El Siglo de Oro de la literatura castellana, fue el más negro de la catalana, y no es casualidad; guste o no, mi país, mi tierra pasa del milenio de historia!

    Lo he escrito sin ninguna acritud, sólo con la verdad, espero que no te moleste.

    Un abrazo!

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    1. En el caso de este pintor no tengo yo claro que se fuese a París precisamente huyendo del franquismo. Ten en cuenta que pertenecía a una familia y a un ambiente más bien del bando de los que ganaron la guerra (su padre era el editor de un diario católico, creo recordar, y eran gente acomodada) y él se fue con una beca de una institución cultural. Según aparece en sus memorias, el autor se quejaba de que el ambiente en Barcelona era en aquellos tiempos (seguramente a ello contribuía y no poco el franquismo) muy provinciano, muy estrecho, regido por tres o cuatro cenáculos de pintores que se odiaban los unos a los otros.
      En París frecuenta círculos de intelectuales más bien liberales, pero no tiene trato ni con los surrealistas, ni con Picasso o los de la vanguardia que eran más de izquierdas.
      De todos modos no cabe duda de que en la capital francesa encontró una vida más abierta y más franca de la que se podía vivir en la pobre y oprimida España de la postguerra.

      Por cierto, si tienes interés por sus memorias, creo que las publicó Quaderns Crema con el título de "La meva capsa de Pandora" en el 2003. A mí me gustaría mucho tener ocasión de echarles un vistazo.

      Sea como sea, ninguna cosa de las que tú escribas me va a molestar nunca, Rosa, porque me consta con la sinceridad y el cariño que siempre te expresas.
      Un abrazo ;-)

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    2. Tendré en cuenta esas memorias! a Ver si las encuentro!!!

      Gracias por entender cómo soy, ya estoy mayor para cambiar! :D

      Un abrazo José Miguel!

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    1. En efecto, una luz tamizada y dulce que parece como si acariciara las cosas. Un saludo, Javier Gracias por comentar

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  5. Sutil acoplamiento de música "callada" y pintura serena, claros exponentes de la vinculación existente entre el gozo - experimentado con la contemplación y audición de esta maravilla - y la melancolía - sugerida por la tenue "ambientación" pictórica y musical- que confluyen evidenciando que el mayor entusiasmo incluye un matiz de tristeza, al igual que la más triste música puede trasmutarnos en una congoja de felicidad.

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    1. ¿A que parece que la música se escribió pensando en esta pintura, o la pintura se pintó para ser vista con esta música? No me extraña que congeniaran, porque hay un espíritu muy afín en estos dos modos de expresión.
      Estoy de acuerdo con tu interpretación y es algo en lo que los demás comentarios no inciden: hay un matiz de, no sé si tristeza, pero sí al menos de melancolía en esta pintura, y al mismo tiempo hay una serenidad que no puede ser otra cosa que la felicidad. La alquimia de este artista también incluye, quizás, el poder trasmutar la felicidad en tristeza o viceversa.

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  6. Lo he visto esta mañana y he pensado que podría interesarte:
    http://www.elconfidencial.com/cultura/2014-04-08/el-reina-sofia-estrecha-lazos-con-manuel-valls-al-recuperar-dos-pinturas-de-su-padre_113151/
    Saludos, José Miguel.

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    1. ¡Muchas gracias Esther! Ya lo creo que me interesa, qué curioso, ahora que el hijo es primer ministro de nuestros vecinos los franceses, el Reina Sofía desenpolva los cuadros y los saca del almacén para hacer un poco la pelota, jeje. Bueno, al menos es por una buena causa, sacar del olvido a un artista que lo merece de verdad.

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  7. "Nunca es tarde si la dicha es buena", etc-etc. Igual encuentran algo más... Otro saludo, José Miguel.

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  8. Las pinturas de Manuel Valls que compartes transmiten placer, quietud y silencio. Parecen simples y vacías pero lo llenan todo. Colman los espacios, se imponen con su luminosidad y precisión. Muy hermosos los rasgos de sus personajes. Saludos

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    1. El vacío siempre ha sido muy valorado por el arte oriental, influido por el Taoísmo. no me atrevería a asegurarlo, pero la actitud de este pintor frente al espacio y su utilización del vacío podrían deberse a una influencia oriental.

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  9. Me parece un excelente artículo en homenaje a este pintor, algo olvidado, como bien dices, aunque realmente no tuvo en vida nunca un gran reconocimiento, al estilo de otros de su época. Pero no creo que fuese por falta de talento o simplicidad de sus pinturas, que muy al contrario son de una belleza sutil y delicada. Quizá su tierra natal, sí le deba algo, ya que estuvo sin exponer en sus galerías muchos, años... Él se definía como un pintor de lo esencial, que buscaba atrapar la luz en sus pinceladas, que hacía tan meticulosamente y con tanta lentitud que solía crear unas pocas obras al año. Probablemente, es un pintor al que como bien dices, no se le ha hecho justicia aún. Tuve la suerte de conocer de su existencia, cuando era niña, por mi padre, el cual lo valoraba mucho.
    Muy agradecida de leerte siempre.

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    1. Según me dice un amigo pintor, parece que Xavier Valls fue toda su vida un señor muy discreto y hasta humilde, lo que en un artista es una virtud poco frecuente. Es verdad que no tuvo excesivo reconocimiento, yo diría que debido a dos causas principales:

      En primer lugar, en una época en que lo que estaba de moda era la abstracción, él era figurativo, y además, sin ínfulas vanguardistas; aunque su pintura está impregnada de la modernidad, no cae en experimentalismos ni en vender humo.

      En segundo lugar, en una época que para ser considerado artista había que ser comunista o anarquista, existencialista o al menos bohemio empedernido, Xavier Valls era un hombre con unos orígenes sociales acomodados y con un estilo de vida casi "burgués". Todo ello lo aleja de esa pomposa y estúpida idealización del artista contemporáneo de nuestra época al que queremos vero como un individuo torturado, aventurero, radical, genial, excéntrico y tantas otras tópicas etiquetas que nos gusta adherir al fenómeno artístico sin darnos cuenta de su absoluta banalidad.

      Creo que lo interesante es la obra y esta obra nace de una actitud contemplativa y armónica que se transmite al espectador. Crear belleza importa, es un modo de mejorar el mundo nada desdeñable y eso es lo que este pintor hace.

      Gracias, Clarisa, por tu interesantísimo comentario. Un saludo

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  10. A Xavier Valls llegué en cierta ocasión cuando vi una exposición de Anglada Camarasa (no recuerdo ahora qué tipo de conexión había entre ambos), pero me alegro que la popularidad del hijo le quite el polvo a los cuadros del padre.

    Lo bueno de llegar un poco tarde es poder leer tan buen debate. La primera vez que entré no había ningún comentario, y pensé que esta entrada iba a "causar sensación". Y prácticamente no se ha dejado de tocar ningún palo: la luz, la armonía, la captación del silencio y el vacío, la introspección del espacio (figurativo pero no realista, como se ha apuntado), una importante carga de lirismo y quietud, como si se tratara de un haiku (aunque esto a lo mejor es interpretar demasiado).

    Pero vamos, que ya lo "dice" Mompou con el título de su obra. Me quedo escuchándola y me vuelvo a dar un paseo por la galería.

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    1. Pues yo que estas vacaciones me voy a Toledo y si puedo me doy una vuelta por Madrid pienso aprovechar para ver los cuadros suyos que hay en el Reina Sofía para hacerme mi propia idea cabal de este autor que me parece tan interesante.
      Como bien dices, se ha suscitado un debate interesante, lo que no es todo lo frecuente que a uno le gustaría, esto es lo que, por lo menos a mi, más me engancha de hacer un blog, estas tertulias diferidas que tenemos a cuenta de cada post y donde cada día aprendo muchísimas cosas.
      Por cierto ¿A que lo de Mompou es una delicia? Me encanta este músico, hay una versión que no está nada, pero que nada mal, de la musica Callada interpretada por Javier Perianes.
      Un saludo Enrique

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    2. Perianes, me apunto la referencia ;) Muchas gracias.

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