domingo, 4 de mayo de 2014

Un invitado intempestivo


Hay ocasiones en que un pasaje leído hace muchos, muchos años sigue conservando en nuestra memoria toda la intensidad, la viveza y la fascinación de cuando lo leímos por primera vez. Éste es el caso del fragmento del diálogo platónico El Banquete que me propongo recordar en esta entrada. 

Situémonos: Los invitados al banquete de Agatón han ido pronunciando cada uno, según lo convenido, un discurso en alabanza al dios Eros, esto es, al Amor, todos ellos más o menos memorables, hasta llegar al pronunciado por Sócrates, en el que Platón explica por boca de éste su idea del amor. Este último discurso inaugura un concepto que tendrá largo recorrido en la historia de la civilización occidental: el amor platónico

Cuando parece que ya ha hablado el maestro y nada más importante está por ocurrir, entonces el extraordinario literato que hay en Platón (aunque sea a su pesar) nos reserva una extraordinaria sorpresa: Alcibíades, el bello, el arrogante, el de dudosa reputación, el execrado Alcibíades, hace una irrupción intempestiva y memorable, y va a pronunciar a continuación el más bello elogio a Sócrates, a la filosofía y al amor que se hace en toda esta obra.

Es como si Platón reconociera de algún modo que la sabiduría no siempre habita en las cabezas más cuerdas y sí a veces en las más destempladas, impetuosas, excesivas, porque Eros que, como el diablo, sabe más por viejo que por diablo (ya que es el dios más viejo de todos los dioses), en su antojadiza conducta posee a quien Él elige y deja ayuno al que lo desprecia.

Como no puedo reproducir todo el parlamento de Alcibíades, os dejo con el pasaje de su entrada en escena, recomendándoos, eso sí, que leáis el resto.

"Pero, de repente, la puerta del patio fue golpeada y se produjo un gran ruido como de participantes en una fiesta, y se oyó el sonido de una flautista. Entonces Agatón dijo:
-Esclavos, id a ver y si es alguno de nuestros conocidos, hacedle pasar; pero si no, decid que no estamos bebiendo, sino que estamos durmiendo ya.
No mucho después se oyó en el patio la voz de Alcibíades, fuertemente borracho, preguntando a grandes gritos dónde estaba Agatón y pidiendo a grandes gritos que le llevaran junto a él. Le condujeron entonces hasta ellos, así como a la flautista que le sostenía y a algunos otros de sus acompañantes, pero él se detuvo en la puerta, coronado con una tupida corona de hiedra y violetas y con muchas cintas sobre la cabeza y dijo:
-Salud, caballeros. ¿Acogéis como compañero de bebida a un hombre que está totalmente borracho, o debemos marcharnos tan pronto como hayamos coronado a Agatón, que es a lo que hemos venido? Ayer en efecto no me fue posible venir, pero ahora vengo con estas cintas en la cabeza, para de mi cabeza coronar la cabeza del hombre más sabio y más bello, si se me permite hablar así ¿Os burláis de mí porque estoy borracho? Pues, aunque os riáis, yo sé bien que digo la verdad. Pero decidme enseguida: ¿entro en los términos acordados, o no?, ¿beberéis conmigo, o no?
Todos lo aclamaron y lo invitaron a tomar asiento...." 
Platón, Banquete, 212 d - 213 a.


Anselm Feuerbach (1829 -1880) Symposium, óleo sobre tela, 1871. Alte Nationalgalerie, Staatliche Museen zu Berlin.


4 comentarios:

  1. Como te he comentado esta mañana, solo recuerdo que el desinhibido Alcíades, inspirado por Dioniso, revela, con mucha lucidez, un bello y conmovedor discurso en el que la razón y los sentimientos forman un conglomerado indisoluble para reproducir palabras solo admitidas a una persona "semiinconsciente", como muchos siglos después le ocurriría a nuestro loco por excelencia, don Quijote, cuando pronuncia su magnífico discurso sobre la Edad Dorada, estando en compañía de unos cabreros, quienes, en principio, le acogen, pero, tras escucharlo, manifiestan admiración y respeto hacia su persona.

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    1. Como los antiguos sabían y nosotros ya hemos olvidado, los locos saben más que los cuerdos. Cuatro locuras imponen los dioses a los hombres que los elevan por encima del umbral de sí mismos: la locura profética que proporciona Apolo, la locura mística que trae Dionisos, la poética que pertenece a las Musas y finalmente la amorosa que es el don de Eros. Sin la locura y sin lo que el dios hace dentro del hombre, éste está librado a su sola razón, que es escasa, limitada, catalogadoras y estéril. Pero como ya te he dicho, estas cosas nosotros los modernos las hemos olvidado. Cervantes que era un ser humano de extraordinario alcance comprendió que el loco don Quijote era más humano que los cuerdos que se reían de él, pero hoy eso también se ha olvidado.

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  2. Hace poco volví a Platón, pero no El banquete, que desde la facultad no he vuelto a ella. Te hago caso, y cuando empiecen las vacaciones, me lo "regalo" de nuevo.

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    1. Yo hace algún tiempo que no he vuelto a releerlo y lo echo de menos, pero espero que el día que deje de ser director pueda tener tiempo para las cosas de verdad importantes y vuelva al griego y a Platón y a cosas así...

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