lunes, 9 de junio de 2014

Faetón, una estrella caída


En el lejano Occidente, a orillas del Erídano, unas ninfas convertidas en sauces, la Helíades, lloran sin cesar y sus lágrimas se transforman en el precioso ámbar, esa miel petrificada. Pero ¿Por qué o por quién lloran las Helíades? 

Su madre Clímene, hija de Océano y de Tetis, casó con Mérope, rey de Etiopía, pero Helios-Apolo que todo lo ve desde su carro, vió a Clímene y se enamoró de ella. Fruto de estos amores nacieron un varón, Faetón, y siete ninfas, las Helíades. 

El joven Faetón era un chico fuerte, guapo y por ello mismo un tanto jactancioso. Un día estaba junto con otros jóvenes héroes y éstos estaban presumiendo cada uno de sus orígenes, como Faetón llevase la peor parte, ya que creía ser hijo de Mérope, el rey, y uno de sus compañeros le hiciera de menos afirmando ser hijo de Zeus, Faetón se lo contó a su madre, quien le dijo que no era menos que nadie, ya que era hijo secreto del mismo Apolo, y que si no la creía podía él mismo comprobarlo visitando al dios en su palacio. 

La madre instruyó al hijo sobre el camino que debía seguir para llegar al palacio del Sol y hacia éste se encaminó el joven ardiendo en deseos de conocer a su divino padre. Apolo, que había sido prevenido por Clímene de su visita, lo recibió con gran cariño y lo reconoció como hijo ante su séquito, tras lo cual, imprudentemente le prometió, jurando por la Laguna Estigia, juramento que los dioses no pueden romper, que le concedería cualquier cosa que le pidiese.

El joven, deslumbrado ante la vista del carro del Sol, le pidió que le dejase conducir por un día su carro. El padre apesadumbrado intentó disuadirlo, pero en vano, tanto más se empeñaba el joven cuanto más el padre insistía en que cambiase su petición por cualquier otra. Al final Apolo, dándose por vencido, le hizo un montón de recomendaciones de prudencia que el joven apenas escuchó, fascinado como estaba por la idea de coger las riendas del carro solar y cruzar el orbe de los cielos. 

Nada más salir tuvo ocasión de arrepentirse de su deseo, los divinos caballos del Sol tenían una fuerza descomunal y él, un simple mortal, no conseguía refrenarlos con las riendas, de modo que el carro enseguida empezó a correr sin rumbo, y lo mismo subía demasiado dejando a la tierra fría y sin luz, que descendía  tan cerca de la Tierra que lo incendiaba todo a su paso. Los dioses mismos salieron de sus moradas a contemplar la catástrofe y fueron ellos quienes pidieron al padre Zeus que fulminara al atrevido que había roto la armonía del Universo por su intemperancia. 

Zeus le lanzó su rayo y el joven cayó como un meteoro, una centella ardiente, girando y girando entre llamas, hasta caer sobre el Erídano, que lo recibió como sepultura. Sus hermanas, enteradas de lo sucedido, lo buscaron por toda la tierra hasta que dieron con su sepultura, en la que se halló escrito lo siguiente: 

HIC SITUS EST PHAETON CURRUS AURIGA PATERNI 
QUEM SI NON TENUIT MAGNIS TAMEN EXCIDIT AUSIS

(Aquí yace Faetón, auriga del carro de su padre; 
Si no fue capaz de gobernarlo, al menos cayó víctima de gloriosa audacia). 

Allí mismo comenzó el duelo, y tanto y tanto lloraban y se desgarraban, que los dioses, compadecidos de su llanto, las transformaron en sauces, y aún hoy siguen creciendo a la orilla del río y sobre él vierten sus lágrimas de ámbar.



 Hendrick Goltzius (1558 - 1617) Faetón





 Pieter Paul Rubens (1577 - 1640) La caída de Faetón





 Joseph Heintz el joven (1600 - 1678) La caída de Faetón





 Hans von Aachen (1552 - 1615) La caída de Faetón





 Sebastiano Ricci (1654 - 1734) La caída de Faetón





 Luca Giordano (1634 - 1705) La caída de Faetón





 Gustave Moreau (1826 -1898) La chute de Phaeton





 Rafael Tejeo Díaz (1798 -1856) La caída de Faetón





 John Singer Sargent (1856 - 1925) La caída de Faetón





 Pietro Fantini (1947 - ) La caduta di Fetonte





 Neil Moore (1950 - ) Fallen Icarus





 George Stubbs (1724 - 1806) Faetón conduciendo el carro de Apolo





 Nicolas Bertin (1667 - 1736) Faetón en el carro de Apolo





Odilon Redon (1840 - 1916) El carro de Apolo





Kurt Wenner




10 comentarios:

  1. M'agrada la història aquesta. Bé, els relats mitològics sempre m'han agradat, tot i que reconec que tenen un punt de crueltat. Crec que em quede amb la primera il·lustració, he, he. Bé, George Stubbs em sembla que ho ha encertat bastant, perquè les altres pintures em semblen massa plenes de figures, no sé, com si li llevaren protagonisme a Faetó, però fora d'això són boniques.

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    1. És una història bonica, tot i que acaba malament. Probablement la seua primera intenció era ser un relat amb moralitat: advertir els hòmens contra la ambició excessiva, pero curiosament en el barroc es va reivindicar este personatge com a emblema i contrafigura de l'artista i així tenim un esplèndid poema mitològic del comte de Villamediana, el Faetón, així com molts poemes de diversos autors i, crec, una obra de Calderón.
      De les pintures coicidisc amb tu en la primera, que és una meravella, però també m'agrada molt la de Rubens, ha sabut transmetre dinamisme i poder expressiu a pesar de la enorme quantitat de figures.

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  2. Bella historia, muy en la línea de no traspasar la línea que separa lo mortal de lo divino. Algunas obras ya las conocía, y si me permites sugerir una más a la lista, la del artista callejero Kurt Wenner (aquí el enlace).

    Saludos ;)

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    1. Como ves, he seguido tu recomendación, la obra de Kurt Wenner es estupenda por lo que tiene de ilusión óptica. Gracias por la sugerencia.

      Saludos

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  3. La constante aspiración humana a la divinidad tiene en la historia de Faetón un paradigma inigualable respecto a la función didáctica del arte - la codicia es humana, no divina - sin dejar de sorprendernos gratamente.
    Me ha sorprendido la obra de Rubens por la disparidad de figuras en distintas posiciones y niveles que confieren un gran dinamismo a la escena, lo que me recuerda los tumultuosos frescos de Miguel Ángel. Además, el excelente dominio de la luz, focalizada en el centro y atenuada dramáticamente mediante una magistral técnica del claroscuro, acentúa eficazmente el carácter dramático de la escena.

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    1. La historia de Faetón siempre tiene algo de ambiguo. Por un lado está la advertencia: no traspases tus límites mortales o te espera la desgracia. Por otro hay siempre un matiz admirativo: Faetón, aunque por breve tiempo, lleva a cabo una hazaña inigualable. Yo, que no soy osado ni buscador de imposibles, me quedo con la primera parte.

      La obra de Rubens, como casi siempre en él, cnsigue abordar un tema complejo con total solvencia. Confiere a su historia dinamismo, colorido, luz, esplendor, no me extraña que fuese el gran artista del período

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  5. Algunos de los cuadros son magníficos. Saludos, +José Miguel

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    1. Es una historia que da pie a la imaginación para plantear escenas enérgicas, con cielos impactantes y dramáticas caídas. Gracias por comentar, Esther. Saludos

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