jueves, 19 de junio de 2014

¿Víctima o verdugo?

¿Quién es el verdugo en esta historia? ¿Quién es la víctima? ¿Se puede ser a la vez víctima y verdugo? Estos dos personajes unidos en un punto de intersección fatal demuestran que sí se puede. Cada uno de ellos es verdugo y víctima a un tiempo: Jean-Paul Marat, "el amigo del pueblo", es un terrorista sanguinario, culpable entre otros crímenes horrendos de la muerte del rey Luis XVI y de las masacres de septiembre, finalmente este verdugo cae víctima del puñal de Charlotte Corday. A su vez Charlotte, "la belle sans merci", mata sin el menor sentimiento de culpa a Marat, sólo para ir a morir bajo la Guillotina.

La historia es bien conocida: Los girondinos, antes compañeros de armas de los jacobinos, son ahora perseguidos y purgados. Refugiados en Calvados hacen asambleas y es en una de estas donde probablemente toma Charlotte la decisión del magnicidio. En junio de 1793 deja su Caen natal para ir a Paris con el designio de matar a Marat. El 11 de julio se presenta en casa de un miembro de la Convención provista de una carta de recomendación para entrevistarse con su objetivo, por este contacto se entera de que Marat, aquejado de una grave enfermedad de la piel, ya no sale de casa. Va pues a su casa, donde la portera rechaza sus insistentes peticiones y está apunto de dar al traste con el asesinato, pero los gritos alertan a Marat quien la hace pasar. La joven dice tener datos de supuestos traidores a la República, de los que tendría los nombres. El tirano apunta los nombres que la joven le susurra y, mientras está entretenido en redactar la lista de proscripción, ella  lo apuñala. Cuando él ya herido de muerte grita, acuden los vecinos y Charlotte es detenida y puesta a disposición de las autoridades.

Sería ésta una mera historia de sucesos, si no fuera porque cada acontecimiento de la Revolución Francesa parece constituirse en siniestro paradigma de la Modernidad. Así el asesinato de Charlotte se convierte en el prototipo de magnicidio, un tipo de activismo terrorista con el que tan familiarizados estamos por desgracia. Del mismo modo, las muertes provocadas por la acción política de Marat, las purgas deliberadas, las listas de enemigos del pueblo que deben ser eliminados, también se ha convertido en un paradigma de cierto modo de ejercer el terror desde el poder al que las dictaduras del triste siglo XX nos han acostumbrado de sobra.

Curiosos personajes estos dos, que en unas circunstancias más normales seguramente hubiesen llevado existencias burguesas y tranquilas, pero a quienes el viento de la revolución condujo por escarpados senderos: Charlotte Corday, chica de clase media tirando a pobre, a quien su padre deja en el convento para asegurarle el pan y que se lía la toca a la cabeza cuando estalla la revolución para hacerse activista revolucionaria, actúa movida más bien por afán de protagonismo y de venganza, que por patriotismo. 

Jean-Paul Marat, suizo protestante de acomodado origen burgués, estudia medicina, en la que llega a ser un eminente doctor e investigador, con trabajos pioneros sobre las enfermedades oculares y sobre la gonorrea, destaca como especialista reputado y bien remunerado, sin embargo durante la revolución se embarca en la política más radical, abandonando su oficio, y su juramento hipocrático (primum non nocere) y se aplica al periodismo incendiario y al terrorismo consciente ¿Qué pasó aquellos años para trastornar de esa manera las vidas de las personas?

No pretendo  contar la historia ya contada de la Revolución Francesa. Me ha interesado sólo bucear un poco en la iconografía que el suceso de la muerte de Marat ha generado. Como todo el arte de esta época es inevitablemente propagandístico, según las ideas políticas del artista, el héroe es alternativamente Marat o Charlotte Corday, de modo que la escena se va a centrar, bien en el horror por el asesinato, en la piedad por el gran hombre, bien en el engrandecimiento de la magnicida, convertida en una especie de mano del destino para castigar al tirano. ¿Y ustedes? ¿Qué opinan al respecto? ¿Quién creen que es la víctima, quién el verdugo?



La imagenes las he ordenado cronológicamente, pues de ese modo es posible ver la evolución en la percepción del suceso, desde terribe y cruel asesinato del amigo del pueblo en la época del Terror, hasta angélica niña de mano de nieve que mata al cruel tirano en la época de la restauración borbónica. Curioso.




Joseph Roques, La muerte de Marat, 1793. Esta interesante pintura muestra sin embargo aún toda aquella sensiblería moralizante, dulzona y gazmoña del siglo XVIII presente en pintores como Greuze. La escena muestra una digna agonía del padre de la patria con todos los ornamentos de su cargo.





 
Mucho más moderno, aunque del mismo año 1793, es este homenaje a Marat que pintó Jacques-Louis David, pintor simpatizante de los jacobinos que se encargó de organizar las honras del funeral de Estado con que se solemnizó la muerte del político. La imagen es mucho más sintética, apenas el torso del muerto, unos colores simples y una expresión seria y digna, propia de un Séneca moderno.






Grabado anónimo de la época que muestra a Charlotte in flagranti delictu con un Marat metido dentro de una especie de bota gigante, su bañera especial, que, según creo, aún se puede ver en algún museo como recuerdo macabro para frikis.
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Jean-Jacques Hauer en esta Muerte de Marat de 1793-94 nos muestra a una asesina tocada con un singular sombrero de copa y a un asesinado involuntariamente cómico con los ojos como de decir: "M'ha matao, la muy!..." Este autor sin embargo pintó uno de los más bellos retratos de la asessina en formato de cabeza y busto.





En este anónimo cuadro probablemente del primer tercio del XIX  que representa su detención se puede ya apreciar la idealización de la joven Corday como heroína de la contrarrevolución: la joven distinguida y seria se destaca en medio de una multitud de chusma revolucionaria gesticulante y ramplona.





En esta obra titulada significativamente Charlotte Corday, de 1860, el pintor Paul Baudry avanza en la heroización de la joven. Ésta aparece con un bello semblante, seria, consciente del acto trascendental que acaba de perpetrar, mirando al infinito, mientra el malvado tirano, de rasgos malvados agoniza como un sapo en su charca.





Este cuadro es del pintor mexicano Santiago Rebull, de 1875.Gracias a la aportación de mi amigo Enrique Carratalá he averiguado que este autor, hijo de catalanes y que nació en un barco de camino a España en un decreto de expulsión de extranjeros de México, volvió a este país en su adolescencia y allí desarrolló toda su carrera artística, siendo director de la Academia de Bellas artes, fue también pintor de cámara del emperador Maximiliano y recibió grandes distinciones por su obra. Esta obra pertenece a una colección particular.







Jean-Joseph Weerts pinta este Asesinato de Marat en 1880, aunque parece mucho más antiguo por sus rasgos estilísticos. Me resulta involuntariamente cómico ¿No les parece la escena de un musical de Broadway? Todos gesticulando tan enfáticamente, se diría que están cantando, parece una escena de Los Miserables, the musical.




De 1880 es también este Charlotte Corday et Marat, de Jules Aviat, donde la joven parece horrorizarse de su acto y querer taparse con la cortina, mientras el tirano queda en la penumbra.





Edward Munch va a pintar desde 1907 una serie de cuadros sobre La Muerte de Marat reinterpretando de un modo completamente nuevo el suceso. Estamos en el siglo del doctor Freud y la relación Charlotte-Marat deviene explícitamente sexual. El pintor hace en realidad variaciones sobre el mismo tema, incluso las poses son muy similares, siempre hay una pareja que parecen haber yacido juntos, tras lo cual la mujer, como una Judith moderna, ha matado al hombre, que está echado en una postura que, si no fuera por la mancha de sangre, podría ser tanto la de un muerto como la de un hombre que acaba de hacer el amor y descansa relajado o duerme.





 Edward Munch II





 Edward Munch III





 Edward Munch IV





Johannes Grützke pinta en 1980 este Asesinato de Marat, también con un matiz claramente sexual y una cierta comicidad cómplice y maliciosa, habitual en este autor germano.





Para terminar el pintor norteamericano Joe Forkan pinta esta The death of Marat en 2008, proponiéndonos a un Marat californiano, que muere como un mafioso en su propia piscina de alguna mezcla de sustancias, en una imagen muy cinematográfica.



9 comentarios:

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    1. Muchas gracias, Leonardo, me alegro de que te haya gustado.
      ¡Saludos!

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  2. Hola Jose Miguel, tenía pendiente este artículo tuyo y al fin encuentro un rato para leerlo.
    Bueno, me parece una magnífica elección. El de Jean-Joseph Weerts, lo has clavado y realmente parece una escena del musical. Quizá por eso es el único de todos los propuestos que tiene un mayor tino en, -al menos para mi- representar esa doble ambigüedad (víctima o verdugo) y darle un punto de cierta ironía. Insisto en que es mi apreciación personal. No soy experta en arte, pero este cuadro es el que más me ha llamado la atención.
    Y bueno, también el último, aunque este quizá deje al margen la cuestión que plantea la escena del asesinato en sí y muestre sólo el momento agonizante de Marat.
    En fin, ha sido un gusto leer la historia y una grata visión artística con enfoques diferentes, saludos!!

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    1. Hola Sonia, tienes razón que la pintura de Weerts es la que quizás equilibra más la cosa, aunque sea porque nos distancia del hecho por esa ironía que nos hace verlo desde fuera. Los demás toman partido, bien por Marat, bien por Charlotte.
      El último me pareció interesante ponerlo porque representa un modo completamente diferente de imaginar a otro Marat (quizás un moderno político corrupto) que agoniza solo, no sabemos exactamente porqué, ni porqué el autor ha querido titularlo Marat y vincularlo así a esta historia, es una obra muy singular, no cabe duda.
      Un saludo, y gracias por tu comentario.

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  3. Pues ni con el jacobino ni con la girondina, si me tuviera que posicionar. Tenía por ahí (que recopilé hace muy poco) esta entrada con ilustraciones de la controvertida pareja. Admito que hasta entonces la única muerte de Marat que conocía era la de David. Pero luego descubrí la obra de Baudry (que no está nada mal), y me asomé tímidamente a su iconografía.

    Ah, Santiago Rebull no es catalán, es mexicano, y La muerte de Marat pertenece a un tal Sr. Alfredo Chao (colección privada, por lo tanto), aunque a lo mejor se expone en la Escuela Nacional de BBAA de la Universidad Autónoma de México, de cuyo catálogo he podido extraer la información. En este enlace he encontrado su localización.

    Las últimas obras han sido para mí todo un descubrimiento. Parece que para Munch tenía algo de obsesivo. El último cuadro de la serie me ha encantado. Y la obra de Forkan (que tampoco conocía) me ha parecido muy divertida ;)

    Saludos, Migue. Fantástica entrada.

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    1. Hola Enrique, me ha encantado la entrada francesa que me señalas con la iconografía de Charlotte Corday mucho más completa, también en algún aspecto la de Marat, como esa imagen del funeral que debió ser un espectáculo impresionante a cargo de J.L. David. Es muy curioso, cómo pronto se desarrolla una especie de "hagiografía" de la magnicida. Creo que la revolución francesa abrió una brecha entre la sociedad francesa (los pro y los contra) tan profunda como, en nuestro país, la guerra civil del 36, que todavía no nos hemos curado de esa herida.

      Por cierto, gracias por la aclaración sobre Santiago Rebull, ahora no recuerdo si lo leí mal o si simplemente con ese nombre lo dí por supuesto. Curiosa vida la de este señor, nace en un barco de camino a España, hijo de catalanes, me gustaría saber si inmigrantes o exiliados, y acaba por instalarse en México, donde produce toda su obra. Gracias por el dato, lo cambio en la entrada y así lo aprovechamos todos.

      Las variaciones de Munch sobre el tema son muy particulares, el hombre debió tener una cierta fijación con el asunto y le saca unas implicaciones, que aunque no estén en la historia real, lo convierten en una especie de alegoría y resulta, como toda su pintura muy inquietante.

      A ver si puedo dedicarle un poco más de tiempo a todo esto, ahora con el fin de curso estoy que no paro, ¡Qué horror! Esto cada año es peor, menos mal que tú ya te habrás liberado ¿no?

      Un saludo ;-)

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    2. Contando estoy las horas, jeje. El 30 cierro el curso y me voy a otro centro. Vuelvo a ser soldado raso, una maravilla ;)

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    3. ¿Qué envidia me das! Por aquí esto cada vez peor, qué ganas de irme y volver a soldado raso, a mis latines... pero no sé cuándo podrá ser eso, prefiero no hacerme ilusiones porque entonces me amargo más.
      Me alegro mucho por tí, cuando este verano te vayas a Francia, acuérdate de mí y tómate una copa de buen vino a mi salud ;-)

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    4. Claro que lo haré ;) Nuestra anfitriona en París dispone de una muy buena cava donde nos aguardan excelentes caldos ;)

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