sábado, 5 de julio de 2014

Diógenes, el perro.


Un Sócrates enloquecido le llamaba Platón, mostrando que donde ponía el ojo ponía la bala. En efecto Diógenes de Sínope es otro Sócrates, como él se interesa por la ética y nada más que por la ética, como él es un educador. Sócrates usa su ironía y el diálogo para desarmar al discípulo y sacarle de encima los prejuicios y las falsas certezas, las ideas de la tribu y así obligarle a pensar por sí mismo. Diógenes usa el ejemplo, la acción exagerada y espectacular que causa estupor y rompe las rutinas mentales, obligando al otro a resituarse, a pararse y pensar. 

Su vida es un completo ir a contracorriente, así lo ejemplifica con una anécdota: "Solía entrar en el teatro topándose con los que salían. Cuando le preguntaron que por qué lo hacía, contestó: es lo mismo que trato de hacer a lo largo de toda mi vida". Así  Diógenes es un provocador con un olfato finísimo para detectar todo lo que huela a respetable, para provocar la indiganción de los bienpensantes, de los fariseos, es el bufón que bajo la risa o la obscenidad guarda una carga de lucidez tan demoledora, como la carga explosiva que el terrorista guarda bajo la ropa.

Bajo el capote de este Diógenes, un tocayo tardío, Diógenes Laercio, coleccionó un sinfín de anécdotas que parecen una antología del chiste, convirtiendo a nuestro activista en una especie de Jaimito filosófico que acabó por enterrar al personaje real. Imposible por tanto saber exactamente cuánto de auténtico hay bajo el personaje literario, aunque algunos datos parecen reveladores: Austero hasta el extremo, vive en una tinaja y sólo lleva un zurrón y un cayado, ni siquiera lleva escudilla para beber, desde que ve a un muchacho beber usando las manos como cuenco, libre hasta la anarquía, llama a los gobernantes esclavos públicos y cuando Alejandro Magno viene a visitarle y le dice que le pida lo que quiera, le responde que sólo quiere que se aparte un poco para que no le tape el sol.

Buscando al hombre, vive entre las multitudes de la calle, pero escenifica con su linterna encendida en pleno día el hecho de que entre tanta gente apenas encuentra verdaderos seres humanos. Y sin embargo no es un pesimista, no se retira al desierto, no busca a Dios, sino al hombre de verdad, como diría Alaska. Quiere persuadir a ese hombre despertándole a mordiscos. Obsceno, pendenciero, mordedor más que ladrador, como un perro callejero. De ahí lo de Diógenes, el cínico.

El intelectual ha sido a menudo el báculo del poder, el que le ha proporcionado el argumento plausible, el que piensa en cómo debe organizarse la sociedad, así Platón o Aristóteles, o Confucio; también está el intelectual que construye castillos de naipes, alambicadas construcciones de la mente, como Kant, Hegel, Marx o Santo Tomás. 

Diógenes da la espalda al poder y se ríe de todo intelectualismo, es un activista: sólo tienes tu propia vida por vivir, si la malgastas, todo tu saber, todo tu poder, todas tus posesiones no son más que polvo. Como sabe que los humanos somos duros de mollera, somos animales de rebaño que preferimos equivocarnos con la tribu antes que arriesgarnos a pensar por nuestra cuenta, por eso prescinde de argumentos y usa el ejemplo: vive como un filósofo-mendigo para señalarnos el camino de la libertad.


Omnia mea mecum porto (todo lo mío lo llevo conmigo).



Luis Paret y Alcázar, La prudencia de Diógenes, 1780. Museo de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid.
En las artes plásticas el icono de Diógenes ha sido cultivado en especial por determinados pintores, fruto quizás de una especie de identificación. Así Luis Paret, artista con una vida un tanto desarragiada y aventurera con grandes altibajos de fortuna, elige curiosamente al de Sínope para su cuadro de recepción en la Academia de Bellas Artes, mostrando todo su esplendor rococó en esta extraña alegoría.





 Jacob Jordaens, Diógenes con su linterna buscando un hombre honrado, c. 1642. Gemäldegallerie Alte Meister, Dresden.
Jordaens hace valer en esta escena su modo habitual de colocar a los personajes de sus cuadros en un primer plano que casi ocupa todo el espacio visual, en una especie de horror vacui, como si los distintos cuerpos, objetos, etc, sólo sirviesen como motivos de un intrincado tapiz. Diógenes ilustra aquí el contraste entre el loco y los cuerdos, o es el ecce homo ante la soldadesca.





 Caesar Boetius van Everdingen, Diógenes buscando a un hombre honrado, 1652. Mauritshuis, La Haya.
El holandés aprovecha la anécdota para componer una escena costumbrista en la que Diógenes en el ágora se traviste para acercárnoslo de un pedigüeño cualquiera en una populosa calle de Amsterdam o La Haya.





 Jusepe de Ribera, Diógenes, 1637. Gemäldegalerie Alte Meister, Dresden.
Esta tipología que inaugura Ribera para representar a los filósofos de la antigüedad en forma y sayo de mendigos o tipos de la calle contemporáneos va a tener una enorme popularidad, llegando hasta los velazqueños Menipo y Esopo, otros filósofos "populares" al estilo de nuestro cínico.





 Carlo Dolci, Diógenes, S. XVII. Galleria Pallatina, Palazzo Pitti, Florencia.
En este caso Dolci, pintor de santos y vírgenes empalagosas, se coge a la moda de pintar al filósofo como un mendigo contemporáneo con notable efectismo según su acreditada técnica.





 Salvator Rosa, Diógenes abandonando su escudilla, c. 1650. Colección privada.
Este pintor napolitano que acabó por centrarse en el paisaje y de carácter difícil y turbulento como los barrocos, en su periodo romano se siente muy influido por Poussin, hasta el punto de que en este cuadro la pose de ambos personajes parece derivarse del autor francés.





 Nicolar Poussin, Paisaje con Diogenes, c. 1647. Musée du Louvre, Paris.
Poussin a partir de cierta época construye sus paisajes como una vía para expresar determinadas ideas suyas sobre la filosofía, la naturaleza, la sociedad y el arte, utilizando a menudo anécdotas de la antigüedad como marco interpretativo, como en este caso.





 Jean-Léon Gêrome, Diógenes, 1860. Walters Art Museum, Baltimore.
Gêrome, hoy un pintor muy poco valorado, sin embargo elabora sus imágenes con una gran sabiduría, un gran dominio técnico y un cierto efectismo. En este caso diseña una bella imagen, no obstante me hace gracia ese coro de perros tan serios que rodea al sabio, prototipo aquí del perroflauta contemporáneo.





 Jules Bastien-Lepage. Diógenes, 1873.
Pintor de ideas izquierdistas, Bastien-Lepage se ha comprometido mucho con la pintura de denuncia social. Este Diógenes suyo subraya el estado de desprendimiento absoluto del filósofo mostrado gráficamente por su desnudez y por la simplicidad de toda la obra.





 Taras Shevchenko, Diógenes, 1856.
Este artista, pintor y poeta, ucraniano, perseguido por la policía zarista que era hijo de un siervo y de vida errante y con tintes entre románticos, bohemios y a veces con graves aprietos económicos, seguramente bien podía identificarse con el prototipo de filósofo errante y sin techo.





 Lovis Corinth, Diógenes, 1892.
Este autor alemán hace una personal síntesis en su obra de las dos corrientes que se disputaban el alma de todo artista de su generación: el impresionismo y el expresionismo. En este caso la figura del filósofo adopta un tinte quijotesco de anciano un tanto burlado por una plebe de niños que se ríen de lo que no saben.





Lovis Corinth, Alejandro ante Diógenes.
De todas las representaciones de la anédota con Alejandro, la mayor parte de ellas con demasiada moralina y  cursilería, ésta es la que más me gusta, me parece la más impactante y expresiva.




7 comentarios:

  1. Me he deleitado en la contemplación del cuadro de Jean- Léon Gêrome por la sugerente magia que emana para traducir las palabras en imágenes: solo se puede adquirir el placer que confiere el conocimiento mediante la continua meditación, sorteando el vicio de aprehenderlo con un fin pragmático, o, al contrario, de rechazarlo sin profundizar en él. El efectismo romántico del cuadro es genial: del claroscuro emerge la luz - el conocimiento - capaz de imantar hasta a los seres no racionales.

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    1. A Jean-Léon Gêrome le dedicaron una exposición en el Thyssen hace no mucho y es un pintor muy curioso, su obra inspiró mucha de la imaginería del primer cine y este cuadro de Diógenes me gusta mucho, tiene una solemnidad y una sencillez muy cautivadora.

      No sé si el propio Diógenes habría estado de acuerdo con tu afirmación de que el conocimiento debe ser buscado "per se", sin un fin pragmático, no sé en definitiva si él hubiese estado interesado en el saber o más bien en el saber vivir, tampoco sé si de haberlo conocido en persona me hubiese impresionado o me habría suscitado la típica reacción farisea de rechazo burgués hacia tan desgreñado sujeto, quién sabe si hoy no nos topamos con ejemplares semejantes y nos pasan desapercibidos...

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  2. Bueno, retomo el blog desde donde lo dejé. Esta entrada la vi muy de pasada en su momento. Una magnífica colección de la que sólo conocía la obra de Ribera y la de Poussin.
    De Gerome no es de extrañar su olvido. Era un gran pintor, pero no renunció a la pintura academicista en el momento en que todos "tuvieron" que hacerlo...

    En cuanto a Diógenes, vete a saber qué hay de cierto, y con cuántas capas de edulcorante nos ha llegado hasta nuestros días. ¡Pintado por Dolci, más bien parece un San Francisco!

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    1. Yo de la colección me quedo con la obra de Bastien Lepage, me parece la más sencilla y sucinta, y al mismo tiempo la más expresiva.

      Sobre Diógenes, como tú dices, es muy difícil separar el grano de la paja de entre todas las anécdotas más o menos chuscas que se le han atribuido, yo me lo imagino un tipo de sabio más parecido a un santón Hindú o a un monje del desierto que a lo que los antiguos llamaban un filósofo, por eso quizás les llamó tanto la atención.

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  3. El artículo está muy bien diseñado y es sumamente ilustrativo sobre el personaje; en la colección presentada he echado de menos el cuadro de "Diógenes y la escudilla" de MORENO CARBONERO, de gran formato y que envió como obra de pensionado desde Roma.(Puede criticárseme la recalcitrante reivindicación de pintores malagueños, pero es que no puedo sustraerme a recordarlos).
    Un "Diógenes" de nuestros tiempos nos dejó esta perla literaria -que viene al hilo de lo que Ud.tan bien ha expresado-:
    "Lo que más me sorprende del hombre occidental es que pierden la salud para ganar dinero, después pierden el dinero para recuperar la salud. Y por pensar ansiosamente en el futuro, no disfrutan el presente, por lo que no viven ni el presente ni el futuro. Y viven como si no tuvieran que morir nunca, y mueren como si nunca hubieran vivido" -DALAY LAMA-
    Han pasado siglos y seguimos tropezando en la misma piedra...

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  4. Alguien sabe en que fuente literaria se inspira Jacob Jordaenspara pintar Diógenes con su linterna buscando un hombre honrado? Hay una frase anegdotica muy famosa describiendo la escena pero no se quien la escribe:
    "Apareció en pleno día por las calles de Atenas, con el candil de aceite en la mano, diciendo: “Busco un hombre, busco un hombre honrado que ni con el candil encendido puedo encontrarlo”. La gente lo seguía y él continuaba vociferando lo mismo, sin encontrarlo aun a plena luz del día y con el candil encendido. Diógenes iba apartando a los hombres que se cruzaban en su camino diciendo que solo tropezaba con escombros, pretendía encontrar al menos un hombre honesto sobre la faz de la tierra"

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    1. No me atrevería a asegurarlo sin tener el texto a mano, pero la fuente literaria en general para Diógenes el cínico es la vita que le dedicó Diógenes Laercio. Lo más probable es que la imagen del filósofo con el candil en la mano venga de algún pasaje de esta biografia

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