miércoles, 23 de julio de 2014

Gilles, Jean Antoine Watteau


Desde el centro del escenario, un payaso nos mira fijamente, no se podría decir que esté alegre, no es que esté triste, aunque la escena en general desprende tristeza, o más bien una sensación de incomodidad. El cómico mira al espectador sin disimulo, sin emoción, frontalmente, con una expresión relajada que puede ser pasividad, estupidez o ensoñación. 

Este tema del Pierrot, o del Gilles, como se conocía anteriormente a este personaje de la Commedia dell'Arte italiana es un motivo muy querido de Watteau, como se puede ver por la muchas veces que lo ha retomado en su pintura a lo largo de toda su carrera. Además, con frecuencia se complace en situar al personaje, como en esta obra, en el centro de la composición atrayendo la mirada con su traje blanco. 

Al margen de la fascinación del pintor por el mundo del teatro y por los cómicos italianos, en concreto ESTE personaje parece suscitar en Watteau una afinidad, una quizas identificación instintiva que ha hecho pensar a los críticos si la persona que nos mira en el Gilles no será el propio autor y el cuadro no sería un autorretrato encubierto. Podría ser pero no hace falta, uno puede identificarse con un arquetipo sin necesidad de retratar sus propios rasgos faciales travestido de cómico.

De todos modos, a pesar de la muchas veces que Watteau ha tratado el tema, el cuadro del Louvre sigue siendo raro, muy infrecuente, como se puede ver si se compara con las otras representaciones, donde Pierrot aparece integrado como uno más de los personajes de la escena, o bien en una pose teatral lógica, como en el cuadro de Washington. 

Este cuadro del Louvre ofrece una tipología del idiota (pienso en el título de Dostoievski) que nos lleva hasta la tipología cristológica del ecce homo, el varón inocente, expuesto a la crueldad del mundo, que, como dice la Biblia, es llevado sin una queja, como una oveja al matadero, blanco de la burla y solo, elevado en una tablado para la contemplación de la masa. 

Si nos fijamos Gilles está parado, pasmado, inocente, siendo el blanco de la burla de los personajes que pululan por debajo, ridículo y aún así consciente de que ése es su papel. El artista es esa marioneta que hace reir a los demás, que les hace olvidar sus malestares, es un vehículo, es como si detrás no hubiese más que vacío, el vacío del medium.

Watteau fue un artista más fracasado que triunfador: en su tiempo la consideración que el artista plástico merecía en la jerarquía de las artes no era mucha, si además uno pintaba escenas galantes y no pintura de alto aliento, como la pintura histórica era considerado apenas un decorador; si añadimos a esto el hecho de haber sido una persona descontentadiza de su obra, solitario, sin esposa, con graves apuros económicos durante buena parte de su vida, arruinado después en la bancarrota de John Law, y muerto prematuramente de tuberculosis, bien podemos comprender esta sensación de afinidad con el payaso, con la tristeza del payaso, cuyo trabajo es divertir a la gente aunque no tenga ningún motivo para la risa.

Quizás también usted, hipócrita lector, mi semejante, mi hermano, que lee cómodamente estas líneas se sabe en el fondo no tan diferente del pobre Gilles, sabe que le mira precisamente a usted, y a mi, porque el cuadro, como el escenario, es un espejo, el espejo de la vida, y Gilles soy yo, los ojos yertos con que me mira son los míos, su tristeza es la mía.




 Jean Antoine Watteau. Pierrot, antes llamado Gilles, 1718-19. Musée du Louvre, Paris.






  Jean Antoine Watteau. Comediantes italianos, c. 1720, Paul Getty Museum, Los Angeles.






  Jean Antoine Watteau. Comediantes italianos, 1720. National Gallery of Art, Washington.






 Jean Antoine Watteau. Pierrot contento, 1712. Museo Thyssen Bornemisza, Madrid.




4 comentarios:

  1. Si el ave fénix, tras sucumbir ante el rey Sol, fue capaz de resurgir de sus cenizas, seguro que tú emerges con renovados bríos de la mayor tempestad anímica que pueda embargarte.
    Estupenda simbiosis artística de alegría y tristeza, enmarcada en ambientes festivos, lo que, indirectamente, realza mi aseveración.

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    1. Si el ave fénix tiene un metabolismo tan resistente, yo por el momento estoy quemado y bien quemado, si renaceré o no de este socarramiento no lo sé, espero que con un poquito de descanso y de que me dejen en paz y pueda recomponer los pedazos y poco a poco iré volviendo a ser una personica.

      Este fin de curso está siendo de traca en el sentido más literal; así como en las mascletás los petardos más gordos se reservan para el final, nosotros estos días vamos de susto en susto.

      No sé para qué la gente se tira en parapente o hace descenso de ríos turbulentos o nada entre tiburones, con lo aburridísimo que es eso. Que se alisten en el servicio del Estado como funcionarios y verán dónde está la acción, pero no hace falta que se vayan a las Fuerzas Armadas, nuestra Conselleria de Educación proporciona a cualquier persona todas las emociones fuertes que necesite para descargar la adrenalina. El lema sería: VENTE A LA PÚBLICA: VERÁS QUÉ FUERTE!

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  2. José Miguel, necesitas vacaciones ya! La Conselleria de a Educacion siempre ha sido de emociones fuertes y ahora más aún. Dirigir un centro muy difícil y más ahora, y...y tantos "ys" que podría añadir.
    Toma fuerzas y aprovecha este mes de agosto. Un beso. Ana

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    1. Jeje, sí, en efecto necesito vacaciones YA, menos mal que ya están al alcance de la mano y mañana es el último día de oficina (que no de trabajo).
      Este año ha sido agotador, nos dieron un 3º de la ESO el 22 de julio y ahora (30 de julio) por fin nos han concedido el ciclo, parece que después de todo la lucha ha merecido la pena, pero el gasto de energía ha sido tremendo.
      Voy de momento a descansar en casita todo lo que pueda y cuando vuelva a ser yo mismo igual me hago una escapadita a Londres o a París, algo tranquilo y de poco planificar, pero para cambiar de aires.
      Gracias por los ánimos, Ana. Un beso y pásalo bien.

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