miércoles, 13 de agosto de 2014

VANITAS


Vanitas vanitatum et omnia vanitas.
                                     Eclesiastés, 1, 2.



 "Yo, Cohelet, he sido rey de Israel, en Jerusalén, y me propuse en el corazón hacer sabiamente investigaciones y pesquisas sobre todo cuanto hay bajo los cielos. Es una dura labor dada por Dios a los hijos de los hombres para que en ella se ocupen.
Miré todo cuanto se hace bajo el sol, y ví que todo era VANIDAD y apacentarse de viento. Lo tuerto no puede enderezarse, y lo falto no puede completarse.
Y dije para mí: " Heme aquí engrandecido y crecido en sabiduría, más que cuantos antes de mí fueron en Jerusalén, y hay en mi mente mucha ciencia y sabiduría".
Dí, pues, mi mente a conocer la sabiduría y a entender la locura y los desvaríos y ví que también esto es apacentarse de viento, porque donde hay mucha ciencia hay mucha molestia, y creciendo el saber crece también el dolor".


Así dice el libro del Eclesiastés (1, 12- 17) sobre la búsqueda del conocimiento profano, y lo condena como vanidad y apacentarse de viento. Pensando en ello, me ha gustado traer a estas páginas la obra de dos pintores holandeses de vanitas, un género que me obsesiona, que bien pudieron haberse inspirado en este fragmento bíblico, ya que, rigurosos protestantes como eran, probablemente compartían el punto de vista del autor sobre la inanidad del conocimiento profano y por eso han querido representar en sus obras, entre los objetos que simbolizan la vanidad, además de los típicos, como la calavera, los instrumentos de música que hacen alusión a los placeres de los sentidos, el reloj que muestra las horas (omnes feriunt, ultima necat), o el candil apagado como la frágil luz de nuestra vida en la tierra, esos instrumentos de vana sabiduría: los libros, como ilustración de esa empresa siempre condenada a la insatisfacción: la búsqueda del conocimiento.

A mí, que soy portador del virus del amor por los libros, un virus, contra lo que yo pensaba de joven, menos contagioso de lo que parece pero muy pernicioso para los que estamos infectados por él, ver estos cuadros me hace pensar en todas las historias que he encontrado entre sus páginas, en toda la belleza, el terror, el misterio, la ciencia, la estupidez también a veces, el descubrimiento de otros mundos, de otras vidas, el desciframiento de mi propia vida, que han significado para mí los libros.

 Pero además al mirar estas obras puedo recrear la textura de esos maravillosos libros antiguos, con su papel fuerte y de ese color marfil indefinido, su olor, el tacto del cuero viejo de las encuadernaciones, la belleza de las tipografías, y recuerdo los libros antiguos que he tenido el privilegio de tener entre mis manos, como reliquias, mientras imaginaba cuántas personas antes que yo los habrían visitado, habrían disfrutado o sufrido con lo escrito en sus líneas, cuánto resto de vidas ajenas había quedado adherido en la página. 

Disfrutad de las imágenes, de la belleza, de los libros, de su vana sabiduría mientras podáis, porque las horas, todas, hieren, y la última mata.




 Jan Davidsz de Heem (Utrecht 1606 - Amberes 1684) Naturaleza muerta con libros y violín, 1628. Mauritshuis, La Haya.





 Jan Davidsz de Heem (Utrecht 1606 - Amberes 1684) Naturaleza muerta con libros, 1628. Collection Frits Lugt, París.





Jan Davidsz de Heem (Utrecht 1606 - Amberes 1684) Vanitas, 1628. Musée des Beaux Arts de Caen.





Pieter Claesz (Steinfurt 1597- Haarlem 1661), Vanitas, 1630. Mauritshuis, La Haya.





9 comentarios:

  1. Excelente reflexión sobre excelentes pinturas. También a mí los libros me enseñaron a escuchar la voz humana. Posteriormente, la vida me explicó los libros. Vías complementarias para aprender a practicar lo que tú, acertadamente, definiste como "el arte de vivir", consistente en hacer de la vida una obra de arte. Mucho me costaría vivir en un mundo sin libros, pero hay que reconocer que la inmensidad de la realidad es inabarcable.
    El desorden libresco del segundo cuadro - mi preferido, quizá porque prescinde del toque macabro de la calavera y se centra en los verdaderos protagonistas: los libros- me ha hecho evocar a un personaje al que mucho le debemos, y poco se le recuerda: Zenodoto, el creador de la aplicación del orden alfabético - siguiendo el propio método utilizado para estudiar los viejos poemas de Homero, glosando las palabras antiguas difíciles de entender - para clasificar y catalogar el gran océano de papiros que, a la deriva, en el desorden polvoriento, navegaban en la Biblioteca de Alejandría.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Vivir sin libros yo al menos no podría. Recuerdo que una vez, cuando pinté la casa, el pintor que me hizo el trabajo me preguntó ¿tanto libro, para qué? No supe qué decirle porque pensé que si se había pasado toda su vida sin apenas leer, cómo demonios le iba yo a explicar a alguien así, para mí tan raro como un marciano, cuál es la utilidad de los libros. El amor no se explica, se siente.

      De los cuadros a mí también me gustan más los dos que no tienen calavera, pero no por lo tétrico (que eso me encanta) sino porque me parece muy original componer una vanitas sin los objetos típicos, sólo con libros, mostrando que eso al fin y al cabo también es vanidad, en lo que, a pesar de mi amor por los libros, concuerdo con los autores.

      No me acordaba yo de Zenódoto pero tuvo una excelente idea, simple como deben ser las grandes ideas y muy útil (de poderse viajar en el tiempo a un sitio que me gustaría ir es a esa extraña comunidad de sabios-eruditos que fue el Museo de Alejandría ¿te imaginas?)

      Eliminar
  2. Vaya, veo que no ha salido el comentario que te dejé el otro día...

    Bueno, no venía a decir nada que ya no hubiéramos comentado. El de las vanitas es un género que me fascina, por encima de cualquier otro tipo de bodegones. No sé si conoces el álbum donde voy añadiendo, como si se tratara de cromos coleccionables, las vanidades que poco a poco voy descubriendo y suelo comentar en el blog.

    En cuanto a los libros, ya hablamos en alguna ocasión de esa perniciosa amante. Los odio, como se odia a quien mucho se quiere y no nos corresponde.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A veces Google hace cosas raras...

      Me gusta mucho tu colección, creo que ya la había visto, pero has hecho nuevas incorporaciones, me gusta mucho el primer cuadro, el de David Bailly, por las pompas de jabón que flotan, no creo haberlas visto en otras vanitas, el último de Eduardo Alvarado es muy bello, muy sintético, muy limpio, pero el que más me gusta y voy a verlo siempre que puedo es el sueño del caballero, de Pereda, robaría ese cuadro sin remordimiento alguno, lástima que Eric el rojo ya esté jubilado...

      Los psicólogos hablan de relaciones tóxicas ¿será eso lo que tenemos con los libros?

      Eliminar
    2. Voy a rectificarte. En esta vanitas de Simon Renard de Saint-André podrás ver pompas de jabón. Luego, en las fotografías de Kevin Best hay muchas pompas. Y luego está, cómo no, el poema de Machado.

      Mis relaciones con los psicólogos también son tóxicas, por cierto, jeje.

      Eliminar
    3. Tienes razón, no me había fijado, aparte de que es muy bonito del de Saint-André. El poema de Machado es de las cosas que más me gustan de él, normalmente cuando sabe ser breve es excepcional.

      Lo de los psicólogos tiene delito, los que yo conozco por lo menos...

      Eliminar
  3. Excelente post, nada que añadir... Soy también una enamorada y apasionada de los libros y de las "vanitas" y con esta muestra he disfrutado y recordado cosas que tenía algo olvidadas... Gracias. (También, Enrique, tiene un excelente gusto, y suelo pasarme alguna vez).

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, por la parte que me toca ;)

      Eliminar
    2. Me alegro de que hayas disfrutados con dos de las cosas que te gustan reunidas en este post. La vanitas dentro del género del bodegón tiene un encanto especial, cómo el artista es capaz de expresar un mensaje desagradable como es el memento mori de una forma agradable y a la vez lo bastante impactante para que el mensaje llegue es algo que sólo los buenos llegan a conseguirlo.
      Y tienes razón, Enrique tiene muy buen gusto para estos temas del arte, su blog es un referente para mí.
      Un saludo, Clarisa

      Eliminar