viernes, 5 de septiembre de 2014

Eva Hild. Escultura

Eva Hild nace en Suecia en 1966 y estudia en la M. F. A. School of Design & Crafts de la Universidad de Gotemburgo. El grueso de su obra es rigurosamente contemporánea, comenzando en el 2000 hasta nuestros días. Trabaja diversos materiales, pero la mayor parte de sus esculturas están hechas de arcilla de gres; en este caso la elección del material no es fortuita, ya que gracias al material cerámico consigue esas superficies de una delgadez uniforme con esa cualidad translúcida tan interesante cuando son blancas, o que puede ser pintado con diferentes esmaltes, como en los últimos años en que aparecen mayor número de piezas negras de fuerte expresividad.

El trabajo del ceramista es lento, ya que primero trabaja la forma, creando los volúmenes, las curvaturas, las hendiduras, la circulación, el fluir de la estructura, unas estructuras que no tienen un punto de vista privilegiado, sino que animan al espectador a recorrerlas y apreciarlas desde distintos ángulos. A continuación, cuando la estructura ha secado por completo, llega el momento de lijarla para obtener esas superficies tersas que invitan a acariciar estas bellísimas osamentas. Finalmente las piezas cuecen en el horno a alta temperatura una primera vez y luego otra segunda vez para fijar el esmalte del color elegido. En este lento trabajo (cada pieza suele llevar entre dos y tres meses de trabajo como media) el artista tiene tiempo para  madurar su idea, para visualizarla, para compenetrarse con la forma elegida.

El resultado del meticuloso trabajo de Eva Hild son unas piezas monócromas de superficies suaves de aparente fragilidad, abstractas aunque no al rudo modo geométrico al que nos tienen acostumbrados ciertas vanguardias artísticas, sino que sus formas, sin pretender imitar al mundo natural, sin embargo recuerdan estructuras naturales, huesos, algas, estructuras celulares... 

Sus esculturas están penetradas de la dualidad exterior-interior, de la oposición lleno-vacío, exultan de tensión, tensión del propio material que parece próximo a colapsar, tensión de la forma que se arquea en meandros, se abre en perforaciones, se refleja en transparencias, mostrando a la vez que ocultando, invitando al tacto y a la mirada a recorrer la tersa superficie para aprehender la forma en su totalidad, evanescente y huidiza como un objeto vivo, y al mismo tiempo delicadamente quieto, como una osamenta prehistórica, blanca calcificación de algún ser desconocido.










































































Casualmente mientras preparaba esta entrada estaba oyendo unas piezas de Toru Takemitsu y creo que contemplar estas  maravillosas esculturas acompañado de las sonoridades puras de este maestro japonés  contemporáneo es un verdadero deleite, espero que lo disfruten.
Toru Takemitsu. RAIN SPELL, para flauta, clarinete, arpa, piano y vibráfono. (Interpr. Toronto New Music Ensemble)


5 comentarios:

  1. Muy bonitas esculturas, muy livianas y de formas sugerentes.

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    1. Eso es lo que me gustó de ellas cuando las vi, esa sensación de liviandad, de algo que no pesa, que es justo lo contrario de lo que suele darse en la escultura. Gracias por comentar, un saludo.

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  2. Te ha quedado una entrada redonda, donde el texto comprende la obra y la sabe transmitir. La música le da un ambiente muy apropiado.

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    1. Me gustó mucho y me sorprendióla obra de esta artista y creo que algo de eso se transmite y como estos días estoy oyendo mucho a Takemitsu me pareció que pegaba bien lo uno y lo otro jeje.

      Dichoso de verte de nuevo por estos lugares. Un abrazo, Enrique.

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    2. Es que he tenido un final de verano y un principio de curso muy agobiado. Procuro desliarme poco a poco... Espero que tengas un buen principio de curso ;)

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