lunes, 20 de octubre de 2014

¿La ruina es bella?


A todos los que hoy en día visitan Pompeya, el Coliseo o el Foro romano o cualquier otro recinto arqueológico les parece normal pensar que las ruinas siempre hayan ejercido su fascinación sobre los seres humanos. Y sin embargo nada más falso, los antiguos (como la generación de nuestros padres por cierto) no sentían el menor cariño por los edificios rotos, de hecho detestaban lo viejo, o lo antiguo, y se sentían fascinados por todo lo moderno, así ha sido siempre desde que el mundo es mundo.

Muestras de esta natural repulsión por lo caduco las encontramos en todas partes: Los antiguos romanos, por ejemplo, una vez que se convirtieron al cristianismo, dejaron abandonados los antiguos templos y no sólo no los frecuentaban por viejos e inservibles, sino porque estaban convencidos de que estos estaban habitados por demonios, por lo que sólo unos valientes deportistas de la fe, los monjes, se entrenaban en luchar contra el maligno habitando en ellos. Otro ejemplo mucho más reciente en nuestro país, el del rico burgués que compraba un monasterio en la Desamortización y, o bien reventaba las bóvedas góticas con cartuchos de dinamita, o las utilizaba como establos para guardar los ganados o los aperos agrícolas.

¿Cuándo y por qué surge esa moda de encontrar bellas las ruinas? Una razón es meramente técnica. Roma fue hasta el siglo XIX el centro de formación artística mundial, allí acudía, becado o por sus propios medios, todo el que quería ser artista a pasar una temporada, si no habías estado en Roma no eras nadie. Una vez allí uno de los pasatiempos favoritos de estos becarios de artista era pintar, dibujar, grabar y reproducir de todas las maneras posibles las impresionantes ruinas que llenan toda la ciudad (ruinas en las que los lugareños sólo habían reparado como canteras fácilmente disponibles). 

Con el tiempo este fervor artístico tendrá sus consecuencias: atraer al turismo, los primeros turistas nacen en el siglo XVIII al calor de los grabados de Piranesi o de las excavaciones de Winckelmann en Nápoles, ya no vienen a Roma como peregrinos, sino a ver los restos de la Antigüedad. La antigua Roma está de moda, poco después, en el XIX, Hölderlin con sus poemas y lord Byron liberando a Grecia de los turcos incorporan también a la Hélade al Grand Tour. De ahí a Benidorm y a los cruceros masivos sólo hay unos pocos pasos.

Los británicos no tenían monumentos clásicos, pero sí mohosos restos de las abadías confiscadas por Enrique VIII que salpicaban la campiña con sus estilizadas siluetas y, en un momento en que la pintura de paisaje estaba en su esplendor, y en el que el mundo rural estaba viviendo sus últimos días antes de sucumbir al embate de la Revolución Industrial, se dieron a la tarea de pintar esas bellas ruinas antes de que se desmoronaran del todo. 

Después el Romanticismo, con su mirada retrógrada y nostálgica de un pasado medieval en el que pretende reencontrar las auténticas raíces de ese nuevo decubrimiento del siglo, la Nacionalidad, también hará sus propios vagabundeos por las ruinas de castillos y conventos, ahora encontrados de repente evocadores, pintorescos, legendarios.

Lo cierto de todo esto es que, si bien la arqueología como disciplina científica merece todo nuestro respeto en su intento de construir un saber a partir de los vestigios materiales del pasado, el gusto popular por las ruinas es puro esnobismo, una cursilería y un reflejo kitsch del que nosotros, los modernos hijos de una civilización hipertecnológica, deberíamos más que nadie abjurar y abominar. 

Como decía José Luis de Vilallonga, la nostalgia es un error, aquello de que "cualquiera tiempo pasado fue mejor" es una bobada más de la quincallería literaria que hemos heredado, un chascarrillo, nada más. Vete pues a IKEA, tira los muebles viejos y no mires atrás, porque el día que ha pasado es día amortizado y sólo tienes el HOY.






Nicolas Poussin (Les Andelys, Francia 1594 - Roma, Italia 1665)
En esta obra de madurez titulada San Juan en Patmos constatamos la preferencia de Poussin por un paisaje "amueblado" con antigüedades, en este caso bellamente sembrado de ruinas. ¿Un símbolo de la decadencia de la antigüedad pagana frente a la Buena Nueva cristiana que San Juan está a punto de proclamar?




Giovanni Battista Piranesi (Mogliano Veneto, Italia 1720 - Roma, Italia 1778)
Los extraordinarios grabados de Piranesi y su amplísima difusión por Europa, junto con la pujante moda de la arqueología, recién inventada por Winckelmann, contribuyeron en grandísima medida a la popularidad de las ruinas clásicas en el imaginario occidental.




Giovanni Battista Piranesi (Mogliano Veneto, Italia 1720 - Roma, Italia 1778)





Giovanni Battista Piranesi (Mogliano Veneto, Italia 1720 - Roma, Italia 1778)
Piranesi no se contentaba con reproducir las ruinas romanas en su estado actual, sino que impulsó la moda de la fantasía arquitectónica con grabados tan impresionantes como éste en que vemos una fantasiosa reconstrucción de la via Apia.




Hubert Robert (París, Francia 1733 - ibid. 1808)
Robert vivió largo tiempo en Italia y se convirtió en un pintor muy respetado tanto por el público, al que llegaba también a través de sus muchos grabados en la estela de Piranesi, como por sus compañeros de profesión y, cosa rara, a pesar de ser un monárquico convencido, consiguió sobrevivir a la revolución francesa sin mengua de su popularidad. Robert se toma grandes libertades y "compone" paisajes con ruinas un poco ad libitum, es decir, no reproduce en general un modelo concreto sino que mezcla monumentos varios y crea sus propias escenografías o parques temáticos arqueológicos. Es curioso que fuese en el momento en que el Antiguo Régimen estaba a punto de desplomarse cuando se imponga la moda de la pintura de ruinas ¿Una premonición de lo que se avecinaba?




Hubert Robert (París, Francia 1733 - ibid. 1808)





Hubert Robert (París, Francia 1733 - ibid. 1808)





Hubert Robert (París, Francia 1733 - ibid. 1808)





Hubert Robert (París, Francia 1733 - ibid. 1808)





Joseph Mallord William Turner (Londres, UK 1775 - ibid. 1851)
Turner es un paisajista preocupado sobre todo por la luz, sus cuadros de temática de ruinas son incidentales y más bien vinculados a sus viajes a Italia. Esta Vista del Foro Romano en particular me hace pensar en el momento que Gibbon, según confiesa en sus memorias, se decidió a escribir su Decadencia y caída del Imperio Romano, cuando estando en el Capitolio oyó rezar a unos monjes franciscanos y, en medio de aquellos ilustres monumentos del glorioso pasado, pensó que debía reconstruir el proceso por el que un imperio tan grande se había llegado a tamaña ruina.




John Constable (East Bergholt, UK 1776 - Londres, UK 1837)
Constable también hará sus pinitos en este género aunque, como puede comprobarse por esta obra, Hadleigh Castle, usa la ruina meramente como un hito en el paisaje para conducir la vista hacia la profundidad del valle o para enmarcar mejor los efectos lumínicos del cielo nublado.




Joseph Michael Gandy (Londres, UK 1771 - Devon, UK 1843)
Gandy trabajará como protegido del gran arquitecto inglés Sir John Soane, en cuya casa museo está esta maravillosa acuarela. En ella representa, de modo muy original, el edificio, que Soane estaba construyendo por aquel entonces, del Banco de Inglaterra, visto como sería dentro de miles de años, cuando fuese una ruina comparable a las Termas de Caracalla, en una especie de profecía gráfica  contemplando, antes de acabar de construirse, la gran ruina que será algún día. Curioso ¿no?




David Roberts (Stockbridge, UK 1796 - Londres, UK 1864)
El escocés Roberts, aparte del género de abadías inglesas en la floresta, será muy conocido y recordado por sus bellísimas acuarelas de los grandes monumentos egipcios, otras ruinas exóticas y grandiosas para el público de su época que comenzaba a interesarse por la egiptología.




Guillaume Victor van der Hecht (pintor belga 1817 - 1891)
Ruinas de Kenilworth Castle




William Henry James Boot (Manchester, UK 1848 - Londres, UK 1918)





Arnold Böcklin (Basilea, Suiza 1827 - Fiesole, Italia 1901)
El suizo Böcklin pone de moda el paisaje "pintoresco" o enigmático, con misteriosas ruinas, ya no de raigambre clásica, sino en parajes nórdicos y góticos. Es curioso que tuviese tanta popularidad en su época, prácticamente le quitaban los cuadros de las manos, a mí hoy día me parece un tanto tópico y sobreactuado, su arte es, en el mal sentido de la palabra, ficción.




Arnold Böcklin (Basilea, Suiza 1827 - Fiesole, Italia 1901)





Caspar David Friedrich (Greifswald, Alemania 1779 - Dresde, Alemania 1840)
Friedrich es un místico con una religiosidad de raíz panteísta, me recuerda mucho a Hölderlin o a Novalis, con una conexión genuina con la Naturaleza, reflejada no tanto, como en Constable, a través de la plasmación en el cuadro de los efectos de luz o del paisaje realmente observado, sino que se sirve del paisaje como medio para expresar una dimensión espiritual o anímica. Sus ruinas son de una tristeza infinita y al mismo tiempo transmiten una gran paz y armonía, son un canto que entona el sic transit Gloria Mundi, al tiempo que proclama el inevitable cambio de Heráclito, el eterno retorno en el seno de la madre Naturaleza.




Caspar David Friedrich (Greifswald, Alemania 1779 - Dresde, Alemania 1840)





Caspar David Friedrich (Greifswald, Alemania 1779 - Dresde, Alemania 1840)





Jules Coignet (Paris, Francia 1798 - ibid. 1860)
Palazzo Madama, Nápoles




Christen Schiellerup Kobke (Copenhague, Dinamarca 1810 - ibid. 1848)
Vista del Vesubio desde Pompeya




Adolf Hitler (Braunau am Inn, Austria 1889 - Berlin, Alemania 1945)
Bertolt Brecht llamaba a Hitler "el pintor de brocha gorda", a la vista de esta fea acuarela de aficionado podemos estar totalmente de acuerdo con este apelativo. De hecho se me ocurrió la redacción de esta entrada a la vista de esta acuarela. Hay algo perverso y terriblemente perturbador, es como una malvada profecía, que el hombre que iba a convertir Europa entera en un montón de ruinas se entretuviese pintando estos paisajes kitsch de ruinas góticas en los tiempos en que aún aspiraba a ser un artista.



18 comentarios:

  1. Las ruinas me resultan muy emocionantes, lástima que no estén bien conservadas. Caminar por lo que queda de un castillo con 8 o 9 siglos de antigüedad, imaginándote las muchas personas que habrán pisado ese mismo sitio y como estarían vestidas y como hablarían y que problemas tendrían. Excelente tu publicación, José Miguel.

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    1. Hay que reconocer que es emocionante caminar por un castillo que fue edificado en tiempos de las cruzadas o de la reconquista e imaginar cómo sería la vida allí, o recorrer las calles de Pompeya y pensar en qué tipo de existencia sería la de sus habitantes. Te advierto que yo estudié lenguas clásicas, o sea, que todas estas cosas me encantan, y sin embargo pienso si no habremos convertido esos monumentos en un fetiche que nos permite un ejercicio de nostalgia que sería un gran error. No creo que los romanos o nuestros antepasados medievales vivieran ni por asomo mejor que nosotros, tampco es que crea que vivieran peor, fue su tiempo y ya está, pero creo que deberíamos guardarnos de caer en una cierta beatería en estos asuntos.
      Muchas gracias por tu comentario, Gregorio. Un saludo

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  2. Hombre, el caso es que todo lo que se refiere a la importancia del pasado, al preservar las obras de arte y la restauración es relativamente moderno, hasta hace pocos años nadie se paraba a pensar en ello por lo que no es de extrañar que las ruinas no fueran más que eso. Ahora hemos aprendido que son ilustraciones vivas de la historia y eso es emocionante si te enseñan a verlo.
    Por otro lado, está lo que siente el público de a pie. Mis tíos eran de Mérida y allí había ruinas y excavaciones por todas partes, cuando alguien hacía reforma en casa se ponían a temblar pensando que a lo mejor aparecían restos y les paraban las obras, hay mucho más por descubrir en casas de particulares de lo que nos podemos imaginar, de personas que han dicho uyuyuyuy, que me dejan el comedor con un boquete y han tirado de mortero y adios Roma.
    Un post completísimo y muy bien ilustrado y documentado.
    Un abrazo

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    1. A eso me refería, a que el afán por conservar el patrimonio del pasado (como por otra parte pasa con el patrimonio natural) es muy reciente, antes no existía, y, si lo miras detenidamente, no sé si ese cuidado por lo ya muerto es un síntoma de salud, de que somos más civilizados, o de decrepitud, de que hemos llegado a una especie de "Fin de los tiempos".
      De todos modos curiosamente nos gustan cierto tipo de ruinas, pero no ciertas otras, nos maravillamos ante unos restos romanos, o árabes o románicos, pero ante las ruinas de Chernobil o las de Detroit pasaríamos la pala mecánica y reedificaríamos sin el menor escrúpulo. No sé si no estamos cayendo en una cierta mitificación del pasado o queremos cuidarlo ahora que precisamente ya hemos arrasado con casi todo. Estoy un poco escéptico respecto de este tema.
      Muchas gracias por el comentario, Juanan. Un saludo

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  3. No sé lo que verán los turistas, que no los viajeros y o humanistas. Pero recorrer Kerameikos en Atenas, el Foro en Roma, la Villa de los Papiros en Herculano... uff
    Repitieron varios días seguidos, a distintas horas, en TVE, un excelente reportaje sobre el declive de Detroit. Impresionante, pude verlo un par de veces, al menos.
    Duro es leer la denuncia de historiadores y arqueólogos sobre los camiones que entraban antes que los soldados en la capital del Creciente Fértil, aprovechando la última guerra, prácticamente vaciando su Museo Arqueológico.
    Como decía un profesor que tuve, al que admiro mucho, sí, los romanos esto y lo otro, pero cuando tú vas de una punta a otra del antiguo Imperio romano, de ciudad en ciudad, no importa dónde, hallarás una biblioteca (y un teatro, y una basílica de Justicia, y...)
    Un abrazo, José Miguel.

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    1. Muy cierto eso de que en cualquier ciudad del imperio romano hay una biblioteca, un teatro, un tribunal de justicia, ellos son la primera civilización en el sentido cabal que hoy le damos a esa palabra y dejaron unos restos por todo el Mediterráneo que nunca se han igualado, pero ¿ves? a eso me refiero cuando hablo de si no estaremos cayendo en una veneración excesiva y, a través del culto que les rendimos a ellos, los primeros civilizados, en el fondo nos estamos adorando a nosotros mismos, los civilizados finales, ¿no sería eso incurrir en una especie de adoración del becerro de oro?
      Un fuerte abrazo, Esther.

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  4. Muy interesante. Luego miro con más detenimiento las pinturas, que no sé mucho del tema y me parecieron hermosas.

    En cuanto a la cuestión. Las ruinas me parece que son una forma más de lo exótico. Nos atraen las maravillas naturales, imaginar civilizaciones espaciales, ¿por qué no fascinación por el pasado?

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    1. ¿Y la búsqueda de lo exótico no podría ser un indicio de cansancio? ¿de un paladar hastiado de lo que tiene al alcance? y por eso necesitamos nuevos estímulos, sea el pasado remoto, sea el espacio sideral, sean los lejanos espacios naturales (los pocos que van quedando, por ello tanto más estimados, porque estarían a punto de agotarse) ¿No indicaría eso una civilización que está en las últimas, dando las boqueadas por así decirlo?

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    2. Yo creo que en parte sí, hay hastío, pero también creo que lo pasado, entre otras cosas, nos da curiosidad y que una ruina excita la imaginación como pocas cosas. Ya que lo mencionaste arriba, incluso Chernobyl y Pripyat ofrecen paseos por las ruinas y eso que no hacen tres décadas del desastre.

      Ahora, también hablabas de la nostalgia y ahí sí, por más que me encante la antigua Grecia, no quisiera vivir allí.

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    3. La lástima es que no inventen de una vez la máquina para viajar en el tiempo, pero en versión como la de Star Trek, que te desmaterialices y te recompongas en la Grecia clásica, te das unas vueltas y cuando te canses de estar por allí te vuelves y así no tendríamos que quedarnos a vivir que no apetece.

      Lo que me dejas de piedra con lo de Chernobyl, pasearse por esas calles, aparte de siniestro es para hacer oposiciones para pillar un cáncer, volver a casa con las pilas cargaditas de radiación.

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    4. Sip, se hacen paseos guiados, contador geiger para la radiación mediante. Según se dice no hay mayores riesgos para la salud, si no se permanece mucho tiempo, se evitan los lugares más contaminados y no se toca nada.

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    5. Es curiosísima esa tendencia del turismo por buscar la "experiencia" cada vez de modos más raros o en lugares más infrecuentes o practicando actividades cada vez más rebuscadas, el exotismo es una línea que cada vez se desplaza un poco más allá.

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  5. Bueno, bueno, tanto como a IKEA..jajaj Me encanta el arte, contemplar obras realizadas magistralmente por otros que ya no están..incluso por los que están, pero he de decir que el hecho de saber que no habrá más vino de una cosecha parece encarecer y dar valor extra a la botella (es única)..Es verdad que las ruinas se envuelven de un halo de fantástico romanticismo, eso las adorna en su adorable decrepitud..No creo que amarlas sea un error ni una falsa, creo que volver la vista atrás es observar un paso en el camino para construir el siguiente, entre otras cosas..El patrimonio cultural es como la huella de un dinosaurio, tiene valor porque pertenece a seres lejanos en el tiempo que nunca volverán. Unas ruinas cercanas en el tiempo nunca pueden ser admiradas con el mismo entusiasmo porque sabemos no son únicas ni insustituibles..Gran post, José Miguel..!!

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    1. Es curioso, pero si te fijas las obras maestras de la literatura por ejemplo son también ruinas, las ruinas que sobreviven de lo que era la industria editorial de su momento, si hoy podemos leer la Iliada o el Edipo rey o las Catilinarias es porque unos pocos ejempleres ruinosos sobrevivieron en el interior de alguna mohosa biblioteca monástica durante la edad media y han llegado hasta nosotros en medio de un océano de destrucción.
      Todo tiene su valor y el testimonio cultural del pasado debe ser preservado, pero a veces noto síntomas de que vivimos en una civilización agotada, que mira hacia atrás porque le da miedo mirar hacia adelante. Nuestros padres o nuestros abuelos creían en el mito del progreso, hoy ese mito como todas las religiones ha colapsado y estamos cayendo cada vez más en lo de "cualquiera tiempo pasado fue mejor" y eso además de falso es peligrosísimo.
      Gracias por tu comentario, un abrazo!

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  6. Magníficos cuadros, y excelentes reflexiones germinadas de la huella del pasado, el gran maestro que explica y justifica nuestro presente.
    Comentamos los siglos que preceden o siguen al nuestro como si nos fueran totalmente ajenos; en cambio, la pervivencia del arte siempre será testimonio de la humana necesidad de crear Belleza, así como manos que todavía no existen acariciarán esas columnas, merecedoras del derecho al imperecedero recuerdo de la posteridad.

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    1. Sobre lo de que manos que aún no existen acariciarán esas columnas, más que la actual veneración por las ruinas, me gusta la convivencia natural que se producía en otro tiempo en sitios como Roma, donde el murso de carga de tu casa era el paredón de hormigón de unas antiguas termas o las columnas de la iglesia habían sido sacadas de templos varios de la zona, la misma convivencia que hoy ves en zonas rurales de Turquía donde el pastor guarda a sus cabras en un refugio que no es otra cosa que una antigua iglesia bizantina rupestre y curiosamente el hollín de las fogatas del pastor ha preservado maravillosamente los frescos.

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  7. Bueno, la otra noche me detuve aquí (a la vista del jugo que daba esta entrada). Algunos apuntes:

    - Considerar esnobismo nuestra fascinación por las ruinas (que no por el pasado, que eso siempre ha existido), ¿no nos sitúa en una posición post-esnobista? Declaraciones como la de Vilallonga, ¿no nos encierra en una corriente de moda filosófica que, a falta de un patrón histórico, de un "diseño", aboga por el sarcasmo?

    - Tu postura, ¿no está contagiada, de la misma forma, por el esnobismo? Porque mucho me temo que eres un fascinado por la ruina (aunque defiendas que a tu pesar) y achaca los problemas de "salud endémica" del ser humano a esta tendencia de reproche, tan esnobista a mi juicio como la contraria. De hecho, Rimbaud podría ser el mayor esnob cuando escribía aquello de "Hay que ser moderno".

    - Porque, a mi juicio, esa postura extrema es la que confunde a los diletantes: confundir Roma con Benidorm.

    Fantástica entrada, con mi comentario no he cubierto ni el 5% de todo lo que de aquí podría extraerse. Fenomenal selección de obras (menos la última, claro, jeje). De Piranesi, en cualquier caso, me quedo con sus carceri d'invenzione. Por cierto, ¿has visto la película El vientre del arquitecto? Si no es así, creo que te gustará.

    Saludos ;)

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    1. Touché! jejeje, tienes razón, probablemente mi argumentación, tal y como está planteada, cae en el mismo esnobismo que pretende criticar sólo que se sale por el otro extremo. Vamos por partes: la frase de Vilallonga probablemente, dada la superficialidad de su pensamiento, no pretendía más que ser un "bon mot" pero sí creo que a veces nuestra visión del pasado carga los tiempos antiguos con una admiración y les confiere así una especie de glamour que no tendrían si pudiéramos ver aquellos tiempos con más objetividad, desde lugeo el pasado puede que no sea peor, pero en caulquier caso no es mejor que lo actual.

      En cuanto a las ruinas, reconozco que sí soy un admirador de las ruinas, creo que independientemente de si son más o menos bonitas nos proporcionan datos sobre cómo eran y cómo vivían nuestros antepasados y eso las hace muy interesantes, aunque en eso me temo que todas las ruinas pueden serlo y en esto tan interesantes pueden ser las ruinas de Roma como, dentro del número adecuado de siglos, las de Benidorm, porque ambas darán testimonio de cóm eran los hombres que allí vivían.

      Sí creo de todos modos que hemos convertido la antiguëdad y sus restos en un parque temático más para promocionar el turismo de ciertas zonas, no puedo evitar tener sentimientos contradictorios cuando veo desembarcar manadas de turistas en Pompeya, esas nuevas hordas contemporáneas que son tan bárbaras como las antiguas, probablemente es el resto que me queda de esnob o de mi educación elitista, no lo sé.

      Un saludo ;-)

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