jueves, 2 de octubre de 2014

Una Edad de Oro III: Maurice Quentin de La Tour


Maurice Quentin de La Tour (Saint Quentin 1704 - ibid. 1788) se nos muestra en su biografía como un típico hijo de su siglo, llegado a los quince años a París se emplea como aprendiz de un grabador y pronto viaja a Londres donde admirará los retratos de Van Dyck. Su introducción en la técnica del pastel vendrá sin duda inducida por la estancia en París (1720-21) de Rosalba Carriera a la que conoce personalmente y que va a ser una influencia fundamental para el joven artista. El éxito de la Carriera seguramente induce a La Tour a probar suerte en esta nueva técnica tan de moda y pronto descubrirá que su facultades son muy a propósito para ella, de tal manera que desde entonces se va a dedicar en exclusiva al pastel, hasta el punto de que sólo se conservan sus pasteles, desconocemos si trabajó otras técnicas artísticas.

En una élite tan pequeña el espaldarazo definitivo le vendrá a raíz de pintar en 1735 el retrato del otro hombre a la moda, Voltaire; a partir de entonces hasta su muerte recibirá numerosísimos encargos y conseguirá vivir como un caballero. Preocupado por la formación de nuevos artistas funda una escuela de dibujo en su pueblo natal y beca los viajes de los jóvenes pintores. Sus últimos años los vive recluido en casa, aquejado de una demencia senil o de Alzheimer.

Se dice que La Tour era más bien lento en concluir sus trabajos, lo que, unido a la cantidad de encargos, lo tenía siempre ocupadísimo. Sin duda era un artista concienzudo y además su clientela apreciaba ese tipo de acabado en que el pintor trabaja la calidad de una seda, la filigrana de un bordado o el brillo de una armadura, muchos de esos retratos acabados con tanto trabajo y precisión pueden verse hoy en museos europeos o en colecciones privadas. 

Sin embargo a mí me gustan mucho más estos bocetos preparatorios donde el artista sólo se esfuerza en captar ese algo característico del retratado, el gesto, la mirada, eso que, más allá de la pura definición de los rasgos físicos, nos identifica y nos hace decir "así es, ese soy yo". En esto La Tour es el mejor, no tiene parangón, es como si estableciese una corriente de complicidad con su retratado, de tal manera que el modelo, más que estar posando parece asomarse por el quicio de una puerta como para espiar o saludarnos desde el otro lado del papel.

Me encanta mirar estos rostros, risueños, felices, llenos de autoconfianza, es como echar un vistazo dentro de los salones de una "beautiful people" en sus tiempos de mayor esplendor y despreocupación, el reinado de aquel bon vivant que fue Luis XV. Una multitud de personajes desde el rey, hasta sus amantes,  nobles, filósofos, artistas, burgueses, ilustres y famosillos, nobles y parvenues, todos sonríen afables y contemplan ante sí la perspectiva de un lisonjero futuro. ¿Cuántos de ellos acabarían bajo la guillotina? ¿Cuántos arruinados o con las vidas trastornadas tras el fatídico 1789?

Confieso que estos rostros, conocidos unos, anónimos los más, me recuerdan otros rostros mucho más antiguos, los que los romanos que vivían en Egipto pintaban sobre tablillas para poner en los sudarios, los rostros de El Fayum. Como ellos parecen mirarnos desde la sombra para decirnos: "vive, vive tú que puedes, vive mientras puedas, que yo más quisiera ser el más pobre de los vivos que ven la dulce luz del sol, antes que ser el rey de los muertos".







Marie Fel, esposa del pintor, 1757.

Madame Favart

Magistrado Jacques Laura Cooper Breteuil

Jean Le Rond d'Alembert, 1753.

Mademoiselle Camargo

Madame Pompadour

Madame Rougeau

Hijo de Jean Paris de Montmartel

Estudio para el retrato de Voltaire

Autorretrato

Autorretrato.

Estudio de retrato para un desconocido

Jean Le Rond d'Alembert

Autorretrato

Mademoiselle Dangeville

Estudio de retrato para una desconocida

Luis, Delfín de Francia, 1762.

Mademoiselle Chacrylique sur Toileagner de la Grange

Luis XV

Estudio para retrato de un desconocido

Mademoiselle Pavigne

Estudio para retrato de una desconocida

Estudio para retrato de una desconocida

 Estudio para retrato de un desconocido

Jean Paris de Montmartel




6 comentarios:

  1. Excelente habilidad tanto para captar la simpatía del modelo, mediante el gesto risueño y la viveza de la mirada - la de Mademoiselle Chacrylique me parece admirable - como la apacible seriedad de los dos últimos retratados. La perfecta captación de la luz confiere a los retratos un admirable halo misterioso.

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    1. El dibujo, con lo que tiene de espontáneo, de transcribir rápidamente al papel lo que surge de una sesión de posado con el modelo al natural, consigue trasmitir muy bien, como la instantánea fotográfica, la inmediatez y la cercanía a la persona retratada. Estas cualidades que el dibujo sabe conservar sin embargo suelen perder su frescura al componer el retrato definitivo, más formal y compuesto, razón por la que me gustan tanto estos dibujos preparatorios, porque parece quedar en ellos un eco del momento concreto en que se realizaron, de la conversación entre artista y modelo, de la simpatía mutua que pudo surgir durante ese lapso de tiempo, son trozos de vida capturados para la eternidad

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  2. El pastel es una técnica a veces poco valorada pero, en estas magníficas obras, queda demostrada las enormes posibilidades expresivas que ofrece. Eso sí, en manos de un auténtico maestro, como el que tu nos redescubres. Excelente entrada. Felicidades y muchas gracias

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    1. Tienes razón, creo que salvo esta breve moda del siglo XVIII sólo se ha usado después por algunos impresionistas y ya está. Es una pena porque dentro de su limitada gama son capaces de dar lugar a obras tan maravillosas como las de estos tres autores que he ido mostrando en esta serie. Justamente por eso quería reivindicarla, por eso y porque el dibujo me apasiona como ya sabes.

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  3. El único que conocía de la "trilogía", aunque no había profundizado mucho en su obra más allá del conocido retrato de Rousseau o los de Luis XV (creo que vi algunos en el Louvre, pero no recuerdo exactamente cuáles).

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    1. En el Louvre hay unos cuantos y seguro que en museos varios parisinos otros más, La Tour ha sido muy popular por muy buenas razones, si yo hubiese vivido en aquella época nada me hubiese gustado más que ser retratado por este señor que siempre parece sacarte, además de guapo, con chispa y buen humor, así es como me hubiese gustado pasar a la posteridad, como uno de esos retratos sonrientes y de peluca empolvada y casaca de seda, pero me tengo que aguantar porque me ha tocado nacer en el feo siglo XX y ya no se hacen retratos como aquellos.

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