miércoles, 5 de noviembre de 2014

ΓΝΩΘΙ ΣΕΑΥΤΟΝ


CONÓCETE A TI MISMO. Esta sentencia según se dice estaba escrita en el templo de Apolo en Delfos para mostrar el camino que conduce al verdadero conocimiento, aquél que no es mera erudición, sino preparación para la vida, reserva inagotable de la que nutrir la propia personalidad.

Esta frase va a ser la guía de un proyecto pedagógico radical, la enseñanza de Sócrates. Frente a los vendedores de eficiencia, los sofistas, tecnócratas que prometen conocimientos útiles y "empleabilidad", frente a los científicos y su "conocimiento por el conocimento", frente a los piadosos y sus libros sagrados, Sócrates quiere enseñar al alumno a ser persona, y para ello tiene que hacer que el discípulo vaya sacando de sí lo que lleva dentro y, en palabras de Píndaro, "llegue a convertirse en el que es". Para este propósito, en lugar de clases magistrales, conferencias o programaciones, sólo necesita el diálogo, hablar y escuchar, e ir quitando, quitando todo aquello que no es genuino, los prejuicios de la tribu, las presunciones, las falsas creencias, los postureos, las vanidades de la inteligencia.

Mediante el diálogo ir rectificando, ir mostrando la diferencia entre lo recto y lo torcido, entre el bien y el mal, pero no de un modo doctrinario, no "tu" verdad, sino la verdad, ven conmigo a buscarla, que decía Machado. Ir dejando que el alumno hable y escucharle, no como un modo de tenderle trampas para que se líe en su propio discurso y luego ir a pillarle, no tampoco como el diván del doctor Freud para que reviva su traumas de infancia, sino tomándose en serio radicalmente al ser humano que tiene enfrente y por eso escucharle, sí, pero también por eso justamente plantearle objeciones cuando se aparta de lo justo, de lo verdadero, cuando yerra, pero dejando a la vez que camine a su paso hacia el descubrimiento de las verdades sin llevarlo por atajos, sin imponerle soluciones, sino ayudándole a que construya su propio saber. Como la partera ayuda a la madre a dar a luz, así el maestro.

Nosotros los de hoy, que damos clases sometidos al programa, programa, programa, nosotros que dividimos el saber en parcelas llamadas asignaturas, nosotros que nos subimos a la tarima y aleccionamos a los alumnos de treinta en treinta, ¡Qué lejos seguimos estando de la verdadera educación! y cómo cada vez educar parece más y más difícil. Qué poco hemos aprendido de Sócrates. Cuanto más lo admiramos tanto más nos alejamos de su enseñanza hasta convertirlo en un personaje "histórico", en una figura de mármol, nosotros entre todos hemos matado, seguimos matando, a Sócrates.


A Caridad García.



Pietro della Vecchia (1603 -1678), Sócrates y dos alumnos. Museo Nacional del Prado, Madrid.





4 comentarios:

  1. Amena, y tristemente cierta, reflexión sobre la docencia del "avanzado" siglo XXI. Como les he dicho hoy a los de 3ºD - "El infierno" real, no literario - nuestro trabajo consiste, primero, en enseñarles a "ser personas", y después, en adoctrinar.
    Rememorando el paisaje de mi vida, me da la impresión de estar desempeñando ahora un trabajo que en poco tiene que ver con aquel para el que oposité, pues son muchas las ocasiones en las que, por iniciativa propia, relego el curriculo, ya que no me parece ninguna pérdida de tiempo intentar que los adolescentes, abandonado su zona de confort, sean capaces de apreciar valores como el desprestigiado esfuerzo al conseguir un objetivo, pero también su otra cara: la frustración. En consecuencia, que aprendan a convivir con el fracaso y otras emociones negativas, dado que coexisten con la felicidad y la recompensa. Ojalá seamos capaces de trasmitirles el ánimo suficiente para atreverse a ser felices, y así, a generar recuerdos de esos que vale la pena acumular.

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    1. Aquello para lo que opositamos ¿ubi est? no se sabe. Alguien nos lo quitó de debajo de nuestras propias narices y nos hemos despertado en otro paisaje que no es el que conocíamos. El mundo, las costumbres, la sociedad, esta sociedad a la que llamamos "líquida" han cambiado tanto que ya apenas si sabemos cuál es nuestra misión, para qué o en qué valores enseñar. Es complicado, no hay respuestas unánimes ni intérpretes autorizados a los que preguntar. De todos modos, como tú bien dices, creo que intentar transmitir que todo lo que merece la pena en la vida se consigue con esfuerzo, que uno tiene que responsabilizarse de uno mismo, que uno va a tener frustraciones y que tiene que saber convivir con ellas y gestionarlas, que ser persona, buena persona, es importante, todo eso, desde mi humilde punto de vista, merece la pena, sigue siendo válido. No sabemos cómo será el mundo del futuro, pero sí que harán falta ciudadanos y personas rectas, honradas y equilibradas para intentar construir el mañana.

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  2. Pero también: cómo ha cambiado el adolescente. Entre los griegos, el conocimiento era una máxima. ¿Lo sigue siendo? A nivel general, me temo que no.

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    1. Los griegos, como aquel que dice, estaban casi descubriendo el mundo, los contemporáneos tenemos la (falsa) sensación de que todo ya está descubierto y de que no hay nada nuevo bajo el sol.
      De todos modos hay algunas cosas que seguramente no han cambiado mucho. Los jóvenes siguen teniendo esa curiosidad que todo ser joven tiene respecto de su entorno, quizás sólo hay que saber cómo despertarla, y en esto no creo ser mejor que nadie. porque a veces he tenido suerte y he asistido asombrado a cómo son capaces de crear su propio conocimiento cuando les picas la curiosidad, pero otras muchas veces he disparado en el agua.
      Al mismo tiempo los jóvenes también tienen hoy día la misma jactancia que tenían los alumnos de Sócrates que creían ya saberlo todo, alumnos de los que éste con tanta sorna se sonreía y les desmontaba su supuesto "saber". El joven si no tuviese esa impertinencia no sería joven y seguramente no podría avanzar de puro abrumado como se sentiría ante lo que se le viene encima, quizás no es tan malo, sólo hay que saber encauzar ese modo de ser, arte que mi humilde persona desconoce a fecha de hoy.

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