miércoles, 19 de noviembre de 2014

Eusebio Sempere: Las cuatro estaciones


Recuerdo que un amigo músico solía hacer el elogio de su arte diciendo que la música es la más pura de las artes, porque es totalmente abstracta. En efecto, a nadie se le ha ocurrido distinguir entre música "figurativa" y música abtracta, se da por sentado que la música no se encamina a reproducir o imitar los sonidos de la naturaleza, sino que crea, mediante sonidos armonizados según sus propias reglas, un producto artístico al que llamamos música. 

Del mismo modo se puede decir que Eusebio Sempere (Onil, Alicante 1923 - ibid. 1985), cuando aborda la serie "Las cuatro estaciones" no pretende reproducir una naturaleza observada, no tiene que salir a pintar au plein air el paisaje de un prado en primavera, o de un bosque en otoño, o unos dorados trigales en verano; en realidad ¿Sabemos siquiera si la referencia que sugiere el nombre se refiere al mundo natural? es decir ¿Quiere ser esta una representación de una especie de "idea" en el sentido platónico, esto es, de arquetipo, de cada estación meteorológica? ¿O quizás la referencia hay que buscarla por otro lado, más meta-artística? De hecho en una entrevista el autor confiesa que en su apartamento de París, gracias a un tocadiscos que le dejó un amigo, oía una y otra vez el único disco que tenía: "Las cuatro estaciones" de Vivaldi y sugiere con  la ironía que le caracteriza, "es posible que en alguna ocasión pasara por mi mente el deseo de plasmar esa música en mi pintura". 

Como una sonata en cuatro movimientos nos presenta Eusebio Sempere su serie, como un universo formal homogéneo, unas tablas que establecen sus correspondencias entre ellas, donde el esquema paisajístico se limita a una bipartición mediante un eje horizontal ¿el eje cielo-tierra? si uno necesita ver formas véalas, si se quiere buscar la geometría búsquese, que también está. Sin embargo creo, y es una apreciación completamente personal, que Eusebio Sempere en esta época, ya casi final de su producción, superada su época más rigorista y geométrica, lo que busca, lo que trabaja, lo que consigue con un lirismo extraordinario, es plasmar la luz, todas esas rayitas que van creando tramas, que van entrecruzándose, crean unos efectos sutiles de degradaciones del color por los que la luz entra como por las rendijas creando unas irisaciones bellísimas en su levedad. 

Es curioso, y es muestra de la enorme integridad y honradez artística que Eusebio Sempere tuvo toda su vida, que en una entrevista concedida a EL PAÍS en sus últimos años dijese: "Sí. Siempre deseé ser un gran pintor. Y resulta que he visto clarísimo que no lo soy. Eso me aterra, porque yo, de verdad, he puesto cuanto estaba de mi parte; pero me doy cuenta de que no he sido un elegido...". Un desaliento semejante me recuerda al de Virgilio pidiendo que quemaran la Eneida antes de morir o el de Kafka pidiendo a Max Brod que destruyera sus novelas, es el desaliento que sufren los extremadamente perfeccionistas. No es así, Sempere es y será siempre uno de los grandes, uno de NUESTROS grandes, su obra está entre las más relevantes de todo el siglo XX español.





Eusebio Sempere. Las cuatro estaciones,1980: Primavera. Gouache sobre tabla. Museu Fundació Juan March, Palma de Mallorca





Eusebio Sempere. Las cuatro estaciones, 1980: Verano. Gouache sobre tabla. Museu Fundació Juan March, Palma de Mallorca





Eusebio Sempere. Las cuatro estaciones, 1980: Otoño. Gouache sobre tabla. Museu Fundació Juan March, Palma de Mallorca





Eusebio Sempere. Las cuatro estaciones, 1980: Invierno. Gouache sobre tabla. Museu Fundació Juan March, Palma de Mallorca






Para aquellos que no conozcan la obra de Eusebio Sempere, ésa es una buenísima razón para visitar Alicante: allí, en un bello museo en el barrio antiguo, en la llamada casa de La Asegurada, hoy MACA  (Museo Alicantino de Arte Contemporáneo) está una parte relevante de su obra, junto con una interesante colección de arte contemporáneo que el propio autor hizo a lo largo de su vida y que donó a la ciudad.

6 comentarios:

  1. Estas obras forman parte de mi primer imaginario pictórico del arte español contemporáneo y cada día, siempre que las vuelvo a ver me siguen gustando muchísimo. Para mi forman parte de lo mejor de su obra, de lo mejor de la Colección Juan March y de lo más exquisito del arte español del pasado siglo.
    Aunque a veces los más grandes dan a su modestia, sin duda auténtica, un sentido demasiado trágico. Estupenda entrada. Un abrazo

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    1. Yo de joven no conocía nada de Sempere ni sabía de su trayectoria, lo primero que ví fue el museo, cuando se abrió y me impresionó su colección. Después ya de adulto ha sido cuando me he ido aproximando a su obra y he disfrutado de ella y, como todas las cosas buenas de verdad, conforme pasa el tiempo me va gustando más y más y le descubro nuevos aspectos en los que no había reparado antes. Gracias, Martín, Un abrazo

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  2. Tu acertada reflexión sobre el arte, ilustrada por una obra que emite serenidad y paz al sugerir "las estaciones", me han recordado la definición dada por George Braque sobre él, considerándolo"una herida hecha luz", pero "luz" indispensable tanto para el artista, como para los que contemplamos su obra: necesitamos la belleza para tolerar la vida. Y qué decir de la Música, ese lenguaje universal de los sentimientos que logra aunarnos en irrepetibles momentos de emoción, al expresar la belleza interior del hombre, la utopía del sueño.

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    1. La belleza es esa cosa elusiva que nos rehuye continuamente y que si la queremos abrazar se convierte en otra cosa, como Dafne, se asemeja a ese desnudo entrevisto que al darle caza ya se ha mudado en tronco y en ramas. No podemos renunciar a la belleza, ni atraparla porque acaso lo bello es esa persecución y no un disfrute desde la posesión, la vida, la belleza ¿No son lo mismo?

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  3. Gracias por esta entrada tan bella. Una reflexión exquisita, y, muy bien tratado el tema. Las artes, tan enlazadas entre sí, pues todas surgen de la sensibilidad más primaria.
    Un pintor que conocí cuando llegué a la tierra que me adoptó por un tiempo, y que comencé a apreciar, quizá por esa honestidad de sus pinturas, donde "herida y luz" parecen unirse para aflorar, como comentan.

    Un placer tu espacio, lo agradezco.

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    1. Si hay algo que en efecto es la obra de Sempere, además de rotundamente moderna, es honesta. es una obra que surge de un meticuloso proceso de depuración que, es mi opinión, ha ido siempre por su propio camino, sin dejarse llevar por las modas ni intentar epatar o contradecir a nadie. El artista ha ido evolucionando según sus propios objetivos y ha creado un universo formal suyo y sólo suyo. Eso no es poco.
      A mí me emociona su obra por esa especie de calma y de armonía que transmite. Y la luz, ese tratamiento tan sutil y tan delicado de la luminiscencia que es como milagroso.

      Muchas gracias a tí Clarisa, tus comentarios siempre son bienvenidos.

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