viernes, 19 de diciembre de 2014

Tres colores: AMARILLO


En mi tierra, La Mancha, una vez al año el paisaje se vuelve amarillo, los campos de trigo que en la primavera alfombraban de verde los llanos interminables, con el calor del verano se vuelven rubios y es posible ver un mar de oro compuesto de miles y miles de espigas que forman ondas al movimiento del más suave soplo de viento. Es una época gloriosa, todo ese esplendor dorado que reverbera a la luz del sol y la multiplica ¿Quién quiere mar si mar ya tiene? Así se sintió Midas cuando constató, entre maravillado y aterrado, que todo cuanto tocaba se transmutaba en oro ¿Acaso el dorar de los trigos no le deberá a él precisamente su primera causa? Quién sabe. Todo tiene un comienzo mítico y La Mancha es tierra de mitos no menos que la Hélade. Amarillo, sol, arena, verano. Ése es mi otro recuerdo del color amarillo, cuando mis padres y yo nos veníamos de Madrid a veranear a la costa; siempre me acuerdo del cambio que se producía en la luz, en un determinado momento la luz se hacía más intensa, más dorada, eso solía suceder ya a la altura de Novelda (el mar no estaba lejos), pero al llegar a Alicante era como si el aire estuviera impregnado de partículas de oro que lo hacían brillar más intensamente, para mí aquello era el anuncio de un tiempo de vida más intenso, un tiempo de pura felicidad sin sombra, de largas jornadas de playa de arenas blancas por la mañana, y de granizados de limón a la tarde noche, de cines de verano con pipas de girasol, de cenas en la terraza a base de bocadillos de tortilla de patata. Infancia, verano, amarillean los recuerdos como viejas fotografías; verano, infancia, tiempo de oro que aún brilla en la memoria.






Giuseppe Castiglione. Retrato del emperador Qian Long





Vincent van Gogh. Naturaleza muerta con dos girasoles. 1887.





Henri de Toulouse Lautrec. Pareja sobre colcha amarilla. 1895.





René Gruau





Albert Edefelt. Mujer leyendo en el salón.





Euan Uglow.





Georgia O'Keefe. Verde, naranja y amarillo.





Edouard Vuillard.





Liu XiaoDong.





Giuseppe Arcimboldo. El Invierno.





Briton Riviere. Su único amigo. 1871.





Jamie Wyeth. Cat bates of Monhegan. 1995.





Odilon Redon. Orfeo.





Eliza Mary Burgess.





Julio Larraz. 2010





Piet Mondrian. New York




12 comentarios:

  1. Un blog precioso y preciosista, con un texto lleno de encanto, naturalidad y nostalgia; con unas imágenes que lo hacen brillar..
    Enhorabuena.

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    1. Muchísimas gracias por tus amables comentarios, me alegro de que te guste el blog, tanto por sus textos como por las imágenes. Trato de hacerlo cadadía mejor, en ello estamos. Un Saludo

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  2. Magníficos textos, José Miguel. Me falta el "Rojo", pero en unos días me lo leeré, abrazo¡

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    1. Gracias, Esther, y felices fiestas, si no nos hablamos antes de Navidad, que los pases en armonía con los tuyos. Un abrazo

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  3. Precioso, precioso. Me ha encantado.
    Felices días José Miguel

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    1. Lo mismo te deseo, María Pilar, que tengas unas muy felices Navidades.

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  4. Color luminoso por excelencia que pocos se atreven a lucir.
    La literatura modernista consiguió ricos efectos plásticos valiéndose de él en sus esplendorosas evocaciones -"O amor lleno de sol, amor de España,/amor lleno de púrpuras y oros,...- y en lo tenuemente matizado ("diosa blanca, rosa y rubia hermana").
    Excelente trilogía. Ahora me quedo con la luminosa ternura que rezuma "Su único amigo".

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    1. El amarillo, tanto en el vestir como en la propia pintura es un color con el que pocos se atreven, en efecto, me ha costado lo mío encontrar cuadros donde el amarillo tuviera un papel preponderante porque no hay tantos, los pintores prefieren o bien lo colores que viran a los anaranjados o bien lo colores crema más pálidos.

      Si pienso en literatura siempre me viene a la cabeza el poema de Juan Ramón Jiménez "Primavera amarilla"-
      Su único amigo es una obrita muy bien pensada y muy bien ejecutada, consigue transmitir ternura y a la vez no caer en lo obvio, en lo ñoño (que en su época abundaba tanto), además, el perro me recuerda tanto a la perra de mis padres que tiene hasta los mismos gestos.

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  5. Mi infancia también es el amarillo casi blanco de Alicante, seca hasta la agonía. Y asocio mucho el color al sonido de las chicharras, compañeras tediosas de la siesta. Hace tiempo que dejé de ir a Alicante (si te digo la verdad, me deprime mucho).

    En cuanto al amarillo en pintura, permíteme sugerirte algunos títulos. El primero de ellos es un olvido, seguro, pues dudo que no hubieras incluido el Cristo Amarillo de Gauguin (y alguna que otra obra suya). También se me vienen a la mente algunos animales amarillos de Franz Marc (ya sabes la importancia que le dio al contenido simbólico de los colores, y donde el amarillo, principio de femineidad, lo asociaba a la alegría). Un cuadro que podría añadir también es el autorretrato de Kupka. Te lo dejo enlazado aquí por si no lo conocías. Y Rothko, en sus conocidas y minimalistas coloraciones, no se olvidó del amarillo. De todas, me quedo con una que combinó con el azul, lo que dota a la obra de un increíble sabor-color-olor mediterráneo... Te lo dejo enlazado aquí.

    Fantástica idea esta trilogía de colores. Dejo las otras dos para mañana. Una pregunta, que a lo mejor está respondida en otro post, ¿la elección de colores responde a una motivación, como hizo Kieslowski con la bandera francesa en su conocida trilogía?

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  6. Ahora que me hablas de los significados atribuídos al color por Franz Marc, me viene a la memoria uno que elucubró mucho sobre los significados de los colores: Vittorio Storaro, el director de fotografía de Bertolucci, con el que no estoy del todo de acuerdo, pero me parece un genio. A Franz Marc lo he visto a menudo, tanto en directo como en reproducciones y eso sí que ha sido un olvido, a Gauguin lo tengo menos frecuentado, la verdad. El cuadro de Kupka sí lo conocía y me parece muy especial, sobre todo porque no es nada frecuente por muchas razones, entre ellas la elección del color, pero no sólo. Me encanta el de Rothko, no lo había visto, me lo pillo, gracias por la sugerencia ¿sabías que se suicidó? por lo visto era un gran depresivo, cosa que no se deduce de su pintura para nada, por lo menos yo no lo diría.

    Lo de hacer entradas dedicadas a los colores se me ocurrió en parte pensando en Mondrian y su restricción a los tres colores primarios, pero luego me gustó ver entradas donde todas las imágenes tengan sólo en común el color porque es como si tuvieran temperaturas diferentes, se calibra muy bien de un modo totalmente intuitivo lo que significa el color, sin necesidad del texto, en realidad me hubiera gustado ahorrármelo por una vez, pero soy un verboso incorregible, me temo.

    De Alicante se dice que es una ciudad blanca (akra leuka) pero en realidad es un amarillo desteñido, como la tierra que se usa para lavar las ollas, un lugar desleído y deprimente en el que vivo hace ya 40 años. En fin, supongo que en algún sitio hay que vivir.

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    1. Sí, ese es el color de Alacant. Hasta hace un par de años aún tenía alguna propiedad allí (en Campello), pero finalmente la vendimos y di carpetazo a una infancia que recuerdo muy feliz, y tal vez por eso es que me deprime tanto. Había una canción de Sabina que decía "...al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver".

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    2. Estoy siendo injusto con Alacant, que la ciudad me parezca fea (que lo es) no quita para que he sido muy feliz en ella, a veces sin haber sido plenamente consciente de ello, como suele ocurrir. Algo parecido a lo que te pasa a ti con estas tierras me pasa a mi con Madrid, allí está mi infancia y por mucho que vuelva ya no soy más que otro turista en una ciudad demasiado grande, los lugares donde mi infancia transcurrió casi han desaparecido y son irreconocibles, quizás sea mejor así, no se puede volver, nunca.

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