martes, 29 de abril de 2014

¿TOP TEN?: Una propuesta personal

Nos encantan las listas, reconozcamoslo ¿Quiénes son los diez pintores más importantes de la pintura española? Más aún ¿Hay un top ten de los cuadros fundamentales de la pintura española? Seguro que, más allá de ciertas obras en las que todos podemos fácilmente coincidir, la cosa no está tan clara, ni mucho menos.

Por eso hoy propongo a los lectores de este blog lo siguiente: que me envíen su propia lista de las 10 obras que les parezcan las más importantes de todos los tiempos dentro de la pintura española. Para hacerlo más fácil, por si les da pereza: pueden quitar de esta lista los que les parezca que no son lo suficientemente representativos y añadir sus propios candidatos. ¿Se animan? Espero sus propuestas.

Yo les propongo mi propia lista y explico brevemente el porqué de esta elección personal. En este caso no he elegido las obras que en particular a mí me gustan más, sino, dentro de los autores que me parecen los fundamentales en la historia del arte español, las obras que me han parecido más influyentes o más representativas de cada autor. Vamos allá.




1. Domenikos Theotokópoulos, "El Greco": El entierro del conde de Orgaz, 1586-88, Iglesia de Santo Tomé, Toledo.
El Greco, aunque nacido fuera de España, se ha convertido en un pintor indispensable a la hora de pensar la pintura española. Si hay que escoger una obra suya, yo me quedo con ésta porque me parece la más completa síntesis de su manera de hacer madura, como testimonian de ello los miles de turistas de todos los países que hacen cola cada día para verla en su iglesia.





2. Diego Velázquez de Silva: Las Meninas, 1656, Museo Nacional del Prado.
Velázquez es el alfa y el omega de nuestra pintura, y si se trata de Velázquez hay que ir a parar a Las Meninas ¿cuál sino?





3.  Bartolomé Esteban Murillo: La Inmaculada Concepción de El Escorial, 1660-65. Museo Nacional del Prado.
Murillo en su tiempo fue un pintor muy influyente y cotizado, dentro y fuera de España, y, aqunque hoy esté un poco olvidado, creo que nuestra visión de la pintura religiosa ha sido modelada por todos esos calendarios y estampitas con obras suyas, sobre todo me parece que su contribución al la iconografía de la Inmaculada marca un antes y un después, por eso me he quedado esta Inmaculada.





4. Francisco de Goya y Lucientes: El tres de mayo en Madrid o " Los fusilamientos", 1814. Museo Nacional del Prado.
Goya es un monstruo que, tanto por la enorme cantidad de obras que dejó, como por su variedad de estilos y épocas, uno no sabe por dónde cogerlo, cómo abordarlo. Muchas son las obras suyas que tenemos en la retina, pero creo que en la historia de España ésta es una obra que suma su valor pictórico con el testimonio de una nación en su momento de mayor angustia, el de la Guerra de  la Independencia y por tanto me parece que tiene un valor simbólico que la destaca de todas las demás.





5. Mariano Fortuny: La Vicaría, 1870. Museu Nacional d'Art de Catalunya.
Fortuny por desgracia no recibe hoy toda la consideración que se merece, pero fue el pintor más interesante del XIX español y con más proyección en el exterior. Si hay que escoger una obra suya, yo lo tengo claro: La vicaría tiene todo lo bueno de Fortuny en estado mayúsculo.





6. Joaquín Sorolla y Bastida: Chicos en la playa, 1909. Museo Nacional del Prado.
Si Sorolla hubiese nacido en Francia, hoy su fama sería tan grande como la de Monet o la de Van Gogh, pero, como tuvo la suerte de nacer en Valencia, no ha llegado a tener toda la proyección que su obra se merece. Si pensamos en Sorolla, pensamos en playa y yo pienso en estos niños al sol.





7. Salvador Dalí: La persistencia de la memoria, 1931. Museum of Modern Art (MOMA) New York.
Éste es el único cuadro que está expuesto en un museo extranjero, lo cual es perfectamente lógico, dado que Dalí se convirtió propiamente en Dalí en los USA. No sé ustedes, pero yo siempre que pienso en Dalí, me acuerdo de estos relojes blandos y de las playas de Cadaqués...





8. Pablo Ruiz Picasso: Guernica, 1937. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
Como los fusilamientos de Goya, el Guernica de Picasso es una obra doblemente significativa: por la circunstancia histórica que representa y por la extraordinaria importancia de la figura y la obra de su autor, probablemente el pintor español con más proyección internacional hasta la fecha.





9. Joan Miró: L'or de l'atzur, 1967. Fundació Joan Miró Barcelona.
De Miró sabía que tenía que estar en esta lista, pero, a decir verdad, no sabía qué obra elegir, lo suyo ha sido crear un nuevo lenguaje pictórico de inspiración surrealista, podía haber sido otra la obra escogida, ésta es una elección completamente personal: me encanta esa bola gigante de azul en medio de un mar dorado.





10. Antonio López García: Madrid desde Torres Blancas, 1976-82. Colección privada.
Antonio López con esta obra precisamente batió el récord de cotización en una subasta de un pintor español vivo; sin que esto sirva de precedente, hay que admitir que tal cotización responde al grandísimo aprecio del que goza hoy en día su obra entre los españoles.




ANEXO I: Mi amigo Enrique Carratalá ha publicado en su blog una entrada estupenda con una selección de las diez pinturas más relevantes de la pintura española, en respuesta al reto que lanzábamos desde esta entrada. Debo reconocer que, si no hubiese hecho yo mi propia selección, me apuntaría a la suya de buena gana. Coherente, con criterio, muy interesante. Véanlo sino: http://arduodiario.blogspot.com.es/2014/05/mi-lista-de-diez-obras-fundamentales-de.html




ANEXO II: Curiosamente un compañero bloguero al que sigo, que edita el blog BAJO EL SIGNO DE LIBRA ha tenido una idea muy parecida por estos mismos días (parece que nos hemos leído el pensamiento) y ha publicado una entrada dedicada a las 10 pintures per representar a Barcelona. Interesantísima. Les dejo el vínculo para que puedan comparar: http://bajoelsignodelibra.blogspot.com.es/2014/04/10-pintures-universals-per-representar.html?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed:+blogspot/VVmB+%28Bajo+el+Sigo+de+Libra%29

sábado, 26 de abril de 2014

Poème de l'âme


Es un pintor de lo más extraño y enigmático el autor de este Poème de l'âme, este Anne-François-Louis Janmot (Lyon 1814 - id. 1892) que, al mismo tiempo, se nos aparece como un insigne representante del agrio y tenso debate que se vivía en el seno de la sociedad francesa durante el siglo XIX. 

La Revolución de 1789 había secularizado completamente la nación, provocando uno de los períodos de persecución religiosa más lacerantes de la historia. Tras el período revolucionario más radical, Napoleón I firmó un concordato con la Iglesia Católica y con la Restauración ésta emprende un colosal intento de recatolicizar Francia mediante la enseñanza. Así nacen órdenes religiosas nuevas como los Maristas y la Teresianas que se vuelcan en la enseñanza religiosa, o vuelven otras antiguas, como los Jesuitas. 

Sin embargo el sector laicista y republicano se tomará su revancha con la llegada de la 2ª República que nace bajo el signo anticlerical, publicando decretos contra la educación religiosa, tras la cual el Segundo Imperio de Napoleón III va dando una de cal y otra de arena. Esta lucha entre un sector de la sociedad francesa católico, a menudo monárquico, regionalista y tradicional y otro sector republicano, anticlerical, centralista, de raíz jacobina se prolongará hasta nuestros días, tomando la educación pública como estandarte, con decretos tan aberrantes y antiliberales como la prohibición por ley de la exhibición de signos religiosos (tanto hiyyab como crucifijos) por parte de las personas en la escuela pública.

En esta polémica catolicismo-anticatolicismo se ve envuelto Louis Janmot, tomando claro partido por el ala religiosa, si bien su catolicismo es una visión muy personal, entre mística y romántica, seguramente no muy cercana al dogma normalizado. Entre 1836 y 1855 pintará un ciclo de 18 pinturas bajo el título de Poème de l'âme, que ilustra el decurso del alma humana desde su nacimiento y es una especie de historia espiritual. El ciclo de pinturas se acompañó de un largo poema del propio autor, donde esta biografía espiritual está más dramatizada y desarrollada. 

Las pinturas fueron presentadas en la Exposición Universal de París en 1855 y no tuvieron éxito inmediato, si bien el pintor despertó el interés de algunos intelectuales y críticos, como Baudelaire y Théophile Gautier, y, aunque pasó el resto de su vida más o menos sin pena ni gloria en lo que se refiere al éxito artístico, será en cierto modo un adelantado a corrientes como los prerrafaelitas ingleses, o la densa y caudalosa corriente simbolista francesa, que en ocasiones lo ha reivindicado como padre.

Hoy sus pinturas, a nosotros los contemporáneos del siglo XXI, nos recuerdan a las imágenes de las estampitas de santos, ese arte un tanto kitsch y degradado, que sin embargo ha formado parte de nuestra educación estética y que revive en la fotografías deliberadamente kitsch de unos Pierre et Gilles. Puede que Janmot no sea un gran pintor, pero sí creo que su ciclo Le Poème de l'âme es muy interesante, tanto por ilustrar el debate social de su momento histórico, como por ser uno de los ejemplos de pintura de inspiración religiosa más personales, excéntricos y extraños que existen. Que Vds. lo disfruten.



 1. Génération divine.
El alma nace en el cielo en el seno de la Santísima Trinidad entre seres angélicos. (Una pregunta ¿quién es el anciano velado, y cabreado, que yace a la derecha de Dios?)




 2. Le passage des âmes.
El ángel de la guarda acompaña el alma a la tierra. El suplicio de Prometeo como representante de la humanidad ¿Una advertencia sobre el destino de aquellos que quieren sobrepasar sus límites humanos?



 3. L'Ange et la mère.
El ángel confía el alma a su madre. El ángel ora: "Piedad por él, Señor, y por este corazón de madre". El paisaje sugiere aislamiento y vulnerabilidad.



 4. Le Printemps.
Hace aparición la compañera del alma, su alter ego femenino, que en este caso hace de guía al joven en un paisaje florido que representa la edad de la inocencia.



5. Souvenir du Ciel.
Los niños. como seres aún no contaminados, conservan ciertas reminiscencias de su origen celeste y mantienen contacto con las realidades espirituales.



6. Le toit paternel.
Los jóvenes permanecen juntos bajo la protección del hogar familiar, representando aquí a la familia como el núcleo de la formación humana y espiritual.



 7. Le mauvais sentier.
Después de abandonar la protección de la familia los jóvenes van a adentrarse por el mal camino que representa la educación laica. La arrogancia intelectual y la educación privada de espiritualidad se muestran mediante esa escalera que conduce a un alto rocoso y estéril, flanqueda por las espectrales figuras de unos docentes encasillados.



8. Cauchemar.
La enseñanza atea y esterilizante está encarnada en esta especie de bruja que persigue al joven para robarle el corazón, mientras sostiene a la compañera del alma exhausta y semimuerta.



 9. Le grain de blé.
Si el grano no muere, no podrá fructificar. Frente a la vía muerta de la enseñanza laica se muestra la predicación cristiana que nutre al alma de alimento espiritual representada por el venerable sacerdote.



10. Première Communion.
El alma vuelve al camino de la Fe simbolizado por los sacramentos, en este caso por el de la primera comunión.



 11. Virginitas.
Frente al sensualismo y al materialismo, las almas de los adolescentes, fortificadas por los sacramentos, pueden amarse con pureza, simbolizada por las vestiduras blancas y los lirios.



12. L'Échelle d'or.
Las almas descubren otra escala de valores, donde el conocimiento sirve para la trascendencia y las disciplinas y las artes, representadas por los atributos que portan los ángeles, muestran el camino hacia el cielo y comunican el más acá con el más allá.



 13. Rayons de soleil.
El alma crece y surgen otras realidades y ¿tentaciones? Elementos femeninos con coronas de flores que pueden simbolizar los placeres físicos, lo mismo que la danza en corro como la de las Musas o las Gracias. Una imagen ambigua sobre el paso hacia la edad adulta.



 14. Sur la montagne.
El cielo se abre y la pareja sube las dificultades de la vida, en esta ocasión es él quien guía y, contra el gesto de Orfeo, se vuelve a contemplar a la amada.



 15. Un soir.
La imagen en lo alto de la montaña en el ocaso, parece simbolizar la vida en armonía con la naturaleza, el alcanzar un estado de perfección espiritual, de tranquilo dominio.



 16. Le vol de l'âme.
Como si continuase inmediatamente la escena anterior, las almas en su perfección se libran al vuelo, como recordando su origen etéreo, liberadas de las cadenas de la materia.



17. L'idéal.
Tras los cielos idílicos de la escena anterior, el cielo se ensombrece de nubes y el paisaje se aborrasca en riscos minerales. Llega la separación, el gesto de ella hacia arriba puede indicar tanto una invitación a seguirla, como una despedida.



18. Réalité.
En la conclusión aparece la muerte, representada por la cruz como si señalase una tumba, pero sobre todo la vuelta al suelo, a la realidad del alma sola que se debate entre la pena y la esperanza.



[Toda la serie de Le Poème de l'Âme, tanto los 18 óleos de esta serie inicial, como los 17 dibujos posteriores de 1885, que completan, por así decirlo, la historia, se pueden ver en la actualidad en el Musée des Beaux Arts de Lyon]

miércoles, 23 de abril de 2014

Una mirada sobre Don Quijote de la Mancha


Hoy que se celebra el día del libro por ser el aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, el genial creador de El Quijote, me gustaría hacer mi particular homenaje a esta obra tan por todos elogiada y  por tan pocos en verdad leída, a esta obra inclasificable transgresión de géneros, cómica y patética, western y road movie (o habría que decir road novel), fundadora de la novela moderna.

Recuerdo todavía la clase de lectura en el colegio de los Padres Salesianos (sí, también en aquellos tiempos se preocupaban por fomentar la lectura, con el mismo éxito, me temo, que hoy en día) donde leíamos fragmentos del Quijote, fragmentos que, por su lenguaje difícil para nosotros, escolares muy pequeños todavía, y por el hecho de que nadie se dignase explicarnos ni el sentido del humor ni el contexto, casi me disuadieron de la lectura en general y de la lectura de esta obra en particular.

No fue hasta entrar en la facultad de filología de Valencia cuando por empeño de una profesora que, esta vez sí, se dignaba a explicarlo, leí y por primera vez disfruté con el Quijote. Esa es la enorme deuda que tengo con aquella profesora de literatura del Siglo de Oro, cuyo nombre no consigo recordar.

De esta singular novela, yo que he tenido la fortuna de vivir en La Mancha, lo que me quedan son imágenes de un hidalgo flaco cabalgando un jamelgo por caminos polvorientos bajo el sol inclemente de la estepa manchega, más que acordarme de episodios, me viene a la mente una sensación de soledad, de camino, de polvo, de luz cegadora y de derrota, la de ese caballero, el último caballero en un país lleno de prepotentes, de zafios o de aprovechados, vamos, un país como España.

Por eso me han gustado muchísimo las obras que José Moreno Carbonero (Málaga 1858 - Madrid 1942) ha dedicado a esta novela, porque en la imágenes de Carbonero veo al Quijote de mi imaginación, trotando por esos duros, polvorientos y solitarios caminos a la búsqueda de aventuras. Dejo para otra ocasión la interesante carrera de este excelente pintor de la escuela realista, que fue el maestro de Juan Gris y de Dalí y que ha sido uno de los más grandes pintores de historia de nuestro siglo XIX y simplemente les invito a ver a Don Quijote y a su escudero Sancho cabalgando de nuevo al sol.



El caballero de la Triste Figura, fecha desconocida. Colección privada.






Encuentro de Sancho Panza con el Rucio, 1876-78. Museo de Bellas Artes de Sevilla






Don Quijote dando el alto a la caravana, 1911. Colección privada






Don Quijote y Sancho Panza, fecha desconocida. Colección privada




Para conocer más datos sobre la vida y obra de José Moreno Carbonero, de quien se pueden ver obras en  el Senado, el Museo Nacional del Prado, en los Museos de Bellas Artes de Málaga, de Sevilla y de Jaén, entre otros, y que fue una de las grandes figuras de la escuela realista del XIX, les dejo el enlace a su biografía en la web del Museo del Prado que me parece, con mucho, la mejor referencia.
https://www.museodelprado.es/enciclopedia/enciclopedia-on-line/voz/moreno-carbonero-jose/


viernes, 18 de abril de 2014

MISERERE


Georges Rouault (Paris 1871 - 1954) procede de un ambiente de artesanos, su padre era un ebanista que arreglaba pianos. Será su abuelo quien le infunda la pasión por el arte y a los 14 años entrará de aprendiz con un maestro vidriero y participará así en la restauración de los vitrales de Nôtre Dame de Chartres. 

Esta experiencia formativa va a ser fundamental para el joven Rouault, el contacto con el arte medieval, el modo en que numerosos artistas anónimos colaboraban para completar la obra de una catedral, en total armonía y sin ánimo de protagonismo, sino como una oración en piedra, no para vanagloria del artista, sino para mayor Gloria de Dios, será algo que el artista incorporará a su concepción de lo que el Arte debe ser. 

En 1892 ingresa en la École des Beaux Arts, convirtiéndose en discípulo de Gustave Moreau, quien ejercerá por esos años una gran influencia sobre el joven artista. Tras la muerte de su maestro se convierte al catolicismo, que a partir de ese momento será la inspiración fundamental de su vida. 

Rouault es uno de los autores contemporáneos que más seria y profundamente ha abordado la temática religiosa en su obra y lo hace de un modo que nos recuerda poderosamente a los maestros vidrieros medievales, con esas gruesas líneas oscuras que delimitan espacios de color, como en los vitrales, y al mismo tiempo sus modos de representación en su esquematismo nos recuerdan a los anónimos artistas del románico o el gótico.

 Al mismo tiempo su obra integra una vibrante modernidad que le conecta con los expresionistas, aunque Rouault siga su camino a solas, sin involucrarse en las camarillas artísticas del momento. De hecho abomina de los -ismos y las teorías, y dice: "El artista renuncia a toda teoría, tanto a las suyas como las de los demás. Lo olvida todo cuanto está delante de su lienzo". 

Para él el arte es algo más que una búsqueda de belleza, es casi un asunto de vocación y justificación personal. Dicho con sus propias palabras: "Yo soy un creyente y un conformista, rebelarse está al alcance de cualquiera, más difícil es obedecer en silencio a cierta llamada interior y pasar la vida intentando encontrar los medios de expresión sinceros y apropiados a nuestro temperamento y a nuestros dones, si los tenemos".

En 1914 comienza una serie de grabados que no serán publicados hasta 1948 por problemas legales con su marchante Vollard. Las serie verá finalmente la luz con el nombre de Miserere consta de 58 planchas y es un hito en su obra. Estos grabados tienen un extraordinaria intensidad y economía expresiva, una simplicidad cuasiprimitiva. Una parte importante aborda la figura de Cristo y en ellos muestra la ferviente fe de un hombre que decía de sí mismo que era "un cristiano que en estos tiempos tan azarosos no cree sino en Jesús crucificado".



 Aimez-vous les uns les autres. Serie Miserere. 1948. Aguatinta, punta seca y aguafuerte. Haggerty Museum of Art (Marquette University) Milwaukee USA






 Sous un Jésus en Croix oublié lá. Serie Miserere. 1948. Aguatinta, punta seca y aguafuerte. Haggerty Museum of Art (Marquette University) Milwaukee USA






Obéissant jusq'a la mort et a la mort de la Croix. Serie Miserere. 1948. Aguatinta, punta seca y aguafuerte. Haggerty Museum of Art (Marquette University) Milwaukee USA






Jésus sera en agonie jusq'a la fin du Monde. Serie Miserere. 1948. Aguatinta, punta seca y aguafuerte. Haggerty Museum of Art (Marquette University) Milwaukee USA



Alicante, 18 de abril de 2014. Viernes Santo

García Márquez que estás en los cielos



Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.

Gabriel García Márquez. Cien años de soledad




Our garden, the night is coming, by Mala Lesbia



He pensado que, si su amigo y paisano Álvaro Mutis viviera todavía, acaso le habría dedicado un poema. Suyo es éste que traigo y, si bien probablemente fue pensado para otra ocasión, seguro que a su amigo Gabo no le disgustaría nada escucharlo desde dondequiera que esté.


                        AMÉN

          Que te acoja la muerte
          con todos tus sueños intactos.
          Al retorno de una furiosa adolescencia,
          al comienzo de las vacaciones que nunca te dieron,
          te distinguirá la muerte con su primer aviso.
          Te abrirá los ojos a sus grandes aguas,
          te iniciará en su constante brisa de otro mundo.
          La muerte se confundirá con tus sueños
          y en ellos reconocerá los signos
          que antaño fuera dejando,
          como un cazador que a su regreso
          reconoce sus marcas en la brecha.




GABRIEL JOSÉ DE LA CONCORDIA GARCÍA MÁRQUEZ
ARACATACA MCMXXVII - MÉXICO MMXIV
GRACIAS Y BUEN REGRESO



lunes, 14 de abril de 2014

Grabando la Pasión


Y llegada la hora sexta se produjeron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona. Y a la hora nona clamó Jesús con gran voz: "Eloí, Eloí, lamá sabakthani", que traducido es: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" [...] Mas Jesús, lanzando una gran voz, expiró. 
Y el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo. Y viendo el centurión que allí estaba de pie frente a él, que de tal manera había expirado, dijo: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios".

Marcos 15, 33 -38.


Este es el episodio que Rembrandt ilustra en su grabado llamado "Las tres cruces", de 1653. El momento crucial de la historia de la Salvación, en el que hasta la propia Naturaleza se hace eco del terrible drama que está aconteciendo en el Gólgota e irrumpe la noche en medio del día, como para subrayar que, esta vez, las tinieblas han ganado. Así Rembrandt enfatiza la oscuridad situando un foco de luz sobrenatural sobre Jesús, mostrándonos sus últimos momentos mientras grita y expira, al tiempo que nos deja ver las reacciones de los demás circunstantes: la conversión del centurión, la soldadesca indiferente, el desconsuelo de las santas mujeres. El resto de la escena permanece entre sombras.

Rembrandt usa aquí la punta seca que le permite tener un control más estrecho sobre lo que se graba en la placa de cobre, ya que con el buril se va dibujando directamente sobre la placa, en lugar de usar la técnica del aguafuerte. Esta técnica tenía el defecto de que, con las sucesivas impresiones la placa se deterioraba más rápidamente, y así el autor hubo de reelaborar esta obra produciendo una nueva versión a partir de la placa anterior. 

En esta nueva versión el autor enfatiza aún mucho más la oscuridad, hasta el punto de que sólo la doliente figura de Cristo es rozada por la luz celeste, mientras que el resto de la escena queda en la sombra. La Luz del mundo se ha apagado: ahora el hombre está abandonado a las tinieblas, el mal ha triunfado. Eso es lo que parece mostrar esa densísima noche que  cubre y desfigura toda la escena.

Estos grabados representan una de las cumbres más altas jamás alcanzadas en cuanto a dramatismo y potencia expresiva en el arte del grabado y es comprensible que impresionaran fuertemente a sus contemporáneos, también por su dibujo más expresionista y como descuidado, algo alejado de lo que se acostumbraba en los grabados de la época, donde las líneas, las tramas y los contornos solían estar primorosamente dibujados. En este caso, ese dibujo más espontáneo y más salvaje intensifica infinitamente el clima emocional de la obra. Creo que no hay un grabado más intenso en toda la historia del arte hasta llegar a la obra de Goya. Aquí Rembrandt compadece a su Salvador en la Crucifixión y el hombre, por una vez, se apiada de Dios.




Rembrandt van Rijn. Las tres cruces. Grabado y punta seca, 1653. Versión III. British Museum, Londres







Rembrandt van Rijn. Las tres cruces. Grabado y punta seca, 1653. Versión IV. British Museum, Londres





lunes, 7 de abril de 2014

Xavier Valls, un catalán en París


Confieso que comencé a interesarme por Xavier Valls Subirà (Barcelona 1923 - Barcelona 2006) cuando supe que el actual primer ministro francés, el socialista Manuel Valls, era hijo de un pintor catalán instalado en París desde finales de la década de los 40. Intrigado por esta información, fui buscando por la web para descubrir con asombro a un artista extraordinario, que por desgracia no es todo lo conocido que se merece en nuestro país.

Xavier Valls marchó a París en 1949 con una beca del Instituto Francés de Barcelona, tras una formación artística en Barcelona en el entorno de la Escola Massana junto a artistas como Albert Ràfols Casamada, Manolo Hugué, Josep Llorens i Artigas o Maria Girona. En la capital francesa tiene ocasión de ampliar su formación artística, pero sobre todo de escapar del asfixiante provincianismo de la pintura barcelonesa de postguerra, dominada por capillas y conciliábulos, modernos contra antiguos, abstractos contra figurativos. 

En París conoce a grandes pintores figurativos como Balthus, Giorgio Morandi o Luis Fernández, que comparten sus inquietudes y posicionamientos estéticos. Es allí donde irá trabajando y destilando su personal estilo, que se encuentra ya formado con su propia voz entorno a los años 60. Valls es un artista culto que, además de colegas pintores, se rodea de intelectuales y así hace amistad con Mompou, Monsalvatge, Gabriel Ferrater o Bergamín.

En España no será hasta mucho más tarde cuando llegue a obtener el reconocimiento artístico. En 1982 la Biblioteca Nacional expone una antológica de 140 cuadros, exposición a la que sigue, tres años más tarde, otra retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Barcelona. Finalmente recibirá la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes en 1993.

Xavier Valls es un pintor figurativo, pero no un pintor realista. El pintor, como el alquimista, destila los elementos de la realidad y produce una esencia; parte de una anécdota, de un objeto real, pero lo que queda en el cuadro es una realidad trascendida, un aroma, una poética de la luz. El autor siempre ha reconocido que trabaja lento, primero con el dibujo y la composición, la geometría, luego cada obra pide unas armonías tonales, unos colores y, sobre todo, una luz. Al final se ha creado, a partir de unos insignificantes objetos, de unos objetos cotidianos de sencilla belleza, un espacio de calma y de silencio, una obra de arte que rescata la realidad trascendiéndola.

Me vienen a la retina imágenes de Vermeer, Balthus, Morandi, Chardin, Hammershoi o Mondrian. Xavier Valls es un pintor que ha visto mucho, ha asimilado mucho, pero todo lo ha destilado en su redoma alquímica, hasta obtener una obra de una exquisitez, una poesía y una belleza clásicas en el mejor sentido de la palabra.


















              






                        














          














                               













Xavier Valls fue un buen amigo del compositor, también catalán, Federico Mompou. Les dejo aquí para disfrutar conjuntamente con la pintura la primera pieza del libro I de su Música Callada. Gocen de esta maravilla