miércoles, 28 de mayo de 2014

La biblioteca

Holly Golightly, la protagonista de Desayuno con diamantes, decía que le gustaba ir a Tiffany's porque sentía que en aquel lugar nada malo podía ocurrirle. Yo confieso que en nigún lugar del mundo me siento tan confortable, tan relajado, tan protegido, tan feliz, como en una biblioteca, sea la modesta biblioteca de mi casa, la del instituto donde trabajo, una biblioteca pública, o incluso una librería. Algunos prefieren los paseos frente al mar, a otras personas les motiva el campo, la vegetación, los amplios espacios abiertos, hay mucha gente también, sobre todo en este país nuestro, que se siente como pez en el agua entre las multitudes, en las bulliciosas calles comerciales, en las terrazas de los bares. A mí sin embargo dadme una estancia con las paredes forradas de libros y ya soy feliz, y si además hay silencio, mejor.

Recuerdo a mi abuela Carmen que cuando me veía con las narices metidas en un libro, lo cual debía suceder muy a menudo, me decía: -Niño, no leas tanto, que se te va a hacer la cabeza a pájaros. En aquellos tiempos, en mi inmodesta y pedante juventud, pensaba yo para mis adentros: "Será bestia esta mujer, ¡pues no me dice que no lea!" Hoy, con más de cincuenta años a mis espaldas y algo más de vida trascurrida, pienso si no tendría, después de todo, mucha y buena razón. A su manera burlona, con su experiencia más amplia me estaba advirtiendo de un peligro que no sé si he sabido evitar. No soy hombre campechano ni de grandes habilidades sociales, mi timidez me ha llevado a los libros y los libros a menudo han sido un muro, una barricada contra el mundo, un refugio donde me he sentido a salvo de los hombres. Reconozco, no sin sonrojo, que me siento, aún hoy, más a gusto en la compañía de los libros que en la de las personas.

Y sin embargo, a pesar de todo no puedo evitar compadecer a aquellos que no leen o que apenas leen, pienso en todo lo que he vivido a través de las páginas de un libro, toda esa experiencia que jamás hubiera tenido en mi vida estrecha de profesor-funcionario en la pequeña ciudad de Alicante-España si no hubiera leído todo lo que he leído. Como decía, creo, Borges, me siento orgulloso, no de lo que he escrito, sino de lo que he leído.

Estas reflexiones, como el lector ya está adivinando, no pretenden sino provocar un debate: ¿Leer es tan bueno como se dice, o es algo que nos han enseñado y decimos por decir? ¿Qué piensan ustedes? Mientras se lo piensan les dejo esta selección de pinturas para que se situen, como no, en una biblioteca.



Carl Spitzweg





 Friedrich Kersting





 Johann Hamza





 Antonello da Messina





 Carl Larsson





 Franz Sedlacek





 Edouard Vuillard





 Miquel Barceló





 Miquel Barceló





 Avigdor Arikha





 Avigdor Arikha





 Jacek Yerka





Erik Demazieres





 Susan Landor Keegin





 Tatsuro Kiuchi





 Schuiten Peeters





 María Helena Vieira da Silva





 María Helena Vieira da Silva





Adam Elsheimer





John Frederick Peto





 Giuseppe Maria Crespi



viernes, 23 de mayo de 2014

La muerte, la vida


"La vie" es con toda probabilidad el cuadro más conocido de la época azul de Picasso. La obra nos muestra a un joven casi desnudo, salvo por un paño que recuerda el paño de pureza que cubre a los crucificados, con una mujer desnuda que se abraza a él, su amante. El gesto de la mano del joven nos introduce al otro personaje, una mujer con un manto de pliegues estatuarios que lleva a un niño y que parece simbolizar la maternidad. En el centro unas telas semiacabadas quieren representar que la escena tiene lugar en el estudio de un artista. 

La iconografía de la joven pareja abrazada desnuda se remonta a las representaciones de Adán y Eva en el momento de ser expulsados del Paraíso. Por otra parte el ambiguo gesto del hombre parece indicar una elección necesaria entre la figura de la mujer-madre y la mujer-amante. Los dibujos que ocupan el centro de la composición redundan en la idea de aflicción y soledad, lo mismo que el color azul , que en los cuerpos adquiere un aspecto cadavérico que a mí personalmente me recuerda mucho a la pintura de el Greco, a quien Picasso estudia por esos años. 

La imagen aumenta su misterio o su poder enigmático si pensamos que, en los dibujos preparatorios, la mujer que abraza al hombre mostraba estar embarazada, y que el hombre no era otro que el propio Picasso, quien en la versión definitiva ha sido sustituido por Carlos Casagemas, el amigo con el que el joven malagueño marchó a París desde Barcelona y cuyo trágico suicidio dejó devastado al artista.

La muerte de Casagemas va a marcar un antes y un después en la vida y en la obra de Picasso. Según sus propias palabras: "fue pensar en la muerte de Casagemas lo que me hizo empezar a pintar en azul". 

Este joven malogrado representa para Picasso en primer lugar una advertencia sobre el aspecto oscuro de la vida bohemia que llevaba los primeros años en París, a dónde puede conducir esa vida de excesos, esa concepción del arte como marginalidad; por otra parte Picasso va a sentir una extraña podríamos decir identificación o impersonación con el difunto, de hecho, a su vuelta a París tras su suicidio se va a instalar en el mismo estudio que compartían y va a tener un affaire con Germaine, la amante cuyo rechazo provocó la muerte de su amigo, es como si Picasso quisiera "ser" Casagemas, ¿una extraña manifestación del duelo? Por último el malagueño sintió un cierto remordimiento por haber desatendido a su amigo en los momentos en que éste estaba más deprimido y en su persistente rememoración de Casagemas hay algo de eso tan conocido por nosotros los católicos españoles: la culpa. 

Si tenemos en cuenta todos estos factores, el enigma de este cuadro se adensa, ya que la obra se va cargando de capas de significados, pero al mismo tiempo sus propósitos parecen abrirse a una posible interpretación y apuntar en una doble dirección: Una obra-exorcismo, un pasar por el dolor y la tristeza justamente para exorcizarlos, para que los muertos por fin descansen en paz, y al mismo tiempo una reivindicación de la vida, la apertura de un camino a la esperanza. Picasso ha superado el duelo por el amigo muerto y en ese proceso ha madurado como hombre y como artista.




Pablo Ruiz Picasso, "La vie", (Barcelona 1903). Óleo sobre lienzo [239 x 170 cm]. Cleveland Museum of Art


Mi especial agradecimiento a Pilar Tébar Martínez, la inspiradora de esta entrada.

viernes, 16 de mayo de 2014

El aire se serena. Luigi Ghirri

"El aire se serena,
y viste de hermosura y luz no usada"
                                      Oda III A Francisco de Salinas
                                      Fray Luis de León


Recuerdo las palabras de cierto pintor que conocí hace años, quien, comparando el valor creativo de la pintura y la fotografía, solía menospreciar a la fotografía diciendo que toda la creatividad del fotógrafo se limitaba al cuándo o dónde hacer click, es decir, la realidad estaría ahí y el fotógrafo todo lo que tendría que hacer sería escoger qué fragmentos de realidad decide congelar en imágenes.

He escogido la obra de este autor italiano porque me parece que personifica la refutación más contundente de este punto de vista acerca del arte fotográfico. En la obra de Luigi Ghirri (Scandiano 1943 - Roncocesi 1992) hay arte con mayúsculas, el autor no sólo escoge qué mirar y cómo, sino que crea una imagen en la que todos los elementos están sometidos a un riguroso y deliberado control artístico: la geometría subyacente, las armonías de color, la proporción espacial entre lo lleno y lo vacío... 

Sus imágenes además dialogan con las otras artes visuales y de este modo uno puede percibir con fecuencia citas pictóricas, unas deliberadas e irónicas, otras más sutiles. Su visión del paisaje en ocasiones nos recuerda a De Chirico, en ocasiones roza la abstracción. Es capaz también de la mímesis y del homenaje, como cuando fotografía el taller de Giorgio Morandi o el estudio de Aldo Rossi

A mí sobre todo me maravillan de él esas poéticas imágenes de colores suaves y poco saturados que consiguen expresar emociones sutiles,  me reconforta su deliberado minimalismo, ese comentario suyo acerca de la realidad, que no resulta nunca obvio ni simplista, que implica una observación meticulosa, delicada y un saber extraer belleza de cualquier romo fragmento de mundo.

Como lo que yo pueda decir sobre Luigi Ghirri no deja de ser bastante irrelevante, he preferido traducir algunos fragmentos de escritos suyos donde el autor, que escribió mucho y bien sobre fotografía, expresa sus propósitos y su modo de entender su arte:

"He mirado siempre la imagen fotográfica como algo que no se puede definir, una especie de imagen imposible, siempre la he visto como una extraña síntesis entre la quietud de la pintura y la velocidad, hay algo dentro de la fotografía, dentro de su proceso de construcción, que la acerca al cine."

"La fotografía representa siempre, menos un proceso  del tipo cognoscitivo, en el sentido tradicional del término, afirmativo, que ofrece respuestas, sino que sigue siendo un lenguaje para hacer preguntas sobre el mundo. Yo, con mi historia, he recorrido exactamente este itinerario, relacionándome continuamente con el mundo exterior, con la convicción de no encontrar nunca una solución a las preguntas, sino con la intención de continuar preguntando. Porque ésta me parece ya una forma de respuesta."

Finalmente me parece interesante añadir las palabras que escribió sobre el artista su amigo, el poeta Gianni Celati: "Para él fotografiar significaba sorprenderse por cualquier cosa, encontrar aquella emoción que te hace imaginar la vastedad del espacio, incluso en las cosas más cotidianas. Fotografiaba cosas en las que ninguno repara. Para Luigi la foto debía devolver la dignidad a las cosas, debía sustraerlas a los esquemas, a los juicios apresurados de quienes nunca miran nada."



Capri, 1980.





Capri, 1981.





Capri, 1981.





Kodachrome serie, Ile Rousse, 1976.





Bagnolo San Vito, Statale per Ostiglia, 1988.





Psiche, Napoli, 1981.





París, 1972.





Cervia, 1989.





Serie Taller de Giorgio Morandi, Bologna, 1989-90.





Verso Lagosanto, 1987.





Brest, 1972.





Cesena, Biblioteca Malatestiana, 1983.





San Pietro in Vincoli, Villa Jole, 1987.





Studio di Aldo Rossi, Milano, 1989-90.





París, 1972.





Serie Taller de Giorgio Morandi, Bologna, 1989-90.





Marina di Ravenna, 1986.





Kodachrome serie, 1978.





Serie Taller de Giorgio Morandi, Bologna, 1989-90.





Rifugio Grostè, 1984.



domingo, 11 de mayo de 2014

¡Mira ese cuadro!: El roc de l'estany

Me fascina este cuadro, lo reconozco, es una imagen como de cueva encantada, donde la humedad y los musgos manchan la piedra y adornan las rocas de una riquísima variedad de colores, los rayos escasos de luz crean zonas irisadas que semejan a joyas prendidas de las pétreas paredes, las estalactitas tienen esa textura vítrea, viscosa, húmeda de columnillas translúcidas, el agua del estanque refleja como un negro espejo la bóveda y la roca en medio, como un Leviatán de coloridas escamas sobrenada la superficie centrando la mirada.

Me recuerda la fascinación que sentí de niño la primera vez que me llevaron a una de estas cuevas, no sé si las de Mallorca  o, más cerca de casa, las de Canelobre, esas catedrales subterráneas que la naturaleza ha esculpido con paciencia durante miles de años, las portentosas columnas, las estalactitas colgando de la bóveda, los colores que entonces las iluminaban, según el gusto escenográfico de la época.

La obra pertenece al período mallorquín del pintor Joaquim Mir i Trinxet (Barcelona 1873 - id. 1940). La obra de Mir hoy es menos conocida de lo que merece, yo creo que porque no sabemos dónde colocarla, su estilo singularísimo es fruto de una evolución interna que, si bien asimila modos similares al impresionismo, también tiene aspectos de los iluministas italianos o del simbolismo y de las tendencias decorativas del art nouveau, sin embargo todas esas influencias van a fusionarse de un modo muy personal, dando origen a una obra prodigiosa, en especial la que produce durante su período en Mallorca, adonde marcha con otro paisajista maravilloso, Santiago Rusiñol, dos pintores por los que siento verdadera adoración y a los que es dificilísimo ver hoy en día en ninguna exposición.

Joaquim Mir permaneció en Mallorca desde 1899 hasta 1904, para su arte fueron unos años intensísimos, de extenuante trabajo artístico (pinta más de un centenar de telas, más algunos encargos decorativos muy extensos en Barcelona). El propio pintor en una carta a su amigo Rusiñol describe lo que son sus días de trabajo en la isla: "pinto en un sitio por el que sólo paso yo y alguna bestia inconsciente. El paso, en el que sólo caben, justo, los pies, es un terraplén de rocas resbaladizas que van a parar directamente al mar. Si me fallaran los pies y cayera no creo que volviera a hablarse de mí en el mundo de los vivos. Pero cuando se está allí, Santiago, ¡Qué espectáculo!". 

Todo este vagar haciendo la cabra por los roquedos acabará mal; tras una caída lo encuentran malherido y debe volver a Cataluña, donde será ingresado unos años en una institución psiquiátrica ¿exceso de trabajo? ¿desequilibrios emocionales? no sabemos, pero el tremendo esfuerzo creativo de fusión y comunión con la naturaleza y la obsesión incansable del trabajo van a pasar su factura. De todo ese esfuerzo sin embargo nos ha quedado una obra inclasificable, bellísima, un canto panteísta de puro placer y gozo del paisaje, y de entre esta obra mallorquina, como muestra, he traido aquí este "El roc de l'estany" para su disfrute.



Joaquim Mir i Trinxet, El roc de l'estany, 1903. Museu Nacional d'Art de Catalunya. Barcelona





domingo, 4 de mayo de 2014

Un invitado intempestivo


Hay ocasiones en que un pasaje leído hace muchos, muchos años sigue conservando en nuestra memoria toda la intensidad, la viveza y la fascinación de cuando lo leímos por primera vez. Éste es el caso del fragmento del diálogo platónico El Banquete que me propongo recordar en esta entrada. 

Situémonos: Los invitados al banquete de Agatón han ido pronunciando cada uno, según lo convenido, un discurso en alabanza al dios Eros, esto es, al Amor, todos ellos más o menos memorables, hasta llegar al pronunciado por Sócrates, en el que Platón explica por boca de éste su idea del amor. Este último discurso inaugura un concepto que tendrá largo recorrido en la historia de la civilización occidental: el amor platónico

Cuando parece que ya ha hablado el maestro y nada más importante está por ocurrir, entonces el extraordinario literato que hay en Platón (aunque sea a su pesar) nos reserva una extraordinaria sorpresa: Alcibíades, el bello, el arrogante, el de dudosa reputación, el execrado Alcibíades, hace una irrupción intempestiva y memorable, y va a pronunciar a continuación el más bello elogio a Sócrates, a la filosofía y al amor que se hace en toda esta obra.

Es como si Platón reconociera de algún modo que la sabiduría no siempre habita en las cabezas más cuerdas y sí a veces en las más destempladas, impetuosas, excesivas, porque Eros que, como el diablo, sabe más por viejo que por diablo (ya que es el dios más viejo de todos los dioses), en su antojadiza conducta posee a quien Él elige y deja ayuno al que lo desprecia.

Como no puedo reproducir todo el parlamento de Alcibíades, os dejo con el pasaje de su entrada en escena, recomendándoos, eso sí, que leáis el resto.

"Pero, de repente, la puerta del patio fue golpeada y se produjo un gran ruido como de participantes en una fiesta, y se oyó el sonido de una flautista. Entonces Agatón dijo:
-Esclavos, id a ver y si es alguno de nuestros conocidos, hacedle pasar; pero si no, decid que no estamos bebiendo, sino que estamos durmiendo ya.
No mucho después se oyó en el patio la voz de Alcibíades, fuertemente borracho, preguntando a grandes gritos dónde estaba Agatón y pidiendo a grandes gritos que le llevaran junto a él. Le condujeron entonces hasta ellos, así como a la flautista que le sostenía y a algunos otros de sus acompañantes, pero él se detuvo en la puerta, coronado con una tupida corona de hiedra y violetas y con muchas cintas sobre la cabeza y dijo:
-Salud, caballeros. ¿Acogéis como compañero de bebida a un hombre que está totalmente borracho, o debemos marcharnos tan pronto como hayamos coronado a Agatón, que es a lo que hemos venido? Ayer en efecto no me fue posible venir, pero ahora vengo con estas cintas en la cabeza, para de mi cabeza coronar la cabeza del hombre más sabio y más bello, si se me permite hablar así ¿Os burláis de mí porque estoy borracho? Pues, aunque os riáis, yo sé bien que digo la verdad. Pero decidme enseguida: ¿entro en los términos acordados, o no?, ¿beberéis conmigo, o no?
Todos lo aclamaron y lo invitaron a tomar asiento...." 
Platón, Banquete, 212 d - 213 a.


Anselm Feuerbach (1829 -1880) Symposium, óleo sobre tela, 1871. Alte Nationalgalerie, Staatliche Museen zu Berlin.