jueves, 8 de enero de 2015

Del libre albedrío



 
Mark Rothko, Black and Grey.



Recuerdo un artículo que leí hace años en el diario EL PAÍS firmado por un ex miembro de ETA político-militar. Rememoraba el autor el momento de su "bautismo de fuego", el momento en que la dirección de la organización le encargó un objetivo y le dijo: tienes que matar a fulano. El autor, que finalmente no lo hizo, y por consiguiente hubo de abandonar la organización, afirmaba que ésa es la hora de la verdad: la elección entre matar a un semejante o no hacerlo. Todo lo demás son pamplinas, el lavado de cerebro sobre la opresión del pueblo vasco por el estado español, la propaganda sobre la revolución y la lucha de clases, etc, etc. 

Hay un momento preciso en que una persona, con todo ese condicionamiento y con todo ese odio dentro debe elegir. Y sigue siendo libre de hacerlo o no hacerlo. Esa es la única frontera entre unos hombres y otros, unos matan para defender sus ideas y otros no están dispuestos a hacerlo. En el segundo grupo no todos son moderados, no todos son tolerantes, seguramente no todos son ciudadanos ejemplares, pero unos matan y otros no matan.

Las razones por las que algunas personas encuentran lícito matar a sus semejantes siempre han sido variadas: la religión, las opiniones políticas, la pertenencia racial, de clase, el tener la víctima una opción sexual diferente, el honor familiar o personal, la codicia, el simple odio. Creo que no merece la pena ahondar en la excusas que el asesino se da, nos da para pretender justificar su crimen, eso es tanto como entrar en su perverso juego. 

Lo que hay es la elección de un hombre libre que ha decidido matar a otro. Los hombres tenemos entendimiento y voluntad y por eso cabalmente se dice que somos libres, porque sabemos lo que hacemos y porque podemos elegir entre hacer una u otra cosa. No hay excusas, la sociedad me ha oprimido, tuve unos padres que no me querían, pertenezco a una minoría oprimida, si no ataco yo primero ellos lo harán antes o después, pamplinas, gilipolleces. Yo he elegido. Y soy responsable de mis elecciones.

Por eso rechazo toda esa tormenta que se levanta estos días sobre si los musulmanes son esto o aquello, sobre si la civilización europea encarna estos o aquellos valores. La sociedad europea no es ni mejor ni peor que otras sociedades; si acaso serán mejores sus sistemas legales, que protegen las libertades y ejercen una tutela efectiva sobre ciertos derechos, si acaso serán mejores sus sistemas políticos democráticos, que vehiculan un ámbito de tolerancia obligatoria, protegiendo a las minorías a la vez que dan el poder a las mayorías. 

No nos engañemos, no existe eso que llamamos la sociedad, ya lo decía Margaret Thatcher, existen las personas, existes tú, existo yo, existe mi vecina, existen mi alumno fulanito o menganito. Y las personas, cada una, eligen hacer su vida de diversos modos,  algunos buenos, algunos excelentes, muchos equivocados, muchos fallidos, algunos criminales.

Ayer unos jóvenes guiados por el odio han matado a unas personas inocentes, unas personas cuya única ofensa, imaginaria ofensa, era hacer burla de todo lo divino y lo humano. No hablemos contra nadie sino contra los asesinos, los que odian y los propagan el odio, pero no pongamos adjetivos, porque hay el mismo porcentaje de intolerantes, de estúpidos, o de asesinos, entre los musulmanes, los católicos, los agnósticos, los veganos, los hipsters o los funcionarios de Hacienda.

Pienso en estos días en algún alumno o alumna mía, musulmanes y excelentes personas, que quizás se sientan hoy intimidados en manifestarse como musulmanes, en llevar el velo o en expresar sus opiniones con libertad. Ese derecho también debe ser protegido. No hay un "ellos" y un "nosotros". Hay seres humanos que escogen continuamente entre el bien y el mal. No cavemos trincheras, no levantemos barricadas: el hombre que se equivoca puede, debe ser persuadido. Contra el fanatismo la tolerancia, contra las balas las palabras, no siempre sirven, es verdad, pero si a las balas contestamos con balas los que habrán ganado serán los fanáticos, porque nosotros habremos elegido pasarnos a su bando.




8 comentarios:

  1. La verdad que es una pena todo lo que sucede. Yo creo en el ser humano, en su libertad de elegir, en la libertad de conciencia, sobre todo en ser buenas personas. Hacer el bien y ayudar al prójimo, y sobre todo en el rechazo a la violencia. Como dices tu, debemos saber elegir bien como actuamos, por ello, es necesaria una buena educación y unos valores comunes a todos que nos hagan avanzar juntos, por que todo somos iguales...

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  2. Hoy tocaba reflexionar sobre el tema, inevitable. Volvemos a coincidir.

    Gran reflexión, que comparto.

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  3. Yo lo veo distinto en cuanto a los motivos de estos animales a perpetrar asesinatos en el nombre de su Dios (sea le que sea) y en sembrar el miedo y el terror, que es parte de su objetivo. Han puesto en peligro una superpotencia y tienen en vilo a media Europa que es la gran meta, ser temidos y así poder someter. La tolerancia contra el fanatismo no sirve, ni ha servido ni servirá nunca. Es una lacra que ha de ser erradicada o ella nos aniquilará.
    Seguramente suene duro, pero solo hay que ver lo que hacen esos animales violando a niñas de entre 7 y 13 años compradas en los mercadillos de botines de guerra, ejecuciones masivas de los que no piensan como ellos y un largo etcétera de atrocidades.
    Mi opinión al respecto es clara: los derechos humanos se ganan respetando a su vez a los demás. Tolerancia cero contra el terrorismo, sea el que sea, venga de donde venga.
    La religión ha de ser un puente para la paz y no la espada justiciera del pirao de turno.
    un saludo y perdón por la extensión, que un poco mas y te publico un post enterito ..

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    1. Querido Mariano, seguramente en un texto siempre caben ambigüedades y yo no siempre me expreso con total claridad. Cuando digo "contra fanatismo tolerancia" no me refiero evidentemente a tolerancia hacia el fanatismo o contemporizar con el fanatismo, no, la ley debe proteger un marco de convivencia para todos y el que por sus prejuicios no sea capaz de respetarlo debe quedar excluido, tendrá que elegir, o irse o acomodarse a las normas de la sociedad abierta, o ser sancionado. Me refiero a que el triunfo de nuestro estilo de vida frente al suyo (signifique lo de suyo lo que signifique) es que en nuestras sociedades se protege al practicante de una religión, pero también al que no sólo no la practica sino que además la critica o se burla de ella, todos los puntos de vista están protegidos por igual y por tanto se pueden expresar y defender públicamente.

      En el caso de los jóvenes que han cometido estos asesinatos me parece un caso de manual, chavales crecidos sin padres, en instituciones de menores, rechazados por una sociedad que los ve como "moros", o sea, unos perpetuos extranjeros, necesitan identificarse con algo, en este caso se han fabricado una salida imaginaria, una supuesta "comunidad de creyentes" que no existe más que en su enferma imaginación, desesperada por construir un sentido para su vida, aunque ese sentido sea convertirse en asesinos, antes asesino que don nadie, creo que su caso es un doble fracaso, el personal de ellos en su construcción de sí mismos como personas, y el de la sociedad que no les ha proporcionado una vía de integración verdadera. Lo que no veo es lo del choque de civilizaciones.

      Ahora el que está haciendo un discurso larguísimo soy yo, perdón...

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  4. Desde hace un tiempo, vengo proponiendo en tutoría un juego. En un pueblo viven, entre otros, un artista, dos matrimonios y un barquero. Uno de los matrimonios vice en una ribera del río. El artista y el otro matrimonio en la otra ribera. El barquero... bueno, el barquero cruza el río llevando pasajeros de un lado a otro. La mujer que vive a este lado del río tiene una relación sexual con el artista que vice al otro lado. Un día va a ver al artista y al tratar de volver a su casa se encuentra con que no tiene dinero para pagar al barquero. Va a ver a su amante y este se niega a prestarle dinero alegando que eso complicaría su relación con algo diferente al puro sexo. Va a ver a su amiga y esta le dice que sabe porque está de ese lado y que no va a ser cómplice de su infidelidad prestándole dinero. Le pide al barquero que la fíe y este responde diciéndole que si comienza a fiar tendrá que acabar fiando a todo el mundo y eso arruinaría su negocio.

    Finalmente, la mujer se ve obligada a adentrarse en el bosque donde hay un puente que une ambas riberas. El problema es que en el bosque hay un grupo de asaltadores que tratan de robarle cualquier pertenencia que lleve. Como ella no lleva nada, acaban asesinándola. La pregunta es ¿Quién es el culpable de la muerte de la mujer?

    Pues bien, casi todos los años hay alumnos que culpan a la mujer por ser infiel, al amante por insensible, a la amiga por insolidaria, al barquero por avaro e incluso al alcalde del pueblo por no construir un puente en campo abierto. Sin embargo, casi nadie culpa a los asesinos, a los que, como tú mismo dices, tienen en sus manos la decisión de matar o no.

    Creo que has hecho un análisis lúcido y necesario. Las religiones, tal como yo le veo, tienen bastantes más sombras que luces, pero no convierten a un hombre en asesino. Tampoco los nacionalismos, que considero un palo en la rueda del progreso de los derechos sociales, lo hacen.

    Son los asesinos los que asesinan. No puede haber excusas. No las hay.

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    1. Justamente por eso sentí la necesidad de poner por escrito lo que pensaba, porque creo que hoy en día hay una tendencia peligrosísima a achacar las causas de una acción a cualquier cosa menos a la responabilidad individual de quien la comete. De hecho creo que, igual que nuestra sociedad cada vez cree menos en Dios, también cada vez cree menos en la libertad individual (y en la responsabilidad individual, que es su consecuencia). Cada vez más las acciones de una persona se atribuyen al contexto social, a algún trastorno psicológico, a todo menos a su capacidad de elección, es un constante escurrir el bulto.

      A mi me educaron en el dogma católico del libre albedrío, y, aunque no sabría decirte respecto de los demás dogmas en qué posición estoy, tengo claro que el hombre es un ser libre y responsable y cuando alguien asesina no debe haber coartadas ni excusas, hay un hecho irreparable cometido libre y voluntariamente.

      La religión, como el nacionalismo, como cualquier otra ideología (pienso en el comunismo p. ej.) puede impulsar a los hombres a ir más allá de sí mismos y hacer cosas altruístas, heroicas, pero también pueden impulsar a cometer atrocidades y no es a la religión o a la ideología a la que hay que responsabilizar, sino a las personas.

      Como bien dices, no puede haber excusas. No las hay.

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