miércoles, 11 de febrero de 2015

Takeuchi Seiho


La era Meiji en Japón (1868-1912) fue una época de crecientes  contradicciones: Una intensa modernización social y económica y la apertura hacia Occidente se alternan con la revitalización de las tradiciones culturales y de la religión shintoísta, un ardiente nacionalismo y un activo militarismo. 

Japón en el tránsito hacia la modernidad se debate entre el deseo de conservar sus esencias y el de competir con las potencias industriales del momento, de un modo que los españoles podemos comprender muy bien, porque nuestros intentos de ingresar en la modernidad se han visto jalonados por idéntica ambivalencia entre la aprensión por la pérdida de las señas de identidad culturales asociadas a lo "Español" (que desembocará en un nacionalismo exacerbado) y un intenso deseo de modernización a toda costa, de emulación, incluso de complejo de inferioridad frente a todo lo extranjero.

Un artista que encarna muy bien esta contradictoria época Meiji es el pintor Takeuchi Seiho: nacido en Kyoto en 1864, su vida se prolonga hasta la guerra mundial, pues fallece en 1942. Durante este largo período el autor se va a configurar como el gran renovador del género Nihonga, es decir, el estilo de pintura japonesa tradicional. 

Este género, donde se pinta con pincel sobre papel de arroz o sobre seda usando pigmentos naturales diluidos en agua en las composiciones en color, o tinta china en las composiciones monócromas, estaba regido por estrictas normas tradicionales que regulaban el modo de representar los animales, los paisajes, los seres humanos, e incluso prescribía los tipos de trazo del pincel según lo representado o los efectos imitativos a lograr. Esta tradición se había quedado un tanto anquilosada por esta excesiva tendencia a lo canónico y es durante la época Meiji cuando se renueva gracias al intercambio con las técnicas y modos de representación del arte occidental. 

En su búsqueda de nuevos horizontes creativos Takeuchi Seiho viajará a París durante la Exposición Universal de 1900 y podrá conocer la obra de los paisajistas occidentales, como Turner o Corot, extrayendo sus propias lecciones del encuentro. Posteriormente el autor cambiará de orientación y pasará a inspirarse en la pintura tradicional china y en la poesía japonesa, en el Haiku; de nuevo el péndulo Occidente-Oriente.

El autor está muy concernido por la noción de capturar la vida del natural para plasmar la esencia del objeto pintado, lo que en japonés llama shasei, así sus representaciones de paisajes y de animales transmiten esta búsqueda formal. El autor en su trayectoria acumuló honores de todo tipo, llegando a ser pintor de la corte, y tuvo un gran número de discípulos por lo que su obra y su enseñanza tuvieron una gran influencia sobre la evolución posterior del arte nipón. 

Les dejo ante la obra de este extraordinario, y para mí hasta hace poco desconocido, artista, un creador de imágenes poderosas que dejan sin aliento. Que ustedes las disfruten.















































































































































6 comentarios:

  1. Excepcional. Qué delicadeza. Saludos, José Miguel.

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    1. Gracias Esther, la verdad es que yo estoy tan maravillado como tú, apenas hace ni una semana que he tenido noticia de la existencia de este pintor y estoy absolutamente enamorado de su obra. Un saludo ;-)

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  2. Encantadoras y delicadas piezas de perfección extrema en el detalle: la elegancia y ternura del ciervo, la majestuosidad del león, el vivo y fresco colorido de los pescados- que me hacen evocar a los recién sacados de los barcos que arriban al puerto vilero - ...Eficaces reclamos del Arte para divinizar la obra humana haciendo perdurable lo perecedero. Si a la Belleza se la puede calificar de exquisita esta entrada es un paradigma de Ella.

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    1. Delicadísimas obras en efecto de una perfección en la que no falta ni sobra un trazo. Me impresionan los colores vivos de las caballas, de las olas, pero también la sencillez del ratón husmeando sobre un nabo, las flores secas y arrugadas, o la pagoda esbozada en tinta china, me gusta la deliberada simplicidad, la economía entre lleno y vacío. ¡Y pensar que de toda esta cultura lo ignoramos prácticamente todo!

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  3. Una maravilla. Me imagino que en el Taschen de arte japonés que tengo por ahí lo habré visto (pero no he retenido el nombre, en cualquier caso). Suelo confundir mucho nombres y épocas cuando me salgo del arte occidental.

    Reitero. Una maravilla.

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    1. A mí me pasa lo mismo; tanto los nombres japoneses como los nombres chinos me resulta casi imposible memorizarlos y además los períodos y las épocas suyas se corresponden poco con las nuestras y me hago un lío. En cualquier caso lo de este autor es una cosa fabulosa, hace tiempo que no hago un descubrimiento que me haya emocionado tanto.

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