lunes, 16 de marzo de 2015

El hombre sin rostro: retratos para un rey


En 1700 comienza el reinado de Felipe V, el primer rey Borbón de España y el reinado más largo de la historia de nuestro país, 46 años interrumpidos tan sólo por el brevísimo intervalo del reinado (229 días) de su hijo Luis I. Un rey nuevo, extranjero (nunca hablará más que francés) llega a tomar posesión de sus reinos con 17 años y fue y sigue siendo uno de los reyes más controvertidos de nuestra historia. Ninguno como él ha sido objeto de juicios tan contradictorios, tanto en su época como en la nuestra. Todavía hoy, según qué visión de España se tenga, es usual alabar o denostar al primer borbón para fijar posiciones. 

Persona siempre huidiza, es juzgada por los comentarios de sus contemporáneos siempre desde lejos, bien como un ser abúlico, dominado por sus mujeres, melancólico, loco, bien como "el animoso", valiente guerrero, reformador, piadoso, culto. El rey es poco comunicativo desde los comienzos, luego su enfermedad depresiva lo recluirá aún más en sí mismo, finalmente sus temporadas, largas, de enajenamiento mental y sus horarios nocturnos le mantendrán apartado por completo de la vista pública. 

Sin embargo, en parte por haber sido el reinado más largo de nuestra historia, en parte por haber comenzado una nueva dinastía, en parte por el esfuerzo propagandístico tras la Guerra de Sucesión, el caso es que ha sido seguramente el rey más retratado de la historia de España. Felipe V no tuvo para esto la suerte de haber contado con ningún Velázquez o ningún Goya a su servicio; sus retratistas, si no mediocres, que los hay y muchos, lo mejor que se puede decir de ellos es que son medianos, buenos artesanos de lo suyo. Todos estos pintores nos han dejado una amplísima colección de rostros que, cuanto más los vemos, menos nos permiten conocer a la persona ¿Ineptitud? ¿Idealización propagandística? El rey no parece haber tenido aquellos rasgos tan característicos de los Habsburgos, sus antepasados, el caso es que Felipe V parece seguir queriendo escabullirse y desaparacer tras la máscara de todos esos reflejos.

Llega un rey nuevo y hay que pintar un montón de nuevos retratos que irán a presidir las audiencias provinciales, las capitanías, los gobiernos civiles, retratos que se mandan a embajadas o cortes extranjeras, que se encargan por miembros de la nobleza, que llegan a cada rincón del país donde haya una institución oficial. Todo ese inmenso trabajo había que hacerlo a mano: el pintor, o los pintores, de cámara tenían la misión de elaborar esos retratos, o al menos sus prototipos, que luego serían copiados por otros pintores más mediocres conforme bajaba el escalafón. Los pintores de cámara también debían supevisar estas copias para verificar unos mínimos de calidad y controlar que mantuviesen unos estándares de decoro y que sirviesen a los propósitos propagandísticos del nuevo régimen. Muchísimo trabajo, y más si, como sucedía con Felipe V, el rey, o no estaba casi nunca a mano porque estaba en la guerra, o no podía posar porque estaba apartado del público por su enfemedad. Los pintores no tenían un modelo que posara como tuvo Velázquez, tenían literalmente que inventarse el retrato del rey, para eso eran unos artistas profesionales, para crear.

Vamos por orden, Felipe de Borbón, Duque de Anjou, segundo hijo del Delfín de Francia, se había criado en Versalles y formado allí sus gustos estéticos. En 1700, nada más ser nombrado rey en el testamento de Carlos II, su abuelo Luis XIV encarga a Hyacinthe Rigaud un retrato del que se harán numerosas réplicas, una de las cuales, la del Prado, será durante mucho tiempo el único retrato de sí mismo que le guste a Felipe. En Versalles igualmente debió pintarse el pastel de Joseph Vivien, un pintor a la moda de la Carriera. El rey seguirá pidiendo a su abuelo desde Madrid que le mande pintores franceses, pues no le gusta el estilo de los españoles, así llega Jean Ranc, discípulo de Rigaud, quien patentará el tipo de retrato oficial que va a ser la nueva imagen de la monarquía. A éste  lo sustituye Michel-Ange Houasse, contemporáneo del rey y maestro suyo de dibujo, que a Felipe le gustaba mucho. Finalmente en los últimos años del reinado, cuando ya el rey estaba tan estropeado por su enfermedad que no podía posar, y ni pensar en pintarlo tal y como estaba, llegó Louis-Michel van Loo a hacer unos bombásticos retratos que intentan apuntalar la imagen pública de la monarquía con mucha pompa y circunstancia.

Como he dicho anteriormente, al rey no le gustaban los pintores españoles. Cuando llegó a Madrid el pintor de cámara, o uno de ellos, era Antonio Palomino, quien debió durar poco en el cargo, pues no hay muchos retratos suyos del monarca. Sin embargo el pintor que sí hará una enorme cantidad de retratos reales será Miguel Jacinto Meléndez, pintor asturiano heredero de la tradición que había tenido sus últimos destellos en Carreño de Miranda y Claudio Coello y que se remontaba al propio Velázquez, e influenciado también por Van Dyck y por los italianos, a él debemos una buena cantidad de imágenes muy hemosas y afortunadamente alejadas del retrato de pompa y circunstancia que imperaba en el momento, sin por ello desmerecer la dignidad del retrato regio. De la escuela italiana cabe resaltar a Francesco Solimena, un superviviente napolitano del reinado anterior.

Otro aspecto muy interesante de las imágenes que ha generado Felipe V es el hecho de que, como también he dicho, su reinado controvertido ha sido plasmado en imágenes que, bien son de propaganda, como la que le muestra convertido en un nuevo Santiago-y-cierra-España, bien le tiene, como en el retrato de Xàtiva, castigado, colgado boca abajo, por haber incendiado la ciudad en el trascurso de la guerra y le sigue mostrando aún hoy como la bicha de los independentistas catalanes por haber sido el autor de los Decretos de Nueva Planta. 

Finalmente hay en las colecciones reales un retrato que pintó su esposa Isabel de Farnesio, que quizás, por no tener ella demasiada formación artística y por sus implicaciones afectivas, podría ser la imagen más próxima que tengamos de cómo era la persona llamada Felipe de Borbón.




ESCUELA FRANCESA

 Joseph Vivien, Felipe V, 1700. Pastel sobre papel



 Hyacinthe Rigaud, Felipe V,1701. Chateau de Versailles.



 Hyacinthe Rigaud, Felipe V, 1701. Museo Nacional del Prado



 Jean Ranc, Felipe V, 1723. Museo Nacional del Prado



 Jean Ranc, Felipe V a caballo, 1723. Museo Nacional del Prado



 Jean Ranc, La familia de Felipe V, 1722-23. Museo Nacional del Prado



 Michel-Ange Houasse, Felipe V



 Louis-Michel van Loo, Felipe V, 1737-42



 Louis-Michel van Loo, Felipe V a caballo, 1737. Patrimonio Nacional. Palacio de Oriente, Madrid



Louis-Michel van Loo. La familia de Felipe V, 1743. Museo Nacional del Prado




ESCUELA ESPAÑOLA

 Antonio Palomino, Felipe V, 1710-20. Universidad de Salamanca



 Miguel Jacinto Meléndez, Felipe V, 1701-03. Pastel sobre papel. Meadows Museum, Dallas.



 Miguel Jacinto Meléndez, Felipe V, 1727. Biblioteca Nacional, Madrid



 Miguel Jacinto Meléndez, Felipe V cazador, 1712. Museo Cerralbo, Madrid.



 Miguel Jacinto Meléndez, Felipe V, 1716-17. Palacio de Viana, Códoba.



 Miguel Jacinto Meléndez, Felipe "El animoso".



 Miguel Jacinto Meléndez, retrato de los reyes Felipe de Borbón y María Luisa de Saboya



 Autor desconocido, retrato de los reyes Felipe de Borbón e Isabel de Farnesio



 Juan Ruiz Melgarejo, Felipe V. Museo de Bellas Artes de Murcia



Anónimo Madrileño, Felipe V. Cartuja de Miraflores, Burgos.




ESCUELA ITALIANA

 Francesco Solimena, Felipe V.



 Nicola Vaccari, Felipe V. Piacenza, Galleria Alberoni



 
Giovanni maria delle Piane, Felipe V.





PROPAGANDA Y ANTIPROPAGANDA

 Anónimo, Felipe V como el Apóstol Santiago. La Paz, Bolivia.



 Felipe de Silva, Felipe V, Maria Luisa de Saboya y Luis I combatiendo la herejía, 1707-12. Palacio Real de Aranjuez.



 
Anónimo, Felipe V. Museu de l'Almodí, Xàtiva.





EL HOMBRE EN LA INTIMIDAD

Isabel de Farnesio, retrato de su esposo Felipe de Borbón, 1721, pastel sobre papel. Palacio de La Granja de San Ildefonso, Segovia.





4 comentarios:

  1. Original retrato - aunque prefiero los anteriores - el del monarca pintado por su propia esposa, en el que el exceso de luz quizá sea atribuible a la admiración y respeto que, como rey y marido, le infundía.
    Por más que lo intento, no sabría elegir entre la escuela francesa y la española, aunque la obra de Miguel Francisco Meléndez justifica sobradamente la predilección del monarca por él.

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    1. Lo que más me gusta del retrato de Isabel de Farnesio es que es una obra sin pretensión alguna, ella al fin y al cabo no era artista, sólamente una esposa que dibujaba, no mal, pero sobre todo que me imagino que es un retrato pintado desde el amor. Isabel de Farnesio ha sido criticada aún más que su esposo si cabe (le ha tocado ser la mala de la película), pero creo que es una mujer de un valor humano impresionante, imagínate que vives en un apís extranjero, que tu marido está completamente ido y que no tienes más rmedio que meterte tú a gobernar como Dios te dé a entender, y lo hizo y no lo hizo mal.

      En cuanto a Miguel Jacinto Meléndez es curioso porque incluso en el Museo del Prado es difícil ver su obra, siempre ha estado como en segundo plano respecto a los franceses, pero hace una cosa muy bonitas y con mucho oficio, cuanto más lo voy conociendo más me gusta.

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  2. Por fin me animo a escribirte un comentario tras mucho tiempo disfrutando tu blog, que sigo religiosamente a la espera de que me descubras nuevas imágenes, autores, textos...que me inspiran y me hacen disfrutar enormemente...gracias!
    Esta última entrada me resulta maravillosa como muchas otras, pues esa manera de presentar diversas obras y catalogarlas siguiendo un hilo conductor me fascina y me hace segregar endorfinas en cascada!!!!...si bien lo que me ha animado a escribirte no es ese sentimiento si no el que me ha provocado leer en varias ocasiones la palabra mediocre...Al leer el texto y ver después las imágenes tan maravillosas que has dispuesto a continuación he sufrido un cortocircuito cerebral en el que he necesitado saber la definición de MEDIOCRE en la RAE:
    (Del lat. mediocris).1. adj. De calidad media.2. adj. De poco mérito, tirando a malo...
    ...efectivamente en mi cabeza albergaba la segunda acepción, la que lleva implícito un matiz peyorativo...y efectivamente he de decirte que...no sé...no me gusta esta palabra, por lo menos en esta acepción, y menos aún me esperaba leerla aquí,en un blog en el que me decubres autores desconocidos absolutamente para mí, educado en la limitada grandilocuencia de los grandes artistas que han pasado a la Historia (esos que le faltaban a Felipe V, como dices), educado en la vinculación del éxito en la vida con el reconocimiento de la sociedad (previo reconocimiento de los gurús, de los sabedores de la verdad, de la prensa especializada...ya sea a nivel mundial o local). Educación que podría provocar relacionar la falta de reconocimiento, que no desconocimiento, con la falta de valor en este caso artístico. Educación que me ha generado como persona, como estudiante y como profesional, en mi 'anonimato mediocre', ciertos momentos de frustración y desánimo, y que se han desvanecido con el descubrimiento de 'los otros', los desconocidos, que resulta que me fascinan y me emocionan casi tanto o incluso más que los 'mainstream' y que vengo a buscar a menudo aquí.
    ¿Debo entender que has usado el concepto de mediocridad para hacer hincapié en la falta de veracidad en los retratos del monarca y que atribuyes a la falta de capacidades de dichos autores?
    Sean fieles o no, las obras, vistas unos siglos después, me parecen hermosas y quizás por ese distanciamiento, además de por otras razones estéticas, me parecen fascinantes y algunas de ellas me gustan casi tanto o más que otras obras de los grandes autores...quizás también porque el mérito que les otorgo se lo asigna un ser humano de vida anónima y por tanto mediocre.
    De cualquier manera, dejando a un lado dicha reflexión, quiero terminar mi anónima intervención dándote una vez más las gracias por tan maravilloso trabajo. GRACIAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSS!!!!!!!!

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    1. Te confieso que esta entrada en particular tiene mucho significado para mí. Felipe V ha sido uno de los reyes más denostados de nuestra historia, no está de moda, vaya, y me apetecía reivindicarlo, reivindicar un período de estabilidad, de reformas, de modernización, presididas,ciertamente, por un rey que no llegó a estar a la altura, lo que sin duda pudo ser una de las fuentes de sus crónicas depresiones y de su intenso sufrimiento mental, sin embargo su legado ha sido grande, prueba de que los mediocres (me incluyo) colaboran tanto como los demás a la marcha del mundo.

      En lo que se refiere a los pintores (que a mí en particular me gustan mucho, todos ellos, y tanto más que los nombres conocidos los autores provinciales o los anónimos) sólo uso el término en el sentido de que probablemente ninguno de los aquí mostrados habrá pasado a los grandes titulares de la historia del arte, aparte del hecho de que el retrato en el siglo XVIII es especialmente adulador y por tanto a veces demasiado almibarado. En cualquier caso a mi modo de ver eso no le resta ningún valor. Pintar retratos reales era un trabajo casi artesanal que todos estos profesionales desempeñaron con un talento y un decoro profesional ejemplares, más si piensas que Felipe V, que era un tío que vivía encerrado y a veces estaba tan loco que simplemnte no podía mostrarse en público, no podía posar, por lo que los pintores tenían que recurrir a imágenes de segunda para elaborar sus retratos, eso tiene un mérito que ya me hubiese gustado ver al gran Velázquez en su situación.

      Estoy por completo de acuerdo contigo que no se debe aplicar el calificativo mediocre en el sentido peyorativo que habitualmente se usa, más bien creo que deberíamos reivindicar ese concepto como hacía Horacio cuando alababa la aura mediocritas, que es más un sentido de autocontención, de no buscar siempre más, de no-competencia, que es un alivio y un poco de aire fresco frente a una sociedad tan competitiva como la nuestra y con unos modelos sociales muchas veces tan contraproducentes.

      Muchas gracias por tu comentario tan estimulante y tan interesante, estas cosas sn las que dan vida, gracias de nuevo. Un saludo

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