miércoles, 11 de marzo de 2015

Esperando a los bárbaros

Perdónenme que por una vez hable de política en este espacio que es más bien de artes plásticas, pero llevo un tiempo ya con una extraña sensación  que me gustaría compartir con ustedes. Estamos todo el país viviendo en estos días un tenso período de espera hasta las elecciones de mayo, con la sospecha de que lo que se avecina va más allá de un cambio en el turno, de que lo que viene es un cambio de régimen. Estas municipales de mayo de 2015 se parecen extrañamente a las de abril de 1931, donde, curiosamente, la batalla la ganaron los partidos monárquicos, pero la guerra la ganó la República. 

Está en el ambiente, vienen los bárbaros, unos les quieren abrir las puertas porque están hartos de lo de ahora y piensan que cualquier futuro será mejor que lo que ahora tenemos, otros sienten apego a lo conocido, pues piensan que más vale malo conocido que bueno por conocer, otros incluso sienten una extraña comezón en su garganta, como un picor pre-guillotina, ¡aprensivos!, otros finalmente, más escépticos, son de la opinión de que todo tiene que cambiar para que al final nada cambie. 


Yo confieso a ustedes mi completo estupor y desazón; como es habitual en mí me temo lo peor. Quizás soy demasiado viejo para que me ilusionen esos jóvenes airados, me disgusta su prepotencia, pero sobre todo desconfío del puritanismo que exhiben como acusadores de la “casta”, los puritanos en política dan mucho miedo, por lo menos a mí, que siempre me considero minoría sambenitable (permítaseme el neologismo). 


Al mismo tiempo me acuerdo de una vieja historia que podría estar a punto de repetirse: en  octubre de 1982 el PSOE, hasta entonces constituido por un grupo de amigos, (digan lo que quieran decir ahora todos esos que siempre fueron antifranquistas) gana las elecciones generales por goleada. Necesita cuadros con urgencia y no tiene tiempo ni ganas de ponerse a examinar el pedigrí de los que acuden en aluvión a caballo ganador... Y se le cuelan todos los paniaguados y pillacachos que ese partido ha tenido como una prodigiosa chepa desde entonces hasta hoy en día, los “michelines” que decía Arzalluz. Ahora un partido recién nacido parece a punto de llevárselo por goleada ¿Van a poder examinar a todos los que correrán a apuntarse en sus filas en cuanto ganen? ¿Cuál va a ser el temario de esas oposiciones?


Al mismo tiempo, si miro hacia los partidos del turno, mi desolación es tan grande que no sé, quizás los bárbaros sean al fin y al cabo una solución, porque la sensación de corrupción generalizada y consentida, de falta de ideas, de resignación ante la injusticia, de dejación de funciones como mandatarios públicos que no se atreven a proponer unas reglas de juego justas, que es la función del poder político, limitándose a ejercer como hombres de paja de los poderes económicos, es tan abrumadora que quizás pienso que el sistema que hemos construido, el tan alabado sistema de la Transición, en el fondo no ha sido desde el principio más que una tapadera para que sigan mandando los de siempre sin ser inquietados, que todo lo que se nos arrojó como distracción no fueron sino las migajas que caían de la mesa, panem et circenses, y que ahora que la crisis aprieta nos han cortado el grifo y hemos visto la cruda realidad, de lo que somos, o más bien de lo que NO somos, ni clase media ni hostias, unos pringaos es lo que somos.


¿Qué quién quiero que gane? Miedo de los del turno, miedo de los jóvenes airados, miedo de que todo siga igual y miedo de que cambie. Que gane el mejor, o sea, el más fuerte.






Ulpiano Checa. La invasión de los bárbaros, 1887.




 
ESPERANDO A LOS BÁRBAROS


-¿Qué esperamos congregados en el foro?
Es a los bárbaros que hoy llegan.

-¿Por qué esta inacción en el Senado?
¿Por qué están ahí sentados sin legislar los Senadores?
Porque hoy llegarán los bárbaros.
¿Qué leyes van a hacer los senadores?
Ya legislarán, cuando lleguen, los bárbaros.

-¿Por qué nuestro emperador madrugó tanto
y en su trono, a la puerta mayor de la ciudad,
está sentado, solemne y ciñendo su corona?
Porque hoy llegarán los bárbaros.
Y el emperador espera para dar
a su jefe la acogida. Incluso preparó,
para entregárselo, un pergamino. En él
muchos títulos y dignidades hay escritos.

-¿Por qué nuestros dos cónsules y pretores salieron
hoy con rojas togas bordadas;
por qué llevan brazaletes con tantas amatistas
y anillos engastados y esmeraldas rutilantes;
por qué empuñan hoy preciosos báculos
en plata y oro magníficamente cincelados?
Porque hoy llegarán los bárbaros;
y espectáculos así deslumbran a los bárbaros.

-¿Por qué no acuden, como siempre, los ilustres oradores
a echar sus discursos y decir sus cosas?
Porque hoy llegarán los bárbaros y
les fastidian la elocuencia y los discursos.

-¿Por qué empieza de pronto este desconcierto
y confusión? (¡Qué graves se han vuelto los rostros!)
¿Por qué calles y plazas aprisa se vacían
y todos vuelven a casa compungidos?
Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.
Algunos han venido de las fronteras
y contado que los bárbaros no existen.

¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?
Esta gente, al fin y al cabo, era una solución.



Constantino P. Cavafis




4 comentarios:

  1. Los bárbaros son éstos. Y están aquí desde hace demasiado tiempo ya.

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    1. Sí, probablemente tienes razón, los bárbaros ya han saltado la muralla hace tiempo y son los que ahora mandan, no sé, te confieso que estoy confuso

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  2. Hay que esperar "la cosa" con ánimo, José Miguel. Confiar. No puede servirnos tanta miseria moral y de la otra. Prefiero no extenderme.

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    1. Tienes razón en que hay que intentar ser positivos, no nos vale la miseria moral, ni la material, en la que venimos chapoteando últimamente, pero cuando miras a izquierda y derecha lo que ves da más razones para la aprensión que para la ilusión.

      Te copio el enlace del artículo de Javier Cercas en EL PAÍS de ayer "Cambio sin cambio" donde expresa un sentimiento de reticencia similar:
      http://elpais.com/elpais/2015/03/13/eps/1426270065_206983.html

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