lunes, 23 de marzo de 2015

¿Qué pinta aquí una mujer? Marlene Dumas


La primera obra que ví de Marlene Dumas (Ciudad del Cabo 1953) es la primera que he seleccionado aquí, un extraño retrato de grupo de unos alumnos con su maestra. Yo mismo tengo una foto idéntica de mis años escolares, los de mi clase colocados en filas escalonadas ocupando todo el espacio, el cura en el centro. Toda la violencia del autoritarismo, la fabricación en serie de mansedumbre, la mentira pedagógica está plasmada en esta imagen que aquí la artista ha trabajado, como suele hacer, a partir de una fotografía, añadiéndole, además de los valores plásticos propios de la pintura (color, textura, dibujo, composición, etc) sobre todo el comentario, la nota a pie de página, explicitando mediante su arte lo que en la fotografía se hallaba implícito, la emoción.

Igual nos sucede con otras de sus obras, son imágenes que nos resultan familiares, que re-conocemos, en la segunda vemos unos hombres contra un muro ¿el Muro de las Lamentaciones? ¿o un grupo de hombres a punto de ser fusilados contra un muro cualquiera? ¿y por qué no las dos cosas a la vez?, la imagen en su ambigüedad permite esas cosas. En la tercera obra, titulada "The visitor" vemos a un grupo de prostitutas en un club exhibiéndose ante un cliente que permanece invisible desde nuestro punto de vista. La siguiente nos muestra un grupo de niños expuestos como en una revisión impúdica, desnudos, con los genitales a la vista, agrupados, en pose vulnerable, con una patética inocencia que querríamos proteger. 

Todas sus imágenes proceden de otras imágenes, lo que no quiere decir que no hayan sido elaboradas o reelaboradas, quiere más bien aludir al hecho de que la imagen, las imágenes, hoy son un patrimonio universal, son algo que nos alcanza en todos lados, que nos persigue, que se ha democratizado, que se ha liberado de sus sujetos, que se ha banalizado, una plaga de imágenes que no paran de proliferar. Con ese material en bruto, el trabajo de esta artista consiste en crear significados, dar profundidad, crear texto donde sólo hay fragmentos sin sentido. 

Marlene Dumas mira esas fotos, mira esas imágenes procedentes del porno, mira esas caras, los famosos, Warhol, Passolini, Obama Bin Laden, y los anónimos, ¿son retratos? en todo caso no pretenden reivindicar un género tan reaccionario como el retrato burgués, el retrato para colocar sobre la chimenea, más bien parecen esas colecciones anónimas de rostros que hemos visto en este siglo XX, las fotos de los judíos muertos en el Holocausto, las de las víctimas del terrorismo, esos homenajes masivos, o por qué no, a los rostros de El Fayum. Son rostros únicos y a la vez en su unicidad son don-nadies, sólo caras, fantasmas que nos miran como preguntando, como los rostros que Dante entreve en su recorrido por el Infierno, mezclados en su anonimato. 

Me gusta Marlene Dumas también porque es mujer y pinta como una mujer, desde ser mujer, femenina y feminista ¿podría ser de otro modo? Como ella misma dice, con mucha auto-ironía, mucho sentido del humor y afortunadamnte muy poca corrección política, en un texto suyo, Mujer y pintura, de 1993: 
"Pinto porque soy una mujer religiosa. 
(Creo en la Eternidad) 
La pintura no congela el tiempo. Recicla y hace circular el tiempo como una rueda que gira. Los que fueron los primeros, bien pueden ser los últimos. 
La pintura es un arte muy lento, no viaja a la velocidad de la luz. Por eso es por lo que los pintores muertos brillan tanto. 
Está bien ser el segundo sexo, 
está bien ser el segundo mejor, 
la pintura no es una actividad progresiva. 
[...] 
Pinto porque soy una mujer sucia, 
(pintar es un sucio negocio) 
No puede ser un medio puro, conceptual. Cuanto más "conceptual" o limpio es el arte, más se puede separar la cabeza del cuerpo, y más el trabajo puede ser hecho por otros. La pintura es el único trabajo manual que hago. 
Pinto porque me gusta que se compre y se venda. 
La pintura trata de los restos del tacto humano, trata de la piel de una superficie. Una pintura no es una tarjeta postal. El contenido de una pintura no puede separarse de la percepción de su superficie".

Sobre todo me gusta, y es lo que reivindica aún en nuestro tiempo el inmortal valor de la pintura, que sus imágenes sigan resistiéndose al comentario, a la glosa, porque son imágenes, nada más y nada menos, y por tanto ambiguas, simbólicas, plurivalentes, misteriosas, poderosas, hipnóticas. El primer hombre que pintó unos animales en la pared de una caverna ya sabía esta simple verdad: Si pudiésemos explicarlas destruiríamos su magia.










































































































































En la Tate Modern de Londres se está celebrando, desde el 5 de febrero hasta el 10 de mayo, una gran exposición restrospectiva de la obra de Marlene Dumas bajo el título "The image as Burden" (La imagen como carga), les dejo aquí el enlace de la cita:
http://www.tate.org.uk/whats-on/tate-modern/exhibition/marlene-dumas-image-burden

2 comentarios:

  1. Aunque estas ilustraciones no rezuman optimismo precisamente, he de reconocer la trasgresora crítica social que exponen, de un modo totalmente novedoso - al menos para mí - y la profundización psicológica en el dominio del retrato que, con mayor mérito por su parte, procedía de fotografías.
    Una curiosidad: ¿Han sido bien acogidas sus obras? Me lo cuestiono porque las innovaciones, o sea, la ruptura de lo usual, implican, al menos en principio, una buena dosis de esfuerzo intelectual por parte del público.

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    1. Pues fíjate, la autora está teniendo ahora una gran retrospectiva de su obra en la Tate Modern de Londres (Febrero - Mayo 2015), lo que sólo consiguen unos pocos artistas vivos, y por lo visto la exposición está teniendo mucho éxito, aunque la opinión de la crítica está siendo muy dividida, muchos le reprochan la excesiva crudeza de sus imágenes, o por ejemplo se ha criticado mucho su retrato de Bin Laden, pero en general hay que decir que es una artista muy aceptada (hoy es la pintora viva más cotizada, su cuadro "The visitor" alcanzó en una reciente subasta 3 millones de libras).
      A mí me parece una obra en efecto muy dura, no es nada complaciente ni "bonita", pero tiene una carga de denuncia y de reivindicación muy interesante y sobre todo unos valores plásticos tremendos, esos rostros son impresionantes, no sé explicarlo muy bien, pero me emociona mucho esta mujer y su pintura.

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