lunes, 4 de mayo de 2015

PLEIN AIR: Jaime Morera y Galicia


En 1857 un joven pintor de origen belga, Carlos de Haes (Bruselas 1826 - Madrid 1898), obtiene por oposición la cátedra de pintura de paisaje de la Escuela Superior de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, iniciando así una decisiva revolución en la pintura de paisaje en España. Hasta entonces la pintura de paisaje se trabajaba en el estudio, si bien en ocasiones basándose en bocetos tomados del natural,  y sobre todo servía al arte romántico para subrayar el exotismo del paisaje español, visto, más que con ojos españoles, a través de la imagen tópica de los viajeros ingleses o franceses, con sus ruinas morunas, sus bandoleros achulapados y sus gitanas flamencas, un horror de pintura, vamos. 

Este estado de cosas es el que Carlos de Haes se propone corregir con una disciplina auténticamente puritana, instaurando la pintura de paisaje "au plein air", es decir, que el pintor de paisaje de ahora en adelante se va a recorrer sierras y quebradas, va a trepar a los montes, va a quemarse por el sol en las playas y a helarse de frío entre las nieves, a mojarse cuando Dios quiera que llueva, todo en aras de retratar el paisaje con total veracidad, sin adornos y sin flamencas de por medio, como un notario o un topógrafo, que va a dar cuenta de la luz, del color, de la textura, de la geometría de un determinado lugar. 

Su trabajo le costará, pero Haes es un luchador y desde su cátedra se hace con un grupo de fieles que le van a secundar en esta revolución artística: Aureliano de Beruete será uno de ellos, un enorme pintor, aunque sin duda el discípulo más querido de Haes (a él le dejará como heredero de su obra y de sus posesiones) será Jaime Morera y Galicia (Lleida 1854 - Madrid 1927). Deudor también de esta corriente aunque tardío, será el ilustre Joaquín Sorolla y Bastida, aunque no llegó a formar parte del grupo.

Hoy quiero traer a este blog la obra interesantísima de Jaime Morera, catalán afincado en Madrid, que continúa el camino abierto por su maestro y lo lleva aún más lejos. Si la pincelada de Haes es aún bastante clásica, si toma del natural, pero luego concluye en el estudio con mucho detalle y primor, la pincelada de Morera en cambio es más impaciente, más rápida; algunos efectos abocetados, donde el pintor está pendiente sólo del efecto lumínico, de la textura, se parecen ya mucho a lo que hacen en Francia los impresionistas. Él, con todo, permanece fiel a sus principios y se distancia de los ismos, tanto de los impresionistas como de los iluministas, en su afán de veracidad insobornable y severa. 

Al menos ese principio es el que preside toda su serie dedicada a la sierra madrileña del Guadarrama, probablemente ningún pintor español ha pintado las cumbres de esta sierra como Morera. Ya más adelante, en su obra de madurez, el autor se deja seducir por una pintura más colorista, más bonita, de pincelada gruesa y con un gran parecido al impresionismo que ya también está introduciéndose en España.

Pienso en la moda un tanto pija que los progres de la Institución Libre de Enseñanza introdujeron de las excursiones al campo, en concreto los institucionistas son unos grandes forofos de la sierra del Guadarrama, y me pregunto si ese deseo de  conocer el paisaje no les llegaría inducido por estos pintores realistas que, excursionistas tempranos, antes que ningún españolito quisiera gastar suelas pisando los caminos del monte, se iban al campo a coger catarros (Haes murió de una pulmonía) con los trastos de pintar al hombro y fueron así los pioneros en enseñar a sus paisanos el amor por la Naturaleza.





 Jaime Morera. Guadarrama, 1897.





Jaime Morera. Guadarrama.





 Jaime Morera. Guadarrama.





 Jaime Morera. Guadarrama.





 Jaime Morera. Picos de la Najarra.





 Jaime Morera. Sierra de Guadarrama.





Jaime Morera. Cabeza de hierro. Guadarrama.





 Jaime Morera. Peñalara, Sierra de Guadarrama.





 Jaime Morera. Guadarrama.





Jaime Morera. Leñadoras.





Jaime Morera. Patio de Miraflores.





 Jaime Morera. Jardingane, Algorta, 1912.





 Jaime Morera. Lirios





 Jaime Morera. Jardinera.





 Jaime Morera. Estudio de flores moradas.





Jaime Morera. Marina.





 Jaime Morera. Gabarra esperando la marea.





Jaime Morera. Playa con sol poniente.




4 comentarios:

  1. Impactante realismo para captar la grandiosidad de la sierra de Guadarrama. Pero no menos atractiva me resulta la especial captación de la luz, filtrada magistralmente en "La jardinera" - que me hace evocar a nuestro Sorolla - así como ese especial toque sensual que parecen trasmitirnos las flores, y el sereno cromatismo azulado de las marinas. Una delicia.

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  2. La serie que dedica a la sierra de Guadarrama es una maravilla, hasta el punto de que a mi que no soy nada campestre me dan ganas de calzarme las botas de campo e irme allá a recorrerme la sierra, pero, y en eso te doy la razón, las obras que dedica a otros sujetos, como la jardinera o el cuadro pintado en la finca Jardingane de Algorta, o las marinas son una delicia.

    Debo decir sin embargo que es una pena lo olvidado que está este autor en particular y el grupo de plenairistas de Haes y compañía en general, hace tiempo le dedicaron una exposición a Haes en el Prado, pero espero para cuándo una a Morera o a Beruete.

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  3. Que bellos paisajes. Como pintor, básicamente de figuras, me ha costado llegar a valorar esta faceta de la pintura que, aunque me gustaba, realmente no llegaba entender en su enorme potencial.
    Ahora, desde que la mar ocupa tanto espacio en mi obra, empiezo a redescubrir un género que es parte de los inicios de este nuestro campo pictórico.
    Felicidades por tan estupenda entrada

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    1. La pintura de paisaje en general ha sido poco valorada, se solía considerar, en el mejor de los casos, una pintura decorativa, burguesa, obritas para rellenar paredes. Ciertamente hay mucha subpintura dentro de este género, pero cuando se practica por artistas como Morera, Haes, Beruete o Sorolla, no se puede hablar de pintura menor. Recuerdo la impresión que me causó la exposición que le dedicaron a Haes en el Prado, estos plenairistas son un grupo extraordinario que merece mayor valoración de la que por desgracia tienen en la actualidad.

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