sábado, 18 de julio de 2015

Gabriele Basilico: La ciudad


Hace muchos miles de años unos pocos hombres dieron la espalda a la Naturaleza para vivir en recintos cerrados fabricados por su propia mano, dotados de ciertos servicios comunes, como cisternas, silos, templos y murallas. Estos hombres decidieron vivir en un entorno diferente al de sus antepasados, salieron de la pequeña aldea, de la tribu, del clan familiar, para integrar unidades mayores donde ya no todos los individuos procedían de un mismo linaje, sino que estaban integradas por grupos y etnias diferentes, donde las funciones estaban más especializadas, donde el intercambio de bienes, de personas, de costumbres, era mayor y más abierto. 

A ese nuevo entorno artificial, que pronto comenzó a mostrar al animal humano mayores perspectivas de desarrollo, a ampliar sus potencialidades como individuo y como grupo, le llamaron ciudad. El ser humano no se  acostumbró rápidamente a él, ni mucho menos, de hecho durante toda la historia de la humanidad la inmensa mayoría de los seres humanos ha continuado viviendo en entornos rurales, más cerca de la naturaleza. 

Hoy sin embargo ya somos más de la mitad de los humanos los que habitamos en entornos urbanos y en unos años serán las dos terceras partes. Las ciudades de hoy tienen decenas de millones de habitantes, los problemas que estas modernas urbes deben afrontar, tanto de dotaciones o infraestructuras, de contaminación del entorno, como de convivencia y desarrollo humano, son cada vez más importantes. Algunos ciberfuturistas han imaginado incluso un futuro donde la humanidad viva en una única gran megalópolis de contornos indefinidos, inabarcables. 

Sin llegar a la fantasía futurista, nuestras ciudades actuales son cada vez más indefinidas, sus contornos se confunden cada vez más y contemplamos el surgimiento de esas periferias urbanas que ya no son campo, pero apenas son ciudad, esos suburbios tierra de nadie, polígonos, anillos de circunvalación, barrios, urbanizaciones, pueblos que han sido absorbidos... La ciudad, como un ser vivo, crece y cambia a velocidad de vértigo, zonas que fueron marginales se ponen de moda, mientras que antiguos barrios patricios quedan desiertos o acaban convertidos en contenedores de oficinas. 

La ciudad y su mugre, mugre humana, donde todos los gatos son pardos, cada habitante es un inmigrante y todos los linajes se pierden en el olvido. La ciudad y su fascinación, su promesa, su latido intenso y embriagador. La ciudad, donde no te despiertan trinos de aves, sino el rugido de los automóviles, los gritos del vecindario, la cháchara de los mercaderes, donde no se respira el aire puro y fresco del arroyo, sino el anhídrido carbónico de la combustión de miles de chimeneas, de miles de tubos de escape, y sin embargo es un aire tan vivificador. 

La ciudad, con sus ricos ostentosos, sus avispados pedigüeños, sus oficinistas, taxistas, dependientas, camareros, con su lumpen y sus putas, con las esquinas peligrosas y los grandes monumentos, con comercios y templos, con bibliotecas y museos, con grandes cementerios, el metro, la calleja desierta y las bulliciosas avenidas, la calle en ánimo de fiesta o de disturbio. La ciudad anónima donde uno puede sentirse tan solo como en la Antártida y al mismo tiempo el único sitio de la tierra que una persona puede llamar su hogar. Ese lugar que es el único donde el hombre es la medida de todas las cosas: la ciudad.










































































































































Nadie ha sabido mostrar mejor la compleja naturaleza de eso que llamamos la ciudad que Gabriele Basilico (Milán 1944 - ibid. 2013). Arquitecto por formación y fotógrafo por vocación sigue siendo uno de los fotógrafos de arquitectura y del medio urbano más reconocidos del mundo. Su obra es un viaje permanente por casi todas las grandes urbes del mundo: Estambul, San Francisco, Roma, Milán, Nápoles, París, Berlín, Beirut Madrid, Valencia, Genova, Shanghai... Su conocimiento de la arquitectura le ha llevado a fotografiar los edificios y los paisajes urbanos con una mirada íntima, directa, sin artificios, neutra, una mirada que no juzga lo bello o lo feo, un planteamiento investigador que busca más bien desentrañar los procesos de cambio de la ciudad como un sujeto vivo, donde las capas de lo viejo y lo nuevo conviven y se superponen, donde lo importante es que ese paisaje artificial, bello o feo, es un escenario humano, un lugar donde los humanos inventan día a día su trayectoria vital. 



Para conocer más sobre Gabriele Basilico les invito a visitar este vínculo a un artículo de El Cultural, con una interesantísima entrevista a cargo de Miguel Fernández-Cid, donde el fotógrafo italiano desgrana los temas y los porqués que mueven su arte: http://www.elcultural.com/revista/arte/Gabriele-Basilico/23795 



4 comentarios:

  1. Esta reflexión tuya, me llega en un momento en el que el tema de la ciudad me interesa especialmente. Por un lado, acabo de escribir el relato "P. en la ciudad abrasada" que presenta una de esas ciudades futuristas y distópicas a las que haces referencia. Por otro, vengo de fotografiar apasionada, y ya veremos si acertadamente, tres ciudades, Zaragoza, San Sebastián y Bilbao, muy diferentes entre sí y a esta Alicante nuestra, un poco provinciana a su lado.

    Quizá por eso, pero sobre todo por la lucidez de tu texto (lúcido y luciente), por su poesía y por la maravillosa selección de fotografías, esta entrada me parece especialmente necesaria.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Te he dejado un comentario del relato en tu blog. Veo que compartes con tu amigo Diego algunas inquietudes, me gustaría poder ver esas fotos, yo con una cámara en la mano soy un desastre, por eso me admiran artistas como este tal Basilico que produce estas maravillas con un click, como si fuera fácil.

      De Zaragoza tengo un imagen que no se me borrará mientras viva, viajé allí para conocer a un ligue de internet y llegué de noche, después de recorrer los últimos 100 Km en total oscuridad por un campo desierto, cuando me acerqué por fin a la ciudad lo que apareció en medio de la nada fue la mole inmensa de la Basílica del Pilar iluminada en medio de la oscuridad, como una nave espacial que acabase de aterrizar. Luego de día la ves y pierde, pero esa imagen la llevaré en la memoria hasta que el Sr. Alzheimer decida borrarla con el resto.

      Gracias por lo de texto lúcido y luciente, no sé si es para tanto, pero muchas gracias, en serio, soy un urbanita militante, la naturaleza y todo eso no es para mí, que me crié en Carabanchel, Madrid DF

      Eliminar
  2. No sé qué me ha impresionado más, si tu genial reflexión sobre la ciudad, las ilustraciones - sobre todo las que presentan ese original maridaje entre lo antiguo y lo moderno - o la estupenda entrevista realizada al autor, ese genial "medidor de espacios", como él mismo se define, para hallar la distancia idónea desde la que "mirar". ¡Qué lejos queda el horaciano tópico del "Beatus ille"! Construir y reconstruir. Creo que a la brevedad de la vida debemos la tendencia a familiarizarnos con la arquitectura de esos ajenos tiempos precedentes y futuros.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La entrevista de El Cultural es magnífica porque, a diferencia de lo que se suele hacer, dejan hablar al autor, y no sólo hablar sino incluso explicarse, lo cual debería ser la norma pero por desgracia entre los periodistas de hoy día es la excepción, normalmente parece que ya llevan el guión de lo que el entrevistado debe decir y si no lo dice lo retocan de tla modo que al final acabe diciéndolo, en fin.
      Lo cierto es que la reflexión de Gabriele Basilico sobre la ciudad como un espacio en tránsito y en cambio perpetuo es una reflexión hoy en día muy pertinente y los valores estéticos de su obra son innnegables, me parece un grandísimo artista que sólo mi ignorancia justifica que desconociera hasta el momento.

      Eliminar