lunes, 13 de julio de 2015

Lo feo en el arte


Después de hablar sobre la búsqueda de la belleza en la anterior entrada, me apetecía mostrar ahora algunas obras que me fascinan, en el sentido de que no puedo dejar de mirarlas, de que encuentro grandes valores estéticos en ellas, donde lo feo está deliberadamente buscado, y logrado, donde se ahonda en lo grotesco, en lo pavoroso, obras que pretenden crear un sentimiento de incomodidad en el espectador, transmitir miedo, asco, pena, repulsión, miedo o enfado. 

Las razones por las que el artista puede buscar crear esa incomodidad en su público son muchas: A veces el autor, desde una determinada postura ideológica, satiriza las costumbres sociales de su tiempo creando imágenes deliberadamente esperpénticas, a veces hay un mensaje religioso que pretende mostrar el mal de un modo tangible mediante la fealdad, también a menudo el arte contemporáneo ha querido incomodar al espectador, épater le bourgeois, o mostrar la propia incomodidad e inadaptación del artista ante una sociedad alienante y deshumanizada. 

De todos modos no confío demasiado en las explicaciones intelectuales del arte, no confío porque creo que las imágenes son más fértiles en significados que las palabras, las imágenes artísticas son ellas mismas signos, pero un tipo muy complejo y muy particular de signos, ambivalentes, ambiguos, enigmáticos, cuya carga de significación no se agota en un mensaje más o menos racional, sino que la imagen a su manera, como la música a su manera, consiguen asomarse al inconsciente, expresando así todo un complejo de sentimientos y sensaciones que no pueden ser "dichas" en palabras, por lo que su significado difícilmente puede ser acotado de un modo literal y sólo puede ser percibido más o menos de manera intuitiva.

En todo caso, del mismo modo que uno puede disfrutar de sentir miedo viendo una película de terror, a pesar de que no le gustaría sentir miedo en una situación real de su vida, de ese mismo modo puede sentirse fascinado por unos rostros feos o desfigurados, por lo nauseabundo, repulsivo o inquietante en un cuadro, a pesar de la compulsión natural al rechazo de la fealdad en general. Como decía Aristóteles sobre la tragedia, que tenía el milagroso efecto de hacernos sentir en la ficción sentimientos, como el odio, el duelo o el miedo, que rechazaríamos tener en la realidad y así curarnos, limpiarnos de ellos, volviéndolos inocuos, como exorcizándolos, así nosotros dejémonos fascinar en esta ocasión por estas maravillosas obras donde la fealdad ha sido deliberada y fantásticamente conseguida por sus creadores. Disfruten ustedes. O no.





 Jean-Eugène Buland. Le tripot.





Hieronymus Bosch. Jesús portando la cruz.





 Louis-Leopold Boilly. Reunión de treinta cabezas con expresión de sátira.





 Louis-Leopold Boilly. Palco un día de función gratuita.





Francisco de Goya y Lucientes. El entierro de la sardina.





Francisco de Goya y Lucientes. El Tiempo, o Las viejas.





Francisco de Goya y Lucientes. La romería de San Isidro (detalle).





 James Ensor. La entrada de Cristo a Bruselas.





 James Ensor. Mujer anciana con las máscaras.





 Otto Dix. El salón I.





 George Grosz. Restaurant.





 George Grosz. Fantasmas.





Johannes Grützke. Sin título (los hermanos).





Johannes Grützke. Bach perturbado por sus hijos.





 José Gutiérrez Solana. El entierro de la sardina.





Pieter Brueghel. El triunfo de la Muerte.





Pietro Annigoni. Vita.



4 comentarios:

  1. El Arte como revulsivo. Polémico tema que me remite al artículo de Julián Marías publicado ayer en "El País Semanal", en el que considera dignos de compasión a aquellos autores "que van de provocadores y pasan inadvertidos", o sea, a la antítesis de los creadores de estos cuadros, pues lo relevante en ellos radica en mostrar la vedada cara de la realidad - siempre dual - de un modo escandalosamente original. Y es que, difícil resulta apreciar lo que somos; fácil, lo que aparentamos.

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    1. En efecto, no hay cosa que me parezca más digna de compasión que querer ir de provocador y pasar desapercibido, para esos egos artísticos debe ser duro... deestas obras siempre me ha gustado por lo inquietante la del entierro de la sardina de Goya, si un día quieres verla la tienen en el museo de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Me parece una muestra de esas ocasiones en que la multitud, una multitud festiva, aparece de repente como algo amenazador, inhumano, como una masa inanimada y peligrosa. También me gusta mucho la obra de James Ensor por las relecturas que hace de temas religiosos revisitados desde otro punto de vista, así su "mujer anciana con las máscaras" es un ecce homo desacralizado, pero no pierde por ello su poder inquietante.
      El artista busca lo feo porque el arte es un lenguaje y todo lo que puede ser dicho debe ser expresado, también la crítica, el insulto, el duelo, el miedo o la ira.

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  2. Muchas gracias por tus reflexiones compartidas. En eso de pensar en público, a través del blog, nos enseñas mucho. me gustan las ilustraciones con las que acompañas tu comentario. De nuevo gracias. Emilio

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    1. Gracias a ti, Emilio, por tu comentario. Me alegro de que te guste el blog, con él sólo trato de compartir reflexiones, descubrimientos y la afición por el arte y me resulta muy grato encontrar a otras personas con las que coincidir.
      Gracias, un saludo.

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