viernes, 31 de julio de 2015

Magí Puig. Mediterrània


No conocía la obra de Magí Puig (Palou, Lleida 1966) y me alegro de haberla descubierto, en realidad no diría descubierto, como si yo hubiera ido a buscarla a algún remoto lugar, sino más bien de habérmela encontrado, de haberme tropezado con ella, porque es una obra que es un gozo para los sentidos (me encanta su paleta de colores), e incluso más para el alma. Sus cuadros, incluso aquellos que más buscan captar el movimiento, tienen algo de calmos, de armoniosos, me trasmiten una especie de alegría serena, que es algo que agradezco de un pintor.

En estos días que empezamos muchos (yo al menos) las tan esperadas vacaciones, estas imágenes de playa me parecían muy oportunas para empezar a ver la obra de Magí Puig, pero este pintor es algo más que un pintor de sol y playa, mucho más. Veo sus escenas de playa y me viene a la mente al instante Sorolla. Es bueno comparar porque nada más opuesto en sus pretensiones artísticas respectivas que el valenciano y este catalán. Si bien ambos pintan y captan muy acertadamente la luz, ahí se acaban todos sus parecidos. 

Sorolla pretende captar cada brillo, cada destello, cada tono de azul, cada mancha de luz sobre la piel, en un empeño de mostrar toda la complejidad de lo real, como un mosaico de millones de teselas, casi quisiera captar cada átomo de luz. Magí opera en sentido inverso, destila, reduce y nos ofrece una quintaesencia, que reconocemos como referida a lo real, pero purificada, simplificada en aras de una mejor comprensión de los elementos clave. Como él ha dicho acertadamente de sí mismo, es figurativo, pero no realista. 

Detrás del estilo tan depurado y tan bello de Magí Puig hay muchos años de oficio (un pintor nunca se hace sin ellos), hay mucha experiencia filtrada de otros pintores (los impresionistas y postimpresionistas, los nabis, incluso el arte figurativo anglosajón, pienso en Ewan Uglow, pienso en Avigdor Arikha, etc, hay también la experiencia de la abstracción...) pero hay sobre todo mucha reflexión sobre el sujeto pintado, una cuidadosa exploración del sujeto, e incluso reflexión sobre el propio quehacer del pintor, sobre el cuadro como objeto artístico y su futuro en este tiempo postvanguardia, sobre el destino de eso que llamamos la pintura, a quién se dirige, para qué sirve. 

Pero lo que más me gusta es que, en medio de tantas voces como en el mundo artístico (y no artístico) quieren atraer hoy nuestra atención  mediante el grito, la sobreactuación, la exageración, la falsedad, en suma, Magí Puig emite su propia voz en calma, como un interlocutor que sabe que la autenticidad no necesita gritar, no necesita imponerse, precisamente por ella sola se impone, sobrenada.




Codi de barres. 2003





Campament. 2010





La bicicleta sense ombra. 2010





Està vosté més jove i més maca que mai. 2011











Aigues de Tarragona. 2003





Continents blaus. 2009





L'illa del tresor. 2012





Estudi interior. 2015





Llibres de colors. 2006





La noia de la bicicleta. 2011





Blau ultramar. 2004





Conet Island baby. 2010





Lorelai. 2011











Pescheria. 2012





La màquina del temps. 2012




El pintor tiene una web propia que es muy recomendable para conocer su trayectoria, sus opiniones y sus propósitos y ver su obra, tanto reciente como retrospectiva: http://www.magipuig.es/

2 comentarios:

  1. Gracias por compartir tu descubrimiento. Esa alegría serena a la que te refieres, es contagiosa. Y debo decir que me encanta el juego que hace el autor con los títulos de las obras.

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    1. Sí, es curioso que tiene en sus títulos un humor un poco socarrón, esa retranca que tanto me gusta y que es señal de inteligencia. La verdad es que me parece una obra muy bonita, muy agradable, de la que a uno le apetecería tener en casa para mirarla cotidianamente, por desgracia hoy día decir eso de un artista suena casi despectivo, pero no es esa en absoluto mi intención, todo lo contrario, si el arte es una de las cosas que te alegra la vida, los cuadros de Puig seguro que le hacen la vida más agradable a sus afortunados dueños, ahí es nada!

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