jueves, 10 de septiembre de 2015

Adolf von Menzel, pasión por lo real

El dibujo es fácil. El dibujo es difícil. Las dos proposiciones son igualmente verdaderas.

El dibujo es fácil, es un medio económico, sencillo, uno no se ve metido en las farragosidades del color, sus empastes, sus armonías o incompatibilidades, con un simple lápiz delinea los objetos que desea dibujar y el lápiz, que es un instrumento muy versátil y muy agradecido, le proporciona al dibujante una amplia variedad de posibilidades. Los efectos son simples y cómodos de manejar para el artista y siempre posee una frescura y una espontaneidad que no tendrá jamás la pintura. Todos hemos dibujado, cualquiera puede dibujar, dibujar es fácil.

El dibujo es difícil, el artista sólo tiene una herramienta limitada para transcribir la realidad. Lo real se nos presenta en color, en 3D, en movimiento, dentro del espacio. El dibujante debe traducirlo, reducirlo todo a una dicotomía blanco-negro, o a una escala de grises, cómo plasmar el movimiento, la luz. Al mismo tiempo el dibujo, el buen dibujo artístico, es una artesanía que se aprende muy lentamente, la mano educa al ojo, poco a poco, primero es empezar a aprender a ver, luego a transcribir fatigosamente lo que se ve. Para que un medio tan humilde como un lápiz, ese cilindro de madera con alma de grafito que todos hemos masticado de párvulos (¡qué ricos aquellos lápices de cedro!) consiga dar cuenta de los pliegues de un rostro, de una tela, del incidir de la luz en una superficie, para plasmar la piel humana de un desnudo, para registrar el volumen de su musculatura, hay que dibujar, dibujar y dibujar, hasta caer rendido, hasta aborrecer el dibujo, hasta dejarse la mano agarrotada, hasta gastar papel como para llenar un contenedor (recuerdo mis clases de dibujo en una academia de la calle Alona, hace ya bastantes años, las estatuas de escayola, las malditas estatuas, y el carbocillo). Dibujar es difícil.

Los dibujos de Adolf von Menzel (Breslau, Prusia 1815 - Berlín 1905) son una de las siete maravillas del mundo (ahora no se me ocurren las otras seis), son tan grandes como los de Miguel Ángel, como los de Leonardo, resisten cualquier comparación. He visto la obra pictórica de Menzel y hay en ella obras admirables, pero por alguna razón es una obra que he visto y he olvidado. Sin embargo nadie que haya visto sus dibujos podrá olvidarlos; es la técnica, por supuesto, es un virtuosismo técnico el de Menzel que nos deja boquiabiertos, uno piensa ¡maldito enano cabrón! (en el cole le llamaban champiñón porque era bajito y cabezón), pero no es la técnica, es un modo de explorar lo real, de escarbar, de investigar, es la mirada del naturalista, del forense que disecciona con su afilado lápiz como con un escalpelo. Se atreve con todo, los rostros, los gestos, el movimiento, el paisaje, incluso el paisaje, con un lápiz. No puedo olvidar sus imágenes de soldados muertos en la guerra franco-prusiana, imágenes durísimas sin pretenderlo, crueles y al mismo tiempo con la inocencia de la mirada indiscreta, por ejemplo, de un niño. El artista Menzel es ese niño que aún se asombra, que aún no tiene miedo, que pregunta, que mira el mundo como si acabara de nacer.

 








































































































8 comentarios:

  1. Tu interesante reflexión sobre la paradójica dificultad de lo sencillo me he hecho evocar una frase que me inculcó mi padre en la adolescencia: "Lo que parece fácil suele ser difícil". Desde luego, la perfecta captación de la expresividad en los rostros de unos dibujos "tan simples" me parece un ejemplo indiscutible de la gran maestría de su autor, de proyección impactante al reflejar las crueles consecuencias de la " inhumana Humanidad".

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    1. El realismo en el arte ha sido muy denostado porque parece como si el artista en cierto modo dimitiese de su capacidad creativa, inventiva, creo que nada más lejos de la realidad. El realismo supone un compromiso muy arduo, un modo de explorar el mundo que no está al alcance de temperamentos veleidosos y cómodos, requiere mucha observación, mucho trabajo, y también mucha creatividad, porque trasponer el multiforme y abigarrado caos del mundo exterior a una forma artística es otro modo de crear y tan exigente como cualquier otro, o más.

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  2. Estupenda entrada, como siempre. Y magníficos dibujos. Que manejo más habil del carbón, el lápiz, los contrastes, que buena mano. Afortunadamente, el dibujo ya tiene entidad propia, indiscutible.Y como otras muchas veces un nuevo descubrimiento de un autor, para mi desconocido. Un saludo

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    1. Este Adolf von Menzel fue muy famoso y muy querido en su patria en los tiempos del canciller Bismark, y justamente por eso, porque su obra en cierto modo ha sido asociada al nacimiento del nacionalismo alemán, hoy está tan olvidada. Sin embargo me parece que es toda una injusticia, como puedes ver por sus dibujos que son excepcionales. Su obra pictórica, aunque a mí personalmente no toda me gusta, también es muy interesante, si haces búsquedas de imágenes de este autor en Google seguro que hay cuadros que habías visto y te habían gustado, pero que no sabías que eran suyos.

      Gracias por tu comentario Martín, me alegro de que un lego como yo contribuya a descubrirle aún alguna cosa a un gran artista como tú. Un saludo.

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  3. Sensacional análisis. Tras leerte, he visto los dibujos como realmente son: obras de arte mayúsculas donde el simple blanco y negro y el ágil trazo del artista evocan un sin fín de sentimientos. Gracias por esa inspiración tuya que analiza la verdad de modo tan elocuente.
    Y sí, dibujar es muuuy difícil.

    Un saludo :)

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    1. Y tan difícil, recuerdo mis clases de dibujo, no he tenido mala mano para el dibujo, pero aún así es una disciplina muy dura y hay que ser muy constante para llegar a resultados más o menos dignos. Es un gran arte el dibujo y un gran placer el practicarlo.
      Gracias

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  4. Muy buen trabajo!
    Menzel llevaba siempre consigo un cuaderno de dibujo y dibujaba todos los días...
    Fue el pintor más admirado por Sorolla.

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  5. Con un lápiz y un montón de cuartillas suministradas por un compasivo carcelero, se escribió en una celda la obra cumbre de la literatura universal: "El Quijote".
    Menzel es un ejemplo más de que el genio no necesita de sofisticados artilugios para crear lo magnífico. ¡Cuántos "simples", arropados con los mejores ordenadores, tablets o móviles de última generación, no saben sino incurrir en desastrosas sintaxis, faltas ortográficas y paupérrimo léxico que avergonzarían al ilustre "manco de Lepanto".

    Magnífico artículo en su elegante sencillez. Como siempre, ENHORABUENA.

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