jueves, 12 de noviembre de 2015

Caspar David Friedrich, Romanticismo.

Hoy, que hace un día tan otoñal, húmedo, oscuro y desapacible, es un día ideal para hablar de un artista como Caspar David Friedrich (Greifswald, Pomerania 1774 - Dresde, Alemania 1840). Sus paisajes nos llevan  al ocuro mar Báltico, a campos barridos por la nieve, a negros muñones de árboles cubiertos de escarcha, a barcos hundidos en el hielo bajo un cielo de acero, a embozados personajes contemplando la luna llena, a tumbas de cementerios olvidados, a esas tierras del Norte donde nunca sale el sol, a ruinas góticas entrevistas en la niebla. Paisajes que son del alma más que del mundo, aunque su mundo nórdico, invernal, ofrezca esos yermos de frío y silencio, silencio y frío de las noches interminables, de las nevadas interminables, noche del alma, la muerte siempre cerca.

Caspar David Friedrich tuvo temprano contacto con la muerte, su madre muere de viruela cuando él tiene siete años de edad, a los trece muere su hermano pequeño mientras intentaba salvarlo de una caída en un lago helado, a los diecisiete lo hace su hermana de tifus, estas experiencias conformarán un carácter triste e inestable, agobiado a partes iguales por la angustia de la culpa y por el presentimiento de la finitud.

El autor se formó en un ambiente provinciano y estrictamente protestante, crece en un mundo de estrechos horizontes. Afortunadamente a los veinticuatro años se establece en Dresde, donde entabla contacto con miembros destacados del romanticismo alemán. Hombre idealista de pensamiento ilustrado y  liberal, como Goethe y tantos otros, saluda a Napoleón como al liberador de la tiranía feudal. La derrota de éste devolverá a las monarquías europeas al poder tras el Congreso de Viena en una Europa resentida, reaccionaria y represora. Sus juveniles sueños de progreso humano se desvanecen, debe enfrentarse a la censura, al tiempo que el romanticismo que él encarna pasa de moda y su pintura es olvidada, aunque sigue conservando algunos importantes admiradores como el Zar Nicolas de Rusia. Con todo sus últimos tiempos son de penuria económica y depresión. 

Tras su muerte un largo olvido y silencio eclipsará su obra. Apenas una corriente subterránea lo sigue reivindicando como padre, así Böcklin, los simbolistas o el surrealismo. En los años 30 Hitler lo vuelve a consagrar como seña de identidad del arte alemán, flaco favor que habrá de pagar hasta que a partir de los años 70 una serie de exposiciones lo vuelvan a colocar en el lugar que merece ya sin mixtificaciones.

No sabría juzgar, no me atrevo, si Friedrich es un gran pintor o tan sólo un pintor menor, quizás técnicamente no se le pueda comparar con los otros dos grandes  paisajistas contemporáneos, Turner y Constable. Me quedo sin embargo con unas cuantas imágenes que pertenecen ya a mi imaginario personal y, creo, al imaginario universal: Ese barco hundido en un terrible mar de hielo, el caminante sobre un mar de nubes, la pareja misteriosa que contempla el claro de luna junto a un árbol fantasmal, el frío de una mañanita de Pascua o ese monje junto al mar, el retrato más acabado de la soledad que se haya pintado jamás.





Caspar David Friedrich. El mar de hielo. 1823-1824. Kunsthalle, Hamburg





 Caspar David Friedrich. El caminante sobre el mar de nubes. 1818. Kunsthalle, Hamburg





 Caspar David Friedrich. Acantilados blancos de Rügen.1818. Oskar Reinhart Collection, Winterthur





Caspar David Friedrich. Mañana de Pascua. 1833. Museo Thyssen Bornemisza, Madrid





 Caspar David Friedrich. Ruinas de Eldena. 1825. Alte Nationalgalerie, Berlin





Caspar David Friedrich. Abadía en un bosque de robles. 1808-1810. Schloss Charlottenburg, Berlin





 Caspar David Friedrich. Cementerio en el claustro bajo la nieve (Ilustración). 1810.





 Caspar David Friedrich. Cementerio bajo la nieve. 1826. Museum der bildenden Künste, Leipzig





Caspar David Friedrich. Campo arado. 1830. Kunsthalle, Hamburg





Caspar David Friedrich. Hombre y mujer contemplando la luna. 1824. Nationalgalerie, Berlin





 Caspar David Friedrich. Contemplando la luna junto al mar. 1821. Hermitage Museum, San Petersburgo





 Caspar David Friedrich. Paisaje de Invierno. 1811. National Gallery, London





Caspar David Friedrich. Monje a la orilla del mar. 1809. Nationalgalerie, Berlin





Caspar David Friedrich. Mujer en la escalera. 1825. Pommersches Landesmuseum, Greifswald




5 comentarios:

  1. La selección de motivos románticos no podía ser más acertada, de ahí que me haya llamado la atención el, cromáticamente vivo, de los "Acantilados" - paisaje romántico típico, pero no por la lograda luminosidad que rezuma aquí - y el perfecto claroscuro que contextualiza a la "Mujer en la escalera", sin dejar de sorprenderme la imponente arquitectura gótica perfectamente anclada en el paisaje. En tu línea: genial entrada.

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    1. Si te fijas, escenas como la de la "Mujer en la escalera" son un antecedente claro de la pintura de Hammershoi, con esas escenas de interiores con una figura femenina vestida en colores grises o negros. Friedrich es un autor que abre muchas puertas y que ha sembrado muchas cosas que sólo después han fructificado en la pintura, pero aún lo comprendemos poco. Gracias

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  2. Friedich, tampoco sé si será mejor o peor que Constable, y quizá eso es lo de menos porque es un poeta de la imagen y no me muchos pintores se puede decir eso.

    Cada cuadro evoca un sentimiento. Están llenos de contemplación, misterio y belleza.

    Una magnífica entrada.

    Saludos :)

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    1. Tienes razón, no es nada útil establecer ese tipo de comparaciones. Que técnicamente Friedrich pudiera ser "inferior" a Constable o Turner en cualquier caso no le hace inferior como artista. Él es un poeta de la imagen, trasmite emociones en cada cuadro, eso es lo que cuenta. Si el arte es un lenguaje, él consigue contactar con el espectador y trasmitirle lo que desea. Eso basta para acreditarlo como un gran artista.

      Un saludo. Gracias por el comentario.

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  3. José Miguel, me gusta tu blog. Esta es la 2ª entrada que leo. Friedrich, me importa un pepino, si es un grande pintor o menor, me gusta porque pintar el alma, o al alma. No todos sus cuadros me atraen, pero algunos de los que citas sí. Su experiencia con la muerte y como bien dices la culpa angustiosa que sufrió...el pintar, debió de ser TERAPÉUTICO para él. Gracias, me han venido ganas de volver a contemplar a Friedrich!!!

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