lunes, 23 de noviembre de 2015

Ferdinand Hodler, paisajes

Es muy probable que si Ferdinand Hodler (Gurzelen, cantón de Berna 1853 - Ginebra 1918) hubiese nacido y vivido en París, en lugar de en Suiza, su obra hoy sería mucho más conocida y estaría más representada en todos los grandes museos del mundo, pero sin duda no habría pintado los maravillosos paisajes que pintó, para eso era necesario respirar el aire de los valles alpinos, haberse criado frente a esos inmensos macizos montañosos, haberse tumbado en la hierba a la orilla de sus lagos, haber vivido la experiencia de la Naturaleza con el esplendor que sólo tiene en Suiza. 

Hodler es un pintor que tuvo que luchar mucho para abrirse camino y por tanto trabajó otras muchas temáticas para llegar al éxito, así fue un gran decorador e hizo muchos retratos, pero siempre, desde sus inicios, la pintura de paisajes tuvo un lugar relevante en su producción artística. En sus comienzos será un paisaje aún muy influido por Corot y la escuela de Barbizon, a través de su maestro Bathélemy Menn, profesor de la escuela de bellas artes de Ginebra, amigo de Corot y discípulo de Ingres. Éste le introduce también en la obra del gran pintor realista de la época, Courbet, al que el joven Hodler imitará en sus primeros años. Sin embargo el estricto realismo de Courbet pronto deja paso a otras influencias y durante una larga época Hodler va a aproximarse al simbolismo y algunas de sus obras más famosas como "La Noche" se adscriben a esta corriente. 

El período que concluye el siglo XIX y comienza el XX es un hervidero de tendencias e ismos, donde los pintores se acuestan impresionistas y se levantan cubistas, para convertirse al surrealismo a la semana siguiente. Hodler, aunque viaja por Europa y participa en las grandes exposiciones en Paris, Zurich, Munich, Berlín o Viena, consigue sin embargo ir filtrando las influencias diversas y su obra transcurre y evoluciona dentro de una gran coherencia interna. Durante la parte central de su carrera va a estar muy ocupado pintando grandes murales  para lugares como el Palacio de Bellas Artes de Ginebra, la Universidad de Zurich o el Ayuntamiento de Hannover. 

Será más tarde cuando vuelva al paisaje y para entonces su obra ya habrá absorbido y madurado dentro de sí todas las influencias del medio europeo, el simbolismo, el impresionismo, el japonismo, el expresionismo. Al mismo tiempo su madurez artística le permite ir directo a lo esencial y así, cuando pinta, ya en los últimos años afectado de tuberculosis, la serie de vistas del lago de Ginebra, lo hace con una desnudez y un minimalismo que parecen adelantar la obra de un Rothko, los cuadros son franjas de color donde la forma está casi ausente en aras de un lirismo cada vez más afín a lo que él llamaba la "sustancia de la naturaleza". El paisaje ha sido despojado de todo dato anecdótico, de todo elemento no significativo y ha sido estilizado, sublimado para extraer esa sustancia que lo conduce a las puertas mismas de las abstracción, si bien, como Moisés al llegar a la tierra prometida, se detuvo en el mismo umbral. 

Un gran pintor y amigo, Manolo Mas, me decía que el pintor suele avanzar con los años en el sentido de ir quitando, de ir simplificando, este es un camino en el que muchos se extravían, o al que ni siquiera llegan. Hodler sin embargo avanzó por esta vía de un modo resuelto y admirable, produciendo en las primeras décadas del siglo XX algunos de los más bellos paisajes que la pintura europea haya concebido jamás.






 Ferdinand Hodler. Les Dents du Midi en las nubes, 1917.





Ferdinand Hodler. Tarde de niebla en el lago Thun, 1908.





 Ferdinand Hodler. Eiger, Monch y Jungfrau en el claro de luna, 1908.





Ferdinand Hodler. El gran Muveran, 1911.





 Ferdinand Hodler. Les Dents du Midi, 1912.





 Ferdinand Hodler.  El Jungfrau sobre un mar de niebla, 1908.





  Ferdinand Hodler. Lago de Ginebra y Saboya.





  Ferdinand Hodler. Lago de Ginebra y los Alpes de Saboya





Ferdinand Hodler. Lago de Ginebra visto desde Chexbres, 1911





 Ferdinand Hodler. Lago de Ginebra desde Chexbres al atardecer, 1895.





 Ferdinand Hodler. Lago de Ginebra, 1914.





Ferdinand Hodler. Atardecer en el lago de Ginebra visto desde Caux, 1917.






 Ferdinand Hodler. Cara de roca del Jungfrau, 1911.





 Ferdinand Hodler. Jungfrau y Silverhorn visto desde Murren





Ferdinand Hodler.  Macizo del Jungfrau y Swartzmonch, 1911.





Ferdinand Hodler.   Eiger, Monch y Jungfrau sobre la niebla, 1908.





Ferdinand Hodler.  Lago de Ginebra y Mont Blanc con nubes rosas, 1916.





Ferdinand Hodler.  Lago de Ginebra con el Mont Blanc.





 Ferdinand Hodler. Lago de Ginebra y el Mont Blanc en la Aurora, 1918.





Ferdinand Hodler. Vistas al lago de Ginebra, 1915.





 Ferdinand Hodler. Puesta de sol en el lago de Ginebra.





Ferdinand Hodler. Lago de Ginebra con el Jura, 1908.



2 comentarios:

  1. Los evidentes sentimientos de soledad y melancolía que se desprenden de la contemplación de estos calmos paisajes, fruto de la sofisticada sublimación de la sencillez mediante el refinamiento cromático, delatan a un artista veterano que, como tan bien expresas, ha sabido plasmar la pureza primigenia del paisaje, lo que literariamente me remite - deformación profesional - , influenciada tal vez por su contemporaneidad, a la personalísima "poesía pura" juanramoniana, caracterizada por la concentración conceptual y emotiva. ¡Eres una mina para las editoriales de los libros de castellano!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es curioso que Hodler sale a la naturaleza para inspirarse, va al campo, toma apuntes, pero necesita la soledad del estudio para reposar esas impresiones que han recibido sus sentidos en plena naturaleza, destilarlas con rigor formal y, como si de un ejercicio de meditación se tratara, recomponer lo visto anteriormente de otro modo, simplificado y al mismo tiempo henchido con la emoción del artista. Digo que es curioso que muchos de los mejores paisajes que pintara Hodler los hizo después de dejar testimonio en una escalofriante serie de la muerte por cancer de su amante y modelo, en un tiempo en que estaba ya más allá de la vida y sólo esperaba la muerte, y, casi sin fuerzas, pintaba la vista del lago de Ginebra que se divisaba desde la ventana del estudio de su residencia. ¿Su peculiar manera de agarrarse aún a la vida? ¿o de despedirse cariñosamente de ella? Difícil saberlo.

      Eliminar